58. ZHL: El heredero de Luna de hierro

Liah, junto a los demás, aparece en la plaza de Luna de Hierro. El tumulto que había dejado sigue tal cual, ocasionando un caos por doquier.

El cielo, como si presagiara que algo oscuro está sucediendo, acompaña al momento caótico con un tono completamente gris y un viento gélido que denota mortandad y melancolía.

Dylan observa los edificios gigantes y en mal estado, y una sensación extraña le recorre la piel. Él nunca antes había estado en la manada donde su padre y madre lo procrearon, pues Otsana huyó de allí cuando estaba embarazada de él.

Se siente extraño estar justo ahí, en el lugar donde la historia de amor de sus padres empezó, pero que también estuvo a punto de culminar de la peor manera.

—Llamaré a Tron y a los guerreros por medio de telepatía —les avisa Liah, sacando a Dylan de su trance.

—Bien… —masculla Legna mientras mira a su alrededor, curiosa—. ¿Qué pasó aquí? —inquiere con asombro.

—Me pregunto lo mismo —responde Liah—. Espero que los guerreros tengan información relevante sobre este caos.

Tras pasar algunos minutos, dos de los guerreros llega al punto de encuentro. La tensión es palpable en Liah, que espera información relevante acerca de esa bruja.

Antes de que los guerreros hablen, Vera mira a Liah y le pregunta:

—¿Usarás tu poder para encontrar a la bruja? Supongo que, si ella ha sabido ocultar la presencia de la piedra, hará lo mismo con su rastro. ¿Por qué su brujería es tan poderosa? No lo entiendo, y me molesta que se burle de nosotros de una manera tan humillante. —Vera aprieta los puños y cruje los dientes.

Liah se limita a suspirar. Si bien su ego ha sido afectado por la habilidad que muestra esa mujer al hacer uso de sus artimañas, está tan cansado de esa situación que solo quiere darle fin.

—Creo que Azucena se convirtió en un ente demoníaco —responde Liah mientras enfoca su mirada en un punto fijo—. Ella no es cualquier bruja, como tampoco lo es su cómplice. Poder regresar de la muerte es una hazaña imposible, pero ella lo logró. A decir verdad, nunca murió del todo, pues dejó parte de su esencia en los miedos de Dylan. Creo que por eso a él se le hizo difícil aceptar el lazo con Legna, de alguna forma, la influencia de esa mujer los alejaba.

Tanto Dylan como Legna agrandan los ojos por la impresión, como si de momento las piezas que los había mortificado en su relación se unieran a la perfección y formaran la imagen que les da esa respuesta tan anhelada.

Legna siente que sus miedos y dudas ocultas se disipan, pues, aunque trataba de disimularlo, todavía le afectaba recordar el trato de Dylan, al que ella simplemente reaccionó.

Liah les pide un informe a los guerreros para saber a qué atenerse, antes de utilizar energía en la búsqueda de Azucena.

—Ha habido una guerra civil en contra de la nueva alfa —responde uno de ellos—, pues algunos guerreros y miembros de la manada la acusaron de impostora y brujería, ya que no se explicaban cómo pudo convencer a la mayoría sin ninguna prueba a mano, solo con sus palabras. Se dice que ella se alió con otras manadas para ir a atacar a nuestro alfa Tron, y que por eso algunos miembros y guerreros lucharon contra la voluntad de la nueva alfa.

En ese momento, llegan Tron y el resto de los hombres espías que habían enviado.

—Azucena no está aquí —informa Tron—. Si ella de verdad es la misma persona que se hace llamar alfa de Luna de Hierro, entonces no la encontraremos en este lugar.

Liah lo mira intrigado.

—¿Por qué lo dices? —inquiere abrumado. Por alguna razón, empieza a tener un mal presentimiento.

—Porque algunos miembros me reconocieron cuando me mezclé entre la multitud, y se arrodillaron pidiendo que los ayudara. Tuve que luchar porque fui atacado por un grupo de guerreros que trataba de controlar a los “rebeldes”. —Hace ademanes con los dedos al decir la última palabra.

—¿Qué sucede, papá? —La voz de Dylan capta la atención de Tron, quien se pregunta por qué está allí junto a Legna, si se suponía que a quien Liah buscaría era a Alexa.

—Según el panorama, parte de la manada se reveló contra la nueva alfa, a eso se debe este caos —responde Tron, un poco conmocionado—. Esta manada no es mi problema ya, así que quiero regresar a Rayo dorado porque temo por su seguridad. La nueva alfa envió a la mitad de sus guerreros a atacarme, por lo que debo prepararme para impedirles entrar a mi manada. No sé con cuánto tiempo cuento.

—Alfa —le dice uno de sus hombres—, investigué con algunos de los miembros con los que me mezclé, y, al parecer, los guerreros salieron ayer, lo que significa que podrían llegar a más tardar mañana a nuestra manada. Según me dijeron, la nueva alfa no fue con ellos.

La confusión se instala en el grupo.

—Yo escuché algo mientras caminaba por las calles alejadas del centro, Alfa —añade otro guerrero, listo para dar su informe—. La nueva alfa dejó a su beta a cargo de la manada hoy mismo, quien está dirigiendo desde la casa principal, en la zona que perteneció a la flor de la manada.

» Se dice que ella está juzgando al antiguo beta para ajusticiarlo, puesto que fue él quien dirigió la revuelta. Esa es una de las razones por la que el levantamiento popular está ocurriendo. Ellos quieren salvar al beta y convertirlo en el nuevo Alfa, en lugar de Petro. Al parecer, el beta reveló que fue la nueva alfa que lo asesinó para robar el liderazgo.

