34. ZHL: La conspiración

En la privacidad de la cabaƱa, madre e hija conversan acerca de lo sucedido con Dylan y su supuesta infidelidad. Legna niega con lƔgrimas en los ojos, pero Alexa insiste en su pedido.
—Trata de recordar, mi niƱa. ĀæQuĆ© fue lo que viste con exactitud?
—Dylan se iba a aparear con otra mujer que no era yo; eso fue lo que vi, mamĆ” —espeta con rencor y tono obvio, cansada de que su madre no se dĆ© por vencida con el tema.
—¿EstĆ”s segura? Ɖl estaba extraƱo, Legna…
—”Ya basta, mamĆ”! ĀæTĆŗ tambiĆ©n te pondrĆ”s de su parte? Dylan siempre ha preferido a Clara, asĆ­ que no tienes por quĆ© sorprenderte de su traición. DebĆ­ rechazar a ese imbĆ©cil cuando tuve la oportunidad.
—Hablas por medio del dolor y los celos, cariƱo. Al parecer, tu parte lobuna estĆ” dominando a la zolleb…
—”Ya, mamĆ”! No quiero hablar acerca del traidor de Dylan… —la interrumpe con una mueca de desagrado.
—EstĆ” bien, cariƱo —acepta su madre, puesto que Legna estĆ” muy alterada en se momento; sin embargo, sabe que tendrĆ”n que conversar al respecto cuando ella se encuentre mĆ”s calmada.
Alexa no le vuelve a mencionar a Dylan, en su lugar, la escucha quejarse y llorar en silencio, dƔndole el apoyo que necesita.
Por otro lado, Ryan sale de la casa a escondidas y vaga por todo el bosque de Rayo dorado. Ɖl flota por encima del suelo a una velocidad impresionante, como si tuviera prisa en llegar a su destino.
El olor a polvo se mezcla con uno dulce, algo parecido a una golosina, por lo tanto, entiende que ha logrado su cometido.
—Creo que te encontrĆ©, intrusa —susurra Ryan, y de inmediato, unos ojos dorados lo observan con temor.
—”No me mates, por favor! —Ella cae de rodillas ante Ć©l.
—¿QuiĆ©n eres? ĀæPor quĆ© has irrumpido en este territorio? —Él ignora su ruego y lo asustada que ella se encuentra.
—LleguĆ© por accidente, pero ya me voy. Prometo que no regresarĆ©.
—¿Accidente? Ā”Si es la segunda vez que te veo por estos alrededores! Eres una tonta, Āæacaso no sabes que estas tierras pertenecen al alfa Tron? Ɖl nunca ha sido misericordioso con los lobos ratas, asĆ­ que corres peligro en este lugar.
La chica empieza a temblar del miedo. Aunque su vida es un infierno, ella mantiene la esperanza de que tendrÔ un buen futuro, por lo que morir no es una buena opción a su sufrimiento.
—Por favor, dĆ©jame ir. Te prometo que no volverĆ© a este sitio. Yo sólo estaba persiguiendo a la bruja…
Ryan la mira curioso y se acerca a ella, acción que provoca que la chica se vuelva ovillo sobre el suelo, a espera de su castigo.
—¿Bruja? ExplĆ­cate, por favor. —Él le extiende la mano, pero ella duda. Teme tocar a un chico tan limpio y bonito, y ensuciarlo con su peste—. Ven conmigo, te sacarĆ© de aquĆ­ antes de que los hombres de Tron te encuentren.
Ella lo mira con recelo. ¿Debería confiar en él? ¿Y si es una trampa? AdemÔs, su palma se ve pulcra, con las uñas parejas y limpias. Tan diferente a las suyas, que su adorno es la tierra y que tiene unas que son largas y otras cortas.
No, en definitiva, no podrĆ­a tocarlo.
—Yo puedo sola —finge ser brusca, levantĆ”ndose deprisa—. ĀæDebo confiar en ti, chico ilustre?
Ryan entrecierra los ojos y suelta una carcajada.
—Creo que mi madre no estarĆ­a de acuerdo con esa descripción. ĀæPor quĆ© me llamas asĆ­?
