
Capítulo 1
La niña pelirroja corre y salta por todo el campo mientras es perseguida por dos niños más: uno de cabellera rubia como el oro y otro con rizos rojizos en un tono más claro. Ambos poseen los ojos verdes de su padre, gamma de la manada Fuerza de Bronce y amigo del alfa. Este último es el progenitor de su amiga, la niña a quien están persiguiendo entre risas y gritos eufóricos.
—Eres muy rápida, Legna —le dice el chico rubio, cuya respiración se encuentra irregular. Acto seguido, se tumba sobre la grama.
Ella sonríe airosa e imita la acción de su amigo. Entonces el pelirrojo hace lo mismo, quedando ella entre los dos hermanos.
—¿Con cuál de los dos te unirás cuando te conviertas en loba? Ambos estamos enamorados de ti, pero no pelearemos. Hemos decidido que tú tengas la última palabra.
La niña entorna los ojos y hace una mueca de disgusto.
—Somos unos cachorros todavía para estar pensando en eso. ¡Qué fastidiosos son! Además, yo me guardaré para mi mate.
—En ese caso, yo seré tu mate —declara Leandro, el chico rubio.
—No, yo seré su mate —replica André, el pelirrojo.
Legna resopla fastidiada, se levanta del suelo, luego mira a los hermanos con desaprobación y los deja peleando solos.
Ella se detiene en medio del campo cuando ve a Dylan conversar con Clara. Él ya tiene trece años y Clara doce, mientras que ella todavía no ha cumplido los once. Ese hecho la hace sentir fuera de lugar porque ellos ya se ven como los púberes que son, pero Legna todavía luce como una niña.
No entiende por qué le molesta que Dylan la trate como a una chiquilla y que le brinde toda su atención a Clara.
—¡Mira qué lindas flores! —la aborda Miha, una hermosa niña de cabellera negra y lacia como la de su hermano Dylan, pero con los ojos marrones claros de su madre, Otsana, la luna de la manada Rayo Dorado. Miha tiene casi doce años y es la más risueña y dulce del grupo de amigos.
Legna observa las plantas coloridas con una sonrisa. Entonces sostiene una de color violeta. Al instante, sus ojos mieles toman el mismo tono de la flor, y esta se empieza a multiplicar.
—¡Guau! —exclama Miha emocionada—. ¡Tu poder es maravilloso! A mí me gustaría ser una zolleb. ¿Te imaginas? Haría florecer todo a mi paso.
Legna ríe divertida y niega con movimientos de cabeza.
—Eso sería derrochar energía. Todavía no sé dominar todos mis poderes, pero mi abuelo Liah me va a enseñar. Cuando cumpla los dieciséis años, él me llevará al continente de los zollebs para entrenarme.
—¡Qué genial! Mi papi me dijo que ese territorio es muy hermoso. —Los ojos de Miha brillan fascinados al imaginarse la belleza de aquel lugar.
—Lo es. Hay animales que no existen en este territorio, muchas plantas tienen movilidad y sonido. Además, los paisajes son maravillosos. Me gustaría que ustedes fueran un día. Nos divertiríamos mucho.
—Estoy segura de que sí, pero no creo que a tu abuelo le guste llevarnos —asume Miha con desdén.
—¡Claro que sí! El abuelo es genial y muy divertido.
—¡Ay! ¡Qué maravilloso! ¡Ven, vamos a mostrarle a Dylan lo que has hecho!
Al escucharla, el corazón de Legna late muy fuerte y el temor la inunda.
—No, mejor no —niega sonrojada.
—No seas tonta, a Dylan le encantará ver lo que has hecho. ¡Tú le gustas mucho!
Las mejillas de Legna se ponen muy rojas y el pulso se le acelera.
—¡Qué dices! Si a él le gusta Clara. Es muy obvio que ellos serán mates.
—Conozco a mi hermano y sé que quien le gusta eres tú, pero él es tan terco que no lo quiere reconocer.
Legna niega con nerviosismo y juega con las manos, pero no añade otra negativa porque las palabras no le salen. De repente, Miha la agarra por el brazo y se la lleva a rastras hacia donde se encuentra Dylan, conversando con Clara.
La pareja está sentada en una roca lisa y grande, rodeada por hierba y flores silvestres.
—¡Dylan, mira lo que hizo Legna! ¿No es maravilloso? —lo aborda su hermana, efusiva.
El chico se tensa cuando ve a la pelirroja frente a él, que luce bastante tímida aquella tarde. Ese comportamiento no es propio de ella, razón por la cual él se pregunta qué estará tramando esa niña insoportable ahora.
—Solo veo flores… —masculla entre dientes, fingiendo desinterés.
—¡Exacto! —exclama Miha, muy entusiasmada—. Antes era una sola flor, pero Legna la ha multiplicado. ¡Fue increíble! Si la hubieras visto, los ojos le cambiaron de color y ¡pum!, la flor se multiplicó.
—Te impresionas por cualquier tontería… —gruñe él de mala gana.
—¡Uy! ¡Qué aburrido y gruñón eres! —se queja Miha, decepcionada por su actitud descortés.
—No me interesa lo que haga esta mocosa insoportable.
Al escucharlo, la sangre de Legna se torna caliente y ella aprieta los puños con ira.
—¡El único insoportable aquí eres tú! —Le apunta con el dedo. Su apariencia luce alterada, y su cuerpo tiembla del coraje.
—¿Yo? —Él ríe irónico—. Tú eres la fastidiosa del grupo y quien siempre nos mete en problemas.
—No es mi culpa que sean unos tontos.
—¡Oye! —reclaman Miha y Clara al unísono.
—¿Te crees mejor que nosotros porque tienes sangre zolleb? Si solo eres una chiquilla malcriada —contraataca Dylan.
—¡No soy una chiquilla malcriada! —Ella se acerca a él y lo empuja con fuerza. Este casi se cae de su asiento, pero logra mantenerse sobre la roca.
