20. ZHL: La decisión de luchar por ella

Dylan observa la lluvia caer a través del cristal de su habitación, absorto en sus mÔs dolorosos pensamientos. La tristeza en su semblante combina con el gris del cielo y con el ambiente melancólico que aquel aguacero produce.

—¿SerĆ© capaz de aceptar el rechazo? —murmura con la voz apagada.

Varios toques en la puerta interrumpen sus lamentos, asimismo, provocan que Ʃl resople del fastidio porque no tiene Ɣnimos de ver a nadie.

Es por ese motivo que desea irse a su casa, para vivir su dolor sin que lo molesten, pero sus padres lo tienen preso allĆ­.

—Dyl, Āæpuedo pasar? —La voz de Miha se escucha del otro lado de la puerta.

Ɖl suspira con expresión hastiada. No quiere hablar con nadie, ni siquiera con ella.

 Miha siempre ha sido un sostĆ©n para Ć©l y con ella puede hablar de cualquier tema; no obstante, en ese momento no quiere su compaƱƭa ni sus consejos, ya que lo Ćŗnico que desea es dejar de sentir y pensar.

—Quiero estar solo… —masculla de mal humor.

—Voy a entrar —insiste ella, acto seguido, empuja la puerta e irrumpe en la habitación. Como respuesta a su invasión, Dylan entorna los ojos y la mira con el ceƱo fruncido.

—¿QuĆ© parte de que quiero estar solo no entendiste?

—Dyl, no te dejarĆ© hundido en lo que sea que te estĆ© molestando. Vamos, hermanito, habla conmigo. ĀæPor quĆ© intentaste…? —Ella traga pesado y los ojos se le cristalizan.

—¿Por quĆ© intentĆ© quĆ©? ĀæSuicidarme? ĀæEso es lo que no te atreves a decir? Estoy cansado de aclararles que yo no me querĆ­a suicidar, pero ustedes no me creen. No sĆ© quĆ© esperan que haga, Āæles miento? —Él resopla fastidiado.

—Dyl, papĆ” te rescató. Ɖl vio cuando te lanzaste al vacĆ­o.

—”QuĆ© no lo hice, con un demonio! Me desmayĆ© y por eso me caĆ­. Ā”Diablos, no entiendo por quĆ© les es tan difĆ­cil creerme!

—Porque estĆ”s depresivo —contesta Tron, quien tambiĆ©n irrumpe en la habitación de repente—. Ese dĆ­a pude percibir el dolor en tus aullidos; fue tan intenso, que sentĆ­ la necesidad de ir a tu rescate. Si quieres que te crea, tendrĆ”s que contarme todo lo que sucedió y sin omitirme nada. —Tron mira a su hija menor y le ordena—: Miha, dĆ©janos solos, por favor.

Ella asiente no muy convencida, ya que tambiƩn quiere saber quƩ es lo que le sucede a su hermano. Tiene la leve sospecha de que estƔ relacionado con Legna, por lo que en esos dƭas ha pensado ir a hablar con ella, mas no se ha atrevido porque teme enojar a Dylan.

Después de que la chica sale, Tron se sienta en el sofÔ frente a la cama y mira a su hijo a la expectativa de una explicación, quien se encuentra sentado en un sillón cerca de la ventana de cristal, cuya vista melancólica lo tiene entretenido.

Ā» Bien, te escucho…

Dylan suspira rendido y lo mira con expresión firme.

—EncontrĆ© a mi mate, pero tengo que rechazarla —responde sin mĆ”s y su rostro se distorsiona por la gran tristeza que siente.

—¿Sigues con esa estupidez? ĀæQuĆ© tanto te gusta la hija de Arel para que te hagas tanto daƱo a ti mismo?

Dylan niega con la cabeza.

—No me gusta Clara…

—¿Entonces?

Dylan suspira.

—Amo a mi mate y ella siempre me gustó; sin embargo, por alguna estĆŗpida razón y quizĆ”s prejuicio de mi parte, yo la tratĆ© mal y la alejĆ© de mĆ­. De verdad creĆ­ que ella me hacĆ­a mal y que yo debĆ­a ser mate de Clara. Es que esa niƱa intrĆ©pida me causaba muchos problemas y me provocaba emociones contradictorias. AdemĆ”s, solĆ­a jactarse de su poder zolleb…

—Espera… —lo interrumpe Tron—. ĀæMe estĆ”s diciendo que tu mate es la hija de RiĆŗ y Alexa? Ā”Diablos! ĀæLa nieta de Liah?

Tron se tensa y lo mira con pesar.

—Siempre sospechaste que ella me gustaba, Āæpor quĆ© reaccionas asĆ­ ahora?