Ella lo mira de arriba a abajo sin ningún disimulo, pero se pone nerviosa debido a las emociones extrañas en su pecho y los incesantes cosquilleos en la piel. Nunca antes había tratado con un chico de apariencia tan nítida y de rostro tan apuesto como el suyo. ¿Acaso él es tan tonto que no se da cuenta de lo hermoso y elegante que luce?
—Bueno, comparado conmigo eres la pulcritud y la distinción encarnada.
Ryan vuelve a reƭr y es cuando repara con mƔs profundidad en la chica, que debe rondar los doce aƱos. Todavƭa se ve muy niƱa comparada con las licƔntropas de su edad y su apariencia luce desaliƱada y deteriorada.
Por unos leves segundos, siente lÔstima por ella. Su ropa estÔ vieja y rota, su cabello es un desastre y su piel se encuentra sucia. También, ella luce muy delgada para su edad y su apariencia raquítica da la impresión de que no se alimenta como debe. No entiende por qué no lo había notado desde el principio.
Cierto, si sólo ha podido contemplar sus hermosos ojos dorados que la hacen lucir tan peculiar y exótica.
—Para ser una loba rata tienes buen lĆ©xico. ĀæTe gusta leer? —Él cambia el tema.
Ella baja la mirada avergonzada y asiente con gestos, hasta que por fin responde de forma audible:
—En nuestras manadas no suelen leer ni escribir, ni siquiera tenemos escuelas. Sólo unos pocos adquieren este arte y lo transmiten para… —Ella se muerde el labio inferior por la vergüenza—. Ya sabes, estafar…
—¿Eres una estafadora? ĀæPor eso aprendiste a leer?
La chica niega efusiva y con los ojos cristalizados. Odia su origen y se avergüenza de su vida; pero mÔs odia ser juzgada por lo que hace la mayoría de lobos de donde ella proviene.
—No… AprendĆ­ porque me gusta. ĀæSabes quĆ©?, mejor me voy. —La chica trata de escapar.
—No. Necesito que vengas conmigo. —Él la intercepta—. Yo te puedo sacar de esta manada a salvo. AdemĆ”s, requiero que me cuentes acerca de la dichosa bruja, a menos que te hayas inventado esa historia para salir ilesa de aquĆ­.
—No me lo inventĆ©, de verdad hay una bruja merodeando esta manada. La descubrĆ­ en los territorios desĆ©rticos que quedan cerca de mi hogar. Luego la volvĆ­ a ver en los bosques aledaƱos a esta manada y la seguĆ­.
—¿Por quĆ© seguiste a una bruja?
—Porque presiento que les harĆ” daƱo a personas inocentes.
Ryan la observa intrigado y con un brillo inusual en los ojos. ¿Desde cuÔndo los lobos ratas se interesan en el bienestar de otras personas? Si se les llaman ratas, precisamente, por lo contrario.
—¿Cómo es que ella no ha notado que la sigues? —indaga, tras tardarse unos segundos meditando el extraƱo comportamiento de esa niƱa.
—Es que yo…
—”¿QuiĆ©n anda ahĆ­?! —La voz de un hombre retumba en el lugar.
—Es uno de los guardias de la manada, asĆ­ que debemos irnos ya —le advierte Ryan. Ɖl no espera una respuesta de su parte, sino que la jala por el brazo y empieza a saltar por encima de la superficie con ella agarrada, a una velocidad impresionante que le sube la adrenalina a la intrusa.
Ella se pierde en el aroma varonil mezclada con esencias cítricas. Y de momento, se antoja de usar perfumes también y así no heder a esos lobos que la mancillan. QuizÔs algún día pueda obtener su libertad y vivir en una manada civilizada, donde no sea una rata mÔs.
El calor del cuerpo del chico la hace tiritar, lo que le parece irónico porque debería sentirse cÔlida y no con frío. ¿Qué rayos le sucede? ¿Por qué se siente tan bien ser abrazada por ese extraño?
Ā«Es tan diferente a…Ā», piensa alelada, pero su meditación es interrumpida por la voz dulce del chico, siendo esa la seƱal de que su goce ha terminado.