—¡Y aparte agresiva! ¿Acaso eres un chico? Las niñas deben ser delicadas…
—¡Cállate! —lo interrumpe con otro empujón—. ¿Qué sabes tú sobre chicas? ¿Quién te ha dado el derecho a tratarme de esta manera? ¡Eres un imbécil!
—¡Ya basta! —interviene André—. ¿Por qué están peleando ahora? —resopla con hastío.
—Ni idea… —Miha se muerde el labio inferior—. Solo le enseñé a Dylan lo que Legna puede hacer, y ellos empezaron a discutir y a ofenderse… como siempre… —Ella hace un mohín.
—Dylan, deja de molestar a Legna —lo increpa Leandro—. Te la pasas buscando una excusa para pelearte con ella. ¿Acaso te gusta?
—¡Ja! Yo no tengo tan mal gusto. Mi tipo de chica es uno más refinado y delicado… —escupe malicioso, mientras observa a Clara con expresión alusiva.
La rubia se sonroja al instante porque su alusión la emociona mucho. De manera instintiva, los dos se miran y se sonríen con complicidad, lo que incrementa el rubor en las mejillas de Clara y crea una extraña y cursi burbuja alrededor de ellos.
Por alguna extraña razón que Legna no entiende, verlos enamorados le provoca una incomodidad asfixiante, como si estuviera siendo traicionada.
—Mejor me voy de aquí, ya siento ganas de vomitar. —Ella hace una mueca de disgusto y se voltea para marcharse.
Por su parte, Dylan le regala una mirada de soslayo; asimismo, suelta el aire que retuvo todo el tiempo que ella estuvo frente a él.
La razón de su tensión es simple: no la soporta.
***
Varios años después…
En el continente de belleza natural y criaturas cambiaformas, de arroyos cristalinos, imponentes montañas, flora longeva y abundante, con el aire puro y animales libres en su hábitat, allí, donde se escuchan aullidos en luna llena y donde los jóvenes se reúnen cada cierto tiempo en diferentes manadas para encontrar a sus compañeros destinados, también nace una nueva especie: los híbridos.
—¡Espérame! —vocifera el niño de unos diez años, quien trata de alcanzar a su hermana mayor. Las hebras onduladas y negras son levantadas por la brisa juguetona, que le refresca la piel mestiza.
Sus ojos avellanados se fruncen con frustración, debido a que su hermana se aprovecha de que él aún no domina sus habilidades.
—¡Eres muy lento, Ryan! —le responde ella mientras flota en el aire a gran velocidad.
—¡Legna, todavía no he aprendido a flotar! —le reclama molesto.
—¡Ay! ¡Pero qué llorón! —Ella baja al suelo con rapidez.
—Eres una presumida. —Él hace un mohín y se cruza de brazos.
—Es que a tu ritmo nunca llegaremos…
Después de una hora, los dos hermanos se encuentran en un campo un poco lejano para ambas manadas, pero que es un punto medio entre ellas, donde se suelen reunir.
Allí se encuentran Clara, Leandro y André, quienes son trillizos y pertenecen a la misma manada que Legna y Ryan. También están Dylan y Miha, de la manada Rayo Dorado.
Ryan, quien es el más joven de todos y el único niño, se pone a jugar solo. Su objetivo principal de estar allí es vigilar a su hermana y recibir el premio de su padre por contarle cualquier acontecimiento extraño que ocurra con ella.
—Los dos tortolitos ya aburren… —profiere Legna con hastío al vislumbrar a Dylan y Clara conversar apartados. Él le platica acerca de algo con gestos emotivos, mientras que la rubia hace coronas de flores silvestres y le sonríe interesada en lo que sea que él le está contando.
Dylan entorna los ojos cuando la escucha, mientras que Clara la regaña por hablar tonterías.
—¿Para qué lo niegas, Clara? Todos sabemos que ustedes son novios. Me pregunto qué dirá tu padre cuando se entere de que te ves a escondidas con este idiota —espeta Legna con tono pícaro.
—Eso no es cierto —refuta Dylan, levantándose de un respingo. Se dirige en dirección a Legna con porte amenazante y le apunta con el dedo—. Deja de inventar estupideces, niña insoportable. Te lo advierto, si Clara llega a tener problemas por tu culpa, te la verás conmigo.
Legna sonríe maliciosa y lo mira con diversión.
—¡Ay, qué miedo! —se burla—. ¿Qué? ¿Te asusta que el Gamma se entere de lo que hace la santurrona de su hija?
—¡Ya basta! —interviene Clara, quien también se coloca frente a Legna—. Yo no me veo a escondidas con Dylan. Nosotros vamos a esperar a que nuestra conversión suceda para empezar nuestra relación; por ahora, solo somos amigos —aclara asustada.
—Bueno, pronto será, ¿no? Para mi suerte, yo no estaré aquí para verlos con su cursilería. Qué asco. Tienes un gran estómago, Clara. No entiendo cómo es que una chica tan linda como tú quiere unirse a un ‘cara de culo’ como Dylan. —Ella se ríe de su propio chiste con grandes carcajadas, acción que irrita al aludido.
—Ojalá tú que un ‘cara de culo’ como yo siquiera te mire —contraataca él con una sonrisa maliciosa.
—¡Ja! Pero ni en tus más fantasiosos sueños. Tú no estás a mi nivel, así que un perdedor como tú no tiene el derecho de siquiera mirarme. ¡Tonto!
—¡Insoportable, creída!
—¡Cara de culo!
—¡Arrogante, fastidiosa!
—¡Aburrido, retardado!
—¡Ya, por favor! —exclama Miha—. ¿Acabamos de llegar y ya se están peleando? ¡Parecen esposos en crisis!
—¿Esposos? ¡Ja! —profiere Legna con cara de disgusto. Su reacción le hierve la sangre a Dylan, quien no soporta lo prepotente que ella es.
—¿Te crees la gran cosa porque eres híbrida? Tener unas tontas habilidades no te hace mejor que nosotros —espeta él, ofendido.
—Mejor que tú sí, envidioso.
—¿Para qué pierdo mi tiempo con una chiquilla inmadura, creída y maleducada como tú?
