54. ZHL: Una cachorra que emprende el vuelo

Una semana más tarde…

Dylan y Legna regresan a Rayo Dorado junto a Liah, quien se queda con ellos para protegerlos. También alberga la esperanza de que esa bruja vuelva a aparecer para molestar a la pareja, ya que esa sería la oportunidad perfecta para quitarle la piedra roja.

Él está inquieto; sabe que al parecer ella ha aprendido a dominar la piedra, y eso puede resultar en un desastre si no hacen algo pronto.

Ese día, deciden visitar a Tron, pero Liah los espera impaciente en la sala, mientras los chicos se preparan.

—¿Por qué tardaron tanto? —les reclama cuando ellos salen listos para irse.

Dylan y Legna se miran cómplices, y el rubor en sus mejillas los delata. Liah hace una mueca de disgusto que deja claro que ha entendido la situación.

—No es necesario que respondan —dice, entornando los ojos con fastidio.

Se dirigen a pie hacia la casa de Tron, conversando sobre sus próximos movimientos.

—Entonces, Vera no ha encontrado a esa bruja —dice Legna pensativa—. Ella está utilizando el cuerpo de Kyra, pero no se encuentra en la manada Luna Plateada. Entonces, ¿dónde está? ¿No hay alguna manera de rastrear su mala vibra?

—Créeme que lo he intentado, pero ha logrado ocultar su presencia —responde Liah, frustrado—. Su paradero sigue siendo un misterio. Tampoco Vera ha podido rastrear la piedra roja; al parecer, esa loca ha usado algunos de sus hechizos para borrar su rastro.

Legna suspira con impotencia, odiando sentirse inútil en una situación tan crítica. Por su parte, Liah aprieta los puños, decidido a no bajar la guardia.

—¡Qué desastre! Me gustaría ayudarlos en su búsqueda —dice Legna, frustrada. Detesta sentirse cohibida.

—Ya tuviste una amenaza de aborto, así que lo más sensato es que te mantengas al margen de este asunto. No te preocupes, esa maldita bruja no logrará su objetivo. La detendremos —la anima Dylan, aunque por dentro no está del todo seguro de cómo podrían lograrlo.

Cuando llegan a la casa de Tron, los saludos y abrazos de Otsana los reciben calurosamente. Después de un rato, Tron y Liah se retiran a la oficina para conversar en privado, dejando a Dylan y Legna en compañía de la luna.

Dentro de la oficina, Tron sirve dos copas de licor, una para él y otra para Liah.

—Escuché un rumor —comienza Tron mientras se sienta—, dicen que el alfa Petro está desaparecido y que una mujer asumió el mando de Luna de Hierro como nueva alfa.

Liah, intrigado, lo observa mientras toma un sorbo de su copa.

—¿Qué dice el consejo al respecto?

Tron suspira profundamente y se bebe el contenido de su copa de un solo trago.

—Ni idea. No he asistido al consejo en estos días. He estado muy ocupado lidiando con las pérdidas que sufrí gracias a esa bruja. Tengo unas ganas de volverla a matar que no te imaginas.

Liah sonríe divertido y, con un toque de ironía, responde:

—¡Vaya familia! —se burla—. Y yo que creí que los zollebs éramos los frívolos.

Tron frunce el ceño y deja la copa sobre la mesa con un leve golpe.

—Amé a mi hermana. Me dediqué a complacer todos sus caprichos. Pero esa loca dejó de ser mi familia cuando atentó contra mi mate, mi hijo y… —Se detiene, incapaz de pronunciar lo que sigue.

Liah percibe el dolor en su amigo y decide no insistir. En lugar de ello, asiente con comprensión, respetando el silencio. Tiene la sensación de que ese asunto es más delicado de lo que Tron está dispuesto a admitir.

—Yo visitaré al consejo mañana. Por eso traje a los chicos a tu casa. No me atrevo a dejarlos solos, como tampoco quiero exponer a Legna a un viaje más largo. Además, no creo que a los estúpidos del consejo les agrade que lleve a la parejita —dice Liah, cruzándose de brazos.