Tron mira al resto con indecisión porque una parte de él desea ayudar a Luna de hierro; no obstante, la otra, anhela regresar a Rayo Dorado y protegerla de sus enemigos. Por supuesto, la segunda opción pesa más para él.

—Necesito regresar —pide Tron a Liah, con ruegos en sus ojos.

En ese momento y de forma repentina, Liah siente que le duele el pecho, con una angustia que lo pone a temblar y hace que se encorve.

—¡Demonios! —exclama, profundamente afectado por lo que sea que le está causando tanto dolor—. No puede ser… —Sus ojos verdes brillan y sus músculos se contraen.

—¡Abuelo! ¿Estás bien? —Legna corre en su dirección, asustada, y lo ayuda a incorporarse mientras lo examina con la mirada, asegurándose de que todo esté en orden con él.

—Siento una angustia horrible. —Él se mira las dos manos y nota que alrededor de la derecha hay un lazo dorado que brilla, como si le hiciera alguna advertencia. Por supuesto, ese brillo pasa desapercibido por los demás, ya que solo él puede verlo.

—¿Por qué? ¿Cómo puedo ayudarte? —interroga desesperada, con el reflejo de la angustia en sus ojos miel.

—Estaré bien, solo necesito ir por Wendy. —Él suspira para recuperar la compostura, y mira a Tron con semblante determinado—. Vera usará su rapidez para llevarte a la manada, por lo que estarás allá en unas pocas horas y podrás defenderla junto a tus hombres. Yo no podré llevarte porque debo regresar al territorio Zolleb lo antes posible.

—¿Qué sucede? ¿Por qué debes regresar? —inquiere Tron, entre la preocupación y la intriga.

—Si Azucena no está aquí ni tampoco ha ido al ataque de Rayo Dorado, me hace sospechar que ya es capaz de manejar la piedra por completo, lo que significa que irá hacia su próximo objetivo: Wendy… —dice Liah mientras lucha por no descomponerse. Es difícil mantenerse cuerdo cuando el lazo lo angustia al grado de no poder controlar su cuerpo, que lo insta de forma impulsiva a ir por su belabé y asegurarse de que ella esté a salvo.

Lucha contra los temblores que lo hacen lucir cada vez más inestable, y esas palpitaciones vehementes que se lleva su aliento, como si su corazón asustado le bloqueara la capacidad de respirar, y peor aún, de actuar con la mente fría.

» Hagan lo que les digo… —Aprieta la tela de su camisa que le cubre la parte del corazón—. Dylan y Legna, busquen a la bruja; pronto vendrán dos Zollebs a ayudarlos. Como les dije antes, peleen por esta manada, y será suya.

Tron mira a su amigo con sorpresa en su semblante, pero no tiene tiempo para cuestionarlo porque este desparece en cuestión de segundos, dejando a todos consternados.

Dylan mira a Legna en busca de alguna respuesta que lo motive a actuar, pero recuerda su embarazo, y el miedo a perder a su bebé frustra cualquier deseo de acatar la orden de Liah.

—No te preocupes por nuestro cachorro —dice ella para animarlo, como si fuera capaz de leer su mente y escarbar hasta la profundidad de sus mortificaciones—. Puedo detener a esa bruja si uso el diamante; ella no es ni la mitad de poderosa que yo. De todas maneras, tú estarás junto a mí y nuestro bebé; estoy segura de que nos protegerás.

—¡Nosotros también lo apoyaremos! —gritan los guerreros de Tron, demostrando con euforia su lealtad hacia el hijo de su alfa.

Tron observa a Dylan, a la espera de su decisión, dudando si debe dejarlos allí o regresar a la manada. Pero en Rayo Dorado está su mate, y no se perdonaría que le sucediera algo a ella, además, su gente necesita la protección de su alfa.

—Eres un alfa de nacimiento, Dylan —le dice al fin, con una voz cargada de orgullo—. Eres lo suficientemente fuerte como para rescatar esta manada y liderarla. ¿Quién mejor que tú, mi hijo? La ibas a heredar de todas formas, si yo hubiese seguido siendo su alfa. Creo en ti y en tu habilidad; ve, toma lo que te pertenece por herencia. Eres el hijo de alfa Tron, así que nada debe intimidarte, mucho menos una bruja con unos guerreros de pacotilla.

—Papá… —La voz de Dylan tiembla y sus ojos se cristalizan, pero él se las arregla para no llorar.

—¡Vete! ¡Conquista a Luna de Hierro! —Lo empuja, a punto de llorar.

—Gracias, papá. —Dylan se le tira encima y lo abraza. Esta vez Tron no puede evitar que las lágrimas le mojen el rostro, pero mantiene su porte estoico cuando aleja a su primogénito.

Legna y Dylan se miran decididos, y se despiden de Tron. Al cabo de unos segundos, Legna flota por encima de ellos y Dylan cambia su forma. Un lobo negro y enorme, imponente, de pelaje brillante y mirada espeluznante aparece frente a ellos; esa fue la señal para que el grupo de guerreros lo imite y lo siga.

Tron se queda observando la escena con una mezcla de orgullo y tristeza, pues bien sabe que ya su hijo ha alzado el vuelo, al igual que Miha, hacia una manada diferente. —Venga conmigo, Alfa. —La voz de Vera lo saca de su trance. Él asiente y sostiene la mano que la mujer le extiende. Acto seguido, ambos flotan por encima de la superficie y pronto se encuentran saltando a una velocidad impresionante.

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