—¡No soy ninguna chiquilla!
—Confirmo —interviene André con expresión pervertida mientras le mira los pechos redondos, cuyas protuberancias la hacen lucir más desarrollada que las demás féminas, pese a que es la menor entre las tres chicas.
—¡Deja de mirarme las tetas! —Ella lo cachetea de imprevisto.
—¡Qué mal hablada! —escupe Dylan molesto y mira a André con ganas de arrancarle los ojos—. Y tú, respeta —se dirige a su amigo, quien se está sobando la mejilla debido al ardor del golpe—. ¿Saben qué? Ustedes dos harían una pareja perfecta. ¡Cuál de los dos más inculto!
—Tú eres más inculto que yo, infeliz. —Legna lo agarra por el cuello de la camiseta y levanta su puño, dispuesta a golpearlo.
—Eres tan agresiva e impulsiva. Deberías aprender de Clara, quien se comporta como una dama y no como una busca pleitos corriente.
Los ojos de Legna se tornan rojos, mas ella controla la rabia que la embarga y finge una sonrisa desinteresada.
—¿Ser como Clara? ¡Qué aburrimiento! Yo soy fuego, cariño, y donde llego dejo huellas; sin embargo, tu damisela perfecta pasa desapercibida porque es tan insípida como tú.
—¡Oye! A mí no me involucren en sus discusiones sin sentido —se queja la rubia. Sus ojos azules observan a Dylan con sospecha, puesto que le es curioso que él siempre actúa tan raro cuando se encuentra delante de Legna.
—Oye, Legna, cambiando este tema tonto. ¿Por qué no vas a estar en la fiesta de transformación de Dylan? Él será el primero del grupo en convertirse en lobo, así que no puedes faltar a su cumpleaños —interpela Miha.
—Mañana mi abuelo vendrá por mí para entrenarme —responde ella, y suelta al chico, quien se arregla la ropa con una mueca de desaprobación. Pese a que finge no estar interesado en la conversación, su mirada de soslayo evidencia su interés.
—Pero la fiesta es dentro de un mes, Legna, no mañana —refuta Miha.
—Me iré por cuatro años. —Legna se muerde el labio inferior.
—¡¿Qué?! —espeta un sorprendido André—. Pero vendrás cada cierto tiempo, ¿verdad?
Ella niega con la cabeza y se abraza a sí misma.
—Será un entrenamiento exhaustivo. Según el abuelo, debo desconectarme de mi parte lobuna durante ese tiempo. Mis papás y hermanos podrán ir a visitarme, pero yo no podré salir del territorio de los zollebs.
—Vaya… —masculla Miha con tristeza—. Qué mal. Hubiera sido lindo que todo el grupo estuviera con Dylan. Además, te voy a extrañar mucho. ¡Serán cuatro largos años!
Dylan mira a Legna de una manera que a ella le intriga y que la pone muy nerviosa.
—Ni que esta insoportable vaya a hacer falta… —dice entre dientes y de mal humor.
Como respuesta, Legna entrecierra los ojos y se cruza de brazos, luego añade:
—Exacto. No tengo nada que ver contigo, como tampoco me interesa tu estúpida transformación. Supongo que cuando regrese, ya tendrás muchos cachorros con tu amada Clara. Eso si ustedes de verdad son mates. ¿Se imaginan que no sea así? Sería todo un drama gracioso —Ella ríe maliciosa.
Dylan aprieta los labios con incomodidad, mientras que Clara baja el rostro, temerosa, puesto que esa es una posibilidad con la cual ella no quiere lidiar. En su corazón, Dylan es el indicado, así que él tiene que ser su mate, sí o sí.
Capítulo 2
Después de que Legna y Dylan discuten de nuevo por otra tontería, todos ellos se van a nadar al río. Los mellizos hacen piruetas en el agua para impresionar a Legna, quien está pendiente de su hermano.
El niño sale del río y se pone a jugar con los insectos de la grama que rodea la orilla, entonces Legna se relaja y decide divertirse un rato en el agua.
Ella vislumbra a Dylan haciendo acrobacias frente a Clara con la intención de impresionarla, entonces entorna los ojos y hace una mueca de disgusto.
«¡Hombres! Son todos unos ridículos», piensa molesta.
Legna sonríe de manera peligrosa y de repente sus ojos se tornan verdes, cuyo tono es el mismo de las plantas enredadoras que se encuentran en el fondo del río.
De un momento a otro, Dylan cae de golpe y se hunde en el agua. Por más que lucha, no puede salir del fondo porque las plantas acuáticas se han enredado en sus tobillos y lo jalan con fuerza hacia la profundidad.
Los gritos de Clara resuenan en el lugar, mientras que los demás buscan la manera de ayudarlo, menos Legna, quien ríe a carcajadas por su malvada hazaña.
—Deja de hacer eso o se lo diré al abuelo —la amenaza su hermano menor, al tiempo en que la juzga con la mirada, puesto que bien sabe que Legna es la causante de aquella travesura.
Ella resopla con fastidio y mueve sus dedos de forma disimulada, como resultado, las plantas sueltan a Dylan.
Él sale del agua con un ataque de tos y los demás lo rodean para percatarse de que esté bien.
—¡Fuiste tú, maldita bruja! —Dylan le apunta a Legna con del dedo, muy enojado y con mirada de acusación.
—¡Por supuesto que no! ¿Por qué me culpas a mí de todas tus desgracias? No tengo la culpa de que no sepas nadar. ¡Qué vergüenza! El hijo del gran alfa Tron no es capaz siquiera de bañarse en el río. ¡Qué pena con tu padre! —se burla, con esa sonrisita que saca de quicio a Dylan.
—No te hagas la tonta, sé que fuiste tú. ¡Estás loca! —Él se le coloca en frente con expresión amenazante y la encara muy molesto.
—Estás delirando, cara de culo.
—¡Maldición! —El rostro de Dylan queda tan cerca de Legna, que sus respiraciones se hacen una—. ¿Acaso quieres que te dé una lección?