—Es bueno mantener a mi nuera al margen. En su estado, lo mejor es que esté tranquila —responde Tron con firmeza.

Liah asiente en acuerdo.

—Indagaré acerca del cambio de alfa en Luna de Hierro. No sé por qué, pero tengo la impresión de que ese asunto nos afectará —comenta Liah, pensativo.

—No tiene por qué afectarnos —replica Tron, sirviéndose otro trago y bebiéndolo de un solo sorbo—. Esa manada no tiene nada que ver con nuestra familia.

Liah lo observa, curioso y con cierta insistencia.

—¿De verdad no te afecta todo lo que ha ocurrido en Luna de Hierro durante las últimas décadas? —lo confronta—. Tú convertiste a Luna de Hierro en una de las manadas más ricas y poderosas. De alguna manera, ver cómo tu trabajo de años ha sido destruido debe afectarte. Además, Luna de Hierro fue tu hogar y el proyecto de tus padres.

Tron sacude su cabello, incómodo, y se sirve otro trago.

—No hay nada que yo pueda hacer. Ahora soy el alfa de Rayo Dorado, por lo que mi enfoque y dedicación están en esta manada. Espero que la nueva alfa restaure las pérdidas de Luna de Hierro. De alguna manera, eso me haría sentir tranquilo.

—Investigaré acerca de esa mujer —afirma Liah con decisión—. Quizás puedas aliarte con ella y limar asperezas con los miembros. Creo que ayudar a Luna de Hierro será parte de tu sanidad.

—Mi sanidad… —masculla Tron, girando su copa con suavidad. Finalmente, suspira y dice—: Pensaré en ello.

La conversación se sumerge en el silencio, mientras Tron queda absorto en sus pensamientos.

Mientras tanto, en la sala, Legna y Dylan conversan con Otsana acerca de la llegada de su primer hijo y cómo esa responsabilidad cambiará sus vidas.

Legna mira a su alrededor, como si estuviera buscando algo o a alguien.

—¿Dónde está Miha? —pregunta de repente.

—Es cierto. Es extraño que no haya venido a saludarnos —añade Dylan, frunciendo el ceño.

Otsana sonríe de manera traviesa, aunque un suspiro largo y cargado de emociones escapa de sus labios.

—Ella le dijo a Tron que pasaría unos días en casa de Clara para distraerse de todo este caos… —responde con una expresión divertida, pero con un trasfondo de tristeza.

Dylan entrecierra los ojos y cruza los brazos, y su instinto protector entra en acción.

—Le dijo eso a papá, lo que significa que está en otro sitio y tú lo sabes. ¿Dónde está mi hermana? —demanda, impaciente y expectante.

Otsana exhala otro suspiro, nerviosa bajo la mirada de su hijo.

—No me corresponde a mí responder a eso. Lo único que puedo asegurarte es que ella está bien… demasiado bien… —dice, dejando escapar un sonrojo que inquieta aún más a Dylan.

—¿De qué estás hablando, mamá? ¿Por qué le mintieron a papá? ¿Dónde rayos está metida y por qué lo estás consintiendo? —reclama Dylan, al borde de perder los estribos.

Legna, que observa la escena con diversión, finalmente interviene, mirando a su suegra con curiosidad.

—¡Oh! —exclama con un aire de revelación—. ¡Ya sé con quién está! ¿Ya decidieron reclamarse? —su entusiasmo aligera un poco la tensión en el ambiente.

Dylan la observa incrédulo y desconcertado, mientras que Otsana abre los ojos con exageración, sorprendida de que Legna supiera algo al respecto.

—¿De qué estás hablando, Leg? ¿Reclamarse? —eleva la voz, apretando los puños hasta que sus nudillos se tornan blancos—. ¿Con quién diablos?

—Eso es un secreto —responde Legna con aire despreocupado, ignorando la creciente ira y confusión de Dylan.

