Liah mira a Alexa con una mirada comprensiva y acaricia su mejilla con los nudillos de su mano derecha. Ella sonríe y se vuelve hacia el horizonte, donde el sol se pone con majestuosidad. El arrebol se entrelaza con un suave tono lila, creando un hermoso contraste entre el cielo y las montañas que rodean a Rayo Dorado.
—Lamento mucho haber reaccionado de esa manera infantil. No quiero juzgarte por tus decisiones, es solo que temo que sufras. Eres mi padre y me preocupo por ti —confiesa ella avergonzada por su comportamiento anterior.
Liah sonríe ufano. Se siente bien que su cría se preocupe por su bienestar porque eso significa que él es importante para ella. Y vaya que le hace feliz importarle a alguien de verdad.
—No tienes que disculparte, te entiendo. En cuanto a mí, estaré bien, te lo prometo. —Él la abraza—. Ahora, vamos a tu manada. No sé por dónde empezar, pero debemos enfrentar este caos antes de que empeore.
Alexa toma distancia y suspira.
—Papá, todavía no estoy segura de que hayamos eliminados a todos los bichos de esa bruja loca.
—No te preocupes, ese asunto es menor. Me tomará unos minutos resolverlo. Ojalá todos nuestros problemas pudieran resolverse de la misma forma. Ven, te enseñaré cómo lidiar con este tipo de brujería.
Liah le extiende la mano y Alexa se sostiene de esta; al instante ambos se suspenden en el aire y viajan hasta el centro de los territorios desérticos. Pese a la velocidad, para cuando llegan ya ha anochecido debido a la lejanía.
—Necesitamos un punto medio para cubrir todo el territorio afectado, por eso creo que este es el lugar adecuado para soltar la sanidad. Lo que tienes que hacer en una situación como esta es limpiar el ambiente con energía positiva, ya que eso contrarresta la negativa y, por ende, destruye su hechizo.
Alexa lo observa con admiración y sonríe.
—¡Cómo no se me ocurrió antes! —exclama ella fascinada.
—Ya lo sabes, para la próxima. Me parece que no le llegué a enseñar esto a Legna, así que toca explicarle.
Alexa nota la tristeza que empañan los ojos de Liah.
—Ella estará bien. Confío en que podamos convencer al consejo.
—No lo sé, Cariño. —Liah suspira—. Es en contra de la naturaleza lo que hemos hecho. Los licántropos tienen derecho en reclamar su pureza, ¿sabes? Espero poder encontrar una solución, ya que tampoco me puedo llevar al hijo de Tron a nuestro territorio. No creo que los demás zollebs lo permitan.
—¿Qué hay de tu novia? Ella es humana…
—Pues, le quitaré la humanidad.
—¿Qué? ¿Cómo harás eso si no eres licántropo?
Liah suspira.
—Buscaré la manera. Debe existir una forma de hacerla inmortal, ya que es mi destinada. Tenemos el hilo dorado.
Alexa asiente comprensiva.
—Cuenta conmigo. Yo solo quiero verte feliz. ¡Quién lo diría! El rey de los zollebs está enamorado.
Liah se sonroja y pone la mirada en el cielo casi negro.
—Deja de molestar y presta atención. —Los ojos empiezan a brillarle en un tono blanco.
Todo su cuerpo es cubierto por aquella energía que comienza en su mirada y que ahora se extiende por toda la zona hasta cubrir los territorios desérticos y más allá.
Alexa lo imita y la energía positiva de ambos empieza a limpiar toda esa región, eliminando cualquier rastro de la brujería de Azucena y acabando de una vez y por todas con esos bichos.
Tras terminar, ellos regresan a Rayo dorado e informan a Tron que ya su problema se ha resuelto. Tron suspira aliviado, pero todavía tiene que lidiar con las pérdidas que aquella desgracia le dejó.
Riú, Wendy y Alexa son transportado por Liah a Fuerza de bronce.
—¿Tron no vino con ustedes? —Los aborda Otsana cuando ellos entran a la casa, puesto que no ve a su pareja entre el grupo.
—No, él se quedó junto a Arel y Raj atendiendo a los invitados —le responde Riú.
—Oh… —masculla Otsana con decepción. Luego mira a Liah y le sonríe—. Rey de los zollebs, es un gusto verlo.
—Gracias, chiquilla.
—¿Quién es la joven? Ella es… —Otsana olfatea para confirmar su descubrimiento.
—Una humana, sí —contesta Liah—. Mañana la llevaré a mi palacio.
—Soy Otsana, la luna de la manada Rayo dorado. Es un gusto conocerte… —Arrastra la última palabra a espera del nombre de la chica.
—Wendy —responde la morena con nerviosismo—. El gusto es mío, Luna.
En ese momento, llegan Leandro y Miha agarrados de las manos y con una sonrisa que evidencia su relación, mas pasan desapercibidos debido a la distracción con Wendy.
—Saludos —dice Miha mientras escanea a los presentes, pero su atención queda atrapada en la morena junto a Liah—. Ella es… —Apunta en dirección a Wendy.
