14. ZHL: El beso que desata el caos

Recostada boca abajo sobre la cama y con las piernas dobladas hacia arriba, Legna observa al diminuto robot que se encuentra frente a ella.

Sus manos le sirven de apoyo a su mentón, mientras que sus ojos se abren con curiosidad al detallar al extraño aparato que luce tierno y llamativo.

—Dylan es un genio… —balbucea con una sonrisa—. Lo que viví anoche fue raro y de verdad no me lo esperaba. ¿Por qué el cara de culo me trató de esa manera? ¿Será que el lazo lo está ablandando?

«Es lo que querías», la confronta su parte lobuna.

Legna se queda pensativa por unos segundos, luego resopla con desdén.

—Sí, quería conquistarlo para luego romperle el corazón; sin embargo, no sé si todavía… —Ella suspira y mira al pequeño robot sobre sus manos—. Si lo hago sufrir también lo haré yo, ¿cierto? No estoy segura de continuar con este estúpido juego. Yo no soy una persona vengativa…

«Deberías reclamarlo y dejarte de niñerías. Ustedes sólo se están haciendo daño a sí mismos y debilitándose en el acto. Los compañeros destinados necesitan estar juntos, así es nuestra naturaleza».

Legna se muerde el labio inferior ante esa realidad: La distancia con su mate le duele cada vez más, como también sabe que no podrá resistirse por mucho tiempo al deseo de aparearse con Dylan; sin embargo, no será ella quien le ruegue amor a él.

***

Sus ojos grises buscan a la distancia como depredador a su presa, al mismo tiempo en que sus fosas nasales rastrean aquel aroma que lo enloquece.

«Ella está cerca», piensa él victorioso.

Dylan se levanta del suelo y camina entre las plantas con sigilo, con la intención de encontrarla de una vez y por todas.

—¿Qué haces aquí?

Él da un respingo cuando la voz de Legna lo sorprende.

—Me asustaste, loca. —Se cruza de brazos y frunce el ceño.

—No me has respondido, ¿qué buscas en el territorio de mi padre?

—Nada que te importe… —masculla con desinterés.

—Estás irrumpiendo en mi manada, ¡claro que me importa!

—Bueno, ya que lo quieres saber; vine a cazar de las aves raras que asamos la vez que te ofreciste a enseñarme a cocinar. Por cierto, no has cumplido con tu palabra.

Legna parpadea varias veces y luego sonríe maliciosa.

—Cierto, eres un asco en la cocina y yo haré una obra benéfica contigo. Soy tan buena que hasta un bruto como tú puede aprender conmigo.

—¡Oye, tampoco te pases! —gruñe con rabia—. Eso me pasa por tratar de ser amigable contigo, pero ya veo que será imposible llevarme bien con una engreída como tú.

—¿Y para qué te quieres llevar bien conmigo? Ya tienes a tu perfecta Clara, ve a joderla a ella.

—Deja de mencionarla, me fastidia que siempre la traigas a colación. Para tu información, a la única que me divierte fastidiar es a ti. Así que te toca aguantarme.

—¡Ah! ¿Qué dices? A mí no me toca nada, idiota. ¿Por qué no te largas y me dejas entrenar en paz?

—Me iré con una condición.

—Te irás y punto.

—Mi condición es que me digas qué diablos hacías en la universidad. ¿Es cierto que enseñarás allá? Me parece bastante sospechoso que, de buenas a primeras, te interese trabajar en el mismo sitio donde lo hago yo.

—No te importa.

—Me importa porque ahora tendré que soportarte allá también.

—A juzgar por tu visita, no creo que te moleste mucho mi presencia.

—No me molesta, me fastidia. —Él acorta la distancia entre ellos con porte desafiante.

—Si tanto te fastidio, ¿para qué vienes a joderme la existencia? En especial cuando vives en otra manada. Tu comportamiento contradictorio me confunde, anormal.

—¿Qué estás insinuando? —Él entrecierra los ojos.

—No insinúo nada, ¿acaso no estoy siendo clara y directa? ¿Viniste desde tu manada sólo para preguntarme por qué trabajo en el mismo sitio que tú? ¡No seas pendejo!

