Capítulo 1
La niña mira en dirección al suelo, al tiempo en que juega con sus manitas regordetas y más pequeñas de lo regular. Frente a ella, se encuentra un hombre de ojos verdes y cabello rubio, lacio y peinado con nitidez. Todo en él denota elegancia y autoridad.
Su traje lustre y hecho por diseñadores famosos se ciñe a la perfección al cuerpo esbelto que ahora se encuentra rígido. El rostro atractivo que lo caracteriza luce desfigurado por el enojo y el disgusto.
—De mis dos hijas tenías que ser la más inservible, fea e insoportable. ¿Cómo es eso de que no te has aprendido ni un solo paso de ballet? ¡Eres la burla de la academia! ¿Cómo te atreves a avergonzarme de esa manera, Liliana?
—N-No me gusta el ballet, papá —responde ella con ojitos llorosos.
—¡Me importa un comino si te gusta o no! ¡Te harás la mejor de tu clase o estarás castigada de por vida! ¡¿Me escuchas, niña desobediente?!
Ella asiente mientras trata de retener las lágrimas, puesto que no debe llorar delante de su padre, quien no soporta a las personas débiles e inútiles.
—Ahora, lárgate de mi vista, niña fea —ordena sin mediar esas palabras que tanto daño le hacen a su hija menor.
Ese apodo con el que él la llama muy a menudo y, que su hermana mayor ha imitado, le parte el corazón y la hace sentir muy insignificante.
Ella se dirige a la cocina para ver a la única persona que le muestra afecto en esa mansión, con la esperanza de que ella haya preparado algún postre delicioso que la haga sentir mejor.
—Mi bella, Lilia, ven aquí —la invita mientras jala una silla para que la pequeña se siente—. ¿Por qué estás tan triste, mi niña? —le pregunta con voz dulce y preocupada, al notar el semblante decaído de Lilia.
—Porque papá quiere que yo aprenda a bailar ballet…
—¿No te gusta ese baile?
—No, es muy complicado. Además, todas las niñas de la clase son delgadas y muy bonitas, por lo que se burlan de mí. No quiero ir allá, la profesora me trata feo y me dice gorda.
—¿Le dijiste a tu padre?
—Sí, pero él me dijo que debo rebajar. —Se abraza a sí misma.
—Pero no estás gorda. Eres una niña, así que tu peso está bien para tu edad. Ven, te daré un pedazo de pastel que te hará sentir mejor.
La mujer le sirve una porción grande del postre y se lo pone enfrente. Cuando la niña se lo empieza a comer, siente que su tristeza mengua y el placer dulce la hace olvidarse de las palabras de su padre.
***
Años después…
Ella se mira en el espejo y sonríe, puesto que nunca se había visto tan delgada como en ese día.
A sus diecisiete años, lleva una dieta rígida con sesiones de ejercicios intensas, que la mantienen con las medidas que les exigen los diseñadores de la ropa que usa toda su familia.
Después del desayuno, el chófer las conduce al centro de la ciudad. A una distancia considerable, este vigila a las hijas de su jefe, de manera que no estén desprotegidas, pero que tampoco se sientan cohibidas.
Bajo la observación de aquel hombre entrenado, Lilia, junto a su hermana mayor, Camila; camina por todo el mall para hacer las compras por motivo del viaje que hará la primogénita de su familia al extranjero, donde estudiará su carrera universitaria.
Lilia la sigue con pasos rápidos para poder llevarle el ritmo a su hermana. Esta última compra donde quiera que se detienen, llenando a Lilia de bolsas y paquetes, mientras que ella se encarga de mirar y escoger lo que se llevarán.
Después de que Lilia le ruegue que se detengan en un quiosco que vende bebidas frías y calientes, su hermana entorna los ojos con fastidio y accede a su petición.
—El de ella sin azúcar, por favor —ordena Camila.
Lilia sorbe el capuchino de mala gana porque no soporta beberlo amargo; sin embargo, tiene que ser fuerte para poder hacer ese tipo de sacrificios que la ayudará a mantener un peso ideal y acorde a las exigencias de la familia Rocca.
Ellas empiezan su andar con café en manos, pero como es costumbre, Lilia se distrae, por tal razón choca con alguien a quien embarra con su bebida.
—¡Diablos! —espeta el chico mientras se sacude la remera.
Lilia se queda petrificada en su lugar, al reparar en la belleza de aquel desconocido que parece tener la misma edad que ella.
—L-Lo siento —tartamudea cuando despabila, entonces trata de limpiarlo con la servilleta que le dieron en el quiosco, mas eso no funciona.
—¿Lo estás disfrutando? —bromea él con una sonrisa pícara que la pone muy nerviosa.
Por un momento, se pierde en el azul de su mirada divertida y se atreve a detallar al chico que la ha dejado impresionada con su atractivo.
Sus labios sensuales forman una sonrisa ladina que llama al peligro, mientras que sus ojos celestes la escudriñan como un depredador a su presa.
—Solo te estaba limpiando… —Se muerde el labio inferior
—Yo creo que me estabas tocando —juega malicioso.
—Lilia, ¡mira lo que has hecho! —le reclama su hermana, quien llega hasta donde están ellos y no disimula su impresión con aquel desconocido, así que lo detalla como si este fuera un postre delicioso—. Disculpa… —arrastra la palabra como esperando a que él le diga su nombre.
—Soy Bratt… —responde con coquetería mientras observa a la joven mujer de arriba abajo.
Lilia los mira con decepción, puesto que otra vez su hermana se ha robado la atención del chico lindo y a ella solo le queda mirar cómo estos dos coquetean entre ellos.
—Mucho gusto, Bratt, me llamo Camila. —Le extiende la mano. Él la toma con delicadeza y le besa el dorso. De inmediato, Camila se ruboriza y le sonríe con flirteo.
—¿Cómo te llamas tú, Ojos lindos? —se dirige a Lilia, acción que sorprende a Camila, ya que su hermana menor suele ser ignorada por los chicos lindos cuando ella está presente.
Lilia se pone más roja que un tomate al escuchar el apodo, al tiempo en que las palabras se le traban en la garganta y nunca salen.