—¡Ay, no, papi! —exclama ella con tono sensual y muy provocativo. Le divierte tanto molestarlo.
—¿Te estás burlando de mí? —Él cruje los dientes y la mira con odio.
De momento, sus miradas se conectan y el mutismo se adueña del lugar.
Para Clara, verlos tan pegados y observándose de esa manera tan intensa y, que deja mucho a la especulación, se le hace de mal gusto; asimismo, esos segundos le parecen eternos, razón por la que se aclara la garganta al desesperarse.
—Dylan, cariño, no vale la pena que discutas con ella. Sabes lo problemática que Legna es. Mejor ignórala, ya que ella sólo busca llamar la atención —interviene.
—Tienes razón, esta tonta no vale la pena —profiere él en acuerdo y le agarra la mano a Clara. Los dos salen del río y se alejan del resto.
Una hora más tarde, Legna los busca con la mirada porque tiene la sensación de que ellos no están por los alrededores.
Sin entender el motivo de sus actos, ella camina en dirección a un conglomerado de árboles, donde encuentra a Dylan besando a Clara en los labios. Tras unos segundos de estupefacción, ella despabila y arruga el rostro.
—¡Qué asco! —vocifera con dramatismo y empieza a fingir arcadas—. ¿Cómo borro esta imagen de mi cabeza ahora?
Dylan entorna los ojos y resopla.
—No te atrevas a decir una palabra de esto—exige en forma de amenaza.
—Como si para alguien fuera un secreto que ustedes hacen cochinadas. Son unos desvergonzados.
—Nosotros no hacemos lo que aludes —replica Clara con voz trémula y muy asustada—. De hecho, es la primera vez que nos besamos.
—No le des explicaciones a la insoportable —la increpa Dylan—. ¿Qué le importa a ella lo que nosotros hagamos
—Tienes razón —secunda Legna—. Me da lo mismo lo que hagan ustedes. Clara, si lo que te preocupa es que le diga a tu padre; relájate, que yo no me meto en lo que no me incumbe.
Legna regresa al río con expresión seria y se sienta en una roca sin decir palabras. Así permanece toda la tarde.
En la ciudad de la manada Fuerza de bronce, Dylan se despide de Clara con un apretón de manos, que pone a Legna de mal humor.
—André, ven aquí —comanda ella. Cuando él se acerca, le pega tremendo beso en la boca que sorprende al grupo—. Considéralo como la despedida, bombón. —Le guiña un ojo.
—¿Eres loca o qué? —le reclama Dylan—. ¿Por qué besas a este imbécil de la nada? ¿Acaso no tienes vergüenza?
Ella lo mira sorprendida de su descaro.
—¿Qué te importa a ti lo que yo haga o deje de hacer? Sí, soy una desvergonzada, ¿y qué? Por lo menos no soy hipócrita ni me oculto detrás de los árboles.
—¿Lo estás haciendo a propósito?
—No sé de qué hablas.
—¡Estás loca! —gruñe Dylan—. No sé por qué pierdo mi tiempo contigo.
—Y yo no entiendo por qué te metes en lo que no te importa.
Otra discusión estalla y los demás resoplan cansados.
—Dylan, a veces me pregunto por qué te la pasas peleando con Legna —interviene Clara con recelo.
Él nota su alusión y niega varias veces con la cabeza.
—Es que ella me provoca.
—Esta vez fuiste tú quien empezó todo —refuta la rubia con una mueca de disgusto.
Es obvio que está celosa y él no entiende la razón.
—¿Acaso no viste lo que hizo esa loca?
—Dylan tiene razón —añade Leandro—. Ella debió besarme a mí no a él.
Miha lo mira con tristeza y exhala un suspiro rendido. No tiene caso nadar contra la corriente, a veces es mejor ignorar.
—Ya dejen de discutir por tonterías, chicos —los reprende Miha con voz suave—. Mañana Legna se irá por cuatro largos años y, en vez de aprovechar el poquito tiempo que nos queda con ella, ustedes se están peleando…
—Es cierto, deberíamos celebrar que no tendremos que aguantar a esta loca insoportable —la interrumpe Dylan con sorna, y otra vez se arma tremenda discusión.
***
Cuando el sol se pone los chicos se despiden, pero Dylan y Miha se van con Legna y Ryan a la casa del alfa Riú, dado que Tron se encuentra allí porque fue a visitar a su amigo.
El alfa Tron y sus hijos son convidados a cenar, así que todos ellos se sientan a la mesa y degustan el festín que Riú les mandó a preparar a sus invitados.
En toda la cena, Dylan se mantiene en silencio y su atención se enfoca en aquella pelirroja inquieta, habladora y enérgica, que no deja de hablar en todo el tiempo que ellos se encuentran allí.
De repente, ella lo mira a los ojos. Él traga pesado al tener la corazonada de que ella le expresa alguna cosa importante por medio de su escrutinio, por lo que se pone nervioso y las mejillas se le acaloran.
Ese presentimiento se esfuma cuando ella le saca la lengua.
«Qué infantil», piensa él mientras niega con la cabeza y sonríe divertido. Esa chica saca lo peor de él y le provoca una tensión que lo abruma. No la soporta y nunca le agradará.
Después de cenar, Tron y sus dos hijos se despiden.
—Legna, te voy a extrañar mucho. —Miha la abraza con lágrimas en los ojos.
—Yo también. Espero que, cuando regrese, ya hayas encontrado a un mate que esté bueno y que sea poderoso como nuestros padres.
Tron se aclara la garganta ante las palabras de la chica.
—Todavía son unas cachorras para estar pensando en esas cosas —gruñe él incómodo.
—Pero en cuatro años ya no seremos cachorras —refuta Legna.
—Claro que sí… —masculla Riú con mirada asesina.
—Bueno, ya debemos irnos, no vaya a ser que Otsana se preocupe —dice Tron—. Legna, te deseo mucha suerte en tu entrenamiento. En cuatro años, espero poder ver los resultados.
—Gracias, Alfa. Ya verá que me volveré muy fuerte.
