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El olor a café recién colado es lo primero que Legna percibe cuando empieza a despertarse. Ella da varias vueltas en la cama hasta caerse y es cuando abre los ojos por completo.
—¡Diablos! —vocifera enojada y se levanta del piso, acto seguido, observa la habitación con cara desorbitada—. ¿Dónde estoy...? —No termina la pregunta porque los recuerdos del día anterior responden a su interrogante—. ¿Y Dylan?
Ella entra al baño y lo busca, pero no lo encuentra allí. Mira el cepillo de dientes dentro de su empaque, que está dentro del vaso dorado donde hay uno usado, y no puede evitar sonreír.
—Vaya, lo pusiste al lado del tuyo. —Legna rompe el empaque y libera el cepillo, luego le pone crema dental y se para frente al espejo—. ¡Qué horrible estoy! Debo hacer algo con este cabello.
Después de asearse, ella busca entre la ropa de Dylan y escoge una remera gris, que cuando se la pone le queda como si fuese un vestido desahogado y corto.
—Necesito ropa... —susurra de camino a la cocina—. ¿Tú estás haciendo el desayuno? ¡Pobre de mí! —se burla cuando llega hasta donde se encuentra Dylan, tomándose una taza de café.
—Buenos días, mi amor —la saluda él con una gran sonrisa e ignora su comentario—. Ven a desayunar, si vieras lo que hice. ¡Soy un buen aprendiz! Ya hasta te superé.
—No me digas... —Legna hurga en la isla de la cocina, pero es atrapada por Dylan, quien la levanta por la cintura y la sienta en la superficie de mármol.
—¿Cómo dormiste? —inquiere él en un tono seductor. Legna lo mira con una sonrisa pícara y le acaricia el rostro con un roce leve.
—Dormí bien...
—Me alegra, porque esa fue la primera de muchas noches. Todavía se me hace irreal que estés aquí y con mi marca en tu cuello. Eres mía, loba intrépida, y yo soy tuyo.
Legna ensancha la sonrisa al escucharlo y le agarra el rostro con las dos manos, acto seguido, lo besa en la boca.
—No me lo creo. Me había rendido y me resigné a no tenerte nunca; sin embargo, nacimos para amarnos, Cara de cu... —Dylan la interrumpe con una aclaración de garganta.
—Debes cambiarme ese nombre, Legna —dice serio, a lo que ella entorna los ojos.
—Bien, pero no será nada cursi.
—Lo que desees, menos «Cara de culo». ¿Por qué rayos me llamas así?
—Porque siempre ponías la cara como un cu...
—Ya, ya... —la interrumpe—. Más vulgar y no naces.
—Pero no te quejaste anoche cuando te dije cositas sucias mientras tú me lo...
—¡Legna, ya! —Él la calla con un beso, pero ella no puede seguirle el ritmo porque la risa no la deja.
—¡Qué divertido es molestarte!
—«¡Qué divertido es molestarte!» —se burla él, imitando una voz chillona—. Mejor ven a desayunar o se nos hará tarde.
—¿Tenemos que ir a trabajar justo hoy? —Ella suspira.
—Debemos ser responsables, Leg. —Él la agarra por la cintura y la baja de la isla—. Ven a ver mi obra de arte, mi hermosa loba.
Legna siente una calidez en el pecho gracias al entusiasmo que él muestra por unos simples sándwiches y café. Pese a que se ve tentada a burlarse de él, prefiere tragarse el comentario pesado, ya que, lo que para ella es algo simple, para Dylan parece ser importante.
—¡Qué lindo desayuno! —elogia cuando nota que él no sólo ha preparado los sándwiches y el café, sino que también hizo una ensalada de frutas, jugo de naranja y huevos revueltos. Sólo espera que todo sepa bien.
«Temo por mi estómago», piensa, tras sentarse en el pequeño comedor que está cerca de la cocina.
Varias gotas de sudor le mojan la frente mientras ella observa los alimentos, como si estos representaran peligro.
—Come, mi amor —insta Dylan, nervioso.