—Ella es Lilia, pero es un poco tonta. No tiene importancia que le pongas atención —espeta Camila de forma despectiva, luego lo encara coqueta—. Entonces, ¿intercambiamos números?
Bratt la mira de mala gana.
—No, gracias —responde seco y se va sin añadir más.
Tanto Camila como Lilia se quedan desorbitadas e inertes en su lugar, como reacción al rechazo directo de aquel chico, puesto que es la primera vez que Camila recibe un “no” como respuesta.
Capítulo 2
Un año después…
En una villa glamurosa, donde solo las personas poderosas de Diamond pueden darse el lujo de hospedarse, un encuentro social de varios días se lleva a cabo. Allí se reúnen los hombres de negocios más influyentes junto a su familia, con la intención de pescar un buen matrimonio o por lo menos encontrar un socio ideal para hacer alianzas y negocios.
Cansada de tantas etiquetas e hipocresía, Lilia camina entre los arbustos, escapando de las personas superficiales que buscan llamar la atención de su familia.
—¡Mira lo que me encontré por aquí! Una hadita… —espeta un chico, a quien ella descubre tirado en la grama.
Él la mira con una sonrisa socarrona mientras muerde un palito verde.
—¿Por qué estás aquí? —cuestiona ella mientras se cruza de brazos.
—¿Acaso es un delito estar en este lugar? En todo caso, tú también deambulas por estos lares. ¿Qué? ¿Escapando de las exigencias sociales y de todas sus pendejadas?
—Creo que te conozco —dice ella mientras entrecierra los ojos y se acerca más al chico para poder admirar su apariencia, debido a que los faroles no alumbran directo a él.
—Me imagino, he salido en unas cuantas revistas. —Él se pone de pies y la encara.
—¿Eres modelo? —Lilia lo mira de arriba a abajo por instinto—. Bien podrías serlo.
Bratt sonríe pícaro y acorta la distancia con la chica pequeña y de cuerpo curvilíneo, a quien se imagina desnuda debajo de él.
—¿Me estás diciendo que estoy bueno? —Se relame los labios mientras la mira de forma intimidante.
—Eres atractivo y lo sabes… —Ella se abraza a sí misma y enfoca su atención en los labios de él, que se acaban de humectar y que se extienden en una sonrisa maliciosa.
—Bueno, Hadita, tú no te quedas atrás. —La detalla sin disimulo—. Lástima que eres diferente a las chicas con las que ligo. —Toma distancia.
Una sensación amarga recorre a Lilia y abraza su cuerpo por instinto, como si quisiera esconderlo de él.
«Pero he hecho bien la dieta y todos los ejercicios», piensa frustrada, al sentir que nada de lo que hace funciona, por lo tanto, su cuerpo nunca luce como el de las modelos.
Por su parte, Bratt la mira con disimulo porque a él le encanta la forma de reloj de arena de aquel cuerpo que luce virginal, la piel blanca y delicada, y el rostro inocente que denota mucha pureza.
Le pican los dedos por apretarles las mejillas llenas y besarle la boca hasta quedarse sin aliento; no obstante, sería como si le hiciera aquello a su amiga Serena, y ese es un error que él no volverá a cometer.
No quiere involucrarse de esa manera, dado que para él es más fácil la conquista de una noche y decir adiós. Es por esto, que se ha impuesto reglas y una de ellas es no involucrarse con niñas ingenuas y virginales.
Aquella noche, Bratt y Lilia hablan acerca de sus vidas, de sus temores y dolores, asimismo, de sus sueños y metas.
Ella le cuenta sobre la miseria de vida que lleva, a pesar de ser la hija de uno de los hombres más poderosos de Diamond. Él, en cambio, le dice lo mucho que extraña a sus padres, quienes murieron en un accidente, casi dos años atrás.
***
Aquella actividad veraniega dura unos días, en los que Bratt y Lilia suelen escabullirse para encontrarse en el mismo lugar y conversar. Se siente bien poder hablar de cualquier tema con alguien sin sentirse juzgado, esa es la razón por la que esos pequeños encuentros al día se convierten tan adictivos, al punto de causarles ansiedad cuando no pueden escabullirse de su familia para verse.
—Esta es mi hija menor. La mayor no pudo venir porque tienes exámenes en la universidad. Esa otra chica es un genio y muy sobresaliente, será a quien le confíe mis negocios —dice su padre a un grupo de hombres estirados.
—¿Qué hay de esta jovencita? ¿Ella también se encargará de tus empresas? —pregunta un señor mayor, pero que luce fuerte.
—Señor Nisson, si tengo suerte, Liliana podría encontrar un buen esposo que la represente, un hombre de negocios que saque adelante a nuestras empresas.
El señor se queda pensativo, entonces mira a la chica con interés.
—Quizás tú y yo podamos hacer negocios en el futuro —dice alusivo. El padre de Lilia sonríe satisfecho, debido a que hacer una alianza matrimonial con los Nisson sería un gran logro.
***
Ella lo busca con la mirada, ya que él le había dicho que estaría cerca de allí.
Después de ojear en medio de todo el gentío, su corazón late frenético al visualizarlo a lo lejos. La sonrisa socarrona que él le atina le da a entender que ya la ha visto, aunque disimula delante de los demás.
Con el rostro, Bratt le hace señas para insinuar que ya está listo para su encuentro, por lo que ella busca la manera de escapar de allí.
Tras lograr escabullirse de sus padres, Lilia se aleja de la celebración en el amplio lugar y se adentra al conglomerado de árboles. Minutos más tarde, se encuentra en un claro donde visualiza a Bratt acostado en la grama mientras mira al cielo con los ojos entrecerrados.
—Hola… —saluda, tímida.
Poder estar a solas con él se siente tan bien que todo su cuerpo reacciona al instante.
—Ven aquí, Lilia —la invita mientras le da palmadas al suelo.
Ella llega a él con pasos nerviosos y mirada tímida, puesto que nunca en su vida había tenido tanta cercanía con un chico.
—¿Qué haces aquí tirado? —inquiere ella. Tiene que entrecerrar los ojos porque el resplandor del cielo le molesta.
—Le estoy buscando formas a las nubes. Mira —apunta al cielo—, allí hay una pareja besándose —dice malicioso.