—¿Un secreto? ¿Por qué lo saben ustedes? ¿Cuándo pensaba Miha decirnos a papá y a mí? ¿Cuándo fue que encontró a su mate? —La voz de Dylan se quiebra, mezclando frustración y desconcierto.

—Dyl, esas preguntas te las responderá Miha a su debido momento. Nosotras no podemos faltar a su confianza y revelar su secreto —dice Legna con calma, lo que exacerba aún más la impaciencia de Dylan.

Como si el simple hecho de mencionarla la hubiera llamado, la puerta se abre, y Miha entra en la casa acompañada de Leandro, Clarice y Arel. El aire en la sala se vuelve denso, cargado de tensión, mientras todos se miran en silencio, como si esperaran que alguien tomara la iniciativa de hablar.

Dylan es el primero en reaccionar. Se levanta de su asiento, caminando directo hacia la pareja que se sostiene de la mano con valentía y sin intenciones de ocultarse.

—¿Leandro? —musita con los ojos muy abiertos, su expresión refleja incredulidad—. ¿Mi hermana es tu mate?

—Sí —responde Leandro con voz apenada, aunque firme.

Dylan da un paso hacia adelante, con una mirada afilada que perfora al rubio.

—¿Por qué nunca me lo dijiste? —dice con la voz cargada de reproche—. Tuviste tantas oportunidades y decidiste callarte el detalle más importante de haberla encontrado. Tú ocultaste a Miha todos estos años. —Su mandíbula se tensa, su ceño se frunce, y su postura rígida refleja un control precario sobre su creciente ira.

Leandro traga saliva, pero no aparta la mirada de Dylan. Sabe que no puede escapar de esta confrontación.

Dylan siente que su confianza fue traicionada. La idea de que su amigo y su hermana estuvieron viéndose a escondidas durante tanto tiempo sin contarle lo hace hervir por dentro.

—Te expliqué el porqué… —intenta justificar Leandro.

—¡Sandeces! —lo interrumpe Dylan con furia—. Yo no soy así. Los hubiera apoyado, pero ustedes decidieron mentirme.

—¡Basta, Dylan! —lo detiene Miha con una voz firme que sorprende a todos—. Nosotros no te mentimos en nada. Este es nuestro asunto, y tenemos el derecho de anunciarlo o no. Tuvimos nuestras razones para mantenerlo en secreto por un tiempo, y nadie tiene que juzgarnos. Al fin y al cabo, es nuestra relación.

Dylan aprieta los puños, tratando de contener su ira.

—¡Perfecto! —profiere al fin, con el rostro enrojecido por el coraje—. Hagan lo que se les dé la gana, pero…

Se detiene, pues las palabras se le atascan en la garganta. Miha lo mira con una mezcla de tristeza y desafío, y las lágrimas empiezan a llenar sus ojos.

—¿Pero? —lo reta con los labios temblorosos y el ceño fruncido—. ¡Dilo, Dylan! ¿Que no contemos contigo?

Las lágrimas finalmente ruedan por sus mejillas. Eso lo desarma a él. Dylan exhala un suspiro profundo; sus propios ojos brillan con emoción contenida.

—Sabes que eso es imposible —dice él con voz temblorosa. Luego la envuelve en un abrazo cálido—. Tú siempre contarás conmigo, hermanita.

Miha rompe en llanto en su pecho, y Dylan cierra los ojos con fuerza, intentando mantenerse fuerte.

—No puedo creer que ya formarás tu propia familia —añade en un susurro, acariciándole el cabello mientras ella solloza.

En ese momento, Tron y Liah salen de la oficina hacia la sala. Al ver el panorama, la tensión se apodera de todos los presentes.

—¿Qué sucede? —pregunta Tron con preocupación, observando a Arel, Clarice y Leandro junto a su esposa. Pero lo que más lo desconcierta es ver a Miha llorando en los brazos de Dylan—. Pequeña, ¿qué te pasó?

Tron se acerca rápidamente, con el ceño fruncido por la preocupación.