Tanto Miha como Tron se despiden, mas Dylan se queda inerte en su lugar, al no saber qué decir o hacer.
—Adiós, Dylan. Quizás nos veamos en cuatro años, quizás no… —Es Legna quien rompe el silencio que se ha instalado entre ellos dos.
—Hasta entonces, chiquilla insoportable. —Él le sonríe.
—Recuerda que te daré una paliza, desabrido. —Ella le devuelve el gesto.
—Ni en tus sueños, creída. —Dylan le guiña un ojo y le da la espalda.
Legna lo ve alejarse por última vez mientras piensa que va a extrañar pelear con ese gruñón.
—Adiós, cara de culo —musita para sí—. Espero que Clara te haga muy feliz, tonto.
Ella entra a la casa y se dirige a su habitación. Esa noche, tiene un sueño raro y que no se atrevería a contarle a nadie nunca.
Capítulo 3
Continente de los zollebs
Cuatro años después…
La chica flota por los aires con acrobacias hábiles, tan grácil y libre como si de un ave se tratara. Sus ojos se tornan grises y muy cristalinos, y de sus manos empieza a fluir una simple brisa que se va transformando en viento, hasta que un tornado se instala alrededor de sus piernas. Las fuertes brisas empiezan a mover los árboles con gran ímpetu, y el cielo se nubla.
—¡Suficiente! —vocifera Liah desde la superficie de gramas plateadas.
Legna cierra los ojos. La fuerza del tornado va menguando hasta desaparecer, al mismo tiempo en que ella desciende despacio. Pronto las plantas de sus pies descalzos tocan el suelo de las gramas, que, pese a su apariencia puntiaguda, se sienten suaves como la tela de algodón.
—¿Cómo lo he hecho? —inquiere, emocionada y a la expectativa de su respuesta. Para ella es muy importante la opinión del rey de los zollebs, ya que siempre ha admirado su poder y habilidades.
Su abuelo, un hombre de tez tersa y joven, con el oro reflejado en las hebras rizadas, ojos verdes como el jade, cuyo tono heredó su madre, es el ser más temido en ambos territorios; asimismo, el más deseado por las féminas de aquel continente.
—Has mejorado bastante. Por lo menos ya has calmado tus impulsos; por supuesto, eso no significa que estés lista; sin embargo, regresarás al territorio de los licántropos y seguirás entrenando allí.
—¿Traerás a Ryan a este continente? —pregunta un poco triste, ya que extraña a su hermano y desea convivir con él como hace cuatro años; pero si Liah lo empieza a entrenar, entonces estarán separados otra vez. Aunque ellos se ven cada cierto tiempo, no es lo mismo que vivir en el mismo lugar que él y divertirse en el campo junto a sus amigos.
—No, esperaré a que cumpla los dieciséis años, tal como hice contigo.
Legna sonríe en respuesta.
—¿Te quedarás con nosotros en el verano? Estamos en tiempo de festivales.
—Sería divertido, pero tengo una misión. Iba a enviar a uno de mis guerreros; sin embargo, creo que debo ir yo mismo.
Legna lo mira intrigada.
—¿A dónde será la misión?
—En el territorio de los humanos… —Él se relame los labios con nerviosismo, ya que aquel lugar todavía le afecta—. Al parecer, uno de nuestros misioneros perdió una piedra importante, que es probable que un estúpido humano haya manipulado, porque hay alteración climática en el territorio de ellos. Debo ir e investigar qué diablos sucedió.
Legna suspira preocupada.
—¿Nosotros sentiremos las consecuencias también?
—No lo sé. Me preocupa más saber quién la tiene bajo su posesión y lo que esa piedra es capaz de hacer. Fue creada con poder zolleb para mantener el equilibrio de los volcanes en el territorio humano, así que, en manos equivocadas, sería caótica.
—¿Necesitas ayuda? Estoy lista para irme de misión, por lo que puedo acompañarte.
—No, tú regresarás con tus padres y seguirás entrenando. Por cierto, dado que eres híbrida, puede sucederte lo mismo que a tu madre —le dice en tono de advertencia.
—¿Qué le pasó a mi madre?
—Tuvo un lazo con un licántropo. A ti también te puede suceder, a Ryan y a Alexandra. Eso es un tema para analizar, ya que podría traerles problemas con el consejo de los licántropos. Sería como si empezaran una nueva especie y no creo que ellos estén listos para lidiar con eso.
Legna lo mira temerosa.
—No había pensado en ese asunto, pero tienes razón. No te preocupes, que yo no creo que pueda tener un mate. En caso de que suceda, es probable que me rechacen, ya que a los licántropos les suelen gustar las mujeres tranquilas.
Liah sonríe malicioso.
—No sabes lo intenso y abrumador que es tener un vínculo, ¿cierto? Naciste y te criaste entre licántropos puros y no lo entiendes. Cuando se crea ese lazo, a tu pareja no le importa tu carácter, desde ese momento ama todo de ti. Así que mejor mantente alejada de ellos hasta que encontremos una solución.
—¿Qué quieres decir? ¿Acaso pretendes que me mantenga encerrada?
—No es mala idea —bromea él divertido—. Tus padres tienen una cabaña en el campo, lo sabes. Creo que debes quedarte allí y entrenar duro hasta que yo termine mi misión. Evita el contacto con chicos y ni se te ocurra ir a festivales. Sabes lo que sucede en ese tipo de actividades.
—Sí, muchos se emparejan. Pero si tengo un mate…
—Ni lo menciones —la interrumpe con tono firme.
—Mis hermanos y yo no podemos vivir encerrados para siempre, abuelo.
—No, estoy pensando en traerlos a vivir a este continente, pero para ello necesito la aprobación de tus padres. Tus hermanos pueden vivir en el territorio licántropo por ahora, pero antes de su conversión deben venir acá, como sucedió contigo. Mientras tanto, puedes regresar con tu familia, mas cuando regrese de mi misión, le plantearé este asunto a Riú y a Alexa.