—Respétame… —Cruje los dientes y le agarra el mentón—. Qué no se te olvide que soy un hombre.

—Y a ti, que no se te olvide que yo no soy tu pelele. Si tanto respeto quieres, ¿por qué no vas a visitar a tu sumisa? Estoy segura de que a ella no le molestará inflarte el ego.

—No te metas con Clara… —advierte amenazante, y con la mirada más penetrante que de costumbre.

—Y tú no te metas conmigo… —lo desafía mientras le sostiene la mirada sin un atisbo de intimidación.

—Me causa curiosidad que siempre la mencionas. ¿Acaso estás celosa de ella? —Su rostro cambia el semblante a uno coqueto y travieso.

—Celosa, ¿yo? Pero ni en tus más fantasiosos sueños. Vete, que necesito entrenar y tú me estorbas.

—¿De verdad quieres que me vaya? —Una sonrisa ladina se le forma en los labios.

—Sí. ¿Cómo tengo que decirlo para que lo entiendas?

—Entonces no me iré. —Dylan le da un beso fugaz en la comisura de los labios y toma distancia. Por su parte, Legna se queda congelada en su lugar; de repente, la cara se le torna roja.

—¡¿Qué acabas de hacer, infeliz?! —Ella le apunta con el dedo.

—Nada. ¿A qué hora vamos a cocinar?

—A ninguna hora, idiota. ¡Déjame entrenar en paz!

—Está bien, te dejaré tranquila, pero regresaré en unas horas para que me des mi lección. Tú te ofreciste y ahora me cumples.

El semblante de Legna le cambia a uno preocupado.

—¿A dónde vas? —interpela.

—A la ciudad. Tengo un asunto qué resolver allí. ¿Necesitas que te traiga algo?

—Me imagino tu asunto importante… —musita decepcionada.

Dylan sonríe divertido y se le acerca de nuevo. Con la diferencia, de que esta vez él la atrae a su cuerpo por la cintura y le habla al oído:

—No veré a Clara —dicho esto, él la encara y le roza la mejilla con la yema de su pulgar—. Estoy haciendo negocios con un empresario, así que tengo una reunión con él hoy.

Legna lo mira de arriba a abajo y hace una mueca.

—No estás vestido de ejecutivo.

—Yo no tengo por qué vestirme así, si no soy un oficinista.

—Tendrás una reunión de negocios, Dylan, a menos que me estés mintiendo.

—¿Te doy un piquito cerca de los labios y ya me controlas como si fueras mi pareja? ¿Qué tal que yo te reclame como mía y te marque? ¡Adiós a mi libertad!

—Ja, ja, ¡qué gracioso! —ironiza ella con una mueca de disgusto—. ¿Reclamarme tú a mí? ¡Ni en tus sueños!

Dylan maldice en su interior porque en realidad sí ha soñado con el reclamo.

—Lo sé… —contesta con amargura. Toda la diversión anterior se esfuma, y de nuevo su mirada toma esa apariencia sombría y distante.

—Tú solo tienes ojos para Clara y, no te culpo, ella es muy hermosa y buena persona. Supongo que es alguien que se merece que niegues a tu mate para…

Ella no termina de hablar porque Dylan la calla cuando le invade la boca con la suya.

Legna se queda inerte y con la mente en blanco, debido a que no se esperaba ese movimiento de parte de él.

«¿Esto es real?», piensa ella desorbitada. Se encuentra tan afectada que no logra mover un músculo. De repente, la respiración se le torna caótica, el pulso se le acelera y el corazón le late frenético y emocionado.

«Se siente tan raro, pero tan bien…», reconoce para sí mientras se deleita en el cosquilleo que los labios de Dylan le provocan a los suyos.

Él también siente un remolino de emociones dentro de sí. Es la primera vez que tiene esas sensaciones tan intensas y que besar a una chica le causa pavor.

No es que haya besado a muchas antes, ya que solo con Clara ha tenido uno que otro roce porque siempre se negó a las provocaciones de las hembras de su manada; sin embargo, ni el beso más alocado y cargado de excitación pudo provocarle lo que el simple contacto con Legna ha hecho.

