12. ZHL: Entre mates, celos y tentaciones

Dylan agarra una gaseosa de la mesa donde yacen los alimentos, acto seguido, se sienta apartado de todos en una de las sillas que se encuentran regadas por el patio.

Su mirada plateada sigue los movimientos de André y Legna con atención, entonces siente que un simple refresco no lo sacia. Él se levanta para buscar una cerveza de lata de las que se encuentra en un gran recipiente con hielo, junto al resto de bebidas alcoholizadas.

—¿Estás bien? —lo aborda Clara—. Te pusiste raro de repente. —Ella lo sigue. Sin responderle, Dylan se sienta en el mismo lugar que había ocupado minutos antes y ni se molesta en mirar a Clara cuando ella se coloca en una silla que le queda al lado.

Dylan reposa los codos sobre sus rodillas, baja la cabeza y extiende la mano que usa para agarrar la cerveza. Esa posición lo hace ver cabizbajo y rendido.

Él tiene tanta carga emocional que siente que se desploma. Se cuestiona acerca de sus decisiones, de esos planes que no llegaron a concretarse, pero a los que se aferró, y de lo que en realidad desea hacer. 

«¿Debería insistir en algo que…?», sus pensamientos son interrumpidos por la caricia que Clara le da en la mano; la misma que él está usando para sostener la cerveza.

Los ojos grises se enfocan en ella por inercia. Verla tan triste le provoca un sentimiento de culpa que se siente doloroso en su pecho.

Jamás debió hacer una promesa que no estaba seguro de poder cumplir.

—Sólo estoy cansado —responde a una pregunta que nunca fue efectuada, a lo que Clara asiente no muy convencida.

—Te vi bailando con Legna. Se veían muy… —Ella traga pesado y no se atreve a decir lo que ronda en su cabeza.

—Clara, creo que debemos alejarnos por un tiempo… —dice él con nerviosismo—. No es sano lo que hemos hecho en estos años. Nos hemos privado de conocer a otras personas que podrían ser nuestros mates. 

—Dylan, es la segunda vez que siento que te has rendido. ¿Ya no me quieres? —Su voz sale chillona.

Él aprieta los ojos y maldice en su interior. 

—No llores, por favor. —Dylan pone la cerveza en el suelo, se gira en dirección a la rubia y le limpia las lágrimas con las yemas de dos de sus dedos—. No quiero que cometas un error… Yo… creo que…

—No cometeré ningún error, Dyl —lo interrumpe—. Todo lo que hago es por amor. Te amo, y lucharé por tu corazón. Sé que estás confundido como lo estuviste años atrás. Estoy convencida de que, aunque siempre lo has negado, te gusta Legna. 

—Ya te he dicho que no. —Él resopla frustrado—. Legna y yo ni siquiera nos soportamos y no podemos estar ni un minuto sin discutir.

—Dylan, Legna y tú tienen demasiada tensión sexual. Pero es sólo eso, una atracción carnal para nada seria. 

—No sé de dónde sacas tal estupidez. ¿Yo atraído por esa loca? ¡Ja! —Él toma un largo sorbo de la bebida y hace una mueca.

—Como digas… —Ella juega con sus manos porque necesita liberar la presión que la asfixia—. Oye, estoy segura que cuando tú y yo nos reclamemos, todas tus dudas y confusiones se disiparán. Es por eso que quiero que tengamos esa primera vez… Ya sabes… —La voz se le apaga y las mejillas se le tornan rojas.

Dylan siente ternura al verla tan frágil y dispuesta a romper cualquier barrera que los separa. 

«No merezco tanto», se lamenta en sus pensamientos, al contemplar lo bella que es Clara.

Ella se merece a un hombre que la ame de verdad y que se entregue en cuerpo y alma. No una pareja que duda de sus sentimientos y que tiene fantasías con otra loba.

—Clara, eso empeoraría todo. ¿Estás segura de que rechazarás a tu verdadero mate cuando lo encuentres? 

