10. ZHL: Ama a otra… pero me cela como si fuera suya

Legna se pone un pantalón de licra negro y encima de este luce un vestido naranja cortito. Ese tono resalta sus ojos mieles y combina a la perfección con su cabello rojizo. Un labial rojo anaranjado termina su look; entonces ella se pone la pequeña mochila de piel encima y sale de la cabaña.

Con gran agilidad salta por encima de los árboles hasta llegar al centro de la ciudad.

—Necesito un transporte que me lleve a la manada Luz plateada —pide con una sonrisa cordial que pone nervioso al transportista, quien ha quedado maravillado con la belleza de la joven mujer.

—El bus número tres la llevará a su destino. ¡Qué tenga buen viaje! —le dice con flirteo. Legna le agradece y se dirige al transporte que le corresponde, donde capta las miradas de los presentes cuando se sube.

Hay una chispa en ella que la hace lucir un poco diferente a los demás licántropos, pero nadie sabe que es porque ella es híbrida, ya que ellos han preferido mantener el secreto para evitarse inconvenientes con los licántropos prejuiciosos.

El autobús empieza a levantarse por encima del suelo y flota a gran velocidad sobre la carretera. Los licántropos no suelen usar transporte mecánico, a menos que hagan viajes largos a otras manadas como manera de ocio o para encuentros de negocios, ya que correr por el bosque los puede desaliñar o ensuciar.

Legna, quien escogió el lado de la ventana, observa a través de esta el hermoso paisaje natural hasta que los edificios y calles en tono plateado van tomando forma. Ella sonríe maliciosa al saber que pronto podrá iniciar su juego de conquista y por esa razón su loba se emociona.

«No seas tonta, solo nos vengaremos de ese idiota. Él no se merece nuestro amor», le recrimina.

«Lo vas a herir…», le advierte su loba.

«Esa es la idea. Quiero que sufra tanto como he sufrido yo».

«Sé sincera con él y dile la verdadera razón por la que temes reclamarlo. Nuestro compañero está confundido».

«No. Dylan siempre se apresura a juzgarme en vez de usar su cerebro. Lo peor es que me compara con su perfecta Clara. No tengo nada en contra de ella, pero a veces siento que no la soporto por culpa de él».

Legna calla a su loba porque no está dispuesta a ceder ni a escuchar los sermones de su parte salvaje.

—Y pensar que ayer estuve a punto de dejar el orgullo de lado y darte una oportunidad. Ah, pero como siempre la escoges a ella, cara de culo. ¡Qué locura! Yo soy tu mate, mas tú le eres fiel a otra mujer. Vamos a ver cuánto te dura el teatro, idiota.

Legna se baja del autobús cuando éste se detiene en la parada y empieza su recorrido dentro de la ciudad de la manada Luz plateada, que luce ese color debido a su aspecto metálico.

—Vaya, se tomaron muy a pecho el nombre de esta manada, aunque dudo mucho que todo el material de fabricación sea plata de verdad —comenta asombrada.

Aquella manada luce muy moderna y frívola, con edificios metálicos y la falta de colores alegres. Las personas caminan en silencio y con la mirada puestas en aparatos electrónicos. Pareciera que la diversión no estuviera en su diccionario, como tampoco la sonrisa cortés.

—Creo que esta manada caracteriza más al cara de culo que Rayo dorado. Quizás por eso trabaja aquí. Bueno, ahora debo encontrar esa universidad. —Ella saca el mapa de su mochila y empieza a seguir las direcciones.

Pronto llega a una universidad, que más bien parece una ciudad aparte. El lujo y el estilo moderno la caracteriza, así como las personas bien vestidas y con aire de superioridad.

—Bien, aquí voy. —Legna suspira. Con pasos de determinación, ella se adentra a la institución educativa.

***

Legna sale de la oficina del decano de la Universidad Nacional de Luz plateada, con una gran sonrisa en el rostro.

Ella camina victoriosa por medio del campus y entretiene la vista con la hermosa arquitectura y los diseños modernos, que se combinan a la perfección con las áreas verdes y los lugares recreativos, cuya apariencia luce menos lustre que los edificios donde se imparten las clases.

—Hola, ¿eres nueva? —la aborda un chico alto y de cuerpo fornido. Una sonrisa coqueta se le dibuja en los labios gruesos y sus ojos azules como el mar la observan fascinados.

Por su parte, Legna se entretiene con el color mulato de su piel y sus rizos castaños. Es raro ver a un licántropo de color oscuro, por lo que estos son exóticos, muy atractivos y codiciados entre las hembras.

—H-Hola… —tartamudea nerviosa—. Se podría decir… —Ella lo detalla sin ningún disimulo y tiene que cerrar la boca para que no se le salgan las babas.