La cara de Lilia se pone roja al instante. Ella mira al cielo por un largo rato, mas no logra ver esa forma que él asegura que sí está.
—¿Dónde? De verdad no la encuentro —dice, después de que él le insistiera que buscara bien.
—Aquí… —Bratt acerca su rostro al de ella y la mira a los ojos con aire seductor.
Lilia, por su parte, se ha quedado estática y ni siquiera sabe si está respirando.
—¿Qué vas a hacer? —interpela asustada, pero con muchas ganas y expectativas al mismo tiempo.
Ella cierra los ojos para recibir su primer beso, pero la risa de Bratt rompe la burbuja que ella había creado a su alrededor.
—¡Te lo creíste! —se burla él—. Caes muy fácil en las bromas, Lilia. Eres muy divertida, ¿sabes?
Ella se incorpora mientras finge reírse de su chiste sin gracia. Lucha contra las lágrimas que insisten en salir para desahogar la humillación, la vergüenza y la decepción que siente en ese momento.
«Soy una tonta. ¿De verdad creí que un chico como él querría besarme?», piensa desilusionada.
—Hoy es el último día de la actividad —cambia el tema—. Voy a extrañar tus estupideces —dice con tirria.
—Podemos seguir siendo amigos, ya que vivimos en la misma ciudad. ¿Irás a la universidad?
—Sí. Desde que se termine el verano.
—¿Qué estudiarás?
—Me gusta la enfermería, pero papá quiere que estudie medicina general, para luego especializarme en cirugía.
—¿Es en serio? —expresa emocionado—. Voy a estudiar medicina. ¡Qué casualidad! Tenemos mucho en común, Lilia.
Ella se sonroja.
—Creo que sí.
Ellos caminan por los alrededores mientras conversan acerca de sus vidas. Lilia le cuenta lo infeliz que es porque no tiene amigos y su familia la menosprecia.
Por su parte, Bratt le dice que él tenía unos padres maravillosos, pero que ahora se siente solo, dado que estos murieron junto a su tío casi dos años atrás, y que nadie en esa familia lo quiere o lo trata con cariño; por el contrario, solo buscan la manera de humillarlo.
Luego hablan acerca de sus relaciones fuera del ámbito familiar, de lo mucho que odian las reuniones y fiestas sociales, también, su desacuerdo en cuanto a los matrimonios arreglados, a los que todos los que nacen en la cúspide de Diamond están expuestos.
—Entonces nunca has tenido un novio —confirma él con una sonrisa maliciosa.
—No…
—¡No te creo! Tienes dieciocho años, deberías por lo menos haberte besado con alguien.
—Nunca me he besado —confiesa avergonzada.
—¿Nunca te ha gustado alguien? —inquiere asombrado.
—Sí, muchas veces. —Se abraza a sí misma—. Pero nunca nadie me ha cortejado y yo no me atrevería a coquetearle a un chico. En especial, después de la vergüenza que pasé a mis quince años.
—¿Qué te sucedió? —pregunta él con tono curioso.
Lilia se abraza a sí misma, como si de repente le diera frío, luego lo mira con timidez.
—Había un chico en la escuela que se me acercaba, entonces yo malinterpreté su buen trato. Me ilusioné y decidí confesarle mis sentimientos.
—¿Qué te dijo él?
—Se burló de mí delante de todos y me dijo que quien le gustaba era mi hermana, que por eso se había acercado a mí.
Bratt siente lástima por ella cuando nota que la voz se le quiebra y que los ojos se le cristalizan, por lo que asume que quedó muy afectada por aquel rechazo cruel.
—¡Qué escoria de tipo! —espeta molesto.
—Quizás yo fui muy pretenciosa. No te imaginas lo difícil que fue acercarme a él y las veces que lo practiqué. Al final, me fue peor de lo que temía.
» Lo más doloroso fue cuando él y mi hermana se hicieron novios; ella me lo restregaba en la cara. Me decía que eso me pasaba por ser gorda y fea.
—¡Ah! Creo que recuerdo a la puta de tu hermana. —Bratt se pone la mano en la boca al caer en cuenta de que habló sin pensar—. Perdón, pero es que se portó feo contigo aquella vez.
—Ah, entonces lo recordaste. —Se sonroja.
—¿El qué?
—Cuando nos conocimos…
—Ah, lo recordé ahora. —Se rasca la cabeza—. Pero el tema importante aquí es que tú no te has estrenado de ninguna manera. De lo que te estás perdiendo, Lilia. Me lo hubieses dicho antes y te hubiera presentado al tonto de mi primo. Pero ya es tarde, creo. Además, el pendejo aún es menor, así que desvirgarlo ahora sería un delito, supongo.
Lilia mira al suelo más roja que un tomate, pero también incómoda; no solo por la alusión a la actividad sexual, también porque a ella le gustaría que fuera él quien la estrenara, no su primo.
—¿Qué hay de ti? ¿Cuándo te besaste por primera vez? —inquiere curiosa.
Bratt se queda pensativo y suspira con nostalgia.
—Ese es un tema complicado. —La mira, dubitativo—. Nunca le he contado esto a nadie, aunque tampoco debería porque se lo prometí a mi amiga. Sin embargo, a veces necesito poder hablar sobre ello con alguien.
—Puedes confiar en mí, yo te guardaré el secreto.
Bratt sonríe aliviado de poder encontrar a una persona que lo escuche y hasta le pueda dar un consejo. La que siempre hace ese papel es su mejor amiga Serena, pero en este caso ella es la causa de la conversación.
—Todo empezó aquel verano, tres años atrás… —Él se relame los labios—. Mi mejor amiga de toda la vida, Serena, me invitó a pasarme las vacaciones veraniegas con ella, en el pueblo de su nana.
» Puesto que la señora se estaba retirando y ya Serena no la iba a volver a ver, sus padres accedieron a que ella se pasara esos meses allá. Los míos también me dieron permiso. Ese fue un gran verano, lleno de aventuras, libertad y diversión.
Lilia lo mira sonriente, puesto que le gusta el brillo en los ojos de él mientras relata.
—Suena bien. ¡Qué envidia!