Ella finge una sonrisa y agarra el tenedor. Decanta por la fruta porque es imposible que sepa mal, aunque tiene sus dudas, después de todo, se trata de Dylan.
El sabor dulce le inunda el paladar, a medida en que el trozo de sandía estalla en una jugosa y fresca textura, que se desvanece en su boca.
Legna nota que Dylan la observa expectante, con ese brillo inusual en los ojos que ha reservado sólo para ella, entonces se siente culpable por desconfiar de su habilidad culinaria; pero cómo no hacerlo si él ha demostrado ser muy malo hasta para preparar un café.
«Sólo es un sándwich, ¿qué podría salir mal?», se anima en sus pensamientos.
Ella sostiene el pan relleno de queso, verdura y, alguna otra cosa que teme descifrar, y se lo lleva a la boca. Se tarda más de lo usual morderlo y no puede evitar apretar los ojos cuando empieza a masticar, pero para su sorpresa, el sabor de la comida le es agradable y podría decir que delicioso.
—¿Le echaste pollo? —inquiere ella, fascinada.
—Sí, y un poco de aguacate. Es que he notado que sueles comer mucho esa fruta junto al pollo, por eso lo añadí al sándwich. ¿Te gusta?
Los ojos de Legna se cristalizan debido a la emoción. ¿Hasta algo tan simple toma él en cuenta? ¿Cómo no amar a ese hombre que hace hasta lo más mínimo para que ella se sienta bien?
—¿Dije que te amo, amoyeca?
—¿Cómo me llamaste? ¡Qué nombre tan feo! No sé por qué se me hace familiar... —Él se pone un dedo en los labios, como si tratara de rememorar dónde había escuchado esa palabra.
Legna, con expresión escandalizada, golpea la mesa con las palmas de sus manos.
—Acabas de ofender a mi familia. ¡Feo tu pajarito y yo no me quejo!
—¿Pajarito? ¡Tengo una gran serpiente, loca! ¡Y no he ofendido a nadie!
—Dijiste: «¡Qué nombre tan feo!» —imita su voz con una mueca de disgusto—. Así se dicen mis padres porque era una costumbre en su manada. Arruinaste nuestro momento romántico, ¡Cara de culo!
—¡Ya deja de llamarme así!
—Te llamé diferente y dijiste que era feo. Ahora nunca sabrás su significado, ¡por bestia!
—Ya, perdón, no sabía que era algo importante para ustedes. ¿Qué significa?
—No te diré. —Ella niega indignada y prueba los huevos—. Vaya, no saben mal...
A Dylan le brillan los ojos de la emoción.
—¿En serio? ¡Te dije que soy el mejor cocinero del mundo! Hasta te superé a ti.
—¡No seas tan creído! ¡Tampoco es para tanto!
—Sólo estás celosa porque cocino mejor que tú.
—¡Eso no es cierto! ¡Es más, ya no te enseñaré!
—¡Qué mala eres! ¿No me enseñarás porque soy mejor que tú? —Él enarca una ceja y sonríe socarrón.
—¡Ah! ¡Ni en tus sueños! Además, si eres mejor que yo, no necesitarás mi ayuda. —Legna lo mira maliciosa.
—Ya, tú eres mejor. Sólo quería molestarte.
—Ahora estoy enojada, así que tendrás que contentarme si quieres que te hable en todo el día.
—Haré lo que me pidas...
Legna sonríe pícara y lo jala por la nuca.
—Ya sabes que hacer, amorcito.
Dylan imita su sonrisa y la mira airoso y seductor, luego se arrodilla frente a ella y se hunde entre sus piernas.
***
Legna observa el vestido que yace sobre la cama y se encoge de hombros.
—Lo lavé mientras dormías, está limpio. No entiendo por qué haces esa mueca —se queja Dylan—. Mejor date prisa o llegaremos tarde.
—No me gusta repetir la ropa del día anterior, es sólo eso. —Ella empieza a vestirse—. Gracias por lavarlo, fue muy lindo de tu parte. A veces me pregunto si de verdad te llegué a conocer; es que no pareces el Dylan reservado y mala gente que sueles mostrar.
