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Legna, tras saludar a sus padres y darles la gran noticia, se sienta a comerse un pedazo del postre que le preparó Alexa.
—Le llevaré esta porción a Dylan —dice emocionada mientras corta un gran pedazo y lo echa en un recipiente.
—¿Te irás hoy a Rayo dorado? Dylan está trabajando junto a su padre, así que es posible que se esté quedando en la casa familiar —le informa Alexa mientras le sirve un vaso de zumo de naranja.
Legna se encoge de hombros.
—Si no está en casa lo buscaré donde mis suegros, mamá. —Legna se toma el jugo con grandes sorbos.
—¡Ten cuidado que te vas a ahogar! —Alexa la regaña—. No es bueno que estés de aquí para allá en tu estado, Legna. Los bebés zollebs requieren de mucha energía durante el embarazo, en especial si son varones.
—¿No es muy pronto para saber el sexo? Además, no me moriré por regresar a casa. Estoy embarazada no agonizante. —Ella entorna los ojos.
—Niña, no permitiré que arriesgues tu bienestar ni el del bebé por estar de inmadura. Si vas a tu casa, te quedarás allá hasta que Dylan regrese. Debes ahorrar energía para el bebé.
—Está bien, mamá...
De repente, Legna siente un punzón en el pecho que la hace encorvarse y las lágrimas empiezan a mojarle las mejillas.
—Cariño, ¿estás bien? —inquiere Alexa mientras se le acerca y la inspecciona. La marca de Legna empieza a brillar y el dolor en el área se torna insoportable.
—¡Me duele, mamá! —se queja—. Dylan... ¡Necesito ver a Dylan! ¡¡Dylan!! —Ella empieza a temblar y a gritar con histeria. La piel se le humedece y el pulso se le acelera de una forma que la aterroriza.
—¡Cálmate, Legna! —Ella la abraza confundida y asustada—. ¡Papá! —llama a Liah con desesperación, quien no tarda en entrar a la cocina con expresión desconcertada.
Pronto la habitación es invadida por Riú, Alexandra y los sirvientes, incluyendo algunos guerreros que corren hacia allí debido a los gritos de Legna.
—¿Qué sucede? —inquiere Liah desorientado.
Legna empuja a su madre y mira a su alrededor como si hubiera perdido el juicio, luego sale corriendo de la cocina a gran velocidad.
Los llamados de sus padres y abuelo no la detienen, por el contrario, ella aumenta la velocidad porque no quiere ser detenida.
Ellos no entenderían la razón para ella buscar a su mate.
Él la necesita, puede sentirlo en cada poro de su piel y en el corazón que le late vehemente. Además, es consciente de que ha perdido parte de su poder y eso solo puede significar que una energía superior logró neutralizar la protección que le puso a Dylan, afectando la energía propia en el acto.
—Dylan, aguanta, por favor... —ruega desesperada mientras viaja a una velocidad impresionante. Puede sentir su angustia como suya, su lucha interna y la resistencia que él le pone a la maldad que intenta dominarlo.
No sabe cuánto tiempo ha transcurrido, tampoco si sus padres o Liah la están siguiendo, pues en lo único que puede pensar es en llegar a tiempo para impedir que esa bruja le haga daño a su mate.
Al llegar a la casa, sigue su instinto sin dudar. No se detiene, sino que, por el contrario, aprovecha su habilidad licántropa para rastrear el olor de Dylan. Su loba gruñe, alerta, al detectar un aroma extraño en el aire.
—Esa bruja loca está cerca —deduce con una mirada cargada de odio.
Desea tanto tenerla de frente y despedazarla con sus propias manos. Sí que lo haría con mucho placer.
Legna avanza a una velocidad que le podría costar su salud, debido a su estado, pero en ese momento ella no se encuentra en condiciones de recapacitar, debido al lazo que la une a Dylan y que la hace actuar por impulso. Ella necesita salvarlo.
El aroma de su mate se torna más fuerte desde que ella llega a un río profundo, pero siente que se congela cuando escucha el sonido del agua, causado por el impacto del cuerpo de Dylan al caer.
—¡¡Dylan!! —grita desesperada. Ella da grandes saltos en el aire hasta llegar al cúmulo de agua, acto seguido, salta a las profundidades mientras ruega en sus adentros no haber llegado tarde.
Por su parte, Dylan es arrastrado hasta el fondo y la reserva de oxígeno que su parte lobuna le brinda pronto se acaba, así que su cuerpo empieza a sacudirse por la desesperación.
No puede creer que se haya lanzado justo en el lugar que representa su mayor miedo. Siempre les temió a las aguas profundas, y le era difícil disimular su fobia delante de sus amigos para no ser la burla del grupo.
Casi todas las noches soñaba que moría ahogado, y al parecer esos sueños eran una premonición.
«Lo que daría por ver tus hermosos ojos por última vez, mi lobita traviesa», piensa.
Su cuerpo está tan frío que se ha entumecido por completo. Ya no lucha por respirar, y pronto la oscuridad empieza a envolverlo. Las lágrimas se mezclan con el agua, y, en ese instante, se arrepiente profundamente de haber tomado una decisión tan drástica e impulsiva.
¿Cómo se está atreviendo a causarle dicho dolor a su mate?
«Lo siento tanto, mi amor. Te amo...», es su último pensamiento antes de ser consumido por las tinieblas.
«Dyl... Dylan... ¡Dylan!», estalla en su mente. Un relámpago lo hace volver en sí, pero todo a su alrededor se encuentra en completa oscuridad y él no sabe si está muerto o si ha despertado.
¿Así se siente morir?