—Fue un viaje inolvidable, en especial porque… —Bratt hace una pausa y sonríe nostálgico—. Bueno, deja ver cómo te lo cuento para que no te enredes. A mí me atraía una chica de la escuela, por lo que le iba a pedir que saliéramos, después de las vacaciones. El problema era que nunca me había besado con nadie y temía hacerlo mal.
» Es por esto que le pedí a mi amiga que nos besemos para practicar. Así ambos estaríamos listos para nuestros ligues. El problema fue que me gustó demasiado y nos pasamos todo el verano en eso. Recuerdo que íbamos al lago casi a diario solo para poder besarnos. También nos escondíamos en los rincones de la casa y debajo de la cama.
—Entonces descubrieron que se gustaban. Supongo que se hicieron novios.
Bratt se muerde el labio inferior y sonríe nervioso.
—No sucedió tal cosa. Hubiese sido muy raro porque Serena y yo somos amigos desde siempre. Tan cercanos como hermanos. Nunca nos tuvimos malicia, incluso nos bañábamos juntos y todavía dormimos en la misma cama cuando se requiere.
» Decidimos no decírselo a nadie ni volver a recordarlo. Se quedó como un secreto que guardamos en nuestro baúl de la amistad y ni siquiera debemos volver a mencionarlo.
—Ummm… —Lilia lo mira con desaprobación y se cruza de brazos—. Creo que solo estaban asustados, pero que se quieren. Incluso tu semblante cambia cuando hablas de ella; la amas y deberías decírselo. —De momento Lilia siente un poco de envidia por tan bonita relación. Se le hace similar a las historias románticas que suele leer, donde dos mejores amigos se enamoran.
Suspira con añoranza porque le gustaría experimentar algo parecido. Sería lindo que alguien la amara y que le brillaran los ojos cada vez que pensara o hablara de ella. No obstante, eso solo ocurriría en sus fantasías, puesto que ella no es el tipo de mujer que a los hombres les gusta. Ni siquiera sabe si se merece ser amada.
Capítulo 3
Bratt y Lilia regresan a la última celebración cuando ya el sol se ha puesto. Ellos se observan a la distancia y se sonríen con complicidad.
—¿Dónde has estado, Liliana? —interpela el señor Rocca con expresión molesta.
—He estado por los alrededores, papá —responde asustada.
—Pues no te encontré. El señor Nisson quería volver a hablar contigo.
Lilia lo mira extrañada. ¿Por qué ese señor querría hablar con ella?
—¿Para qué?
—Deja de ser insolente, qué te importa a ti la razón. Solo trata de ser amable cuando él te aborde y no saques a relucir lo tonta que eres.
Lilia se tensa al escuchar esas palabras porque varios escenarios llegan a su mente y ningunos son agradables. Está segura de que su padre la comprometería con cualquier tipo de la élite que le ofrezca una buena alianza sin importarle su opinión ni sus sentimientos.
«¿Y si ese viejo me quiere pedir como esposa?», piensa aterrada.
No podría esperar más para su futuro, puesto que no es una persona interesante ni bonita; pero sí joven, y eso es lo que buscan algunos señores viudos y divorciados, a una mujer joven para mostrarlas como a un trofeo y tenerlas de esclavas sexual.
Lilia traga pesado ante esa posibilidad y, en lo que resta de reunión, se la pasa escondida.
Cuando ya todos se están dispersando, ella sale de su escondite y se dirige en dirección a su cuarto de hotel. Pero se equivoca de pasillo y, buscando el número de su habitación, vislumbra a Bratt a la distancia.
Siente repulsión y una sensación dolorosa en el pecho al verlo besando a una chica. Él, sin dejar de saborear los labios de la rubia, abre la puerta de su cuarto y ambos entran entre risas y toqueteos.
—Me equivoqué de pasillo —suelta ella desorbitada.
Siente escozor en los ojos y en la nariz, razón por la que se la frota. Después de unos minutos de ella haberse quedado allí parada como estatua, despabila de aquel desagradable trance, entonces se devuelve para buscar el pasillo correcto.
No lo comprende. Si a él le gusta esa amiga con quien se besó en aquel verano, ¿por qué se va a acostar con otra mujer?
Pero lo que más le preocupa es su molestia, dado que no entiende en qué le afecta ese asunto a ella, si no es su problema. Ella no es la amiga de Bratt, así que no debería estar celosa.
Esa noche, Lilia no puede dormir gracias a las imágenes de todo lo que Bratt y esa chica han de estar haciendo allí adentro; esa mortificación no le permite conciliar el sueño.
Se siente tonta por llorar y por la frustración de que él se haya ido con otra a la cama, cuando a ella ni siquiera un beso pudo darle. No entiende por qué se siente de esa manera con él, ya que solo lo ha tratado unos cuantos días.
—Estoy loca, ¿por qué voy a estar celosa de ese tonto? —Suspira—. No, no es por mí. De seguro es porque me siento triste de que no le sea fiel al amor que le tiene a su amiga. Sí, de seguro es eso —se autoconvence.
Al día siguiente, todos los invitados a la actividad de verano se reúnen en un gran salón para desayunar y despedirse.
—Hola, Hadita.
Lilia siente una sacudida en el cuerpo cuando escucha a Bratt detrás de ella. Se gira para encararlo y los recuerdos de la noche anterior afloran para enojarla.
—Hola. Me llamo Lilia no “Hadita” —contesta con tono brusco.
Bratt la mira con el ceño fruncido y se cruza de brazos.
—Amanecimos agresivos hoy… —se burla.
—¿Dónde está la agresividad en lo que te dije? ¿Por qué decirme “hadita”? Mi nombre es Liliana, pero todos me llaman Lilia. Tú escoge cuál de los dos usar, mas no me vuelvas a poner sobrenombres. Los odio —admite ofendida.
—Perdón, entonces. —Él suspira—. Me gusta más “Lilia”. —Sonríe
«A mí me gustas tú», piensa ella, pero de inmediato se deshace de esa tontería.
—Bueno… —masculla entre dientes.
—¿Todo bien? —inquiere él preocupado por su rara actitud.
—Sí. ¿Cómo pasaste tu noche? —inquiere con veneno.
—¡Espectacular! —exclama con una sonrisa pícara—. Amanecí liviano.