—No soy «mala gente». —Él entorna los ojos—. Siempre he sido amable, lo que sucede es que tú tenías prejuicio conmigo.
—¿Yo? El único que sacaba conclusiones erróneas acerca de mí eras tú. Tienes que reconocer que no eras muy amigable conmigo que digamos. Es más, a la única que tratabas bien era a... —Legna se muerde el labio inferior y mira en dirección al piso.
Un suspiro deja los labios de Dylan, puesto que entiende a quien se refiere sin la necesidad de que la mencione.
—Legna, no puedo cambiar el pasado, lo único que me queda por hacer es pedirte perdón y actuar diferente ahora. Me duele escuchar lo idiota que fui y que la hayas pasado tan mal por mi culpa; pero si tengo que pedirte perdón unas mil veces más, aceptaré que esa sea mi condena. Te amo, y quiero que lo sientas y que nunca lo dudes.
Legna aprieta los puños, como manera de luchar contra las lágrimas que gritan por salir.
—No tienes que disculparte por el pasado. Siento mencionar a...
Dylan se le acerca, le acuna el rostro entre sus manos y le besa la nariz.
—Entiendo que te tomará tiempo superar mis desplantes pasados. No te preocupes por mí porque estoy consciente de que tengo que ser paciente, dado que será poco a poco que rebasaremos los estragos de los fantasmas que opacan nuestra relación. En cuanto a tu ropa, desde que salgamos de la universidad la buscaremos. También podemos ir de compras, si quieres.
—Siempre quiero ir de compras.
—Bien. Lo haremos después del trabajo. Así vamos al banco y buscamos tu nueva tarjeta.
—¿Mi nueva tarjeta?
—Eres mi esposa, por lo tanto, yo trabajo para cubrir tus necesidades. Eres mi responsabilidad ahora y mi motor para ser más ambicioso.
—Tengo mi propio dinero, Dylan. No es necesario, pero gracias.
—No aceptaré un «no» por respuesta. No te imaginas la satisfacción que siento porque puedo cuidarte y compartir el fruto de mi esfuerzo contigo. Se siente jodidamente bien. De todas formas, ya está lista. —Él sonríe de esa manera tan sexi que a ella la calienta.
—¡Vaya! Aparte de que me das buen sexo, también me das dinero. ¿Qué más le puedo pedir a la vida? —bromea.
—Gracias por hacerme sentir como un pedazo de carne. —Él entrecierra los ojos.
—Eres un pedazo de carne muy bueno...
—Ummm... Esperaba algo más romántico de tu parte, mi loba intrépida.
—Es lo más romántico que recibirás hoy. Ahora, mueve tu lindo trasero o llegaremos tarde al trabajo.
Dylan y Legna se dirigen a la universidad de la manada Luz plateada. Las miradas sorprendidas caen sobre ellos cuando los demás reparan en su aroma mezclada y la marca que les adorna el cuello.
Ya no hay miradas coquetas de parte de las chicas hacia Dylan, asimismo, los hombres evitan observar a Legna por mucho tiempo. Esa es la manera en que los licántropos muestran respeto a una nueva pareja que se ha marcado, y eso sucede de manera instintiva.
No obstante, una mujer los contempla a la distancia y su cara de disgusto capta la atención de Titán, quien se le acerca con una sonrisa burlona.
—No luces muy feliz por la nueva pareja, Kyra —comenta él con tono irónico.
Ella entorna los ojos y se cruza de brazos.
—¿Debería estarlo?
—Por lo menos disimula. Es muy notorio lo frustrada que te encuentras.
—No sé de qué me hablas.
—Ummm... Para nadie es un secreto que te quieres coger al chiquillo privilegiado. ¡Si lames el piso por donde él camina! —dice con sorna, lo que irrita a la chica.
—Te equivocas. El único que está dolido eres tú porque le tiraste el ojo a la rara esa desde que puso un pie en este lugar. Ah, si más no recuerdo te dieron tremenda paliza por atrevido. Lo único que haces es proyectar tu propia frustración en mí. Es obvio que tienes el ego herido.
