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Pasado
Él le había dicho a su padre que se quedaría entrenando en el campamento de la manada, pero esa fue una excusa para regresar a Fuerza de bronce.
Dado que él todavía no había tenido su transformación, le tocó regresarse corriendo. Y, aunque contaba con una velocidad impresionante, le tomó toda la noche llegar a destino.
Apenas el sol se estaba dejando ver cuando él se detuvo a una distancia prudente. Había aprendido a pasar desapercibido en los entrenamientos con su padre, mas era probable que aquel alfa, asimismo el zolleb que acompañaba a la familia, pudieran descubrir su presencia; no obstante, la ingenuidad de su juventud ignoró ese detalle.
Suspiró del alivio cuando creyó que no había sido descubierto, pero también porque ella no se había marchado aún.
—Hasta luego, loba insoportable... —balbuceó con tono triste.
En ese instante, se ocultó por completo detrás del árbol que usaba para esconderse, porque la chica de cabellera rojiza miró en su dirección como si lo hubiera escuchado.
El corazón le latió muy fuerte ante la posibilidad de haber sido descubierto, razón por la que su mente empezó a maquinar diferentes excusas que justificarían su presencia allí; sin embargo, la jovencita volvió la mirada a su familia y se despidió de ellos en un abrazo grupal.
Él sintió la necesidad de hacer lo mismo y quizás vengarse de ella por haber besado a su amigo la noche anterior. La besaría con malacia y de manera brusca, no porque lo deseara, más bien porque sabría que eso la molestaría.
«No es que quiero besarla ni abrazarla, es solo que ella merece ser molestada antes de irse», se autoconvenció en su mente.
Verla desaparecer junto al zolleb rubio le provocó un extraño dolor en el pecho. Se sentía abandonado y desamparado, asimismo, las ganas de llorar lo hicieron maldecir en su interior.
«No soy tan débil... Al fin y al cabo, ¿qué me importa a mí que esa niña fastidiosa se haya ido por cuatro largos años?»
Con ese razonamiento, él regresó a casa.
Aquellos días el chico estuvo más retraído de lo regular y la tristeza denotaba en su semblante. Lo único que lo consolaba era que pronto cumpliría los dieciocho años y, debido a ello, por fin tendría su transformación.
Aquel suceso era la esperanza que aguardaba de ser libre de esos sentimientos contradictorios e incómodos que lo confundían, ya que el lazo con la chica de sus sueños desvanecería la duda que lo mortificaba, también, eliminaría esas emociones conflictivas que lo hacían fantasear con lo que no debía.
El día tan anhelado llegó y su transformación se dio en el alba. Su lobo aulló varias veces de la alegría y se mantuvo en su forma lobuna casi toda la mañana.
Eran sólo él y su lobo en el bosque, afinando habilidades y disfrutando de ese parte salvaje que lo hacía ser más poderoso y libre.
La noche llegó y la gran fiesta se celebró en la manada Rayo dorado, donde el alfa Tron dio un gran discurso acerca de la dicha de ser padre, como también de lo orgulloso que se sentía de su hijo primogénito.
A la fiesta Clara llegó junto a su familia, muy arreglada y nerviosa. Ella deslumbraba con su belleza y su fino vestido rosa. Las manos le temblaban y el corazón le saltaba emocionado, puesto que por fin el chico que tanto le gustaba la reconocería como suya y, quizás, la reclamaría aquella misma noche. El simple hecho de imaginarse entre sus brazos le provocaba escalofríos en todo el cuerpo.
Lo deseaba tanto.
Dylan se había convertido en un cachorro vigoroso, fuerte y muy apuesto. Él se robaba la atención de las hembras, donde quiera que iba, y era la envidia de muchos machos porque sobresalía en todo lo que hacía.
El hijo del alfa era un buen partido: fuerte, atractivo, inteligente y con la vida asegurada; por lo tanto, sus futuros cachorros estarían seguros con un padre como él.
Dylan también estaba nervioso, así que caminó en dirección a ella con parsimonia y el corazón a mil.
Estuvieron de frente por un largo rato, mas nada especial sucedió.
No hubo olor hipnotizante ni latidos frenéticos. No hubo un reconocimiento de su lobo ni la exclamación de ¡mate!
Nada...
—¿Qué sientes? —preguntó ella con los nervios de punta.
Él negó con la cabeza. Su mirada llena de pesar le hizo entender a ella su triste realidad: Él no la reconocía como a su compañera destinada.