—Ya no estamos en Rayo dorado, asĆ­ que te encuentras a salvo por ahora —le comunica, tras devolverla a la superficie. La chica se tambalea mareada, por lo que Ć©l la sostiene hasta que ella recupera la autonomĆ­a de su cuerpo.
—No eres un licĆ”ntropo comĆŗn —deduce mientras lo observa a detalle.
—¿A quĆ© te refieres? —finge ignorancia.
—Los licĆ”ntropos somos rĆ”pidos, pero no como lo has sido tĆŗ; tampoco podemos flotar en el aire ni volar como las aves. ĀæQuiĆ©n diablos eres?
Ryan enarca una ceja y sonrĆ­e divertido.
—No eres tan formal hablando, despuĆ©s de todo… —Su sonrisa se apaga cuando recapacita en lo que ha hecho. Ha usado su poder zolleb delante de aquella extraƱa.
—Me estĆ”s cambiando el tema. ĀæQuĆ© eres tĆŗ? No me pareces que seas brujo.
—No lo soy, niƱa. Pero ese no es el tema ni la razón para haberte salvado. Necesito que me ayudes.
—¿Ayudarte? No entiendo…
—TĆŗ estuviste en el mismo parque donde mi hermana esperaba a su mate. Si estabas persiguiendo a una bruja, entonces debes saber lo que en realidad sucedió. ĀæViste a la bruja dirigirse hacia la fiesta? ĀæCómo era su apariencia? —interroga Ryan, mientras que la chica lo observa con curiosidad y recelo.
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***
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TitÔn se levanta desde que sale el alba y se dirige en dirección al territorio central del continente licÔntropo. Su sonrisa malvada y sus gestos arrogantes son la evidencia de que se trae algo en manos. Después de que pasa todo el proceso de seguridad, es recibido por seis de los siete jefes principales en el salón de visitantes del edificio que se encuentra rodeado por Ôrboles y montañas.
—¿Por quĆ© quisiste reunirte con nosotros? —pregunta uno de ellos—. TambiĆ©n me intriga saber el motivo de haber pedido que el alfa Tron no estuviera en esta reunión.
TitÔn sonríe con suficiencia y fija la mirada en dirección a las seis autoridades.
—Porque el alfa Tron es amigo del alfa RiĆŗ y lo que vengo a decirles afecta a este hombre. Dado que ellos son amigos, lo que le suceda al alfa de Fuerza de bronce es de su incumbencia, en especial ahora, que su hijo se ha convertido en la pareja formal de la hija hĆ­brida del alfa RiĆŗ. Necesito que nuestra conversación se mantenga lo mĆ”s parcial posible, para no dar lugar a la injusticia ni a la falta de Ć©tica. Esta es la razón para excluirlo de nuestra charla.
Las palabras de TitÔn sorprenden a los jefes, debido a que sólo ellos estaban enterados del origen de los hijos de Riú.
—¿Cómo sabes que esa chiquilla es una hĆ­brida? —interpela otro del grupo.
—La descubrĆ­. Ella estaba usando sus poderes en mi contra. Esa hĆ­brida, para evitar que yo me defendiera del ataque del hijo del alfa Tron, uso su habilidad para paralizarme.
Los seis hombres se miran atónitos.
—¿Tienes prueba de tu acusación? —inquiere Raj, un jefe del consejo que es muy amigo de Tron, pero que tambiĆ©n es decano en la universidad donde trabajan Dylan y Legna. A Ć©l le conviene el aporte de la zolleb a la facultad de medicina, por lo que ha fingido ignorancia en cuanto a la identidad que ella oculta.
—Tengo testigos del ataque en mi contra. Yo soy un lobo experimentado, Āæcreen que ese chiquillo de mierda me hubiera podido siquiera tocar, si no estuviera siendo ayudado por su pareja?
—Lo siento, TitĆ”n, pero sin pruebas no podemos aceptar tu denuncia —declara Raj, a lo que el resto se queja.