En ese momento, una chica de cabello oscuro y delgada pasa por allí y le guiña un ojo a Bratt, quien le sonríe alusivo. Ella le hace unas señas raras a las que él asiente, entonces la chica se va.
—¿Quién es ella? —pregunta Lilia con molestia.
—Ni idea, pero pronto lo sabré. Nos vemos en unos minutos —dice, antes de salir de su campo de visión en un santiamén.
Ella se queda desconcertada mirando el camino por donde él se fue.
—¿También tendrá sexo con esa desconocida? Este chico es un mujeriego de lo peor —refunfuña decepcionada—. Tan lindo que es, pero es un puto. —Resopla frustrada.
La familia Rocca se despide de algunos conocidos y se dirige en dirección a su limusina. Antes de abordar, Lilia mira por todos los lados en busca de Bratt.
—¡Lilia! —grita él, quien se le coloca al lado, después de saludar a los padres de ella.
—Ya me voy… —dice Lilia sonrojada y feliz de que él haya ido a despedirse.
—Yo también; solo vine a dejarte mi número de contacto porque nunca lo intercambiamos. Qué tengas un buen regreso a casa, te llamaré desde que llegue. —Él le pasa una tarjeta y la besa en la mejilla.
Lilia se queda tensa en su lugar por dos razones: La primera se debe a todas las sensaciones que ese beso le provoca. Y la segunda, es porque sus padres están allí y podrían malinterpretar el gesto de Bratt.
—Adiós, Bratt… —se despide con timidez y sonrojo.
—Nos vemos por ahí —le contesta él mientras se aleja y ondea la mano.
—¿Ese es el nieto de Dino Nisson? —pregunta su padre con interés, trayendo a Lilia de vuelta a su realidad.
—Sí… —responde con temor.
—Veo que se hicieron amigos. Me parece bien —comenta, y luego se sube al vehículo. Por su parte, Lilia agranda los ojos de la sorpresa, debido a que no se esperaba esa respuesta de parte de su padre.
Ella también aborda la limusina. Observa la tarjeta que dicta el nombre del chico y sus números de contacto, y se pregunta por qué él tiene una, si no hace ningún tipo de trabajo.
Sonríe con diversión ante lo raro que él es, entonces recuerda que lo vio ligar con dos chicas diferentes y el asunto de la tarjeta cobra sentido.
Toda la diversión anterior es reemplazada por una sensación amarga que le invade el pecho y que le provocan ganas de romper el cartón. No obstante, decanta por guardar el número y decide no pensar más en ese chico, puesto que ya está cansada de enamorarse sola y sufrir al no ser correspondida.
***
Bratt llega a la mansión Nisson y de inmediato se dirige a la cocina.
—Hola, Dulce —saluda a una sirvienta joven, quien se sonroja desde que lo ve.
—Hola, lindo —responde ella con una sonrisa de flirteo.
—Ya van a empezar —se queja Jael y resopla con hastío—. Dulce, deberías tener más decencia. Eres una mujer hecha y derecha, y el idiota de primo apenas acaba de cumplir la mayoría de edad. Si el abuelo se entera de que te metiste en su cama cuando él aún era menor, tendrás problemas legales.
—¡Qué va a hacer el abuelo! —espeta Bratt—. Ella no me obligó a nada, además el abuelo también come del mismo pozo.
Jael hace una mueca de disgustoante esa imagen tan perturbadora, luego niega con desaprobación.
—¡Qué perros son! Mejor salgo de aquí, no vaya a ser que me transmitan una enfermedad sexual.
—Ay, no, primo; para eso tienes que follar y, créeme, conmigo no será.
—No sé ni por qué pierdo mi tiempo contigo —refunfuña Jael, y sale de la cocina con cara de espanto.
—Mi primo sí que es rarito. Por cierto, Dulce, debes darme una buena despedida porque pronto dejaremos de hacer cositas ricas, ya que me voy a estudiar al extranjero.
—Claro que sí.
Después de una sesión de travesura que, se llevó a cabo en el área de lavado, Bratt se da un largo baño.
Le encanta tener sexo, pero odia la sensación de vacío y asco que siente después del acto.
Bratt se acuesta en la cama y piensa en todo lo que hizo en esos días. Sonríe al recordar a Lilia.
—Eres tan dulce e inocente que me vi tentado en romper mi propia regla; sin embargo, es mejor contar contigo como amiga. No todo tiene que ser sexo, Hadita —musita con una sonrisa que irradia paz.
En ese momento, Bratt escucha toques en la puerta.
—¿Quién es? —espeta con hastío, creyendo que es Jael.
—La única persona que te soporta. —Escucha detrás de la puerta.
—¡Pecosa! —exclama emocionado.
—¿Estás vestido?
—¿Acaso eso importa? No existe una parte de mi cuerpo que tú no conozcas ya —bromea.
—Eres un imbécil, ¿lo sabías? —Ella entra y se coloca frente a la cama con los brazos cruzados.
—Niégalo, cariño.
—No te he visto en muchos años; la infancia no cuenta porque los cuerpos cambian.
—Pecosa, si quieres te puedo mostrar.
—¡Asco! —Ella se sonroja. Agarra una de las almohadas que yacen sobre la cama y ataca a Bratt con esta
—¡Eres una sádica! ¡Ya verás! —Él hace lo mismo y entonces empiezan una guerra de almohadazos. Después de un rato de lucha, ambos se tiran sobre la cama sofocados.
—Te voy a extrañar, tonto —dice ella con melancolía.
—Yo también. Mejor no hablemos de eso, no me quiero poner triste. Todavía contamos con todo un mes, así que te estaré jodiendo todos los días.
—Tengo miedo de que la distancia y el tiempo arruinen nuestra amistad, Bratt.
—Serena, eso jamás ocurrirá. Tú y yo seremos amigos por siempre; incluso cuando te vayas a casar, tu novio tendrá que pedirme la mano.
Ella estalla en unas sonoras carcajadas.
—¡Estás loco! Si es así, tu novia tendrá que convencerme a mí también.
—¿Mi novia? Dudo mucho que me quiera poner la soga al cuello. Sin embargo, si llego a viejo y tú te divorcias o enviudas, te pediré matrimonio para no morirme soltero.
