44. ZHL: Una letra sin nombre

Riú, Tron, Arel y Alexa se van a Rayo dorado para inspeccionar los alrededores y asegurarse de que la plaga no se haya extendido hacia allá, asimismo, buscan reunirse con los alfas y representantes de las manadas aliadas que se unirán a ellos.

Por su parte, Otsana, Miha, Dylan y Legna se quedan en la casa de Riú y Alexa junto a Ryan y Alexandra hasta recibir nuevas instrucciones.

—¿Dónde está Ryan? —pregunta Legna de repente, captando la atención de los demás—. No lo he vuelto a ver desde el almuerzo. Ni siquiera comió nada.

—Cierto, él dijo que iba a buscar a su invitada, pero jamás regresó —concordó Dylan.

—De seguro le dio vergüenza bajar después de que se descubriera que a él le gusta Clara. No sé qué le ven todos a esa rubia desabrida que siempre es la primera opción antes de conocer a sus mates —dice Alexandra mientras hace una mueca de disgusto—. Porque estoy más que segura que ella y Ryan no lo son.

—Me parece que tu hermanita está muy adelantada a su edad, ¿no crees? —le susurra Dylan a Legna en el oído.

—Ese es un demonio en el cuerpo de una niña malcriada —le responde Legna maliciosa—. Pero esa mocosa atrevida tiene un punto. —Ella entrecierra los ojos.

Dylan traga pesado al sentirse juzgado por ella.

—Alexandra, deja de hablar así. ¿Por qué no vamos a preparar un postre? —amonesta Otsana con dulzura.

—¡Claro que sí, tía Otsana! Me encantan los pasteles que haces. Mi mamá cocina bueno, pero tú eres una experta. ¡Quiero pastel de fresa con merengue! —dice emocionada.

—¡Se lo diré a mami! —exclama Legna divertida—. Le diré que dijiste que ella no sabe cocinar.

—¡No dije eso, chismosa! —Alexandra le saca la lengua y Legna hace lo mismo.

—Vamos, no le hagas caso a tu hermana. ¿Nos acompañas, Miha? Sé que Legna no vendrá porque Dylan está acá y de seguro se pierden por ahí desde que entremos a la cocina.

La cara del aludido se pone roja, mientras que Legna estalla en carcajadas.

—¡Mamá! —le reclama él, abochornado.

—¡Quién lo ve haciéndose el inocente! —se burla Legna. La mirada molesta de Dylan la confronta.

—Deja de molestar, lobita. Mejor vamos a dormir una siesta, pues bien sabes que no hemos dormido nada y que gastaste mucha energía combatiendo a esos bichos.

Dylan la toma del brazo y se conduce con ella por las escaleras bajo la atenta y divertida mirada de Miha y Otsana.

—Mami, yo iré a dar un paseo por la manada —responde Miha, a lo que Otsana asiente.

Miha sale de la casa emocionada y feliz. Por fin estará cerca de su mate en esos días y podrán verse todo lo que deseen.

Ella camina por unos minutos hasta que visualiza a Leandro venir en su dirección.

—No teníamos que vernos hoy… —le dice ella sonrojada—. No dormiste nada por ayudar a mi padre, así que deberías estar descansando. —Ella juega con sus manos y baja la mirada con timidez.

El rubio la mira fascinado con su ternura e inocencia; le parece la mujer más hermosa y dulce que ha conocido en toda su vida.

—No podía esperar para poder estar a solas contigo, mi hermosa mate. ¿Sabes el infierno que vivo a diario a causa de nuestra distancia? He tenido que someter a mi lobo para no ir por ti.

—No entiendo por qué tienes que someterlo. Yo estoy dispuesta al reclamo, cariño. Es que a veces siento que no me quieres lo suficiente como para unirte a mí. ¿Es eso? ¿Hubieses preferido que fuera otra persona y no yo?

La tristeza en la mirada de su pareja le parte el corazón. No quiere que ella dude de lo mucho que la ama.

—Te amo más que a mí mismo, mi hermosa mate. Sabes que he estado trabajando duro para darte la vida que te mereces…

Ella lo calla al colocar su dedo índice en los labios con los que fantasea todos los días, y él responde con un beso casto sobre este que la hace sonreír.

—Yo lo único que deseo es estar a tu lado. No necesito otra cosa que no seas tú, Leandro.

—Lo sé, y te amo más por ello; sin embargo, quiero ser digno de ti. Ven conmigo, te tengo una sorpresa.

