59. ZHL: La caída de las falsas alfas

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Junto a los guerreros de Tron, Dylan y Legna llegan a la casa principal de la manada. Los hombres, convertidos todos en lobos, la rodean de forma estratégica y cautelosa, buscando una brecha para acceder a ella.

Mientras tanto, Legna, suspendida en el aire, revisa la protección. Ella informa a Dylan, por medio del vínculo, cuántos guerreros hay en cada entrada que pudieron ocupar, su ubicación exacta y el tipo de armas que portan.

Ella le guiña un ojo, y el lobo asiente con complicidad. Legna extiende sus manos en dirección al primer grupo que hace guardia, de donde salen descargas eléctricas que impactan contra ellos.

Dylan da la señal a los guerreros que están en esa área, y ellos entran cuando el portón cede gracias a la habilidad de Legna. Ella repite la acción en diferentes puntos estratégicos, dándole entrada a los demás guerreros.

Los ojos de Legna brillan y, tras tensionar su cuerpo por unos minutos, la puerta principal se rompe en pedazos frente a Dylan. Él no pierde ni un segundo para entrar y atacar a los que hacen guardia allí. Legna los deja luchando y flota por encima de la casa en busca de la bruja.

Se mueve con rapidez y cautela por encima de las edificaciones elegantes.

—Esto es una gran mansión... —musita mientras busca con la mirada su objetivo.

Tras unos minutos, ella se detiene por encima de un patio pavimentado enorme, rodeado de macetas con plantas y uno que otro árbol, ubicados de forma estratégica y estética.

En él hay varios guerreros con sus espadas desenvainadas, sirvientes alrededor y otras personas que no sabe si son parte de los empleados o de algún rango importante.

Se conmociona cuando repara en el cuerpo mutilado de varios hombres y mujeres que yacen en el suelo, bañados en su propia sangre.

Es como una fila semicircular de cadáveres, donde también hay algunas personas arrodilladas, a la espera del mismo final trágico.

Frente a estas víctimas, una mujer vestida de blanco, de cabellera oscura y figura esbelta, les apunta con el dedo de forma acusatoria. A sus lados —derecha e izquierda— hay guerreros, pero al parecer no son ellos quienes están asesinando a esas personas, sino los que están detrás de la fila, quienes mantienen sus espadas extendidas, a la espera de una orden.

—Conque tú eres la maldita bruja que está ayudando a la loca esa. ¿Estás intimidando a estas personas? Vamos a ver si te crees tan poderosa ahora, estúpida —dice Legna para sí, con una sonrisa maliciosa.

Lo primero que hace es soplar fuego a los guerreros que van a asesinar a las personas restantes, lo que causa conmoción y sorpresa entre ellos, pues no entienden qué ha ocurrido.

La bruja busca con la mirada hasta que la encuentra. Su ceño se frunce ligeramente y sus labios se tensan, formando una pequeña mueca de disgusto.

—¡Una intrusa! —vocifera, y al instante, varios guerreros corren en dirección al patio, provocando un caos. Los sirvientes tratan de huir, al igual que las personas que iban a ser ajusticiadas, pero son perseguidos por varios guardias que están confundidos.

Legna se enfoca en protegerlos, así que sopla viento para alejarlos de los civiles. Mas no les hace daño, solo los tumba a todos, logrando su objetivo. Mientras tanto, la bruja aprovecha su distracción para usar su brujería y atacarla, lanzando una ráfaga de energía oscura hacia ella.

Legna lo esquiva con facilidad y baja a la superficie para luchar de frente con ella, pero se decepciona al percibir el poco poder que posee.

—Tú solo eres el perro faldero de esa bruja, una zorra insignificante —se burla.

La mujer aprieta los puños, su piel se pone roja y, en sus ojos oscuros, se refleja la ira que la consume.

—¡Qué insolencia! —espeta, ofendida, mientras tensa sus músculos para no perder la compostura—. Yo soy la beta de esta manada, la segunda al mando. ¿Quién eres tú para venir aquí sin ser invitada? Encima de eso, me ofendes. ¿Sabes cuál es el precio de tu atrevimiento? La muerte...

La carcajada de Legna acaba con la poca paciencia de la mujer, quien se abalanza contra ella hecha furia. Sin embargo, el puño de Legna impacta contra su estómago, lo que la hace encorvarse del dolor y escupir un chorro de saliva.

—¡Perra! —espeta la bruja, antes de abalanzarse contra Legna.