Serena vuelve a reír.
—No sé de dónde sacas tantas estupideces. —Suspira—. Te quiero mucho, tonto.
—Yo te quiero más, pecosa.
Ellos se abrazan y, después de hablar banalidades por una hora, ambos se quedan dormidos.
Capítulo 4
Lilia se mira en el espejo y sonríe debido a las ojeras que tiene. Se siente tonta porque esa hinchazón en el contorno de sus ojos le es causa de felicidad. Pero todo se debe a que madrugó la noche anterior, gracias a que estuvo hablando con Bratt por medio de mensajes de texto.
Es la primera vez que tiene ese tipo de amistad con alguien, y ha sido la razón por la que le ha subido el ánimo y la autoestima también.
—Eres tan divertido y lindo, Bratt —musita mientras mira a la nada con una sonrisa tonta—. Mis momentos favoritos son los que me paso hablando contigo. ¿Te sucederá a ti lo mismo? Puede que no, de seguro tus momentos preferidos son los que le dedicas a tu mejor amiga.
Ella se dirige a la cocina para desayunar, pero a medio camino se esconde porque escucha la voz de su madre, lo que significa que ella se encuentra allí.
Escondida, espera a que su progenitora salga para ella poder entrar. Todo se debe a lo estricta y brusca que suele ser su mamá, en cuanto a la alimentación se trata, al punto de que Lilia se siente presionada por ella; por lo tanto, no le gusta mucho estar en su presencia porque le da la sensación de que le repugna a su progenitora, y eso la hace sentir muy avergonzada.
—Buenos días, mi niña —la saluda su nana—. ¿Qué quieres desayunar hoy? —pregunta complaciente.
Lilia se pone un dedo sobre los labios y se queda pensativa. Aquel día desea pecar con el desayuno como suele hacer a veces, así que decide pedir panqueques y un batido de chocolate.
La señora empieza a prepararlos junto a Lilia, quien disfruta mucho ayudarla a cocinar. Cuando todo queda listo, Lilia se sienta en la mesa de la cocina porque prefiere desayunar allí. Se frota las manos y su boca saliva de más al saber que pronto disfrutará de tal delicia de la que casi siempre se abstiene.
—¿Qué es lo que estás comiendo, cerda? —interpela su madre, quien ha entrado a la cocina sin ser percibida, y la mira con desprecio y asco.
Lilia da un respingo del espanto y baja el rostro asustada y avergonzada.
—Hoy tenía ganas de romper un poco la dieta. Es que estoy cansada de comer lo mismo siempre, aparte de que nunca quedo satisfecha, mamá —se excusa.
—¡Eres una adicta a la comida! ¿Acaso no te da vergüenza? Yo con tu apariencia estaría pensando en hacerme un par de cirugías y ni siquiera probaría bocado. Pero ¡claro! La cerdita solo piensa en tragar y tragar. ¡Eres repugnante, puerca! ¡Oink, oink! —se burla, haciendo gestos despectivos con la nariz y con la boca.
Lilia llora en silencio mientras su cuerpo es sacudido por varios espasmos. Su madre, en cambio, la mira con rabia. Simplemente no la soporta. Es tan débil y patética que su sola presencia le es molesta.
Entretanto, María observa la escena con expresión triste. Le da mucha lástima la manera en que esa familia trata a la joven, lo que le parece injusto y malvado.
La señora Rocca sale de la cocina sin añadir nada más, dejando a su hija menor destrozada y en un mar de lágrimas.
—Mi niña, no le hagas caso a tu madre. Tú eres hermosa con o sin hacer dieta; además, disfrutar la comida que te gusta no está mal. No llores más, por favor. Cómete tu desayuno, ¿sí?
—¡No! —estalla Lilia con gran ira—. ¡No me voy a comer esa basura! ¡Todo esto es tu culpa! ¿Crees que me ayudas cuando quieres combatir mi desdicha con más comida? ¡Pues no! No me ayudas, María. —Ella sale corriendo fuera de la cocina y se encierra en su habitación a llorar.
Siente tanto asco de sí misma.
—¡Soy una cerda asquerosa y repugnante! Por eso nadie me quiere. No importa lo que haga, siempre seré una perdedora. Esa es la razón por la que Bratt no me besó, a pesar de que es un mujeriego.
Lilia se acurruca sobre el colchón y cierra los ojos para imaginarse que vive en el mundo donde las protagonistas feas son amadas y rescatadas por el príncipe atractivo. Fantasea con que un chico como Bratt la mira con amor y se la lleva lejos de su familia.
Los días transcurren y con ellos el verano, entonces Lilia se prepara para viajar. Por suerte su padre no la enviará a estudiar a la misma universidad que a su hermana, por lo que no tendrá que soportar sus humillaciones ni sus burlas.
Ese viaje la hace sentir feliz y aliviada, puesto que es sinónimo de libertad, al no tener que lidiar con su familia con la misma frecuencia con que lo hace viviendo en la mansión.
—Iremos a ciudades diferentes —dice ella mientras hace un puchero.
—Es mucha casualidad que estudiarás en la misma universidad que Serena. ¿Te imaginas que se encuentren y se hagan amigas? —Él ríe divertido.
—Eso sería raro, dado que conozco muchos detalles de su vida sin nunca haberla visto.
—Pues sí. Yo prefiero que no sea así porque tú perteneces a esa parte de mi vida que no quiero compartir con nadie.
Las palabras de Bratt le llegan profundo y, en la mente de Lilia, adquieren un significado diferente al que este le quiso dar.
«De seguro se avergüenza de mí», piensa con tristeza mientras se abraza a sí misma.
—Me imagino… —responde con desdén—. No te preocupes, si llego a encontrármela nunca le haré saber que te conozco.
—Eso sería genial —expresa él mientras mira a las olas chocar contra las rocas.
Lilia, en cambio, se entretiene admirando el perfil simétrico y hermoso de Bratt. Le encnata la manera en que sus ojos azules brillan al perderse en sus pensamientos, lo sonrojada que luce su mejilla y cómo el viento le levanta el cabello negro y ondulado, como si jugara con las hebras sedosas; todo en él la hacen sentir que contempla la obra de arte más valiosa y hermosa del universo.
