28. ZHL: Nuestro hogar

Cuando Dylan y Legna llegan a la casa, ya no hay nadie allí. El sol empieza a ponerse, por lo que el cielo toma un tono violeta que se difumina con el azul oscuro.

—Tengo hambre —comenta Dylan cuando entran a la sala. Legna mira la canasta que se encuentra sobre la isla de la cocina y empieza a hurgar en ella, entonces descubre las rosquillas que Clara le llevó a su compañero—. ¡Están deliciosas! —exclama, tras morder una.

—¿Te las comerás? Creí que me pedirías que las tirara a la basura. —Él se acerca y agarra una también, y la devora al instante—. Ummm…

—¿Por qué tiraría la comida? —Ella vuelve a morder el postre.

—Porque así de celosas son ustedes las mujeres.

—¿Nosotras las mujeres? Lo dice quien casi mata a Titán por coquetearme. —Legna enarca una ceja.

—Él se lo buscó… —gruñe—. Ya le tenía ganas…

—¿Por qué?

—Porque te miraba con lujuria desde el primer día que pisaste la universidad. Te atreviste a tomarte un café con ese idiota. —Él aplasta la nueva rosquilla que está en su mano.

—Qué salvaje eres… —le reclama al ver el desastre, luego busca una servilleta y lo limpia—. Me dan ganas de comerte cuando te pones celoso. Te ves tan lindo… —Legna le da un lengüetazo cerca de la boca, que hace temblar a Dylan.

—¿De verdad? —Él sonríe coqueto—. Yo siempre quiero comerte…

—Come rosquillas. —Ella le entra en pedazo en la boca. El glaseado se le embarra en los labios y alrededor de estos, así que Legna empieza a lamerle toda el área con intención de “limpiarlo”.

—Yo me como las rosquillas y tú a mí, ¿o cómo es? —La diversión denota en su media sonrisa. A Legna le parece muy sensual la manera en que sus labios se extienden.

—Cara de culo, si sigues sonriendo así te cogeré aquí mismo.

—¿Cómo es que debo sonreír? —Él menea las cejas con alusión pícara.

Legna estalla en carcajadas y empieza a darle leves palmadas al pecho firme de su mate.

—¿Por qué estás tan bueno? Es difícil no querer comerte a cada rato cuando luces así de atractivo.

—Vaya, me pasa lo mismo contigo, mi hermosa loba traviesa. ¿Por qué no vamos a la alcoba para que te familiarices con ella? Al fin y al cabo, será tu nueva habitación.

Legna sonríe maliciosa.

—Espero que la cama sea grande porque tú duermes como si te picara el ano.

—¡Cuánta elegancia al hablar! Eres toda una dama —bromea—. Además, quien duerme como si librara una batalla eres tú. Casi me caigo de la cama por tu culpa.

—¿Yo? Ni siquiera me muevo de mi lugar…

—Sí, claro. Me golpeaste varias veces mientras dormías. ¿Qué diablos es lo que sueñas? —Él se relame los labios. Legna va a contestarle, pero verlo hacer eso capta su atención, entonces se le olvida lo que le iba a decir porque sólo piensa en cómo besarlo.

—¿Me enseñarás la habitación? —Su voz sale un poco temblorosa.

—Vamos, mujer mía. —Él la agarra de las manos.

—No soy mujer tuya.

—La marca dice lo contrario. Ahora somos una pareja —Él la jala hacia dentro.

—No está mal… —Ella mira a su alrededor y suelta un silbido—. Tendremos que comprar algunos ajuares para darle vida…

—Lo haremos juntos.

Legna lo mira con una sonrisa que denota mucha emoción.

—¡Será muy divertido! Compraremos cortinas, cuadros, dos mesitas de noche, lámparas…

—La tienda completa, entendido —bromea él.

Ella suspira y empieza a rebuscar pr los rincones. Le gusta que el color de las paredes sea blanco porque le da claridad, también porque combina con cualquier otro color que ella quiera usar en la decoración. Descubre que hay un cambiador gigantesco, que apenas tiene algunas ropas de Dylan en un armario.

—¡Será genial cambiarme aquí y probarme muchas ropas! —grita desde adentro, a lo que Dylan responde con un asentimiento de cabeza que ella no puede ver—. ¡Mis zapatos irían aquí y los tuyos de este lado! ¡Carajo! Tendré que comprar muchos porque los que tengo no son suficientes para ocupar todo este espacio. Y hay que utilizar todo esto, ¿cierto?

—Unjú… —masculla él mientras busca una bebida en un pequeño refrigerador que tiene allí, luego se sienta a tomársela en la cama.

—¿El baño está allá? —Ella apunta hacia la derecha de Dylan, tras salir del enorme vestidor.

—Sí, esa es la puerta de nuestro baño privado —contesta, después de dar un sorbo.

Legna corre hacia allí y abre la puerta de madera fina, entonces celebra emotiva al descubrir un pasillo que la conduce hasta una habitación, donde descubre un espejo enorme. Hay pocas toallas colgadas y una mesa dorada en el medio del cuarto, rodeada por dos muebles tipo sofá, pero sin espaldar. Al fondo descubre una bañera gigante, del color del oro y con diferentes grifos.

A la izquierda hay una ducha espaciosa con puertas corredizas y transparentes, mientras que en su derecha descubre dos cubículos con inodoros. Frente al gran espejo están los lavamanos y los productos de higiene personal que usa Dylan.

—¿Te gusta? —Él aparece de repente y la abraza por detrás.

—Me encanta. He de admitir que tienes buen gusto.