Ella se abraza a sí misma y mira al cielo con melancolía.

—Es lo que nos juramos cuando descubrimos que no somos compañeros destinados. ¿Cuál es la gran dificultad?

—¿Y si tu pareja no acepta el rechazo? ¿Y si su lazo es tan fuerte que lo que crees sentir por mí desaparece? ¿No has pensado que quizás cuando suceda te des cuenta que sólo me querías como a un amigo?

—¿Por qué me dices todo esto? ¿Por qué te escuchas como si ya lo hubieras experimentado? Dylan, desde el día del festival estás muy raro, más que de costumbre. Dime, ¿acaso tú encontraste a tu mate?

—¿Qué hacen aquí tan solos? ¡Vengan a divertirse! —irrumpe Miha de repente. 

Dylan se pone de pies y se sienta frente a la fogata, mientras que Clara intenta limpiarse las lágrimas con disimulo.

» ¿Interrumpí algo? ¿No me digas que estaban discutiendo de nuevo? —Ella se sienta donde Dylan estaba segundos antes.

—No es nada… 

Miha la mira con recelo.

—¿Segura? Dylan se ve molesto y tú estás triste.

—No está molesto por mi causa, eso te lo puedo asegurar. —Clara lo mira por instinto y luego observa lo que capta la atención de Dylan.

Exhala un suspiro cuando ve a Legna bailar y reír con André, y le duele que Dylan esté tan atento a ellos dos y malhumorado por eso.

Mientras tanto, Dylan se termina toda la bebida y se pone de pies para echar la lata en el basurero. Luego se dirige hasta donde André y Legna bailan, y la jala del brazo de forma sorpresiva.

—¿Todo bien, hermano? —interpela André.

—Sí, necesito hablar con Legna un momento —responde con indiferencia, pero su lenguaje corporal expresa su malestar y disgusto.

—Estoy bailando con André —se niega Legna—. Así que, lo que sea que me dirás tendrá que esperar.

—¿Acaso bailar con Andrés es más importante que mi petición? —Él cruje los dientes.

—Cualquier cosa es más importante que tú y tus tonterías, cara de culo.

Dylan aprieta los puños con ira y su mirada se torna sombría e intimidante. Se siente herido por sus palabras, de igual manera, le causa furia que ella ponga a otro hombre por encima suyo.

—¡Estás demente! ¿Cómo te atreves a humillarme?

—Chicos, no empiecen… —interviene André—. Legna, preciosa, escucha a Dylan. La noche apenas comienza, así que tenemos mucho tiempo para seguir divirtiéndonos. —Él le guiña un ojo con coquetería.

El corazón de Dylan late muy fuerte y sus dientes crujen debido a la ira. Su lobo le grita que haga correr sangre, pero él lucha por controlar el impulso de atacar a su amigo.

—Tienes razón, bombón. —Ella le tira un beso—. Vamos, cara de culo.

Dylan no responde, en su lugar, le aprieta el brazo y camina con ella a rastras hacia la casa. Una vez adentro, él se le acerca de manera amenazante y con los ojos brillosos a causa de la ira.

—¿Qué crees que estás haciendo? ¿Acaso me quieres volver loco? —la acorrala. Él tiene la respiración descontrolada, mientras que la voz le suena ronca y potente.

Legna, un poco intimidada por su apariencia fuera de sí, decide no echarle más leña al fuego, así que le pasa la mano por el rostro a modo de caricia. Esa acción empieza a surtir efecto, puesto que Dylan cierra los ojos y mueve la cara contra la palma suave de la pelirroja.

—Sólo quería molestarte, tampoco era para que actuaras como un loco posesivo. ¿Acaso quieres que todos se enteren que somos mates?

—Pues si eso evita que el idiota de André te mire con lujuria, entonces no me importaría.