—Es de saberse que en estos dĆ­as han ocurrido sucesos extraƱos en nuestro territorio. Incluso el clima ha estado diferente. Recuerden que los zollebs derrochan mucha energĆ­a y que su presencia en nuestras comunidades puede alterar nuestro medio ambiente. Ellos son seres superiores que necesitan un lugar acorde a sus poderes —aƱade el mĆ”ximo jefe del consejo, quien siempre ha estado en desacuerdo con la presencia de Alexa y sus hijos en su territorio.
—Creo que exagera, seƱor —replica Raj—. Que haya ambivalencia en el clima no significa que sea provocado por los hĆ­bridos. Ā”Si tienen mĆ”s de dos dĆ©cadas habitando en este continente! En todo este tiempo, su presencia en nuestras tierras ha sido de bendición. Gracias a Alexa contamos con ropa acorde a nuestra transformación y sabemos que ellos ayudan a que nuestras cosechas sean mĆ”s productivas.
Los demƔs lo observan con el ceƱo fruncido y con obvio desacuerdo, puesto que ellos estƔn a la espera de cualquier oportunidad para deshacerse de los hƭbridos.
—No se imagina el peligro al que nos enfrentamos, si consentimos que esos intrusos se apropien de nuestro territorio. Ellos no pertenecen aquĆ­ —escupe TitĆ”n con odio.
—Estoy de acuerdo con usted —secunda la mĆ”xima autoridad—; sin embargo, no podemos hacer nada sin pruebas especĆ­ficas. Compruebe lo que ya sabemos de manera tangente y le aseguro que nos encargaremos de echarlos de aquĆ­. Ni siquiera el rey de los zollebs podrĆ” defenderlos, puesto que ellos deben respetar el tratado de paz —culmina.
Raj sale del salón molesto y deja a los demÔs conspirando en contra de Alexa y sus hijos.
Horas mƔs tarde, Tron recibe una visita importante mientras trabaja en su oficina.
—¿Y esta sorpresa? —Le sonrĆ­e a su amigo, quien trae una cara de preocupación que lo pone alerta.
—Necesitamos hablar, Tron.
—Bien… —El alfa lo mira cauteloso—. ĀæSucede algo, Raj?
—El consejo ha vuelto a conspirar en contra de los hĆ­bridos, pero esta vez, tienen a un civil de aliado. Ese hombre no es cualquier persona —informa, con los nervios de punta debido al enfrentamiento que se avecina.
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***
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Ella observa a su señora, quien, aunque posee el cuerpo de otra persona, sigue siendo su gran inspiración. Su lealtad ha permanecido aún después de la muerte, así que tenerla frente a ella de manera tangible le parece maravilloso y hasta un milagro. De verdad estÔ orgullosa de todo lo que es capaz de hacer, tras tantos años de aprendizaje.
—Ya deja de verme de esa manera o me creerĆ© que te gusto, querida —dice Kyra con una sonrisa juguetona.
—SeƱora, es que no me creo que sea usted. Es decir, luce como otra persona, pero puedo percibir su esencia. SĆ­ cierro los ojos, podrĆ© recordar cómo lucĆ­a.
Azucena arruga el rostro, ofendida.
—¿Quieres decir que me olvidaste?
La mujer traga pesado y niega con gestos efusivos.
—No, es sólo que el alfa Petro mandó a quitar las fotografĆ­as y pinturas con el rostro suyo, del alfa Tron y de toda su familia. DespuĆ©s de dos dĆ©cadas sin verla, su imagen se ha tornado borrosa en mi mente.
—”Maldito Petro! ĀæCómo se atrevió a borrar la memoria de nuestra familia? La manada Luna de hierro fue levantada por mis padres, y Tron la convirtió en la fortaleza mĆ”s poderosa de todo nuestro continente. ”¿Cómo osó ese maldito a robarnos lo que nos pertenecĆ­a?! Ā”Maldito Tron, todo esto fue su culpa!
La mujer la mira con tristeza, al recordar la gloria pasada de Luna de hierro y cómo una gran manada se convirtió en la burla de las demÔs.
—Ahora podrĆ” vengarse de sus enemigos, mi hermosa flor. Ya la hĆ­brida no estĆ” junto a su sobrino, asĆ­ que podremos poner nuestro plan en prĆ”ctica.
