Dylan y Legna entran juntos a la universidad, pero este se aparta de ella y se apresura a su casillero para vestirse. Por su parte, Legna se va para la facultad de medicina donde es presentada a sus colegas por el decano.
—Señor Raj, para mí es un honor ser parte de tan excelente institución de investigación y docencia. Cuenten con mi conocimiento para el avance de la salud licántropa.
—Bienvenida a esta gran familia, señorita Legna.
Todos los miembros de la facultad de medicina aplauden y le dan la bienvenida con calidez.
Después de que Legna imparte su charla, ella se dirige al comedor de los docentes para almorzar. Allí visualiza a Dylan sentado en un sofá de color gris, donde hay otros maestros conversando. Le llama la atención que junto a él hay una mujer que no deja de mirarlo con flirteo.
Las alarmas de su cuerpo se encienden y su loba se inquieta; sin embargo, ella controla el deseo de intervenir con posesión y camina en dirección a ellos con porte airoso.
—Aquí estás —dice con una calma no propia de ella.
Dylan la mira por instinto y hace una mueca, luego se recuesta en el sofá con expresión indiferente.
—¿Quieres que ordene el almuerzo? —inquiere él sin emoción.
Ella mira a la chica de cabellera negra y extrema delgadez, entonces ladea la cabeza y sonríe maliciosa.
—Sí, aunque prefiero una mesa de dos y apartada. Ya sabes, algo más íntimo.
De inmediato, la mujer la observa con el ceño fruncido y semblante desdeñoso.
—Dylan y yo acostumbramos a almorzar junto a los demás aquí. Es más cómodo y divertido porque podemos conversar y compartir con nuestros colegas.
Legna sonríe maliciosa y mira a su alrededor. Escanea al resto de personas que se encuentran sentadas en el gigantesco sofá y que tienen bebidas sobre la mesa cuadrada frente a este.
—Bueno, no sabía que Dylan era tan sociable. Según lo que conozco de él, siempre ha sido introvertido y reservado.
—Suelo comer con los demás, pero si prefieres algo más íntimo podemos almorzar en otra mesa —sugiere él, lo que provoca que la chica que está sentada a su lado arrugue el rostro.
—¿Pido una mesa para tres? —pregunta ella con desesperación en su tono.
—¿Disculpa? —interviene Legna. Está maravillada de la imprudencia de aquella desconocida—. Nadie te ha invitado… —Ella arrastra la última palabra a la espera de su nombre.
—Kyra —le responde la chica de cabellera oscura—. ¿Y tú eres…?
—Legna, la novia de Dylan.
Él, al escucharla, escupe el trago de la bebida gaseosa que había tomado.
—Su… ¡¿qué?! —exclama Kyra con incredulidad.
Él, en cambio, mira a Legna como si esperara una explicación de su parte, pero ella sólo se enfoca en la mujer que se encuentra sentada a su lado. Le molesta la confianza que ella muestra con su mate y que se crea con el derecho de entrometerse entre ellos dos.
—Fui clara, Kyra; Dylan y yo somos novios.
La mujer mira a Dylan con reclamo, como si él le debiera alguna explicación; sin embargo, este se mantiene en silencio y con la mirada puesta en la pelirroja. Le divierte lo impulsiva y loca que es, al punto de decir tal mentira; no obstante, le parece conveniente que ella se presente como su novia, así que sonríe malicioso y la deja seguir con su habladuría.
—Hola, preciosa.
La diversión en el rostro de Dylan desaparece, al igual que la sonrisa que le adorna la cara, cuando Titán se le acerca a Legna y la saluda con un beso en cada mejilla. No conforme con eso, él la recorre con la mirada de arriba a abajo sin ningún disimulo, hecho esto, se relame los labios y la mira a los ojos con coquetería.
—Hola… —musita Legna ensimismada, debido al saludo imprevisto de parte de aquel hombre con quien habló un solo día, como para que se tomara tanta confianza con ella.
—Te invito el almuerzo, mi bella prodigio…
Una palmada en la mesa lo interrumpe. Todos ponen su atención en Dylan, quien observa al mulato con ganas de cortarle el cuello.
—Ella almorzará conmigo —masculla él casi entre dientes, debido a la presión que ejercen sus quijadas.
—”Iba” a almorzar contigo, chiquillo insolente —contesta, autoritario, luego mira a Legna con flirteo y le extiende la mano derecha—. ¿Vamos, preciosa?
La sangre empieza a hervirle a Dylan y sus ojos plateados se combinan con un tono rojizo que se va extendiendo en todo el iris.
Él se levanta del sofá con esa expresión asesina que intimida a los presentes y se acerca a ellos dispuesto a lo que se requiera, con tal de poner a ese intruso en su lugar.
—Titán, yo no tengo nada en contra tuya y nuestras manadas están en paz; sin embargo, eso podría cambiar en un instante. Debes saber que, aunque me veas siempre tranquilo y que no busco problemas con nadie, mi paciencia tiene un límite; asimismo, no permitiré una ofensa de esa calaña hacia mi persona —lo amenaza con una calma escalofriante.
El mulato traga pesado al ver el brillo peligroso en sus ojos, cuyo tono no logra descifrar porque el cristalino plateado se mezcla con un rojo que amenaza con cubrir todo el iris. No obstante, su ego no le permite dejarse intimidar por un cachorro.
—Chiquillo, recuerda que yo soy un lobo hecho y derecho y que mi experiencia y edad supera incluso a tu padre, por lo tanto, no oses amenazarme ni a faltarme el respeto. Vi a esta lobita y me gustó, y como licántropo sin mate tengo el derecho a cortejarla y reclamarla, así que déjame en paz y métete en tus asuntos.