Tron se pasa la mano por el cabello y lo mira con esa firmeza que todavĆ­a lo intimida.

—SĆ­, siempre me pareció que hubo quĆ­mica entre ustedes, pero nunca confirmĆ© que ella fuera tu mate. Este asunto es un poco complicado, Dylan.

—¿Por quĆ©?

—Primero explĆ­came quĆ© te sucedió para que por poco caigas al vacĆ­o.

—En estos Ćŗltimos dĆ­as, Legna y yo hemos pasado tiempo juntos, incluso le dije a Clara que no voy a rechazar a mi mate. Estaba dispuesto a conquistarla y a reclamarla, pero ella no quiere porque sufrió mucho gracias a mis desplantes. Dice que siempre se sentirĆ” insegura conmigo y con Clara.

—¿Y por eso quisiste suicidarte?

—¿Cómo te explico que no hice tal barbaridad? —Dylan resopla frustrado—. SentĆ­ que alguien me seguĆ­a y…

De momento, a Dylan le duele la cabeza y sus recuerdos se tornan confusos.

—¿De quĆ© hablas? —interpela su padre, quien muestra mucha preocupación por su primogĆ©nito.

—No lo sĆ©… Es que a veces tengo recuerdos que no entiendo o eso creo… No sabrĆ­a explicarlo.

—Necesito que seas claro conmigo porque de ello depende el que salgas de la casa.

—No puedes encerrarme aquĆ­ como si yo fuera un prisionero.

—Oh, sĆ­ puedo. HarĆ© cualquier cosa con tal de mantenerte a salvo.

—¿A salvo de quĆ©? PapĆ”, estaba dolido y, por alguna razón extraƱa, asustado. No soportĆ© tanta presión y me desmayĆ©. ĀæQuĆ© mĆ”s tengo que decirte para que me creas? Es la verdad.

Tron suspira rendido. Entiende que hay algo mƔs, pero decanta en darle el beneficio de la duda en cuanto al suicidio.

—Bien, digamos te creo, pero no me quedo conforme con tu explicación y te advierto que te mantendrĆ© vigilado, jovencito. Ahora debemos conversar acerca de tu mate. ĀæQuiĆ©n lo dirĆ­a? —SonrĆ­e malicioso, pero en cuestión de segundos su rostro se torna preocupado—. Creo que conoces un poco la historia de RiĆŗ y Alexa. Ella era una humana que llegó a nuestro territorio por accidente. RiĆŗ supo que la intrusa era su mate al instante y, aunque se negaba a aceptarlo, el muy idiota siempre fue muy obvio.

—He escuchado algo sobre su historia…

—Aquello fue problemĆ”tico. En ese entonces el consejo de los humanos estaba aliado a nosotros, puesto que habĆ­a un pacto de paz y respeto entre las criaturas con raciocinio; sin embargo, los habitantes comunes del territorio humano no sabĆ­an de nuestra existencia, asĆ­ que para Alexa fue impactante descubrir lo que Ć©ramos.

—Me imagino. Pero, Āæpor quĆ© los del consejo humano mantenĆ­an nuestra existencia en secreto?

—Porque esas criaturas son ambiciosas, curiosas y peligrosas. QuizĆ”s no tengan las habilidades fĆ­sicas que nosotros poseemos, pero su mente es mĆ”s desarrollada para hacer maldad. A ellos les encanta invadir los territorios ajenos y robar sus recursos.

—Entiendo. Entonces el consejo sólo los protegĆ­a al esconder dicha información.

—Exacto. El problema es que la llegada de Alexa desató problemas entre los continentes y hasta hubo una guerra en la que ella y RiĆŗ casi mueren. En ese entonces, Alexa estaba embarazada de Legna.

» Todo sucedió porque en el consejo de los humanos había personas malvadas y codiciosas, que le revelaron la verdad a varios líderes poderosos y utilizaron a la mafia para atacar a los demÔs miembros e invadirnos a nosotros.

» La invasión tenía como excusa que los licÔntropos violamos el pacto al retener a Alexa en nuestro territorio. Nuestro consejo decidió enviarla de nuevo a su continente, mas Riú se negó. Al fin y al cabo, ella era su mate y la madre de su cachorra.

—¿Cómo evitaron que la regresaran? —inquiere Dylan intrigado.

—Puesto que RiĆŗ la habĆ­a marcado, el veneno de su saliva la convirtió en licĆ”ntropa, por lo que ella perdió su humanidad; tambiĆ©n, yo le pedĆ­ ayuda a Liah para que juzgara la situación entre la pareja. Como lĆ­der de los zollebs, Ć©l es mĆ”xima autoridad sobre los tres continentes.