Legna suspira triste porque el territorio licántropo siempre fue su hogar; no obstante, si tiene que despedirse de este para evitarles un problema a sus padres, está dispuesta a hacerlo; después de todo, ella también es una zolleb.
***
Riú y Alexa reciben a Legna conmocionados. Ella se aferra a los abrazos y mimos de sus padres; asimismo, llora emotiva al ver que Ryan se ha convertido en un jovencito muy apuesto y que la pequeña Alexandra ya es una niña grande.
—Los extrañé tanto —expresa con lágrimas en los ojos.
—Mi nena, ¡por fin estás en casa! —Riú le agarra el rostro con las dos manos y la observa con ojos cristalizados—. Te has convertido en una mujer muy hermosa y fuerte. Ahora tendré que preocuparme por no arrancarle las bolas a los lobos que te merodearán.
—Sobre eso, quiero a Legna lejos de los chicos. Ella necesita completar su entrenamiento, por eso es mejor que se mude a la cabaña —interviene Liah.
Alexa lo mira con el ceño fruncido y facciones que denotan desacuerdo.
—¿Por qué tiene que vivir allí sola? Es mejor que esté con nosotros en la casa —replica ella.
—Querida cría, ni que la cabaña estuviera muy lejos de la casa —Él entorna los ojos.
—Hoy que se quede aquí en la casa, mañana discutiremos el asunto de la cabaña —dice Riú para evitar una discusión entre Alexa y su padre.
—No hay nada qué discutir, Riú. Mi niña no estará sola en ese campo —refuta ella.
—Mamá, yo me sé cuidar sola —interviene Legna—. Además, estaré viniendo a la casa. Es que la cabaña es el lugar perfecto para continuar con mis entrenamientos.
Alexa la mira con recelo porque presiente que algo se traen Liah y Legna, mas asiente en acuerdo porque no quiere tensiones en ese momento en el que deberían estar celebrando.
Ellos almuerzan un gran festín que Riú y Alexa preparan. Esa tarde, Liah les informa acerca de su nueva misión, pero también sobre sus preocupaciones.
—Papá, hemos vivido aquí por más de veinte años y no hemos tenido ningún problema con el consejo. Tampoco he dado razones para que ellos nos teman —replica Alexa.
—Tengo un mal presentimiento, mi niña. Ahora tus crías están creciendo y pronto les llegará el celo. ¿Qué sucedería si tienen vínculo con un licántropo puro?
—Lo mismo que sucedió conmigo y con Riú, papá. Amarse y ser felices —contesta ella con tono obvio.
Liah suspira agobiado porque sabe que será difícil que Alexa entienda su preocupación.
«Será todo un desafío proponerle que sus crías se vayan a vivir a nuestro continente, así que mejor dejo ese asunto para cuando venga de mi misión», piensa, rendido, y decide cambiar el tema.
Liah se marcha del territorio de los licántropos, mientras que Legna se pasa varios días en la casa principal de sus padres. El día del festival, ella decide irse para la cabaña, obedeciendo el pedido de su abuelo
—¿No vas a ir al festival? —cuestiona su hermana menor sorprendida, ya que esas actividades son las favoritas entre los cachorros jóvenes.
—No puedo porque tengo que entrenar.
—¡Qué aburrida eres! —Ella le saca la lengua.
—¡Oye, malcriada! ¿Se te olvida que soy tu hermana mayor y que me debes respeto? ¡Qué insolente! ¿Acaso quieres que te enseñe modales? —Aprieta los puños en amenaza.
—¿Tú y quién más? —La enfrenta con el ceño fruncido.
—¡Ya verás! —vocifera Legna, pero en ese momento Riú entra a la sala y la pequeña Alexandra corre en su dirección llorando.
—¡Auxilio, papi, Legna me quiere pegar!
Riú la carga y la niña se acurruca en su pecho.
—¿Qué sucede? —pregunta él con esa calma que lo caracteriza.
—¡Tu hija es un demonio manipulador! —la acusa Legna.
—¿Cuál de las dos? —contesta él con una sonrisa maliciosa.
—¡Me largo de aquí! —exclama Legna ofendida mientras levanta el bulto que había colocado en el suelo.
—¿Te irás a la cabaña ahora? Creí que estarías preparándote para ir con tus hermanos al festival. De hecho, me extraña que aún estén aquí. Ya Alexa se encuentra en el centro de la ciudad presentando su nueva línea de ropas.
—Yo no iré, papá; necesito entrenar.
—¿Hoy? —Él entrecierra los ojos.
—Sí… —Legna se muerde el labio inferior.
—¿Tu decisión tiene que ver con lo que comentó Liah antes de marcharse? —la confronta con expresión recelosa.
—Ay, papá, ¿cuál es la probabilidad de que yo encuentre a mi mate hoy? No es eso…
—Haré como que te creo… —Él sonríe porque tampoco está ansioso por que un lobo reclame a su niña.
—Ya me voy, diviértanse en el festival —se despide deprisa, y sale de la vivienda en un santiamén.
—Vaya, de verdad el abuelo le lavó el cerebro —expresa Ryan pensativo.
—En parte entiendo a Liah, aunque quizás esté siendo un poco dramático. Por ahora, es mejor que tu hermana se concentre en sus entrenamientos. Bueno, vayan a prepararse si no se irán solos —les advierte Riú mientras devuelve a la niña al piso.
***
La música se puede escuchar a distancia, aunque en modo de silbido de lo débil que se percibe.
Lo que sí se escucha potente son los aullidos de los lobos que han encontrado a su mate. En el aire se puede percibir la dicha y el romanticismo.
—Todos se están divirtiendo, menos yo. ¡Es tan injusto! —se queja Legna y forma un puchero—. Hubiese sido divertido ver a los chicos y conocer a sus mates, si es que ya tienen.
Un recuerdo la visita de repente y le provoca un punzón en el pecho que la hace temblar.
—¡Cierto! Me imagino que Dylan y Clara deben haberse reclamado ya. Esos tontos se la pasaban de cursis e insoportables. —Hace una mueca de asco.