—¿Qué estás estudiando? Espero que no sea nada que yo imparta porque entonces sería tu maestro y no podría… —Él se muerde los labios, alusivo.

Legna traga pesado al entender su flirteo y sonríe maliciosa.

«¡Qué macho que está bueno!», piensa maravillada.

—No soy estudiante, solo fui contratada de manera temporal para hacer una colaboración a la medicina licántropa.

Él la mira de arriba a abajo sorprendido.

—¿No me digas que eres de esas personas prodigios?

Legna niega con la cabeza.

—No creo que lo sea, pero he investigado la naturaleza desde que tengo uso de razón, así que he hecho varios descubrimientos que serán muy útiles. Incluso he creado un antídoto rápido para la exposición extrema al acónito o matalobos. Estaré impartiendo esas sesiones que serán incluidas en las clases de medicina.

—¡Vaya! ¡Sí eres un prodigio! —El extraño la observa con expresión fascinada.

Legna niega nerviosa y se abraza a sí misma.

—No me considero ser un prodigio, es solo que… —Ella hace pausa porque no puede decirle acerca de su origen a un extraño—. Mi padre es muy sabio y me enseñó muchas cosas… —Ella se muerde el labio inferior, como reacción de culpa al haber involucrado al alfa en sus menesteres.

—Sólo estás siendo modesta… —replica el desconocido.

—¿Qué enseñas? —Legna cambia el tema porque le incomoda seguir hablando de ese asunto.

—Arquitectura. Tengo mucha experiencia en el área, incluso, he viajado a las manadas con mayor desarrollo en sus estructuras arquitectónicas.

—Así que eres arquitecto…

—Sí. Mi amor por la arquitectura afloró cuando fui a la manada Luna de hierro en mis tiempos de cachorro; fue un viaje de negocios de mi padre, quien es el beta de la manada Luna llena. En ese entonces, su alfa era Tron y esa manada era de las más ricas. Es una lástima que a Petro le haya quedado grande el título de alfa, y que por su mal liderazgo esa manada esté cada vez más en decadencia.

—Sí, algo supe acerca del exilio del alfa Tron, ya que él es muy amigo de mi padre.

—¡Qué casualidad! ¿Sabes? El hijo del alfa Tron trabaja en esta universidad desde hace un tiempo. A él se le considera ser un genio en la informática.

Legna sonríe divertida porque ella ya investigó ese dato y esa es la razón para estar allí, aunque de su travesura resultará algo bueno.

—Ah, ¿sí? —finge inocencia—. Es el hijo del alfa Tron, algo bueno debió haber sacado de sus genes.

—Para mí solo es un chiquillo prepotente. Es muy joven para estar enseñando acá. En mi opinión, sólo es un chico privilegiado que consigue lo que quiere porque es el hijo del alfa Tron, quien no solo es respetado por ser el mejor guerrero entre los licántropos, también porque es parte del consejo.

Por alguna razón, a Legna le molesta su comentario fuera de lugar y estereotipado. Pese a que no soporta a Dylan por todos los desplantes que le ha hecho, ella lo conoce lo suficiente para saber que él es un chico muy aplicado y trabajador, así que entiende que todo lo que ha logrado ha sido por su propio mérito.

Por supuesto, ser el hijo del alfa Tron de alguna manera la facilita las cosas; sin embargo, no es motivo para quitarle el crédito a su esfuerzo y preparación.

—Conozco a Dylan y, aunque no somos los mejores amigos, sé que él es un verdadero genio en lo que hace y que su edad no debe ser un motivo para dudar de su capacidad —refuta sin disimular su descontento—. ¿Sabía que el negocio que tiene junto a su padre se ha posicionado como el número uno gracias a sus creaciones?

El mulato frunce el ceño, pero pronto suaviza el semblante y le sonríe con coquetería.

—Tienes razón, no debí hablar de esa manera. ¿Por qué no me acompañas a la cafetería a tomarnos un café y así conversamos un poco más? Dado que eres nueva, necesitas a alguien que te guíe y te presente con el personal docente. Por cierto, mi nombre es Titán, hijo del beta Bástian, de la manada Luna llena. —Él le extiende la mano.

—Mucho gusto, Titán. —Ella le corresponde el saludo—. Soy Legna, hija del alfa Riú, de la manada Fuerza de bronce.

—¡Vaya! Pero si eres la hija de un alfa…

—No me digas que pensarás que yo también soy privilegiada por ser la hija de un alfa y que por eso conseguí trabajar aquí. Al fin y al cabo, soy más joven que Dylan.