—No te lo voy a negar, odio a ese engreído. Todavía no me he vengado de su ataque, pero creo que he descubierto cómo hacerle pagar el haberse metido conmigo.
—¡No seas ridículo! No tienes oportunidad de siquiera tocarlo...
—No físicamente, pero... —Él sonríe malicioso.
—¿Qué estás tramando?
—Darle por dónde más le duele. Tú también quieres vengarte de esa niña por haber frustrado tu deseo de acostarte con el hijo del alfa Tron. Lo deseas, así que verlo junto a ella te hierve la sangre, ¿cierto? —Él se le acerca al oído desde atrás y con una sonrisa escalofriante—. Puedo oler tu impotencia, tu rabia, tus celos...
—No soy como tú...
—Oh, sí lo eres. Podría asegurar que ya has soñado con él y que creíste que lo probarías; sin embargo, esa chiquilla insolente te robó la oportunidad. Pero te encantaría tenerlo en tu cama y disfrutar de su atractivo, mientras que tu rival se retuerce del dolor al sentir la traición en sus vísceras.
» Ella sufriría en cuerpo y alma la infidelidad de su mate, mas tú te sentirías superior al ser la causante de su sufrimiento y de haber tenido la victoria de tenerlo, por encima de su vínculo. Te sentirías poderosa...
Ella se relame los labios en respuesta y se queda absorta en sus pensamientos. Por supuesto que le encantaría humillarla a tal grado y poder llevar a cabo su más ansiada fantasía: aparearse con ese chico que parece tan inalcanzable y que la reta a dominarlo y hacerlo suyo.
***
La chica de cabello rubio como el oro se encuentra agachada en el campo, recogiendo flores para llevarlas a casa y preparar su nuevo perfume.
Ella amarra los ramos y los coloca en una canasta grande, entonces decide que ha sido suficiente flores por ese día; sin embargo, una pequeña planta silvestre capta su atención.
—Te ves tan susceptible y las demás flores opacan tu belleza. —Ella suspira—. ¿Será que podré sacar una buena esencia de ti? —Clara la toca, mas no la arranca.
Un susurro se mezcla con el viento, pero la rubia no lo nota porque está muy concentrada en la florecilla.
«Tristeza, frustración, dolor, desamor, celos, rencor...», susurra la maldad mientras la brisa levanta el polen de las flores y un poco de polvo.
«Un alma perdida en las emociones me es útil...»
Ella trata de acercarse; no obstante, la sonrisa de esperanza que se dibuja en la chica la hace retroceder.
—Estoy segura de que sacaré un perfume exótico de ti. Puede que hayas pasado desapercibida por los demás y que las otras flores ocultaran tu belleza; sin embargo, confío en que tienes mucho que ofrecer.
Las lágrimas brotan de los ojos celestes y se arrastran a través de las mejillas sonrojadas. Clara arranca la planta y la coloca junto a las demás, acto seguido, carga la canasta y se marcha.
A la maldad no le queda más remedio que verla alejarse.
«Ella no sería un alma útil porque es pura y fuerte. Necesito a una persona más débil de carácter y con odio en su interior», razona, antes de perderse en las nubes y desvanecerse por un tiempo.
***
La ola de calor se ha extendido a varias regiones del territorio de los hombres lobos, lo que ha provocado que algunos ríos empiecen a secarse y que se pierdan cosechas.
Legna ha recorrido esos lugares en busca de repuestas, pero no ha encontrado un motivo más allá de la misión de Liah. Entonces entiende que pronto tendrá que enfrentarlo.
Ella sacude la cabeza ante ese pensamiento y presta atención a la charla que se lleva a cabo entre su familia y la de su mate.
—Debemos hacer una gran fiesta para celebrar la unión de nuestras familias —espeta Tron, muy feliz.
Alexa ya ha abierto un vino para conmemorar la buena noticia de la marca entre Dylan y Legna. Riú también luce contento, pese a que todavía mira a su yerno con escepticismo.
—¡Sí! —celebra Miha—. ¡Con música, flores y mucha comida!