—¡Una humana! —responden Riú y Liah al unísono.
—Con un demonio, habrá que ponerle un letrero en la frente —espeta Riú hastiado. De alguna manera, ese asunto le recuerda su pasado con Alexa.
—Perdón, tío; yo solo quería confirmar. No todos los días ves a un humano.
Miha se acerca a Wendy curiosa.
—Hola, soy Miha… —Ella la examina como si Wendy tuviera diez cabezas—. ¿Puedes entender lo que digo?
—¡¿Es en serio?! No soporto tanta pendejada —profiere Riú. De momento la nostalgia lo invade y el recuerdo de cuando conoció a su esposa llega a su mente:
«En fin, ¿la humana habla?», preguntó Arel muy curioso.
«Es una humana no un perro», le respondió él con sarcasmo.
Riú sonríe por el recuerdo y suspira. No puede culpar a los demás por su reacción y curiosidad cuando él tampoco supo cómo tratar a Alexa en ese entonces.
—¿Dónde están Ryan y Legna? —pregunta con voz calmada. En ese momento, Ryan entra a la casa y se queda congelado en su lugar al notar a Liah allí.
—¿A-Abuelo? —tartamudea. El chico corre en dirección a Liah, quien lo observa alegre y ufano.
—¿Soy yo o ya estás luciendo como un hombre? En un año has crecido mucho, mi cría.
—¿Verdad que sí? Ya soy todo un hombre —alardea airoso.
—¡Todo un hombre! —se burla Alexa—. Todavía eres un mocoso, bebé. —Ella le tira un beso. Le encanta molestarlo.
—¡Mamá, deja de ser tan cursi! ¡Y no me digas bebé! —se queja avergonzado.
—¡Si es lo que eres! —Ella entorna los ojos—. ¿Dónde están tus hermanas?
—Alexandra se fue a la cama temprano —responde Otsana, ganándose la mirada de asombro de parte de Riú y Alexa.
—¡Qué raro! Siempre tenemos que batallar para que esa niña se acueste temprano —confiesa Alexa—. Supongo que todo este alboroto la ha agotado.
—¿Agotado de qué? Si no ha hecho nada —dice Riú divertido.
—Quizás el estrés…
—Ummm… Alguna travesura ha de estar tramando en su habitación —contesta Riú.
Alexa se encoge de hombros. De repente nota algo que ha pasado desapercibido por los demás, debido a la visita de Liah.
—¿Ustedes están emparejados o algo por el estilo? —Ella apunta en dirección a Miha y a Leandro, quienes volvieron a agarrarse de manos.
Otsana los escudriña por instinto y mira a su hija a los ojos en busca de una respuesta.
—¿Estuviste con él toda la tarde? —Más que una pregunta, su tono se escucha a reclamo.
Miha se pone nerviosa y baja la mirada.
—Sí…
—¿Dónde estaban?
—Pues…
—La llevé a conocer mi nueva hacienda. Necesitaba un ojo femenino para que me diera su opinión sobre los ajuares —interviene Leandro, captando la mirada confundida de su mate.
«No es el momento ni el lugar para contarles, mi amor. Por favor no me malinterpretes. Quiero reunir a nuestros padres para darles la noticia. Hoy mismo viajaré a tu manada para hablar con papá y convocar la reunión», le explica por medio del vínculo, a lo que ella le sonríe en acuerdo.
Riú los mira con sospecha y suelta una risita maliciosa.
—¿De verdad solo fueron a eso? Muchacho, no te conviene tontear con la hija de Tron, a menos que ya no quieras seguir viviendo —le dice el alfa, lo que provoca tensión en el chico.
—No es lo que creen… —balbucea nervioso.
Por su parte, Otsana detalla los gestos de Miha y entrecierra los ojos. La conoce tan bien que le parece obvio que algo se trae en el hijo de Arel; sin embargo, esperará a que estén a solas para interrogarla.
Los dos enamorados se sueltan de la mano y toman distancia, temerosos de ser descubiertos y tener que dar explicaciones.
No pasa mucho tiempo para que Leandro se despida de los demás, es cuando Otsana agarra a su hija de la mano y anuncia que ambas irán a acostarse. Desde luego Miha entiende que tendrá que contarle a su madre acerca de su relación con Leandro, ya que sospecha que ella no les creyó su historia.
Alexa le pide a una sirvienta que les lleve té al jardín trasero, donde ellos se sientan a conversar bajo la luz de la luna y la brisa fresca de la noche. Liah aspira encantando. Había extrañado mucho la frescura del ambiente, pero teme que pronto ese continente también sufra lo mismo que el de los humanos si no recuperan la piedra roja.
—¿Creen que Legna esté dormida? —inquiere Liah, ansioso por ver a su nieta.
—Es lo menos que ha de estar haciendo esa loca —responde Ryan con una mueca de asco—. ¿Desde cuándo Legna se acuesta temprano?