Se pregunta qué se sentiría besar a un chico como él, asimismo, ser esa chica especial que lo desvela y lo hace suspirar.
«Serena es muy afortunada», se dice a sí misma con un poco de envidia, «De seguro ella es delgada y muy bella».
—¿En qué estás pensando? —pregunta Lilia y se le acerca, a lo que él la encara con una sonrisa, acción que a ella le provoca que el pulso se le acelere.
—En mi futuro. Fue difícil que el abuelo aceptara dejarme estudiar medicina, pero por fin cedió. Como consecuencia de eso me odia y soy la vergüenza de los Nisson; sin embargo, no me importa porque tomaré las riendas de mi propia vida.
—Me alegro mucho. —Ella suspira y le sonríe. Esa sonrisa sincera y que le ilumina el rostro le causa estragos a Bratt, quien lucha contra las ganas de apropiarse de esos labios rosados, cuya textura luce suave y lo hace imaginar lo dulces que deben ser.
«No cometeré el mismo error que con Serena. De verdad no quiero perder la amistad que está surgiendo entre nosotros por un tonto impulso. No todas las mujeres se tocan», se recrimina en su interior.
Después de hablar y comerse un helado frente al mar, ellos se despiden con un beso en la mejilla y cada cual regresa a su hogar.
Los últimos días de vacaciones se la pasan hablando por medio de mensajes de texto y llamadas, puesto que Bratt decidió dedicarle esos días a Serena, por lo que solo se vio en persona con ella.
Una despedida triste, donde el llanto protagoniza la escena, se lleva a cabo la noche anterior de la partida de Serena, quien viajará primero al que será su hogar hasta que ella se gradúe.
Dos semanas después, Bratt viaja al extranjero. Al principio habla casi todos los días con Serena, pero a medida en que las responsabilidades y las ocupaciones con las clases aumentan, ellos se van distanciando.
Por otro lado, Lilia, después de que estuviera viviendo en un hotel que pertenece a su familia, donde había un personal contratado solo para servirle, decide mudarse en el campus de la universidad, puesto que ya no soporta el control que ejercen sus padres sobre ella, por medio de sus empleados.
El señor Rocca accede, pero le pone varias reglas que ella pronto romperá.
Capítulo 5
Lilia camina en medio del campus con una sonrisa en la cara que evidencia lo mucho que le agrada estar allí. El ambiente es diferente al de la secundaria, ya que nadie está pendiente a su apariencia, debido a que cada quien se encuentra ocupado en sus propios asuntos.
—Hola, ¿me puedo sentar aquí? —pregunta una chica de piel mulata, ojos grises y cabello crespo.
—Sí —responde Lilia con una sonrisa mientras observa con fascinación a la hermosa mulata, de cuerpo atlético y mirada firme.
—Gracias —dice, al tiempo en que se coloca en el asiento que le queda de frente a Lilia.
Ellas se encuentran en uno de los tantos parques y áreas de recreación del campus, donde tienen disponibles banquetas, sillas y mesas.
Muchos estudiantes prefieren tender una manta sobre la grama, donde se acuestan o se sientan solos, en grupo o en parejas; mientras que otros, ocupan los asientos y las mesas, ya sea para estudiar o para comer.
En ese momento, Lilia utiliza una de las mesas de hierro con detalles finos y creativos, de color blanco. Se ha sentado allí con el propósito de almorzar lo que se compró en el comedor.
—¿Cuál es tu nombre? —le pregunta la morena con amabilidad.
—Liliana, pero todos me llaman Lilia. ¿Cuál es el tuyo?
—Soy Taís, es un placer.
—El placer es mío —le regala una sonrisa tímida.
—¿Qué estás estudiando? —le pregunta con curiosidad mientras mezcla una ensalada con su aderezo.
—Medicina. ¿Qué estudias tú?
—¡Oh! Entonces ambas pertenecemos a la facultad de salud. Yo estudio nutrición.
—¡Aquí estás! —Son interrumpidas por una chica esbelta, de cabellera rojiza, larga y ondulada. La joven desconocida, quien posee una hermosa mirada de color miel, se sienta al lado de Lilia, acción que la hace sentir un poco incómoda, puesto que no está acostumbrada a la cercanía de los demás.
—Te estuve buscando, pero no te hallé —le responde la morena, antes de echarse un bocado de su ensalada.
La pelirroja abre el contenido que saca de la bolsa plástica, la cual lleva el logo de una tienda, entonces empieza a comer una especie de pasta blancuzca con camarones.
—Salí más temprano de la facultad para ir a comprar esta delicia, ¿quieres? —Le extiende el tenedor en su dirección. La morena abre la boca y prueba la comida, luego de que traga le da el visto bueno.
—Oh, disculpa, ¡qué mala educada soy! —exclama la pelirroja. Lilia se queda observándola fascinada porque pocas veces conoce ese tipo de belleza rara y angelical.
Le llama la atención las facciones delicadas de la chica y las pecas que le adornan el rostro de belleza natural.
—¡Yo también! —exclama Taís—. Ni las presenté. Lilia, ella es Serena, mi mejor amiga; Serena, ella es Lilia. La acabo de conocer.
—Mucho gusto, Lilia —Serena la saluda con un abrazo que agarra a la castaña desprevenida—. ¡Qué linda eres! —Le acaricia el cabello—. Es raro encontrarme a una persona con los ojos verdes y los tuyos son hermosos —expresa emotiva mientras mira a Lilia, como si ella fuera la octava maravilla del mundo.
Lilia, por su parte, se queda estática al no saber cómo reaccionar a las palabras bonitas, ya que está acostumbrada a los maltratos y a las humillaciones.
—Muchas gracias, tú también eres muy hermosa —contesta con timidez y sonrojo.
—¡Ay, gracias! Me agradas mucho; además de linda, eres un dulce.
Lilia baja la mirada y sus mejillas se ruborizan. Se siente tan bien que le hablen tan bonito. Cómo desea ser amiga de esas chicas, pero le da pena preguntarles.
—Lilia, ¿quieres ir con nosotras a tomarnos una bebida? Lo hacemos siempre que tenemos una tarde libre —la invita Serena.