—¿No me digas que estás celoso? —Ella deja de acariciarlo y sonríe pícara.

—Ni en tus sueños, loca creída.

—Eres un mentiroso, Dylan.

—Y tú una coqueta.

—Loco, posesivo.

—Inculta, vulgar.

—Hipócrita.

—Insoportable. —Dylan la acorrala contra la pared.

—Tonto, ridículo… —Ella empieza a titubear, al sentir su aliento sobre el rostro y el calor de su cuerpo en el suyo.

—Inmadura, ruidosa… —El habla se le dificulta. Está tan alterado, que el pecho le sube y le baja debido a la agitación.

—Prepotente, sexi…

—Irritable, caprichosa y tan jodidamente hermosa…

—Tan apuesto que me fastidias.

—Tan atractiva que me vuelves loco.

—No te soporto… —susurra lo último, con la mirada perdida en el brillo plateado de sus irises.

—Yo tampoco… —secunda él con la voz rasposa.

Sus labios temblorosos se rozan.

Los latidos de sus corazones se tornan demasiado intensos y varios escalofríos los hacen temblar de manera insoportable.

Sus bocas se mantienen pegadas, mas ninguno se atreve a hacer el primer movimiento.

—¡Dylan! —La voz de Miha los espanta y provoca que ellos se aparten con premura, como si estar pegados fuera a matarlos—. ¡Dylan! —lo continúa llamando desde afuera.

—Salgamos de aquí —le sugiere él a Legna, y la agarra de la mano.

Los dos salen por la otra puerta y corren bosque adentro. Se detienen cuando llegan a un claro donde la luna se aprecia grande, amarilla y llena. El cielo oscuro la hace resaltar y pareciera que ella es la reina del firmamento en ese momento.

—Qué hermoso se ve el cielo hoy —comenta Legna mientras mira hacia arriba.

—Estoy de acuerdo —concuerda él, aunque su halago no va dirigido a lo mismo que ella aprecia.

Dylan no puede dejar de contemplar lo bien que la luz lunar le sienta a su piel, que contrasta con el tono rojizo de las ondas de su largo y hermoso cabello. Tampoco le pasa desapercibido el brillo en sus ojos mieles ni lo apetecible que sus labios rojos le parecen.

«¿Cómo sabrían?», se pregunta, absorto en la belleza de la pelirroja, que bien sabe cómo sacarlo de sus casillas.

—¿Nos quedaremos aquí parados como dos idiotas? —Ella lo saca de su ensoñación—. ¿Qué es lo que me quieres decir? Habla de una vez, que estoy ansiosa.

Dylan gruñe y entorna los ojos.

—Sólo quiero darte tu regalo de aniversario.

Ella lo mira recelosa.

—¿Y para eso necesitamos privacidad…? —Legna agranda los ojos—. ¿Qué es lo que me darás, Dylan?

—¿Qué es lo que tu mente cochina está pensando? —Él estalla en carcajadas.

—No lo sé, quizás ya decidiste hacer el rechazo.

Toda la diversión anterior se apaga y la sonrisa de Dylan se desvanece poco a poco.

—¿Eso fue lo que creíste? —inquiere, en un tono decepcionado.

—¿Qué más puedo esperar de ti? —Ella se encoge de hombros.

—Como sea… —gruñe molesto—. Toma… —musita, después de sacar la mano del bolsillo que su gabardina negra tiene adelante. Él suele usar del tipo con capucha y tapar su cabeza con esta, quedándole varías mechas de cabello fuera.

Ella agarra el perrito robótico y lo observa con expresión maravillada; es tan pequeño que le cabe en la palma de la mano.

—¡Qué lindo muñequito! —celebra mientras lo contempla con fascinación.

—No es solo un “muñequito”. Está diseñado para servirte de agenda, reloj, hacer transacciones y medirte la temperatura y, por ende, saber cuándo tendrás tu próximo celo. También trae un mapa de todo el continente, información de tiendas, restaurantes o cualquier negocio del que puedas necesitar servicios en cualquier manada; entre otras funciones.