—Por supuesto que tengo buen gusto. Tú eres la prueba viviente de ello. —Él le ronronea en el cuello, acción que a ella le provoca varios escalofríos—. Esa bañera hace burbujas, también ambienta el agua y provoca ondas que masajean el cuerpo. ¿Quieres probarla?

—¿Ahora?

—Sí…

—¡Está bien!

Dylan empieza a preparar el baño, mientras que Legna se deshace de la ropa hasta quedar en completa desnudez. Verla lo distrae de su tarea, pero pronto retoma lo que hace hasta que la bañera empieza a llenarse de agua.

Dylan sale deprisa del baño y, en menos de un minuto, regresa con dos copas y una botella de bebida burbujeante.

—Esto fue un regalo de papá cuando me mudé solo. Lo había guardado para una ocasión especial.

Dylan pone las copas y la botella sobre la mesa cuadrada y empieza a desnudarse.

—¿Y este momento es especial? —inquiere ella nerviosa.

—Por supuesto que lo es. ¡Nos hemos marcado! Hoy empieza nuestra nueva vida juntos, mi amor.

Ella se sonroja.

—Mis pertenencias están en la cabaña y en la casa de mis padres.

—Podemos ir mañana a buscar tus cosas. —Él se acerca con las dos copas llenas y se mete a la tina.

Ambos toman un trago de la bebida espumante mientras se miran a los ojos. Sienten una conexión muy grande desde que se marcaron y sus emociones están flor de piel.

—¿Es normal que quiera volver a sentirte, después de que lo hicimos dos veces seguidas? —susurra él con la voz ronca, debido a la excitación.

—No lo sé, pero nosotros no es que somos muy normales. —Ella sonríe divertida—. Yo también te tengo muchas ganas. No me importa qué es normal o no, sólo quiero disfrutar cada segundo que se me conceda junto a ti. —Legna lo besa lento, disfrutando su sabor sin prisa—. Te amo mucho. Lamento haberte roto el corazón, yo… tenía mucho miedo.

—Lo sé… —Él le acaricia la mejilla con sus nudillos—. Entiendo tu preocupación, pero te prometo que todo estará bien. No importa a lo que nos enfrentemos en el futuro, los dos, juntos, superaremos cualquier obstáculo. Nunca me rendiré contigo, mi loba intrépida. Tú eres parte de mí y yo de ti.

—Eres muy cursi… —se queja emocionada—. Me gustas tanto, Cara de culo. Por cierto, ni de bromas usaremos las cortinas de tu ex. Quiero que se las devuelvas.

—¿Dices eso después de que te tragaste sus rosquillas? —Él entrecierra los ojos en un gesto acusador.

—La comida es diferente… —Ella hace una mueca—. No me sentiré cómoda viendo las dichosas cortinas todos los días. Además, se supone que soy yo quien debe escoger lo que decorará nuestro hogar. Ni siquiera me gustó ese color para nuestra sala.

Dylan sonríe divertido y le da un beso en la frente.

—Se las voy a regalar a Miha, estoy seguro de que a ella les encantará.

—Me parece bien. —La pelirroja lo vuelve a besar.

Sus labios se mueven con deseo contra los de Dylan, cuya lengua busca la de Legna con hambre. Ella le aprieta el cabello que se encuentra recogido de forma desordenada y termina por soltarlo. Sus manos aprietan las hebras negras con fuerza cuando él se entierra en ella sin previo aviso.

Dylan la embiste sin ningún tipo de delicadeza contra el muro de la bañera, entretanto ella se aferra a él y no deja de besarlo.

Sus dientes se clavan en el labio inferior del chico, pero él rompe el beso para chuparle los pezones.

—Dyl… —Ella se relame los labios. El cuerpo le tiembla, los latidos de su corazón se aceleran y sus gemidos se tornan más agudos y fuertes.

No puede retenerlo más…

Los dos se sacuden con frenesí y sus respiraciones caóticas se vuelven una, asimismo, sus gemidos se pierden un beso intenso cuando ambos llegan al clímax en conjunto.

—Seremos felices, te lo prometo… —jadea él con la poca energía que el orgasmo le ha dejado.

—Te creo… —responde ella, con un brillo particular en la mirada que le expresa a su compañero lo mucho que lo ama—. Oye… ¿Dónde están nuestros padres? —Legna despabila—. ¿Ellos no se quedaron aquí después de que me fui?

Dylan agranda los ojos y la mira ido.

—Creo que se cansaron de esperarnos. Los olvidé por completo. —Él se carcajea—. Por lo menos no tendré que enfrentar a tu papá hoy, estuvo a punto de acabar conmigo.

—Lo siento, fue mi culpa. —Ella le acaricia el rostro.

—Tu padre te ama mucho, Legna.

—Lo sé… Yo también lo amo y admiro. Él es el ejemplo de pareja que quería en mi vida. Mi mamá es muy feliz a su lado.

—Eso es hermoso. Yo puedo decir lo mismo de los míos. Y así como nuestros padres son felices y disfrutan de su unión, también lo seremos nosotros. Te lo prometo. ¿Ya te dije que te amo, loba fastidiosa?

—Sí, unas mil veces, Cara de culo.

—Deberías cambiarme ese apodo, ¿no crees?

—Tal vez… —Ella se adueña de su boca.

Después de besarse por un largo rato, ellos preparan algo de cenar y se van a la cama; por supuesto Dylan le presta una remera porque Legna sólo cuenta con la ropa que llevó puesta y que puso a lavar para usarla al día siguiente.

Aquella noche, la pareja duerme en plena paz, pese a que la maldad acecha y espera el momento adecuado para atacar.

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El hijo del alfa y la híbrida

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