60. ZHL: Un legado entre lágrimas y sombras

Uno de los líderes que también iba a ser ajusticiado toma la palabra. Su presencia capta la atención de todos, pues es respetado en la manada:

—Estos chicos, junto a sus acompañantes, han liberado a Luna de Hierro de una de las brujas que nos aprisionaron. Lamentablemente, no pudieron salvar al beta porque ya había sido asesinado cuando ellos vinieron a nuestro rescate, pero nos salvaron a todos nosotros, y ahora somos libres.

» Para los que estuvimos bajo el mando de Tron décadas atrás, es obvio quién es este chico, pues es la viva imagen de su padre. Él es el verdadero heredero de Luna de Hierro, el hijo del alfa que nos puso en la cima entre todas las demás manadas, pero que fue exiliado porque le tendieron una trampa, además de los prejuicios contra su mate.

—¿Eres el hijo del alfa Tron? —lo aborda una mujer, observándolo sorprendida. Su mirada lo recorre de arriba a abajo, como si buscara alguna pista en su figura.

—Sí, soy el primogénito del alfa Tron, y ella —rodea el hombro de Legna con orgullo— es mi mate y la madre de mi cachorro. —Le acaricia la barriga con delicadeza—. Estamos aquí representando a mi padre, ya que él tiene que defender a Rayo Dorado de la invasión que las dos brujas ocasionaron.

—¿Eso significa que el alfa Tron volverá a ser nuestro alfa? —pregunta otra persona, con una emoción cargada de esperanza que contagia a los demás.

Después de años de humillación y ser el hazmerreír de las demás manadas, la mayoría recapacitó acerca del error que habían cometido, pese a que otros ni siquiera tuvieron la oportunidad de tomar un bando, ya que estaban ajenos al problema que llevó al exilio de Tron.

Para los miembros de la manada, que Tron tome el cargo significaría recuperar su estatus y que su condición de vida cambiaría significativamente.

—Sé que mi padre ama y se preocupa por esta manada, por más que su orgullo lo reprima y disimule. Lo he visto en sus ojos y en la nostalgia que brilla en su semblante cuando recuerda sus años como líder de Luna de Hierro. Al fin y al cabo, este fue su hogar y el proyecto de sus padres. Sin embargo, papá ya tiene su propia manada. Rayo Dorado simboliza su nueva vida y el hogar que formó con mamá, su mate, donde creó una familia.

» Él no puede abandonar todo lo que ha construido en veinte años, pero sí puede ocuparse de la restauración de Luna de Hierro de forma indirecta. Yo estaré más que complacido en tomar las riendas de la manada. Al fin y al cabo, tengo sangre de alfa y fui educado para liderar algún día, aparte de que mi mate será la mejor luna que puedan tener, ya que ella posee habilidades que colocarán a esta manada en la cima.

—¡No se discuta más! —exclama uno de los líderes—. ¡Ya tenemos un nuevo alfa y luna!

—¡Que viva el alfa Dylan, hijo de Tron, nuevo alfa de la manada Luna de Hierro! —gritan a coro con euforia.

Pronto, aquella declaración sale a las calles, a las casas, a las plazas principales, hasta llegar a las zonas más remotas de toda la manada, lo que convoca a una gran multitud en las calles principales.

Por supuesto, las opiniones están divididas porque todo ha sido repentino, caótico y confuso. Dylan da otro discurso en la plaza principal, donde recibe diferentes tipos de reacciones e incluso confrontaciones entre diferentes bandos: los que se oponen, los que están de acuerdo y los que todavía se encuentran neutros.

—Descansa un rato. Yo me encargaré de ordenar todo acá —le dice Dylan a Legna, tras regresar de la plaza. Ellos se encuentran en una de las tantas habitaciones de la mansión que una vez perteneció a Tron.

Pese a que los dos tratan de hacerse a la idea de liderar esa manada y que esa casa sea su nuevo hogar, la verdad es que la duda es como una espina incómoda que les causa temor e inseguridad.

Legna, agotada tanto física como mentalmente, se sienta en la cama y mira a su alrededor con recelo. Por más que intenta sentirse cómoda en aquella lujosa recámara, le es muy difícil, pues no es su hogar.

—Dylan, extrañaré nuestra casa —dice con la voz temblorosa. De inmediato, sus ojos se llenan de lágrimas—. Es difícil sentirme cómoda en este lugar extraño.