Al mulato le da un ataque de tos debido al impacto de sus palabras, ya que no se esperaba que ella fuera tan directa y confrontativa. De alguna manera, eso le encanta, aunque no puede negar que lo intimida.

—¿Cómo crees? ¡Si tú eres un prodigio! —halaga en una exclamación que a Legna no le parece muy genuina.

—Vamos por ese café, Titán.

—Te llevaré a la cafetería de los docentes y demás personal de la universidad. A todos nos dan un descuento por trabajar aquí.

—Me parece bien.

Ellos llegan a un lujoso establecimiento con muebles finos y mesas ubicadas de forma estratégica, para hacer el lugar más espacioso y fácil de transitar. Allí tienen pantallas gigantes con música tenue y presentación de paisajes hermosos.

En aquella cafetería hay mesas con uno o varios asientos, también sofás largos y mesitas redondas, asimismo, banquetas en forma de comedor para que grupos grandes puedan sentarse juntos a comer o a beber.

—¡Guau, este lugar es impresionante! —exclama Legna con fascinación en la mirada.

—Ven, te voy a presentar a algunos de los chicos. —Titán la agarra de la mano y se la lleva a rastras hasta el fondo, donde en un sofá grande se encuentran varios maestros sentados, entre ellos, Dylan.

Este tiene su atención puesta en un aparato electrónico circular y luce muy distraído.

Por su parte, Legna siente que el corazón le empieza a latir muy fuerte, tanto, que se queda helada por los nervios y tiene que apretar los puños para que los temblores de sus manos no se noten.

«¡Mate!», exclama su loba emocionada.

«No empieces…», Legna detiene su reclamo cuando nota que la nariz de Dylan empieza a olfatear de forma instintiva, lo que la hace sentirse descubierta.

Él la mira por inercia, ya que ha reconocido su olor, entonces los ojos grises se encuentran con los mieles y la tensión los embarga a ambos.

—¿Qué haces aquí? —interpela él, con el asombro en su expresión. Dylan nota la mano que reposa en la espalda baja de la chica y una ira, que para él es absurda, le provoca malestar.

«¡Córtale la mano!», le exige su parte salvaje porque no soporta que otro hombre toque a su mate.

—Lo mismo me pregunto yo, ¿qué diablos haces aquí? —Legna finge sorpresa.

La mirada confundida de Titán la confronta, ya que él le había dicho minutos antes que Dylan trabajaba allí, por lo que verla actuar como si hasta ahora se ha enterado le parece extraño y sospechoso; sin embargo, se reserva su cuestionamiento.

—Trabajo aquí… —masculla serio y sin quitarle la vista a la cercanía que tiene Titán a ella—. No sabía que ustedes se conocían.

—Justo vine a presentárselas porque ella es parte de nuestro equipo —contesta el mulato, ganándose la mirada de odio de Dylan—. ¿No es la mujer más hermosa que hayan visto sus ojos?

—Legna, ven conmigo. —Dylan se levanta de un respingo y la agarra por el brazo de forma autoritaria.

—¿Qué te pasa? —Ella se suelta de su agarre posesivo—. Vine a tomarme un café con Titán, ¿por qué me iría contigo? —lo confronta desafiante.

—¿De dónde se conocen? —interpela Dylan con voz ronca y mirada intimidante. Por su parte, el resto se limita a observar la extraña escena con diversión, ya que es la primera vez que notan alguna emoción en el chico.

—Nos acabamos de conocer —le contesta Titán—. No entiendo por qué te interesa tanto, ¿acaso ustedes…?

—¡No! —exclaman los dos al unísono.

Titán los observa con una sonrisa traviesa y se relame los labios, ya que será divertido cortejar a la chica que le gusta a ese chiquillo que le cae tan mal.

—¡Qué alivio! —expresa a propósito, ganándose la mirada de odio de parte de Dylan.

—¿Por qué alivio? Debes saber que Legna es una cachorra y tú ya eres un lobo hecho y derecho. Ten cuidado con lo que intentas —lo amenaza, y cruje los dientes en el acto.

—Ella no es menor, así que tu advertencia no tiene sentido —contraataca Titán.

—Legna, te llevaré a tu manada —masculla Dylan sin dejar de mirar al mulato con advertencia.

—No, Dylan, yo me tomaré un café con Titán. ¡Deja de ser fastidioso! ¿Por qué no te vas a visitar a tu amada Clara y a mí me dejas tranquila?

—¡Con un demonio! —Dylan la jala por el brazo y se la lleva a rastras fuera de la cafetería.

Titán sonríe malicioso porque ya encontró con qué divertirse.

«Será delicioso quitarle esa preciosura a ese cachorro creído», piensa divertido y se sienta junto a los demás, quienes todavía no salen de su asombro.