Ella nunca se atrevió a preguntar por Dylan, de igual manera, evadía cualquier información que su hermano le quería dar acerca de él o de Clara.
—Es mejor mantenerme aquí encerrada y luego irme a vivir al territorio zolleb. No quiero saber nada de ese tonto ni de su nueva vida con la perfección encarnizada. ¡Qué aburrimiento con esos dos!
Legna mira al cielo y suspira nostálgica. No puede negar que extraña a sus amigos y que sería divertido volver a verlos.
—Estoy aburrida, mejor me pongo a entrenar —decide mientras sale de la cabaña.
Legna camina en medio del bosque con ansiedad, como si debiera seguir avanzando. Cuando se ha alejado bastante del campo de su padre, ella escucha unos aullidos que le erizan los vellos y la alteran.
—¿Por qué no hay gozo ni dicha en su voz? Puedo sentir la frustración de ese lobo como propia, ¿qué le sucede? —se pregunta a sí misma muy intrigada.
De repente, un olor a bambú y eucalipto le inunda las fosas nasales. El perfume es tan agradable a su olfato, que le hace agua la boca y le acelera el pulso.
«¡Mate!», exclama su loba inquieta mientras lucha por tomar el control.
—¿Qué? ¡No! ¡No puedo estar tan salada! —profiere asustada y sorprendida. De todos los eventos que podrían sucederle, jamás se imaginaría que sería aquello. ¿De verdad está teniendo un lazo con un licántropo la misma noche que regresó a su hogar? No le parece posible tener tanta mala suerte—. Ni siquiera fui al dichoso festival… ¡Ay, no!, el abuelo me va a matar.
«¡Mate!», vuelve a exclamar su loba, alterada y muy ansiosa de ir a conocer a su compañero, debido a la necesidad de ser reclamada.
En ese momento, ella siente que alguien se acerca. Legna se gira para encararlo y así conocer a quien parece ser su pareja destinada.
—¿Quién eres? —inquiere mientras busca entre las penumbras. Casi pierde el equilibrio al descubrir de quién se trata—. ¡Tú! —profiere con tono defensivo, al mismo tiempo en que le apunta con el dedo índice.
Capítulo 4
Desde los años en que el alfa Tron levantó su propia manada lejos de Luna de hierro, tanto él como el alfa Riú y otros alfas de manadas aledañas celebran la bienvenida de las estaciones del año con festivales y fiestas.
Cada cuatro meses, se escoge a una manada para dicha conmemoración, donde los lobos más jóvenes que se han transformado asisten a esos festejos, ansiosos por encontrar a su mate.
Tres años atrás, Dylan se reunió con Clara en el festival de una manada cercana a Fuerza de bronce, con la ilusión de que ella fuera su mate, ya que él llevaba un año esperando su conversión y poder confirmar lo que en ese entonces para ellos era algo incierto; sin embargo, aquello no aconteció.
No hubo lazo para ninguno de los dos.
Ahora, a sus veintidós años, él mantiene la esperanza de que en ellos surja el vínculo o, en su defecto, de encontrar a su verdadera mate.
—¿Crees que será esta noche? —inquiere Leandro, uno de los hijos de Arel, Gamma de la manada Fuerza de bronce.
—Eso espero… —Él busca a la joven rubia con la mirada y, cuando la vislumbra junto a otras chicas, hace una mueca de frustración porque, como en las otras ocasiones, no ha sentido nada especial.
—Creo que deberías resignarte a que no es ni será Clara. Si así fuera, hubiese sucedido mucho tiempo atrás; cuatro años para ser exactos.
Dylan suspira con tristeza.
—Lo sé… —Se aparta las mechas negras que le caen sobre el rostro—. Me gustaría encontrar a mi verdadera mate, por lo menos. Quizás si la rechazo, podría unirme a Clara.
Leandro agranda los ojos debido a la sorpresa que sus palabras le causan.
—¿Te has vuelto loco? No sabes lo que dices, el lazo es muy fuerte. Cuando la encuentres sólo te importará reclamarla. Sé de lo que hablo.
—Cierto, encontraste a tu mate, pero no me quieres decir quién es ella. ¡Qué mal amigo eres!
—Todo a su tiempo, Dyl. Pero hazme caso, renuncia a la idea de unirte a mi hermana y ábrete a otras posibilidades. Mírame a mí, siempre me gustó Legna, pero cuando encontré a mi mate se me quitó esa tontería de la cabeza. Creo que te pasará igual.
—No puedo creer que hayas encontrado a tu compañera años atrás y que todavía la ocultes. ¿Por qué lo haces? —interpela Dylan intrigado.
Leandro se relame los labios con nerviosismo y niega con la cabeza.
—No es que la oculte, es que ella es la hija de un alfa, entonces quiero ser merecedor de reclamarla. Estoy trabajando duro para poder darle el nivel de vida de acuerdo a su status. Todavía somos unos cachorros, así que tenemos toda una vida para unirnos.
—¡Vaya! Eso es tener autocontrol y fuerza de voluntad.
—Ha sido difícil, pero lo estamos logrando. Mi mate se merece cualquier sacrificio de mi parte.
Dylan sonríe conmovido. De los dos hermanos, Leandro es el más maduro y sensible, así que está seguro de que esa chica estará en buenas manos.
***
Ya en la noche, la música alegra la plaza y los más jóvenes saltan eufóricos por doquier. Para ese entonces, la mayoría ha encontrado a su mate y sólo unos pocos continúan a la espera de que suceda la chispa.
Por su parte, Dylan se separa del resto malhumorado, puesto que ya perdió las esperanzas de que algo cambiará con Clara o, en su defecto, de encontrar a su verdadera compañera. A este punto se ha resignado a que no es Clara, pero le fastidia el hecho de que no sea nadie.
«Quizás no tengo una mate», piensa decepcionado y lleno de frustración.
Sin un rumbo fijo, él se dirige al bosque, en busca de esa soledad que necesita para dejar salir su enojo.
Decide convertirse en lobo y correr entre los árboles, con la luz de la luna como testigo de su fracaso.
Odia sentirse así.