—Tienes razón. SerĆ” divertido ver a Tron morir a manos de su propio hijo. Mas no quiero esperar para hacerle pagar al maldito de Petro por su traición. Antes de continuar con el plan le harĆ© una visita. —Una sonrisa malvada se le dibuja en los labios.
—¿Quiere que la acompaƱe?
—No. Necesito que aproveches la brecha entre los licĆ”ntropos y los humanos. Prepara todo allĆ­ porque pronto necesitarĆ© ir para tomar la semilla AdamĆ”.
—SeƱora, la Ćŗltima vez que viajĆ© ocurrió un acontecimiento. No estoy segura de quiĆ©n sea la persona, pero la semilla ha sido utilizada.
—¿No sabes quiĆ©n la porta?
—No, con exactitud, pero tengo mis sospechas. El profesor espĆ­a a una bibliotecaria que tiene información acerca de nosotros. Tengo la leve sospecha de que ella estĆ” involucrada con algĆŗn miembro del antiguo consejo humano.
—Pero me dijiste que ese consejo fue disuelto, asimismo, que el rey de los zollebs les borró los recuerdos a los miembros que quedaron vivos.
—SĆ­… —La mujer se queda pensativa por un rato—. De alguna manera esa chica estĆ” relacionada con ellos, dado que el rey de los zollebs es su aliado. Ellos siempre estĆ”n juntos.
Azucena sonrĆ­e divertida.
—Interesante… Ve al territorio humano e investiga todo lo que puedas acerca de Liah y de su relación con la humana. Si la semilla estĆ” siendo portada por ella, quiere decir que es pura. Tendremos que usar la piedra roja para adulterar la semilla, una vez mĆ”s.
—Lo harĆ©. Sólo espero que la piedra roja se deje encontrar. Creo que en ella hay parte de la semilla y que por eso estĆ” fuera de control.
—Es posible. TambiĆ©n puede suceder lo contrario, que la semilla tenga restos de la piedra roja. Si es asĆ­, serĆ” mĆ”s fĆ”cil manipularlas.
—¿UsarĆ­a el cuerpo de la humana? Ellos son muy dĆ©biles.
—Si la chica puede portar la semilla, pues dĆ©bil no es un buen adjetivo para ella; sin embargo, la presencia del zolleb pudo haber influenciado. SĆ© quiĆ©n es Liah, ya que Ć©l vivió en nuestra manada por unos aƱos. TambiĆ©n conozco sus andanzas en el territorio humano y que el zolleb tiene cierta debilidad con esa especie. Y un zolleb, en especial Liah, es demasiado irresistible para los deseos carnales.
—¿QuĆ© estĆ” sospechando? —inquiere, para confirmar las especulaciones de parte de Azucena, puesto que cree adivinar sus alusiones.
—Pienso que Liah pudo haber tenido sus enredos con dicha humana. Si sus salivas llegan a mezclarse, cualquier gen paranormal en ella se activarĆ”. ĀæRecuerdas que entre los humanos hay personas con ascendencia licĆ”ntropa o zolleb?
» Sus genes especiales son escasos y pasivos; sin embargo, basta con una pequeña estimulación para despertarlos. Son muy pocos los humanos descendientes de las criaturas zollebs y cambia formas que logran heredarlo. También es muy común que dichos genes se salten varias generaciones.
—Voy a investigar acerca de eso.
—Gracias, cariƱo. —Ella le acaricia el rostro—. Te debo tanto. Otra en tu lugar hubiera usado tanto conocimiento y poder para su propio beneficio; sin embargo, tĆŗ decidiste despertarme y darme la oportunidad de vengar la traición en mi contra.
» Por eso, no sólo me vengaré de mis enemigos, sino que también tomaré el poder de la piedra roja y la semilla AdamÔ, formaré un gran ejército liderado por mi futura pareja, Dylan, y a ti te haré segunda en mi reinado. ¿Por qué tener ambición por un territorio cuando puedo dominar todo el planeta?
Su risa malvada culmina la conversación entre ellas y cada cual toma su camino.

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šŸ“– El hijo del alfa y la hĆ­brida

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