—¿Dónde la haríamos? —inquiere Alexa—. ¿En Rayo dorado o aquí?
—¡En nuestra manada! —exclaman Riú y Tron al unísono.
—¡Yo soy el padre de Legna! ¡Celebraremos aquí! —vocifera Riú.
—¡Y yo el padre de Dylan, quien a su vez es el varón, por lo tanto, la fiesta se hará en mi manada!
Y una discusión empieza entre los dos alfas.
Legna y Dylan se dedican una mirada traviesa y sonríen en complicidad. Él le hace señas para que ella lo siga al exterior de la casa y ella obedece con una sonrisita juguetona.
—Es nuestra fiesta; sin embargo, nuestros padres quieren decidir todo por nosotros —se queja Dylan fastidiado. Legna ríe.
—Parecen dos niños pequeños. ¿Qué quieres tú? —La pelirroja enfoca la vista el cielo, que ese día se encuentra soleado y despejado.
—No tengo preferencia. Ya soy muy feliz por haber marcado a mi mate; para mí eso es más que suficiente poder estar junto a ti por el resto de mi vida.
Legna se sonroja.
—¡Cuánta labia! —se burla—. Yo quiero una gran fiesta, pero no sé dónde podríamos celebrarla. Si lo hacemos en Rayo dorado, papá estará inconforme; mas, si lo hacemos acá, el tuyo también. ¡Qué difícil!
—¿Qué quieres tú? Haremos lo que decidas.
Legna arruga el rostro.
—¡Esa es tu manera de echarme esa gran responsabilidad encima! ¡Qué cobarde eres! —vocifera molesta.
—¿Qué? ¡No! —espeta él, escandalizado—. Ni siquiera me pasó por la cabeza. ¿Por qué eres tan prejuiciosa? Contigo no se puede ser amable. Aunque no me creas, de verdad quiero que hagamos según tu deseo. Yo sólo espero que sea algo especial para los dos y que tú quedes complacida.
Legna suaviza el semblante y lo mira con una sonrisa de enamorada.
—Eso es muy lindo de tu parte, mas no me dejarás esta decisión a mí sola.
—Como digas... —Dylan entorna los ojos.
—¿Qué tal que empecemos la fiesta en esta manada y la terminemos en la tuya? Así ambos alfas estarán conforme y nos evitamos la incomodidad de tener que elegir.
Dylan se queda pensativo por un rato.
—Me parece bien.
—¡Perfecto! ¿Les diremos ahora?
—No, mejor vamos a perdernos un rato donde podamos estar solos, ¿sí? —Él la abraza por detrás y le da varios besos en el cuello—. Me duele la cabeza por estar todo un día con nuestras familias.
—Lo dices como si fuera lo peor.
—No lo es, pero es estresante que tu hermana me esté coqueteando como si no fuera una niña y mi cuñada, sumándole a eso que Ryan me mira como si quisiera acabar con mi existencia y que los ojos llenos de odio de tu padre me amenazan con picarme en pedacitos. Además, ya extraño estar a solas contigo.
Legna explota en una sonora carcajada.
—Mi papá no quiere picarte, Dyl; eres un exagerado.
—¿Exagerado? ¿Acaso no notas cómo me observa?
—Él es así con todos, pero no lo hace por mal. Es su carácter.
—No lo sé, Leg, me parece que todavía me odia.
—¿Cómo va a odiarte? —Ella se gira y le pellizca los cachetes—. Deja de ser tan dramático, amorcito. Oye, ¿por qué no me acompañas a la tienda de los chicos? Tengo mucho que no veo a esos locos.
—¡Yo iré con ustedes! —vocifera Miha, quien ha salido de repente y pronto llega a ellos.
—¿Nos estabas espiando, metiche? —le reclama Dylan enojado. Al parecer, su plan de escabullirse a un lugar privado con su pareja se ha ido al caño.
—¿Para qué haría tal cosa? Ni que fuera divertido escucharte a ti. A veces me pregunto cómo es que Legna te soporta, mas supongo que así de masoquista es el amor.
—Por lo menos yo tengo quien me soporte —contraataca malicioso.