Él le extiende la mano y ella la toma de inmediato. Luego, juntos, se alejan de la ciudad hacia el área rural de la manada.

Por otro lado, Ryan se detiene cuando percibe el olor dulzón de su amiga, a quien encuentra encima de un manzano degustando uno de sus frutos.

—¡Hasta que por fin te encuentro! ¡Tengo toda la tarde buscándote! ¿Por qué escapaste de casa? Me prometiste que me ibas esperar.

La niña traga pesado el contenido que tiene en la boca y le evade la mirada avergonzada. Ryan, en cambio, deja de flotar en el aire y se sienta junto a ella en la rama del árbol donde la chica se encuentra.

—Es que… —La niña se muerde el labio inferior y lo mira sonrojada—. Te vi llegar con tu familia y amigos y me sentí intimidada. Estaba aburrida en la habitación, por lo que subí al techo de la casa, fue cuando te observé llegar junto a los demás. Lo siento, debí despedirme de ti, por lo menos.

Rayan suspira y niega con la cabeza.

—No te preocupes, al menos estás a salvo. Eso era lo que me tenía preocupado. Si quieres, podemos ir a las manadas cercanas al desierto para buscar a tu hermanastro. Te prometí que lo haría y yo cumplo mis promesas.

—Muchas gracias. Oye… —Ella lo mira más avergonzada que antes—. No pude evitar espiar un poco cuando todos se reunieron en la sala. Vi cómo te brillaron los ojos cuando llegó la chica rubia. ¿Es ella de quien estás enamorado? Es muy hermosa.

Ryan se pone más rojo que un tomate y niega nervioso.

—¿De dónde sacas eso?

—Cuando vine por primera vez a contar lo que vi hacer a la bruja, supe que te gustaba una chica. Desde que te descubrí mirándola hoy de una vez noté que era ella.

—Oye, pero dijiste que estabas en el techo, ¿acaso fuiste a la sala? —cambia el tema—. ¿Cómo es que nadie notó tu presencia?

—Ya te dije que tengo esa habilidad. Además, solo asomé unos minutos para curiosear. Decidí irme antes de que se te ocurriera buscarme porque el alfa Tron todavía me intimida.

Ryan sonríe divertido.

—No solo a ti. Él tiene esa aura peligrosa que asusta, pero es un buen tipo.

—Me imagino; sin embargo, no puedo evitar temerle. —Ella muerde la manzana.

—¿Solo eso comerás? —Él mira el fruto que ella degusta como si no hubiera un mañana—. En casa hay mucha comida que sé que te encantará. ¿Por qué no vamos allá primero y luego retomamos nuestra búsqueda?

Ella niega al instante.

—Lo siento, pero no puedo perder más tiempo. Tiro debe estar preocupado por mí. ¿Sabes? Es nuestra oportunidad de empezar de nuevo, ya que ambos éramos esclavos de su padre. Estoy muy triste por la muerte de mi madre; no obstante, hay una parte de mí que se siente libre. Estoy aliviada de no tener que volver a ver a mi padrastro. —Una lágrima le resbala por la mejilla izquierda, que es la que el puede notar porque la niña le queda de perfil, mas ella sigue comiendo sin darle importancia.

Ryan la observa conmocionado por las sospechas que su confesión le crean.

—Estarás bien; eres una chica fuerte y valiente. Si algún día no encuentras a donde ir, no tengas miedo de buscar a tu amigo Ryan. Por cierto, nunca me has dicho tu nombre.

Ella sonríe en dirección al pedazo de fruta que le queda en la mano y dice casi en un susurro:

—Soy T.

Ryan la observa con curiosidad.

—¿Solo eso? ¿T?

—Solo eso. Cuando empiece mi nueva vida pensaré en un nombre que empiece con esa letra. Solo soy una letra más porque mi madre no se molestó en darme un nombre.

—¿Y tu padre?

—No existe.

Ryan asiente cuando entiende que ella no quiere seguir hablando de su familia.

—Tu hermanastro es algo más que eso, ¿cierto?

Ella vuelve a morder la manzana, cuando traga, mira a Ryan a los ojos.

—Él es mi única familia ahora.

Rayan vuelve a asentir, aunque su respuesta no lo deja satisfecho. Él mueve su dedo índice derecho y de inmediato una manzana vuela en su dirección. Él acompaña a su amiga a comer, dado que tampoco lo hizo antes de salir de casa. Una vez los dos están satisfechos, Ryan la toma de la mano y emprenden la búsqueda de Tiro.

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