La batalla entre ellas dos empieza, donde los puñetazos y ataques con su poder no se hacen esperar.

Legna logra esquivar airosa cada golpe de su contrincante, quien no corre con la misma suerte, pues ella sí recibe cada embate, lo que la debilita.

Un grupo de guerreros irrumpe de forma repentina. Sus ropas se guardan en sus gargantillas mientras su cuerpo va cambiando de forma. En cuestión de segundos, ya se han convertido en enormes lobos intimidantes que le muestran sus colmillos a Legna, amenazantes.

Ella mueve las manos de manera circular. De inmediato, se forma un remolino que es lanzado contra los lobos. Ellos, atrapados por el viento agresivo que lucha para tirarlos, gruñen mientras tratan de resistirse, pero fallan, y son arrastrados y abalanzados contra una pared, cuyo impacto la agrieta.

La bruja aprovecha el entretenimiento de Legna para usar toda su energía restante y así someterla. Pero, cuando lanza su poder —que depende de los hechizos prefabricados que ha practicado con antelación—, Legna forma una bola de luz gigante que empieza a tragarse el ataque de la bruja y, con ello, a someterla.

Otro grupo de lobos se lanza contra Legna para salvar a su nueva beta; sin embargo, el lobo de Dylan aparece de repente y salta contra ellos. Sus colmillos fieros se clavan en la carne de sus enemigos, mientras sus garras desgarran piel, pelaje y todo lo que se le interponga en defender a su mate.

A él se unen los lobos guerreros de su padre. Todos ellos atacan sin piedad, dejando que su parte más irracional provoque daño a sus oponentes.

Los guerreros que mantienen su forma humana atacan con sus espadas, pero Dylan y sus aliados logran esquivarlos con movimientos rápidos y estratégicos. Sin importar la forma de sus enemigos, Dylan atina al cuello para obtener una victoria rápida, al mismo tiempo que se protege las zonas vulnerables de su transformación, para evitar heridas peligrosas o mortales.

De repente, un grito desgarrador irrumpe en el tenso lugar donde se está llevando a cabo aquella batalla acalorada, seguido por una maldición que se apaga sutilmente hasta que ya no hay lamento. Todos miran a la bruja sin vida delante de Legna, quien se apresura a escupir fuego contra el cadáver, reduciéndolo a cenizas.

Un suspiro de alivio deja los labios de la pelirroja, quien cae al suelo de rodillas, pues, aunque el diamante enriquece su poder, todavía no logra usar su habilidad al cien por ciento debido al embarazo.

Dylan lo entiende bien, así que se encarga de cubrirla, evitando que los guerreros vayan por ella, para que pueda renovar sus fuerzas con tranquilidad, si es que es posible en medio de una batalla a muerte.

De forma paulatina, los guerreros empiezan a detenerse y miran a su alrededor con confusión, mientras que otros atacan a diestra y siniestra, sin importar a quién impactan. Por eso, Legna se pone de pie y sopla una energía dorada que cubre no solo aquella mansión, sino también a toda la manada Luna de Hierro.

Cuando ella se detiene, ya no hay peleas ni gritos. Los lobos regresan a su forma, y el caos se detiene. Un silencio sombrío se instala allí, donde todas las personas lucen desorientadas, como si acabaran de despertar de un sueño.

—He roto el hechizo que tenía a parte de esta manada aprisionada, lo que los hacía actuar a voluntad de esas brujas —explica Legna a un confundido Dylan, que, junto a los hombres de Tron, ha regresado a su forma racional y mira por doquier con asombro y recelo—. Ya me encargué de la más débil. Ahora debemos ir por la maldita loca de Azucena, dado que ella tiene la piedra y será difícil combatirla si las sospechas de mi abuelo son reales.

—Tienes que descansar y comer algo primero —refuta Dylan mientras la examina preocupado—. Te has arriesgado bastante ya. Además, debemos explicarles a estas personas quiénes somos y lo que ha sucedido. De ahora en adelante, esta es nuestra manada.

Legna asiente, no muy convencida porque quiere ayudar a su abuelo, pero entiende que Dylan tiene razón. No puede arriesgarse a esa magnitud.

—¿Quiénes son ustedes? —pregunta uno de los guerreros que los había atacado al principio, pero que ahora luce perdido y escéptico. —¡Ellos mataron a la bruja que asesinó a nuestro beta real! —gritó una de las sirvientas que estaba en contra de Azucena y que sería asesinada junto con los demás.

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