—¡Guau! ¡Es el mejor regalo que me han dado! ¡Gracias! —Ella se le tira encima y lo abraza con euforia.

Dylan se tensa tanto que su respiración se torna rápida. De manera espontánea exhala un suspiro, gracias a lo mucho que aquel gesto lo afecta.

—Regresemos —comanda con la voz ronca.

—No quiero. Está tan lindo y tranquilo aquí, que me dan ganas de dormir sobre la grama en mi forma de loba.

—Es muy temprano para dormir, aparte de que dejamos a los chicos solos en tu fiesta —replica, muy nervioso.

—Los chicos no nos necesitan para divertirse. En cuanto a dormir, podríamos esperar. Sobre la grama se puede hacer muchas cosas, cara de culo.

La alusión de ella lo hace temblar y su lobo empieza a inquietarse.

—Deja de decirme así, tonta. También deja de usar frases con doble sentido, sé que lo haces a propósito.

—Ni idea de qué hablas.

—Sí, claro. Soy un maldito hombre y, como todos, tengo un puto límite. Por lo tanto, ¡deja de provocarme!

—¡Ay, qué miedo! Como si pudieras hacerme algo con tu gusanito frígido. Yo creo que a ti ni se te para, aunque supongo que con Clara sí, ya que has saciado tu celo con ella.

El pulso de Dylan se acelera y los ojos se le tornan rojos. Lo maravilla lo atrevida e imprudente que puede llegar a ser esa loba inculta, pero también le causa intriga el interés que muestra en su vida sexual.

—¿Quieres que te demuestre lo que este gusanito frígido puede hacer? —Él la jala por los hombros y le habla sobre la cara—. Para tu información, sí se erecta y ¡no es pequeño, con un demonio! Ahora mismo sabrás de lo que soy capaz, loba insoportable. —Él le levanta la falda del vestido con rudeza, acción que asusta a Legna.

—¿Qué crees que haces, pervertido? —Ella lo empuja.

—¿Que no es eso lo que quieres? Te iba a hacer el favor, a ver si dejas de hablar tanta mierda.

—¡Idiota! —Ella lo ataca, pero Dylan se defiende. Legna, invadida por la ira, se convierte en loba, lo mismo hace Dylan.

El animal blanco le gruñe al negro, y ambos se mantienen cautelosos, como si estudiaran a su contrincante para atacar.

«Nuestra parte “racional” es muy tonta», dice la loba blanca mientras suaviza la mirada.

«Estoy de acuerdo contigo, mi hermosa mate. ¿Por qué no le demostramos lo que hacen los compañeros destinados de verdad?»

Ellos se acercan al otro y empiezan a lamerse y a frotarse.

Legna es la primera en tomar el control, ya que se le hace fácil dominar a su loba, pero Dylan se tarda un poco más.

La ropa que sale de la gargantilla cubre el cuerpo humano, antes de que su desnudez sea visible, y un exaltado Dylan se muestra frente a ella.

—Creo que debemos regresar antes de que nos matemos —propone Legna, quien también está alterada y avergonzada por la acción de su loba.

Dylan se encuentra tan afectado por lo que estuvo a punto de hacer en su forma salvaje, que no se atreve ni a hablar, así que se limita a asentir con la cabeza y a darse la vuelta para tomar el camino de regreso.

Por su parte, Legna camina detrás de él en silencio y muy asustada, ya que es la primera vez que su loba actúa por su cuenta y que le ha costado poder tomar el control. Definitivamente, necesita hablar con su abuelo acerca de ello; sin embargo, recuerda todo lo que ha ocurrido con Dylan y descarta esa idea al instante. «Debo resolver este asunto con Dylan lo antes posible. Creo que este juego debe terminarse ya», sentencia abrumada.

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El hijo del alfa y la híbrida

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