«¿Tan fuerte es el lazo?», piensa fascinado mientras saborea los labios temblorosos y suaves de la chica.

El momento es sublime, pero pronto se siente rechazado al no recibir respuesta de parte de la pelirroja.

—¿Por qué no me besas de vuelta, lobita malvada? —le susurra sobre la boca mientras junta sus frentes.

—M-Me agarraste desprevenida… —tartamudea nerviosa.

—Mi lobo es un impulsivo —dice, con la intención de fingir que fue un arrebato de su parte salvaje, lo que trae decepción a Legna.

—Ah… —balbucea ella con tono triste.

Esta vez, Dylan puede sentir el amargor de la desilusión que ella le transmite, por lo que se pregunta en qué momento ha conectado tanto con Legna, al punto de experimentar sus emociones de una manera tan vívida.

—En realidad, te estoy mintiendo… —Él suspira—. Fue un impulso mío; disculpa si mi acción te parece repugnante…

La humillación que refleja su rostro es muy obvia. Los segundos se sienten eternos gracias a la tensión; entonces, sin previo aviso, Legna lo besa.

Sin tiempo que perder, Dylan le acuna el rostro entre sus manos para corresponderle y lo hace con un hambre que él no sabía que tenía. O quizás siempre lo supo, pero era más grande el orgullo que la voluntad de ser sincero.

Sí, siempre deseó apropiarse de su hermosa boca y beber de su néctar.

Se le hace irreal que esos labios llenos y rojos se funden con los suyos, en un jugueteo tan exquisito que bien podría deleitarse en él toda la tarde. Es que le es fascinante que un beso le parezca tan delicioso.

Para Legna, aunque le encanta ser invadida con esa fiereza y necesidad, le es un poco abrumante la intensidad del gesto, ya que su falta de experiencia le dificulta el desempeño, razón por la que pronto empieza a sentir que le falta el aire.

—¡¿Acaso piensas asfixiarme, tonto?! —profiere cuando lo empuja, cortando el contacto de forma brusca y con la respiración exaltada—. ¿Es este tu plan para deshacerte de mí? ¡Claro, si me muero quedarás libre del lazo!

—¿De qué mierda estás hablando ahora? —interpela confundido y molesto.

—¡Me estabas asfixiando! —grita muy nerviosa y al borde del llanto. Se supone que aquello no debía pasar, por lo menos no de esa manera.

¿Cómo podrá hacerlo sufrir ahora?

Por su parte, Dylan la observa desorbitado, como si intentara entender lo que ella le dice.

Después de un largo suspiro él estalla en carcajadas.

—Dime, lobita loca, ¿acaso no sabes besar? —Él se le acerca como depredador a su presa y la atrae a su cuerpo por la cintura—. La zolleb atrevida y coqueta nunca ha besado de verdad —se burla.

—¡Claro que sí! ¿Acaso lo olvidaste? Me besé con André, así que quita esa cara de idiota. —Ella le da un golpe en el pecho, pero eso provoca que Dylan la apriete más.

—Dije: “Beso de verdad”. ¿Nunca te has tragado la saliva de otra persona?

—¿Por qué tienes que decirlo de esa forma tan repulsiva? —Ella hace una mueca.

—¿Por qué evades mi pregunta? —la confronta.

—¿Crees que me fui de vacaciones con mi abuelo? Estaba en un entrenamiento intenso con el rey de los zollebs. Ningún chico se atrevió a acercarse a mí porque mi tonto abuelo los amenazó a todos cuando se dio cuenta de que no me podía controlar. Después dejé de escaparme y me concentré en lo que debía. ¿Contento, estúpido?

—No me faltes el respeto —gruñe.

—Y tú vete a tu tonta reunión y déjame en paz.

—Me iré, pero sólo si me das otro beso.

Ella se pone roja y el corazón le late vehemente.

—Por supuesto que no. Espero que lo hayas disfrutado porque no se volverá a repetir.

Dylan la mira con intensidad y se relame los labios, acción que la pone más nerviosa de lo que ya se encuentra.

—Ummm… ¿Qué tal que yo no te rechace nunca? Sería divertido verte en el tiempo de tu celo, a ver cuánto te dura el orgullo.