—¡Dylan, por favor! —Se escucha en sus oídos de forma insoportable. Desea tanto responderle, pero no es capaz. Ni siquiera siente que ha despertado. Solo flota y escucha su doloroso llanto como si fuese un espíritu en el limbo.
Se siente muy culpable por causarle tanto sufrimiento.
—¡Dylan, con un demonio! —estalla colérica—. ¡Despierta, por favor! ¡Dylan, no me dejes!
Necesita consolarla, decirle que todo estará bien, mas no puede. Él ya no controla su cuerpo. ¿Eso significa que murió?
—¡Cara de culo! ¡Si no te despiertas, te romperé las bolas, cretino! ¡¿Cómo te atreves a hacerme esto?! ¡A hacernos esto! ¡Dylan, llevo a tu cachorro en el vientre! ¡¡Dylan!!
El llanto se hace más sonoro y desesperado. Él experimenta una calidez que lo quema, pero de manera agradable, y empieza a sentir que recupera su cuerpo como si ya estuviera fusionado a este.
En su cabeza, algo hace clic y una luz blanca lo despierta de golpe. Al cabo de unos segundos, él se encuentra tosiendo.
Legna deja de usar su poder en él y lo abraza con fuerza, todavía temerosa de que él vuelva a cerrar los ojos.
—Dylan... —llora. Sus lágrimas le cubren el rostro y se mezclan con las gotas que están en su piel. Él la abraza también y la aprieta contra su cuerpo, buscando ese calor que lo hace sentir vivo otra vez.
—Lo siento tanto... —se disculpa entre llantos mientras trata de consolarla. Odia causarle tanto sufrimiento—. Perdón, no era mi intención hacerte daño.
Ella toma distancia y lo mira a los ojos, luego hace un mohín.
—¡Eres un imbécil! —estalla colérica—. ¿Cómo te atreviste a asustarme así? ¿No ves que estoy embarazada, tarado? ¿Cómo le haces esto a la mujer que carga a tu cachorro en su vientre?
Dylan se queda atónito. Entonces no lo imaginó. Legna sí está embarazada de su cachorro.
Él le acaricia la barriga por instinto y vuelve a llorar, arrepentido.
—¿M-mi cachorro? —Él busca la mirada de su compañera, quien asiente con una sonrisa.
—Sí... —Él la besa con desesperación. En sus labios encuentra esa paz que tanto había extrañado.
De repente, algo se siente fuera de lugar.
Dylan mira en dirección al cielo y nota que Kyra viene descendiendo con un cetro en la mano, que posee una piedra roja en la parte superior.
La piedra brilla, y pronto empiezan a caer granizos del cielo que atacan a la pareja.
Legna crea un campo de energía alrededor de los dos para protegerse hasta que los granizos cesan.
La bruja desciende, pero no pisa el suelo, sino que se queda flotando por encima de la superficie.
—¿Kyra? —musita Dylan sin dar crédito a lo que sus ojos ven—. ¿Tú eres la bruja?
A Legna le brillan los ojos en un tono amarillento.
—No es la esencia de Kyra —lo corrige la pelirroja y luego mira a la bruja con una sonrisa desafiante—. Así que necesitas el cuerpo de una perdedora para poder habitar entre los vivos. ¿No pudiste elegir algo mejor? —se burla.
Azucena estalla en carcajadas y sonríe de forma escalofriante. Toda ella denota maldad, en especial por el negro que le cubre todo el ojo y le da una apariencia terrorífica que la hacen lucir como una pesadilla encarnada.
Ella está vestida de negro por completo, incluyendo la capa que lleva encima.
—No eres cualquier cosa, chiquilla. Mira que fue difícil romper tu protección. Fuiste sabia al protegerlo, pero no contabas con que yo usaría la piedra roja para salirme con la mía. Y tú has utilizado mucho poder y en tu estado eso podría ser mortal. Te mataré, mocosa, luego usaré a Dylan a mi antojo.
—Ni en tus sueños más húmedos, maldita zorra —le responde Legna con una sonrisa arrogante.
—Ay, querida, tú ya eres un cadáver.
Azucena extiende el cetro en dirección al cielo, cuyo tono azul es cubierto por nubes negras que empiezan a tirar rayos por doquier.
Dylan se convierte en lobo y rodea a Legna para protegerla; sin embargo, la pelirroja empieza a flotar por los aires y le advierte a Dylan que se proteja, entonces abre los brazos y un gran viento se forma a su alrededor. Ella sopla en dirección al cielo y las nubes se disipan, como resultado, los rayos dejan de caer.
Azucena sonríe divertida.
—Eres poderosa... —Se relame los labios—. Pero estás en desventaja.
Ella levanta el cetro y la piedra brilla, entonces varias ráfagas de fuego empiezan a caer del cielo. Legna cubre a Dylan con su poder, quien da un salto en dirección a Azucena y la muerde en el cuello, arrancándole un pedazo de carne en el acto.
En ese momento, llegan Alexa y Liah.
Azucena, al verse mal herida y notar la presencia de los demás zollebs, hace un hechizo y desaparece del lugar.
—¿Están bien? —indaga Alexa cuando llega a ellos y los inspecciona con la mirada.
—Eso estuvo cerca... —musita Legna, pero algo se siente mal en su tono de voz.
Dylan la mira de forma instintiva porque tiene un mal presentimiento.
» ¡Duele! —grita ella desesperada mientras se encorva del dolor—. ¡Me duele mucho, Dylan!
De repente, ella se espanta y empieza a temblar aterrada debido a la sangre que le recorre las piernas.
—¡Nuestro cachorro! —Legna llora desesperada—. Dylan, estoy perdiendo... —Ella no termina la frase porque cae desmayada en los brazos de su mate.