Él se sienta a su lado y le acaricia el rostro con dulzura mientras clava su mirada comprensiva sobre ella.

—Lo sé. —Él le besa la frente, luego la nariz, hasta llegar a los labios—. No quiero hacer nada con lo que no estés de acuerdo. Si deseas, podemos regresar a casa ahora mismo y dejar esta manada en manos de algún líder dispuesto a asumir el liderazgo.

—Gracias… —Ella exhala un largo suspiro y pone su mano sobre el rostro de él—. Dyl, si tú quieres esto, yo también lo querré. Estoy un poco sensible por las hormonas revueltas del embarazo. Entiendo que será difícil vivir en una manada extraña para mí, pero si estás conmigo, todo estará bien.

—Debes entender que todo esto lo hago por ti, por nuestro cachorro y los que vendrán —responde él—. Quiero darles algo significativo. Para mí, vivir en el territorio de mi padre no es suficiente; quiero dejarles un legado a mis cachorros y que seas esa líder que llevas dentro.

—Eso suena bien. Además, estas personas nos necesitan. Para mí será un placer honrar a tu familia con mi habilidad —contesta ella, emotiva—. Pero de verdad extrañaré nuestra casa. Supongo que será cuestión de tiempo para acostumbrarme. Al fin y al cabo, tú y nuestro cachorro son mi hogar, sin importar dónde vivamos.

Las lágrimas le mojan el rostro a Legna, pero son limpiadas por la caricia suave de los dedos de Dylan.

Ellos se pierden en el calor del otro, en un abrazo que trasciende las palabras y se convierte en una promesa silenciosa: mientras estén juntos, todo estará bien.

***

Liah aparece en su castillo y corre por los pasillos para encontrar a Wendy, pero al instante se encuentra con un exaltado Ryan, que está rodeado por varios zollebs guerreros.

—¿Qué sucede? —pregunta Liah, asustado, porque teme lo peor—. ¿Dónde está Wendy?

La tensión en el rostro de su nieto y sus subordinados ante su pregunta le provoca un nudo en la garganta y hace que su corazón aumente los latidos, si es que eso es posible.

—Abuelo… —La manera en que Ryan balbucea su nombre, sus ojos abiertos con ese destello de culpa y temor, el temblor involuntario de sus manos y la tensión en su postura es la respuesta no verbal que descoloca a Liah.

—Díganme que ella está bien —reclama, al borde de un colapso.

En ese momento, más guerreros y sirvientes se unen a ellos, con expresiones y urgencias que le dan a entender a Liah que buscan algo… o a alguien.

—Abuelo, Wendy se fue… —contesta Ryan con tristeza y remordimiento—. Estábamos en el jardín, te juro que la estaba cuidando, pero empezó a sentirse mal. Me ofrecí a curarla; sin embargo, mi poder no hizo efecto y ella comenzó a empeorar. La llevamos a su habitación, pero nos pidió que la dejáramos descansar, que solo así podría recuperarse.

» Perdón… No debí dejarla sola. Me arrepiento por no haberme quedado con ella. —Ryan empieza a llorar, lo que altera aún más a Liah, quien comienza a suponer lo peor.

—¿Qué pasó con Wendy? —Su pregunta sale en un tono vacío, como si sus emociones estuvieran atrapadas en la negación y el pasmo.

—No lo sabemos… —responde una de las sirvientas—. Ella simplemente desapareció. Escuchamos un grito que provenía de su cuarto y ruidos de lucha, pero cuando entramos, no había nadie… Solo restos de energía.

Liah no espera a que la mujer termine, sino que corre hacia la habitación de Wendy, con la tonta esperanza de que todo sea un malentendido y ella todavía esté allí, esperándolo.

No obstante, al entrar, se encuentra con una escena que dispara todas sus alarmas y le deja claro que, quizás, ha llegado tarde. La habitación es un desastre.

La ropa está tirada por doquier junto a algunos ajuares y productos de cuidado personal; hay grietas en el piso y en las paredes, el espejo está roto, y el olor al poder de la piedra roja se mezcla con los vestigios de la energía oscura de Azucena. Todo es evidencia irrefutable de que Wendy ha sido raptada por la bruja. Liah se queda inmóvil por un momento, mientras el peso de la realidad lo golpea con fuerza: no llegó a tiempo para impedirlo.

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