La cara de Legna se desfigura por el enojo, entonces ella le da un empujón que lo hace caer al suelo.

—Yo te rechazaré y no te quedará más opción que aceptarlo. Nunca sabrás cuando esté en celo.

Dylan se levanta del suelo muy molesto y herido, entonces niega con la cabeza.

—Vamos a ver quién soporta más, loba caprichosa. Adiós, mi lobita.

—¡No soy tu lobita!

—Qué tú también tengas un lindo día. Recuerda que vendré a tomar mis clases. Traeré el postre.

—¡Deja de hablar como si fuéramos pareja! —estalla colérica, pero Dylan solo ríe y se va caminando como si nada—. ¡¿Te estás burlando de mí?! —Los ojos le cambian de miel a gris y una roca del mismo color es levantada y lanzada en dirección a Dylan, mas este se gira y la hace trizas con las garras que ha liberado.

—¡Qué agresiva eres! —gruñe con fastidio—. Nos vemos en unas horas.

—¡Qué te vaya mal!

—Gracias, yo también te quiero.

—¡Imbécil! —profiere hecha furia. Ella se sacude las manos debido a lo nerviosa que se encuentra y mira en dirección al camino por donde Dylan se ha marchado—. ¿Qué rayos acaba de suceder? ¿Cómo es posible que mi corazón lata tan rápido? Estúpido Dylan, que no crea que me dejará en ridículo. ¿Él quiere jugar?, entonces jugaremos.

***

Dylan sale de la empresa en la que ha cerrado un negocio, con aire victorioso y una gran sonrisa en la cara.

Él observa un aparato circular donde se refleja su cuenta bancaria. Ver los grandes números lo hace sentir ufano de la sustanciosa comisión que se ganó por la gran venta que hizo.

—Podré terminar de amueblar mi casa y hasta mudarme —musita contento—. ¿Debería pedirle a Legna que me ayude? —Él sacude la cabeza en negación—. ¿En qué estoy pensando? Debo sacarme a esa fastidiosa de la cabeza o me volveré loco.

El recuerdo del beso que se dieron le inunda la mente, lo que provoca que su cuerpo reaccione al instante.

—¿Qué diablos haré ahora? Me he dejado llevar por mi instinto y temo por las consecuencias que mi acción impulsiva me cause. Si tan solo Clara se resignara… —Él suspira frustrado y triste.

La noche anterior, él tuvo una conversación seria con la rubia antes de que ella regresara a casa junto a sus hermanos; a pesar de que su intención fue arreglar el desastre que él mismo había provocado, la posible solución resultó ser peor de lo que esperaba.

Ha pensado tanto en su situación actual, pero no encuentra un camino seguro y que no termine hiriendo a uno de ellos. Además, teme mucho entregar su corazón. ¿Qué le garantiza a él que la otra parte desee lo mismo y que acepte el destino que la naturaleza le ha trazado?

—Es tan difícil este maldito asunto. —Dylan resopla contrariado y aumenta la velocidad de su andar. Quiere llegar a la cabaña antes de que anochezca porque, de lo contrario, no tendrá tiempo suficiente para sus lecciones.

«¿Lecciones? Solo es una excusa para estar cerca de ella. Deberías aceptarlo de una vez y por todas; de paso, reclamarla y marcarla. De todas formas, ya tenemos estabilidad económica, por lo que no necesitamos depender del alfa para darle una vida cómoda a nuestra compañera», le sugiere su lobo.

Por un momento, Dylan siente una emoción cálida en el pecho al visualizarse en su casa, con las pertenencias de Legna en cada rincón de la misma. Una sonrisa enamorada se le dibuja en los labios cuando se imagina su vida junto a ella.

—¿Qué diablos estoy pensando? —Se frota la cara con rudeza.

Dylan entra a un supermercado, que es a lo que los licántropos llaman tienda de alimentos, y en una gran canasta de madera empieza a echar los productos que se imagina necesitarán para la cena.

En el área de repostería, él observa los diferentes tipos de postres con la intención de escoger uno; entonces recuerda que a Legna le gusta mucho el chocolate y el maní, por lo que escanea todas las opciones en busca de esa combinación.