Entonces la inseguridad que siempre había aguardado afloró en su pecho. Clara había anhelado mucho el momento del lazo, ya que éste provocaría que Dylan tuviera ojos sólo para ella, por lo que el temor a que él estuviera enamorado de Legna quedaría en el pasado. Sin embargo, una nueva preocupación nació: ¿Qué tal que ella fuera su mate? ¿No explicaría aquello la química entre los dos?
Mientras ella se encontraba absorta en estos pensamientos, Dylan se preguntaba cómo manejaría esa situación tan incómoda. Entonces, como manera de relajar la situación, él le sostuvo la mano con delicadeza y la miró directo a los ojos.
—Quizás debamos esperar a tu transformación —dijo para calmarla, aunque en el fondo sabía que era una estupidez.
Para su sorpresa, ella asintió con gestos rápidos y le sonrió en acuerdo. Eso lo relajó al instante, pese a que lo dejó un poco desconcertado, ya que por lo menos esperaba un cuestionamiento de su parte a aquella extraña lógica.
Horas más tarde, Dylan trataba de disfrutar la celebración, mas no lo conseguía. Fingía su sonrisa, la alegría y la diversión que de verdad no estaba experimentando. La única razón de su malestar no era por el hecho de sentirse asediado por Clara, sino porque mantenía la esperanza de que una persona se dignara en aparecer, mas no lo hacía.
Las chicas de la manada y algunas invitadas de otros lugares, que se le acercaban esperanzadas de ser mates del hijo del alfa, eran alejadas por Clara, quien se mantenía pegada a él como si marcara su territorio.
No permitiría que otra se lo quitara.
Cuando por fin Dylan pudo estar un momento solo, suspiró varias veces con tristeza.
—¿Qué me molesta más? ¿Que Clara no sea mi mate o que esa loca no haya venido a molestarme? —habló a la nada con expresión de disgusto, luego negó con una sonrisa divertida—. ¿De verdad esperaba que ella interrumpiera su importante entrenamiento para venir a fastidiarme en mi fiesta? De todas formas, ¿qué tiene de divertido pelearme con esa tonta desquiciada?
De repente, Dylan siente que despierta y mira a su alrededor desorientado. Otra vez soñó con el pasado y volvió a revivir la amargura de aquel día que debió ser especial para él.
«Si Legna no se hubiera ido antes de mi transformación, ¿qué hubiera sucedido aquella noche? ¿Habría esperado dos años sólo para rechazarla? ¿Me hubiese atrevido a hacerlo? O… ¿Le hubiera confesado aquella misma noche que éramos mates?», piensa confundido.
—Sabes que no lo habrías hecho, cariño.
Él mira en dirección a aquella voz y sus ojos se abren del asombro, al vislumbrar a Legna frente a su cama.
—¿Qué haces aquí? —inquiere, más desorbitado que antes.
—Tú me llamaste, ¿acaso lo olvidaste? Lo hiciste por varias noches en tus sueños.
—¿Qué?
—Ya deja de engañarte a ti mismo y reclámame; estoy segura de que Clara entenderá.
—Como si fuera tan fácil. Tú no me escogerías a mí, así que no haré el ridículo.
—¿Cómo puedes estar tan seguro? ¿Tan cobarde eres que ni siquiera lo intentarás? Mientras te decides, ¿por qué no nos divertimos como solemos hacerlo todas las noches? Ven aquí, mi poderoso lobo, demuéstrame que estoy equivocada contigo. ¿Dejarás que me siga burlando de tu serpiente gigante?
La manera seductora de ella hablarle lo calienta al instante, así que, de buenas a primeras, ellos se besan y acarician sobre la cama. No podría definir el placer que siente con exactitud, pero él la embiste con todas sus fuerzas mientras ella grita con escandalosos gemidos lo bueno que es él en la cama.
—¿Por qué si siempre lo hacemos nunca me sacio? —pregunta Dylan de repente.
—Porque necesitas hacerlo realidad...
Dylan se despierta exaltado y sudoroso. Él busca a su alrededor con la mirada mientras su corazón late muy fuerte dentro de su pecho.
—¡Maldición! ¡No otra vez! —Él levanta la sábana que lo cubre hasta la cintura y descubre la humedad de sus fluidos—. ¿Por qué tengo que soñar con una loca como Legna? De nuevo la metiche del servicio me va a acosar porque creerá que me masturbé. Como si yo fuera tan tonto para no usar papel y evitar este desastre. ¡Todo por culpa de esa loba insoportable, que ni en mis sueños me deja en paz!
Él se tira de la cama con movimientos berrinchudos, luego camina hacia el baño, vociferando profanidades.