—Me encantaría —responde ella con timidez.
«Se llama igual que la amiga de Bratt», piensa mortificada, «Aunque eso no significa que se trate de la misma persona», razona.
Esa tarde, después de la última clase; Lilia, Serena y Taís se reúnen en una cafetería, donde piden capuchino con galletas. Aquel día, es el principio de una bonita amistad entre las tres.
***
Dos meses después…
Lilia regresa a Diamond junto a Taís y Serena, puesto que ellas viven en la misma ciudad. A diferencia de la castaña y la pelirroja, Taís no es parte de una familia poderosa, pero tampoco es de la clase baja.
Ella fue criada por una madrina que se dedica a ser entrenadora de fútbol, de ahí nació su amor a los deportes y al fitness.
—¡Mi niña! —exclama María cuando Lilia entra a la cocina, puesto que ese fue el primer lugar a donde ella se dirigió—. ¡Qué hermosa y radiante estás!
—Tampoco tienes que mentir, María —espeta Lilia con una risa irónica. De inmediato, la señora la mira con desaprobación y la encara con firmeza.
—No estoy mintiendo. ¿Qué es eso, mi niña? Tú eres una jovencita hermosa. Y ahora te ves mucho más linda con esa alegría que desprendes. Dime, ¿te está yendo bien en la universidad?
—¡Sí! Incluso hice dos amigas que son muy lindas e inteligentes —responde con entusiasmo.
—Me alegro mucho, mi princesa. —Ella la abraza.
Después de que ambas se ponen al día, Lilia se dirige a su habitación para prepararse, pues el motivo para ellas haber regresado a Diamond por unos días, ha sido porque las familias de la cúspide han preparado una reunión con el objetivo de presentar a sus hijos mayores de edad a posibles candidatos para el matrimonio.
Esas fiestas suelen hacerlas cada cierto tiempo, de manera que puedan crear buenos acuerdos matrimoniales. Y, dado que su hermana ya ha sido comprometida para una alianza matrimonial con un chico extranjero y muy rico, es a Lilia a quien le corresponde representar a la familia en dicha actividad.
Del grupo de amigas, Lilia es la primera en llegar a la fiesta.
Serena se ofreció a llevar a Taís, puesto que Lilia no podría porque sus padres son muy clasistas. Y, aunque Taís no es pobre, el hecho de que su origen no es de una familia reconocida en la sociedad, para el señor Rocca sería una ofensa el tener que llegar con ella a tan importante encuentro.
—¡Hola! —Lilia siente que el corazón le palpita con intensidad al reconocer esa voz que tenía mucho tiempo que no escuchaba.
—¡Bratt! —exclama, cuando al girarse para encararlo, confirma que se trata de él.
—Hola, Lilia. Estás hermosa. —Él la mira de arriba a abajo con una sonrisa.
—Gracias —responde sonrojada y le evade la mirada—. Tú te ves muy apuesto. —Se relame los labios con nerviosismo.
—Me alegra verte por aquí. Aunque odio este tipo de actividades, podemos disfrutar de la fiesta. Me causa gracia que muchos padres me quieran presentar a sus hijas con fines de alianza, mas yo me he comido a la mayoría sin tener que atarme. —Ríe divertido.
Por su parte, Lilia hace una mueca como intento de risa fingida, puesto que le molesta saber acerca de sus revolcones; sin embargo, pretende que no es así para no ahuyentarlo. Prefiere ser como un camarada para él a nada.
—Me imagino… —Ella juega con los dedos.
—Oye, ten cuidado. Por ahí andan unos buitres que buscan asociarse con tu familia a como dé lugar, y yo no te quiero ver casada aún.
—Eso no pasará. Cuando me case será por amor.
—Ustedes las mujeres son todas iguales. No entiendo cuál es el afán de casarse, pero bueno, ustedes son seres incomprensibles. Bien, fue lindo verte. Hablamos luego… —Él se rasca la cabeza como si recordara algo importante—. Cierto, perdí todos mis contactos, así que voy a necesitar el tuyo de nuevo. —Bratt saca su celular y lo abre, entonces empieza a escribir en la parte del teclado mientras ella le dicta.
«Por eso nunca más me respondió», piensa ella aliviada.
—Gracias —contesta él y se pierde entre la multitud. Por un momento, Lilia siente un vacío en el pecho y una sensación de desamparo, al verlo desaparecer de su campo de visión.
Por otro lado, el señor Rocca y el señor Nisson se reúnen en un salón aparte, donde, frente a algunos de sus hombres, hablan de negocios.
—Me parece buena idea —responde el señor Rocca, satisfecho con la oferta.
—Lo mejor es que mi nieto se lleva bien con tu hija, de alguna manera, eso hará todo más fácil.
—¿Cuándo le diremos acerca de la alianza?
El señor Nisson se queda pensativo por unos segundos, luego le responde un poco mortificado:
—Esperemos a que tengan más edad y que sus carreras estén avanzadas. Por mi parte será más difícil convencer a mi nieto, por eso debo planear bien cómo manipularlo y chantajearlo.
» Creo que lo haré con su carrera, esa es la razón para esperar a un momento crítico, al que yo pueda sacarle provecho.
—Eres un demonio, Dino Nisson. —El señor Rocca suelta una carcajada divertida—. En cuanto a mí no hay inconvenientes. Tengo bien controlada a mi hija, aparte de que para ella sería un premio casarse con tu nieto.
» Al único que hay que compadecer es al pobre Bratt, ya que tendrá que casarse con esa chiquilla tan insípida.
El señor Nisson hace una mueca de disgusto debido a que no le agrada la manera despectiva con la que ese hombre habla de su propia hija. Sin embargo, prefiere ignorar aquello porque simplemente no le importa.
—Perfecto. Firmemos una pre alianza matrimonial que nos comprometa a no hacer el acuerdo con otras personas —dice Nisson mientras extiende una carpeta en dirección a su socio.
—¡Perfecto!
Dino Nisson sonríe satisfecho por su nueva pesca, cuyo resultado a futuro le será muy beneficioso. Su plan era casar a Bratt con Serena, pero la familia Rocca es mucho más poderosa que los Bell, por lo que esa alianza le sería mucho más provechosa.
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