—Entonces ve a buscarla. Necesito hablar con ella —le ordena Liah, pero Ryan niega con la cabeza.
—¡Yo no! No quiero traumarme con los sonidos que han de estar saliendo de esa habitación.
—¡Mocoso de mierda! —espeta Riú—. Deja de hablar tantas sandeces y ve por tu hermana.
—¡No voy a interrumpir a esos dos! —se vuelve a negar, todo sonrojado.
—¿Quiénes dos…? —inquiere Liah confundido hasta que cae en cuenta—. ¿El hijo de Tron también está aquí? —Los ojos le toman un brillo escalofriante.
—Sí, ahora esos dos son inseparables. —Riú hace una mueca de desagrado—. Y pensar que meses atrás ni se soportaban. ¡Mocosos! ¿Por qué Legna tuvo que emparejarse? Todavía es una niña inmadura que no sabe ni dónde está parada. ¡Demonios! Hace poco yo la cargaba entre mis brazos.
—Ahora es Dylan quien la carga —bromea Ryan, pero se gana un golpe de Riú y la mirada asesina de Liah.
—Chiquillo, ve por tu hermana antes de que te arranque la lengua —lo amenaza el rey, a lo que Ryan asiente y se va a toda prisa; al instante, Wendy y Alexa estallan en carcajadas.
—No le veo la gracia a que tu hija sea mancillada por el hijo de Tron. Legna es una cría inocente y ese muchacho la está pervirtiendo —le reclama Liah a Alexa.
—¿Qué? —la pelirroja ríe—. ¿No será al revés? —Vuelve a carcajearse.
—En eso apoyo a mi amoyeca —secunda Riú—. Amo a mi cachorra, pero tampoco me haré el ciego. Legna es todo menos inocente.
Liah gruñe molesto porque no puede refutarlos. Aun así, le fastidia que su niña esté viviendo como si fuera una adulta. Porque para él es lo que ella es, una niña.
Legna, Ryan y Dylan salen al jardín discutiendo quién sabe qué, pero la pelirroja se queda congelada en su lugar cuando vislumbra a Liah sentado junto a sus padres y a una mujer a quien no reconoce.
Ella mira a Ryan por inercia con una mirada que promete asesinarlo. ¿Era tan difícil decirle que fue Liah quien la mandó a buscar?
De momento siente que el pulso se le acelera y pierde el equilibrio.
—¿A-Abuelo…? —balbucea desconcertada y con el miedo calando profundo.
Liah se pone de pies y se cruza de brazos, analizándola como si fuera un juez que dará la sentencia a un criminal. De manera instintiva, Legna baja la mirada avergonzada y se cubre con la mano la marca que le decora el cuello.
***
Azucena observa las imágenes sobre su mesa y levanta una copa de vino al aire con expresión victoriosa.
—Esto está saliendo mejor de lo que esperaba. —Ella toma un sorbo y regresa la copa a su lugar—. Los híbridos me ayudarán a causar confusión y será tan divertido. Vamos a hacer que estas imágenes lleguen a todas las manadas. Mañana le haremos una visita al consejo y les mostraremos las pruebas de que los híbridos son una amenaza, en caso de que todavía estén titubeando acerca de tomar acción contra ellos.
Varios mensajeros se llevan las copias de las fotografías alteradas a su destino, dejando a Azucena sola.
En ese momento, una mujer entra a su oficina y se sienta frente a ella.
—Mi señora, he encontrado un libro antiguo que habla acerca de la semilla Adamá. Al parecer, los humanos mantenían esa información en secreto. Por supuesto me refiero a los humanos de la antigüedad, esos que todavía se mezclaban con las demás especies y que no ignoraban los continentes ocultos.
—Excelente… —Azucena sonríe victoriosa—. No solo me trajiste la piedra roja, sino que también me das tremendo tesoro. Nos tomaremos nuestro tiempo para descubrir cómo controlar esa semilla. De todas maneras, quiero divertirme a costa de los híbridos y de Tron. Necesito debilitar a esos intrusos e intimidarlos, al punto de que se vayan y dejen en paz a Dylan.
—¿Cree que la híbrida dejará a su pareja a su merced? La chica es poderosa.
Azucena sonríe y la mira con autosuficiencia.
—Solo es una chiquilla, así que será fácil deshacerme de ella. Una vez lo haga, Dylan caerá en mis manos.
—¿Usará el cuerpo de la humana para obtener el poder de la semilla?
—Por supuesto. Tendré que ir a ese continente apestoso para adueñarme de ella.
La subordinada sonríe satisfecha porque todavía no le ha dado la información completa a su ama.
—Mi señora, eso no será necesario porque el zolleb la trajo con él. Ambos me siguieron hasta acá, pero pude escabullirme antes de que me atraparan, gracias al poder de la roca roja.
—¡Excelente! Entonces ya no tendré que preocuparme por la estúpida brecha entre los continentes, ¡me han traído la presa en bandeja de plata! Esto está resultando mejor de lo que creí. —Ella estalla en carcajadas y vuelve a beber de su copa.