» Liah confundió a Alexa con la madre, porque al parecer es muy parecida a la difunta. También, los ojos de Alexa son tan verdes como los del zolleb y, dado que ningún humano tiene ese tono tan exótico, él empezó a sospechar. O sea, sí hay humanos con los ojos verdes, pero no con ese brillo que suelen tener los zollebs en los tonos de sus iris. En fin, él descubrió que tenía una hija y por supuesto no permitiría que le hicieran daño.

» Alexa ya había dado evidencia de su poder zolleb y no había razón para que conviviera con los humanos, en realidad, era lo menos conveniente. Liah ordenó que ella viviera acÔ con su mate y borró los recuerdos de los pocos miembros del consejo humano que quedaron con vida. Incluso nuestro amigo Tom, quien era el mÔs fiel y entregado a la causa, fue condenado a perder sus recuerdos.

—Entiendo lo terrible de todo ese suceso, pero no entiendo quĆ© tiene que ver conmigo y con Legna.

—Que el consejo estĆ” preocupado por la nueva especie que ha surgido como consecuencia de la unión entre RiĆŗ y Alexa. Ellos desconfĆ­an de esta nueva raza y temen por el equilibrio y pureza de nuestro territorio. Este asunto ha preocupado a Liah y hasta me comentó que querĆ­a llevarse a sus nietos al territorio de los zollebs…

—Legna tambiĆ©n estĆ” preocupada por esa situación.

—Hay mucha tensión en el consejo y ellos tienen su atención puesta en los cachorros de RiĆŗ. HablĆ© con Ć©l hace unos dĆ­as, mas RiĆŗ dice que no van a poder hacer nada en su contra, dado que sus hijos no representan ninguna amenaza y saben comportarse.

—Y es asĆ­. Legna ha madurado mucho en estos cuatro aƱos. Ya no es problemĆ”tica ni usa su poder para hacer travesuras. Ella estĆ” preocupada por este asunto, asĆ­ que trata de ser prudente al utilizar su habilidad. En cuanto a Ryan y a Alexandra, ellos son mĆ”s tranquilos que Legna.

—Los hijos de RiĆŗ no son problemĆ”ticos; no obstante, eso no es suficiente para tranquilizar al consejo. Disculpa que sea tan crudo contigo, pero te espera un gran reto como mate de esa cachorra.

—No me importa tener que irme en contra del consejo con tal de unirme a mi mate. El problema es que ella no quiere el reclamo y ha optado por rechazarme. Siento que me muero de una forma lenta y dolorosa con tan solo saber que eso sucederĆ”, y no me quiero imaginar quĆ© serĆ” de mĆ­ cuando rompamos el lazo.

» Es que no me siento capaz de renunciar a ella. Estos días he podido ser yo mismo a su lado y he experimentado emociones que sólo mi loba traviesa es capaz de detonar en mí. Su compañía me nutre, me hace feliz y me llena de dicha. Yo la quiero de verdad, papÔ.

—Entonces lucha por ella.

—Legna no me quiere, ella…

—”Por favor, Dylan! Sólo no te rindas e insiste un poco mĆ”s; estoy seguro de que esa chiquilla te quiere y que, si le demuestras con hechos lo mucho que te importa, se olvidarĆ” del rechazo y aceptarĆ” la unión. Vamos, te estĆ”s perdiendo los manjares del amor por estar lloriqueando como pendejo. Si quieres te escribo todo un manual sobre quĆ© hacer en ese primer encuentro, y te aseguro que esa niƱa quedarĆ” loquita por ti.

—PapĆ”… —Él arruga la cara con horror—. ĀæPor quĆ© aludes que soy virgen?

—Destilas virginidad por los poros, cachorro. Ahora, arriba ese Ć”nimo y ven a almorzar con nosotros para que Otsana estĆ© mĆ”s tranquila. Mi pobre lobita ha estado con los nervios de punta y llora todas las noches.

Dylan baja el rostro con pesar.

—No quiero que ustedes sufran por mĆ­.

—Eso es imposible, ya que eres nuestro hijo y te amamos. Cualquier cosa que te suceda nos duele como si fuera a nosotros mismos. Es mĆ”s, preferimos sufrir nosotros en lugar de ustedes.

Dylan asiente con una sonrisa, que es la primera que forma desde aquel día en el que se despidió de su mate. Se siente afortunado de tener una familia que lo apoya. La fuerza que ellos le transmiten le devuelve la esperanza de poder conquistar a su compañera y evitar que ella lo rechace. «Mi loba intrépida, te demostraré que no tienes por qué preocuparte ni por Clara ni por el consejo ni por nada que se oponga entre nosotros, puesto que yo lucharé contra viento y marea para que estemos juntos. Te amo, mi loca impulsiva».

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El hijo del alfa y la hĆ­brida

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