Legna no puede evitar reír, ya que ella sabe que Miha también tiene un mate.
—¿Quién sabe, hermanito? —Miha sonríe pícara—. A veces la apariencia engaña.
—¿Qué? ¿A qué te refieres? Miha...
—¿Quién es el chismoso ahora? —Ríe.
—Cuidado contigo. Si alguien se atreve a tocarte lo dejaré sin pene.
Miha se sonroja y se tapa la cara, mientras que Legna no puede soportar la risa.
—¿Cómo puedes decir algo así? —La morena niega avergonzada.
—Conque eres un hermano celoso —se burla Legna—. Y así te quejas de Ryan.
—No te he hecho nada que no te guste... —dice con una sonrisa traviesa—, por lo que el mocoso de tu hermano no tiene por qué estar de fastidioso.
—Tampoco el chico de Miha le hará nada que a ella no le guste, por el contrario, estoy segura que le encantará —contesta Legna con los ojos aguados de tanto reír.
La aludida se pone roja como un tomate y no puede evitar la imagen en su cabeza. De momento, siente mucho calor y unas ganas inmensas de ver a su chico rubio.
—¡Oye! —se queja Dylan—. No hables así de mi hermanita, es raro. Miha no tiene a ningún chico que le haga esas cosas, así que deja de querer pervertirla, loca.
—Tú me pervertiste a mí y ahora te quejas de que hable la verdad. Así como tú y yo lo hacemos, ella también lo hará con su mate, Cara de culo.
—Eres tan desagradable a veces. —Él cruje los dientes y se cruza de brazos.
—Y tú eres tan ridículo y dramático. —Legna entorna los ojos e imita la acción de Dylan.
—Vaya... —Miha los observa maravillada—. Ustedes hasta se parecen ya. ¿Nos vamos o seguirán discutiendo por tonterías?
—¡Yo voy con ustedes! —vocifera Ryan.
—No, pues, haremos una reunión en la tienda de los mellizos —dice Dylan con tono irónico.
—¡Deja de quejarte y vámonos! —Legna lo agarra de la mano y empieza un andar rápido y con pasos bruscos.
—¡Oigan, espérennos! —grita Miha, y Ryan corre detrás de ella.
—¡Deprisa! —comanda la pelirroja mientras mira por todos lados—. No quiero que el demonio de Alexandra se entere y quiera venir. Esa niña es demasiado fastidiosa.
—¿No me digas que estás celosa de tu hermanita? —Dylan se burla con una sonrisa traviesa.
—No estoy celosa, pero sí me molesta que esté de empalagosa con lo mío. ¡Tan pequeña y tan atrevida! ¿Qué se cree esa mocosa?
Dylan ríe por lo roja que la piel de Legna se pone cuando ella se enoja. Le encanta verla celosa de él y que marque su territorio con gestos posesivos.
—Eres muy linda, pelirroja loca. Me encantas que reclames lo que es tuyo.
—Me alegra que reconozcas que eres mío, lobito travieso. —Ambos se sonrojan y se miran con ganas de comerse.
—¡Guácala! —espeta Ryan cuando Dylan besa a Legna—. ¿Podrían dejar su cursilería para cuando estén solos? Es asqueroso verlos intercambiar saliva —refunfuña con el ceño fruncido.
—¡Deja tus celos! —Legna suelta a Dylan y corre en dirección a su hermano, acto seguido, lo apretuja entre sus brazos y le llena el rostro de besos—. ¡Yo te quiero mucho, mocosito!
—¡No, suéltame! —Él lucha para liberarse de la invasión—. ¡Qué asco, Legna! —Ryan la empuja y la mira de mala gana—. ¡Y no soy ningún mocosito! ¡Pronto cumpliré los quince años!
—¡Guau! ¡Qué hombre que eres! —exclama con sarcasmo y estalla en carcajadas.
—Deja al cuñado en paz, mi loba intrépida, y ven a mi lado. —Dylan la atrae hacia él y entrelaza su mano con la suya, luego le da un casto beso en la mejilla y empieza un tema de conversación al que todos se unen.