Dylan camina con Legna agarrada de la mano por todo el campus, con pasos apresurados y mirada sombría. Cuando llegan a un parque poblado de árboles, él la jala en dirección al conglomerado verde para que nadie los vea.

—¿Qué te pasa, idiota? —Ella se suelta de su agarre mientras finge molestia, pero la verdad es que todo le está saliendo maravilloso. Titán no estaba entre sus planes; sin embargo, será divertido usarlo para fastidiar a Dylan.

—Eso te pregunto yo a ti. ¿Tan fácil eres que ya andas de coqueta con el primero que te quiere ligar?

Legna entorna los ojos y se cruza de brazos.

—¡A ti qué te importa! Soy libre de coquetear con quien yo quiera.

—¿Libre? —Dylan ríe irónico y la agarra por los hombros—. ¿Se te olvida que somos mates? Mientras tú y yo tengamos este lazo seremos esclavo del otro.

—Te equivocas, cariño, yo no soy esclava de nadie. Además, de la misma forma en que tú juegas a ser novio de tu perfecta Clara, yo también puedo coquetear y salir con otro chico.

—Tenemos un acuerdo, ¿lo olvidaste? Mientras seamos mates no podemos salir ni tener contacto sexual con nadie.

—¡Yo no he aceptado ese tonto trato! Mucho menos si sólo va a aplicar para mí. ¿O no recuerdas que me dijiste que te cogerás a Clara todos los días? Bueno, yo puedo hacer lo mismo con Titán, André u otro…

—¡Qué diablos! ¿También le coqueteas a André? ¿Qué clase de mujer eres?

—¡Ten cuidado con lo que dices, infeliz! ¿Qué pensaste? ¿Que esperaría por ti como tonta mientras tú te revuelcas con otra mujer? ¡No seas ridículo!

—¿Por qué piensas que me acuesto con Clara?

—Por favor, Dylan; ustedes siempre han querido ser mates y se la pasan juntos todo el tiempo. Son un hombre y una mujer que ya han pasado por su celo, ¿me dirás que no han hecho nada?

Dylan no responde, lo que le da a entender a ella que sus especulaciones son reales. Toda la esperanza que aguardaba se hace trizas, al igual que su corazón.

Lo odia, y lo hará sufrir por su traición y su egoísmo.

—Te acompañaré a Fuerza de bronce. Yo ya terminé aquí —dice, evadiendo la respuesta que no quiere dar.

—Me sé el camino —replica herida y al borde de las lágrimas—. Eres un ser malvado, Dylan. Siempre supiste que era yo; sin embargo, te aferraste a un ideal por tu maldito ego y superficialidad. ¡Claro! Yo era demasiado inculta para alguien tan culto y refinado como tú.

—Deja de decir estupideces. Yo me enamoré de Clara cuando éramos niños y le prometí que la cuidaría por siempre. Nunca supe que serías mi mate.

—Entiendo… —Ella finge una sonrisa, pero sus ojos reflejan su decepción—. La amas a ella… Su amor debe ser fuerte, ya que están dispuestos a rechazar a sus verdaderos mates. Si es así, deja de reclamarme por mis actos, ya que tú y yo no somos ni nunca seremos nada.

Sin añadir más, Legna se regresa a Fuerza de bronce, pero en vez de ir a la cabaña, va a casa de sus padres y se refugia en su habitación.

Tiene tanta confusión que no sabe qué es lo correcto ni lo más prudente hacer.

—¿Soy una mala persona por no querer que Dylan y Clara se reclamen? Debería dejarlo libre para que él pueda ser feliz con la mujer que ama…

«¡No!», le advierte su loba.

—Es lo más sensato y lo que debo hacer, al fin y al cabo, yo me iré a vivir al continente de los zollebs. Dylan y yo no podemos reproducirnos porque eso sería crear más híbridos. Sólo espero que el abuelo pueda convencer a mis padres y hermanos, para que éstos también se vayan a nuestro continente.

«Llévate a nuestro mate».

Legna ríe con ironía.

—¿Crees que Dylan dejaría todo por mí? Él ama a Clara y aquí están su familia y su vida. Yo significo un estorbo para su felicidad.

«Él no la ama a ella y lo sabes».

Legna deja salir las lágrimas que retuvo todo ese tiempo y otra vez el rencor aflora en su corazón.

—Tienes razón. No voy a tener consideración con un hombre que se miente a sí mismo y a todos. Dylan merece sufrir tanto como lo he hecho yo —dice con amargura. Su loba se oculta triste porque esa no era la reacción que esperaba de su parte más racional. Ella anhela el reclamo de su mate y, con ello, hacerse una con la esencia del lobo de Dylan.

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El hijo del alfa y la híbrida

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