Las lágrimas de Miha se intensifican al verlo. Ella sabe que su padre la apoyará, que no será un obstáculo, pero la idea de dejar su hogar la desgarra. ¿Cómo decirle que ya no estará allí para prepararle el café como a él le gusta? ¿Cómo explicarle que no se lo llevará a su oficina cuando lo vea estresado?

Extrañará sus bromas, sus charlas tontas durante las comidas, la manera en que siempre lograba hacerla sentir segura.

—Papá… —susurra ella con la voz entrecortada y la mirada llena de nostalgia.

Tron, aún desorientado, nota la marca en su cuello. Mira a Leandro por inercia, y su sospecha se confirma al instante. Como consecuencia, un punzón de dolor, pero también de alegría, le atraviesa el pecho.

Sus ojos se llenan de lágrimas, y sus labios se tensan junto con su ceño. Se mantiene rígido, con leves temblores que parece estar intentando controlar.

Sus emociones son contradictorias. Por un lado, se siente aliviado y agradecido de que su hija haya encontrado un buen compañero, pues conoce al hijo de Arel desde su nacimiento. Pero, por otro lado, una melancolía desgarradora lo invade al tener que aceptar que su pequeña cachorra ya se ha convertido en mujer.

Ya no estará en casa bajo su cuidado; ahora formará su propia familia, su propio hogar.

Tron la abraza con fuerza, como si temiera que ella pudiera desvanecerse entre sus brazos. No puede evitar recordar cuando sus hijos aún eran pequeños, dependientes por completo de él y Otsana. Las travesuras, los juegos en familia, las comidas especiales, los paseos.

Esos recuerdos regresan vívidos a su mente, reviviendo experiencias que pensaba olvidadas.

—Mi cachorra —dice entre sollozos, sin importarle que su reputación como alfa frío y poderoso se vea afectada—. No estoy preparado para entregarte… ¿Cómo es posible que un día fueras la pequeña que se subía a mi espalda, y ahora te vayas a formar tu propia familia? Todo ha pasado en un abrir y cerrar de ojos.

Cuando Tron se calma, las dos familias se sientan a conversar. Todos están de acuerdo en esperar a resolver sus problemas actuales antes de hacer una celebración formal de unión.

Aunque, para sorpresa de todos, Tron se toma el asunto con calma, su ánimo está por los suelos, y se encuentra absorto en sus pensamientos. Mientras todos conversan animadamente, compartiendo vino y algunas botanas, de repente, Tron salta sobre Leandro, mirándolo con una intensidad amenazante. Sus ojos rojos le provocan un escalofrío, y todos entran en pánico.

—He de advertirte que, si la haces sufrir, le faltas al respeto o le niegas todo el amor que ella se merece, yo te cortaré en pedacitos de una manera lenta y muy, pero muy dolorosa. Así que piénsalo bien, muchacho, porque no tendré misericordia contigo si le haces daño a mi cachorra. ¿Entendido?

Leandro, pálido y en estado de shock, asiente con rápidos movimientos de cabeza.

—N-no tiene que preocuparse… —tartamudea, aterrorizado—. Amo a Miha más que a mí mismo, al punto de haber reprimido mis propios deseos para darle una vida digna con mi esfuerzo. Le prometo que siempre la amaré y cuidaré con mi vida.

Tron asiente, todavía serio, aunque en el fondo no puede evitar sentirse complacido de que su hija haya encontrado un compañero como Leandro.

—Bien, eso espero. Más te vale cumplir tu palabra o te arranco los testículos. —Suspira, suelta al chico y le da varias palmadas en la espalda—. Bienvenido a la familia —añade con una sonrisa.

Leandro permanece pálido y desconcertado.

—G-gracias… —responde con voz trémula—. Para mí es un honor.

Tras el “caluroso” recibimiento de Tron, todos continúan conversando como si nada hubiera sucedido. Mientras tanto, Legna observa a su abuelo con una expresión preocupada. Sus ojos miel cambian de color, pero nadie lo nota. Ella, aunque no se da cuenta del cambio en su mirada, siente un leve estremecimiento que le advierte que algo malo está por suceder.

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El hijo del alfa y la híbrida

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