Su ropa se recoge a medida en que él cambia de forma, dejando atrás su apariencia de hombre y dando lugar a un enorme lobo negro.
Encima de un risco, el imponente lobo observa la luna llena y sus aullidos de dolor e infortunio resuenan en toda la manada, porque él saca toda su frustración e impotencia por medio de estos.
De repente, un delicioso olor capta su atención de una manera abrumadora.
«Frambuesa», piensa maravillado y con la boca hecha aguas.
Como si estuviera bajo el encanto de un hechizo, él sigue aquel dulce perfume que lo tiene inquieto y fascinado.
Necesita conocer a su dueña porque percibe que es una hembra.
«¡Mate!», grita su lobo.
El corazón de Dylan aumenta los latidos y su respiración rápida se torna agobiante. Las ansias por conocer a su compañera se adueñan de su ser, por lo que corre eufórico en dirección a ella.
—¿Quién eres?
«Esa voz», piensa la chica, quien también busca al dueño del perfume viril parecido al eucalipto y al bambú.
Dylan recupera su forma y, de inmediato, su pantalón de mezclilla hace aparición, junto a la camiseta blanca y la chaqueta con capucha negra.
Ella lo observa alelada por unos segundos, donde se permite apreciar lo mucho que ha cambiado en tan solo cuatro años. Ahora luce más musculoso y varonil, aunque con el mismo aire rebelde que lo caracterizaba.
Nota que lleva el cabello medio recogido en una extraña coleta y que parte de este cae libre a los lados de su rostro ovalado. Aretes negros le decoran las orejas y varias gargantillas le adornan la piel, que la camiseta medio holgada y de cuello en pico no cubre.
Sus ojos grises brillan con una emoción que a ella le parece fascinante, asimismo, la luz de la luna resalta el oscuro de su cabello ondulado y abundante.
Él es un chico apuesto y de buen gusto; sin embargo, se trata de Dylan. Ella nunca tendría ese lazo con ese lobo pedante, arrogante e insolente.
Simplemente no lo soporta.
—Tú… —musita ella con voz desafiante.
Por un leve momento, él la contempla sin poder disimular la fascinación en sus facciones, debido a lo hermosa que aquella pelirroja le resulta.
Su piel caramelizada le parece muy apetecible, al igual que los labios llenos y rojos. Ceñido con ese vestido blanco y ajustado a sus delicadas curvas, su cuerpo luce muy sensual y más desarrollado de lo que él lo recuerda.
«Esa hembra está muy buena», expresa en su mente con expresión maravillada. Él se deshace de ese extraño pensamiento con leves sacudidas de cabeza, entonces sonríe con picardía.
—Vaya, vaya… Miren quién regresó. —Su tono de voz suena burlesco—. ¡Qué mala suerte la mía! ¡Con un demonio!
—¡Ah! —exclama ofendida—. ¡Querrás decir la mía! Eres un ser inferior, jamás me uniría a ti. ¡Qué asco!
—¿Asco? —Él ríe, pero su carcajada carece de diversión—. Ya quisieras tú, loba insoportable.
Dylan se le acerca tanto que ella siente que el pulso se le acelera.
—No seas ridículo. —Lo mira desafiante.
Ambos mantienen el contacto visual, a la espera de terminar intimidando al otro.
—No quiero que seas tú. —Dylan rompe el silencio.
La mirada miel de Legna se torna sombría, al sentir un extraño dolor punzante en el pecho.
—Lo sé, prefieres que sea tu amada Clara. Yo tampoco quiero que seas tú; sin embargo, será divertido ver tu cara de idiota cuando ella se entere de que tú y yo somos mates.
—No te atreverías. —Dylan aprieta la mandíbula y la mira con rabia.
—¿Me estás retando?
—Entonces te rechazaré aquí mismo. Una vez quede libre de este estúpido lazo, podré unirme con la mujer que me dé la gana.
La carcajada de Legna le altera los nervios. Odia que ella le afecte al punto de ponerlo ansioso.
—Vas a sufrir en vano porque no aceptaré tu rechazo. ¿Sabes por qué? Porque esta será mi venganza.
—¿Qué maldita venganza? —gruñe él, a punto de perder la paciencia.
—Confórmate con saber que te odio y que te haré pagar por todo lo que me hiciste.
—¿Lo que yo te hice? ¿Acaso te has vuelto loca? —reclama confundido y fastidiado.
—¡Qué olvidadizo eres!, pero ¿sabes qué?, ¡no me importa! Será divertido este asunto del lazo.
—¡Maldita loca! ¡Yo no estaré atado a ti!
—No tienes opción. Yo soy más poderosa que tú, así que tu rechazo no me haría tanto daño como a ti y solo sería efectivo si yo lo acepto.
—¡No eres más poderosa que yo, insolente! —escupe él con el ego herido.
Legna ríe con sorna. De momento sus ojos se tornan verdes y empiezan a brillar, como consecuencia, varias plantas parásitas se reúnen debajo de sus pies y la levantan por encima de Dylan.
—¡Buenas noches, amorcito! —Ella le tira un beso y le guiña un ojo.
Con una velocidad impresionante, Legna se mueve por encima de los árboles hasta que Dylan deja de percibir su presencia.
—Veremos quién se venga de quién, loba insoportable —escupe él molesto y sus labios forman una sonrisa malvada.
Por su parte, Legna regresa a la cabaña y se oculta debajo de las sábanas, como si con ello pudiera escapar de su nueva realidad: Tiene un mate.
«El abuelo va a matarme», piensa mortificada mientras se acurruca en forma de ovillo.
Se recrimina por haberse dejado llevar por su tonto impulso de molestar a Dylan, en vez de rechazar el lazo en ese mismo instante.
—Presumido, debo rechazarte antes de que el abuelo regrese de su misión, pero mientras tanto, me divertiré a tu costa y me vengaré de todos tus desplantes —dice para sí con una sonrisa malvada.
Esa noche, Legna se duerme satisfecha al imaginarse lo mal que Dylan la pasará, de ahora en adelante.
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