—¿Dylan?

Él cree que su imaginación le está haciendo una mala jugada, pero al girarse, descubre que no está alucinando como creyó debido al sentimiento de culpa que lo condena, sino que de verdad la escuchó llamarlo.

—¿Clara? —Su rostro se torna pálido al encontrarse frente a ella, quien al parecer también está haciendo algunas compras.

Los ojos celestes de la rubia lo escudriñan con incredulidad, ya que jamás se habría imaginado encontrarlo en una tienda de alimentos por su propia cuenta.

—¿No me digas que la Luna te obligó a venir hasta acá para hacerle el mandado? —asume, sorprendida aún.

Él suspira asustado. ¿Cómo decirle que está comprando la cena que preparará junto a la chica que tanta inseguridad le provoca a ella? Si antes se sentía fatal, ahora se percibe peor que una basura.

—No… —Vuelve a suspirar—. En realidad, estoy comprando algunos productos para… —se relame los labios y se aclara la garganta—… Legna… Es que ella me tiene harto con la cantaleta de que debo aprender a cocinar y, pues…

El semblante de Clara cambia a uno triste y apagado, acción que lo hace sentir peor de lo que ya estaba. La culpa le provoca que todo lo que pensaba hacer con Legna le parezca inapropiado, egoísta y vergonzoso.

—Ya veo… —Ella se queda pensativa por unos segundos que a él le parecen eternos—. Si quieres puedes venir a mi casa y yo te enseño. Sabes que soy una experta en la cocina.

Dylan se relame los labios y aprieta las manos contra el borde de la canasta que sostiene.

No quiere cancelarle a Legna; sin embargo, Clara no se merece aquel desplante. Ella siempre ha estado a su lado y le ha demostrado que lo quiere, mientras que Legna lo desprecia porque se cree superior a él.

«Ella es nuestra mate», gruñe su lobo.

Dylan puede sentir la frustración de su parte lobuna, pero también se debate si es correcto ceder a sus instintos. Él le dio su palabra a Clara, así que debe atenerse a las consecuencias de sus actos, aunque para los licántropos sea una decisión irracional.

—Ya quedé con Legna —responde al fin. No esperaba ser tan honesto, mas ya no puede seguir actuando para complacer a su amiga por encima de sus deseos—. No está bien que no me aparezca, después de que le dije que iría. Si quieres podrías ir a mi casa cuando lleguen mis muebles y me enseñas allá.

Los ojos de Clara se llenan de gotas de dolor y frustración, de igual manera, sus facciones denotan la rabia que sus palabras le provocan.

—No quiero que vayas con ella —admite sin rodeos—. Me dan muchos celos que ustedes se traten, en especial si estarán a solas. No quiero, Dylan. No te voy a compartir ni con Legna ni con nadie. Me debes respeto.

El enojo que su reclamo le provoca desvanece cualquier sentimiento de culpa que él hubo sentido minutos antes.

—¿Faltarte el respeto, dices? Tu exigencia no tiene ningún sentido porque te confirmé tus sospechas anoche. Aun así, me estás presionando para que… —Él suspira—. Necesito pensar bien las cosas porque no sé si quiera hacerlo. Quizás no me entiendes ahora, pero lo harás cuando encuentres a tu mate.

Clara siente como si le clavaran un cuchillo en el pecho. Él no puede hacerle esto, no después de que han esperado casi toda su vida para unirse.

—Dylan, vamos a un lugar privado para hablar. Cariño, estás confundido por el lazo, mas estoy segura que después del rompimiento no te afectará. Es sólo eso, un vínculo.

Dylan respira profundo porque no sabe de qué manera va a lidiar con esa situación.

Ni siquiera recuerda cuando fue que llegó tan lejos con Clara, si todo empezó con un juego de niños. Está en tremendo aprieto, ¿cómo le explicará de manera directa que él no quiere rechazar a su mate?

← Capítulo AnteriorCapítulo Siguiente →
Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

📖 El hijo del alfa y la híbrida

💬 ¿Necesitas ayuda? Contáctanos