—Ella es mía… —gruñe con la voz afectada por su lobo.
Los músculos se le ensanchan y su mirada se torna carmesí, mas esto no es suficiente para que Titán se retracte. Si tiene que luchar contra un licántropo superior para defender su honor viril, lo hará, y su premio será la admiración de la cachorra que le gusta.
—¿Tuya? No veo que tenga tu nombre pegado en la frente. Esta es una lucha donde gana el más sabio y experimentado, así que acepta que yo gané el premio… —Titán no termina su burla porque el puño de Dylan lo lanza a varios metros de él. Su cuerpo impacta contra la pared y termina en el suelo, como resultado, su figura se queda marcada en la superficie de cemento donde varias grietas hacen aparición.
Los gritos resuenan en el lujoso lugar, en especial los de Legna, quien se coloca frente a Dylan para evitar que este se lance de nuevo contra Titán.
—¡Ya basta! —comanda mientras lo intercepta—. No te busques problemas por esa tontería.
Dylan la mira indignado.
—¿Tontería, dices? Él se está metiendo contigo y eso no lo permitiré. ¿Acaso eres un maldito trofeo para que él haga tales alusiones? No, ese maldito me las va a pagar —dicho esto, Dylan se abalanza contra Titán, quien ya se ha puesto de pies y está dispuesto a defenderse.
Le encanta que el chico ejemplar pierda la cordura con sus provocaciones y que ahora será visto como un irrespetuoso, que atacó a un maestro que se ha ganado cierta autoridad gracias al largo recorrido en el área y a su gran aporte académico.
Las mesas son rotas en el acto y las sillas son tiradas hasta romperse, asimismo, las paredes quedan agrietadas cada vez que Titán es golpeado por Dylan. A diferencia del chico, Titán no tiene habilidad para la lucha, ya que nunca se interesó por ser partícipe en los enfrentamientos de su manada ni involucrarse con los guerreros.
Todos miran la escena sorprendidos y asustados, dado que nunca habían visto a ese cachorro tan alterado ni fuera de sus cabales. Sólo hay una explicación parra que él reaccionara con tanta violencia: Esa chiquilla tiene que ser su mate.
«Hijo del alfa Tron tenía que ser», murmuran entre ellos.
«Es tan agresivo como el padre», susurra alguien con expresión escandalizada.
«Parece que el alfa lo enseñó a luchar», piensa alguien mientras lo ve acabar con el mulato.
—¡Dylan, por favor! —grita Legna desesperada.
Él ignora sus ruegos porque ha perdido los estribos y lo único que desea es derramar sangre. Cada puñetazo que le atina a su rival provoca que el líquido carmesí le salpique en el rostro. Las garras salen de sus dedos dispuestas a enterrarse hasta llevarse con ellas la vida del intruso, pero antes de que él las clave en el cuello de su contrincante, siente que su brazo es controlado por una fuerza externa que lo detiene.
En ese momento, varios de sus colegas corren para socorrer a Titán, a quien apartan de Dylan y se lo llevan a la enfermería para que su cuerpo se recupere de la paliza que le ha sido atinada.
—Vámonos de aquí… —comanda Legna con la voz temblorosa mientras lo jala por el brazo.
Sin entender por qué la obedece, Dylan corre junto a ella fuera del comedor y se deja llevar a rastras hasta el parque. Legna se pierde con él en el conglomerado de árboles y, cuando ya no hay testigos, ella lo abraza, cierra los ojos y ambos se desvanecen con el viento.
Legna y Dylan aparecen dentro de una cueva, donde el agua se une con el suelo rocoso.
—¿Qué diablos…? —susurra él mientras mira a su alrededor.
La oscuridad reina, pero eso no es una limitante para un licántropo o zolleb, quienes son capaces de ver en las penumbras, aunque las formas no se muestren tan certeras como cuando hay claridad.
—Estamos en problemas… —musita ella con ojos cristalizados. Legna sopla a la nada y frente a ella aparece una pequeña llama con forma ovalada. Legna gira las manos, como resultado, la llama danza alrededor de la cueva y se detiene por encima de ellos en un lugar estratégico que trae luz al escondite rocoso.
—No te preocupes, que yo resolveré este asunto. No tienes por qué afectarte a ti —le contesta él, calmado. Ya el plateado ha tomado el control de su mirada y su respiración se encuentra más pausada, como también su semblante se muestra menos alterado.
—Ellos me vieron utilizar mi poder, Dylan. Mi abuelo me va a matar. Todo esto se ha salido de control y todo por culpa de este lazo que nos aprisiona. Dylan, lo mejor es que nos rechacemos de una buena vez, nosotros…
De un respingo él llega hasta ella y sus labios la callan. No quiere escucharla decir aquello, ya no soporta que se sigan mintiendo de esa manera que sólo les causa daño.
—No aceptaré el rechazo, Legna —replica con la voz entrecortada, debido a que se le dificulta mantener el ritmo regular de su respiración.
—Dylan, te estás dejando dominar por el vínculo…
—¡¡No!! —la interrumpe otra vez—. ¡Ya basta, con un demonio! No quiero seguir mintiendo, yo te amo. No se trata sólo del lazo que nos une, es más que eso. Estoy cansado de fingir y disimular; yo… siempre he estado enamorado de ti. Y sé que tú también me quieres. Por favor, ya deja de hablar del rechazo porque me hieres cuando lo haces.
Ella llora de la impotencia, puesto que ya no sabe cómo refrenar el deseo de mandar todo a la borda y unirse a su mate.

