La chica de cabello oscuro guarda sus instrumentos y sale de la universidad. Otra vez se le cogió la noche en los ensayos.
—Mamá estará insoportable —masculla, al revisar la hora en su reloj de muñeca—. Ni modo…
«Venganza».
La mujer busca a su alrededor porque cree haber escuchado algo, pero al no ver a nadie, sale del salón de música y se dirige a su casillero. El lugar está desierto y parte de las luces se encuentran apagadas, puesto que la última clase terminó horas atrás.
Ella saca su bolso y guarda algunas pertenencias allí, luego cierra la puerta del pequeño armario metálico y se dirige a la salida; sin embargo, se detiene al sentirse acompañada.
—¿Quién está ahí? —Trata de no sonar asustada, pero el aura de maldad a su alrededor la hace temblar.
«Ira, envidia, celos… Eres perfecta…», se escucha en el ambiente, mas ella no sabe si es una persona o sólo lo imagina.
—Si a uno de ustedes les parece que es una buena idea jugarme una broma, les informo que no me la encuentro graciosa. Haré de cuenta que nada ha sucedido, pero si continúan con sus juegos tontos los reportaré con el decano —advierte, creyendo que se trata de algún alumno.
Ella camina con pasos decididos, como si intentara demostrar que no tiene miedo.
«Obtendrás lo que deseas».
Kyra se detiene y se gira, decidida a enfrentar lo que sea que la está acosando.
—¿Qué ra…? —No termina de hablar porque es rodeada por un humo negro, que a su vez es absorbido por su piel; como consecuencia, Kyra se desmaya.
***
La fiesta empieza en la manada Fuerza de bronce desde la mañana. En toda la ciudad y algunos pueblos de la manada se escucha música movida, también hay decoraciones coloridas y mucha comida típica que el alfa patrocinó para que todos los miembros coman hasta saciarse.
Es un día de festejo.
Legna baila en medio de la gente con su vestido blanco hasta las rodillas, una corona de flores del mismo color en la cabeza y esa sonrisa traviesa que la hace lucir feliz. Ella siempre es tan libre y desinhibida, que Dylan se encuentra cada vez más fascinado con su personalidad.
Él la aprecia disfrutar de su fiesta de unión a una distancia, donde en ese momento él es un espectador de su belleza, así que no puede apartar la mirada de su cuerpo curvilíneo ni de ese rostro angelical que se contradice, puesto que también denota una malicia que lo atrae con locura.
—Es hermosa, ¿cierto?
Esa voz.
Una sensación desagradable lo recorre por dentro y le arruina el deleite de su contemplación, lo que provoca que él entorne los ojos con fastidio.
—¿Qué haces aquí? —Dylan se gira para enfrentarlo, pero encontrar esa sonrisa socarrona y desafiante en el rostro de su adversario lo irrita más de lo que ya está.
No lo soporta. Todavía le quedan ganas de desfigurarle la cara de una manera tan salvaje, que sus tejidos de lobo no puedan restaurarse y se quede deforme por el resto de su vida.
—Mi familia fue invitada por el alfa, tu suegro —escupe lo último con saña—. Recuerda que soy el hijo del beta de Luna llena y ente importante entre la cúspide. Por cierto, debo felicitarte por comerte a esa cachorra que se ve tan rica, pero, ¿cuánto te durará la felicidad?
Los ojos grises de Dylan brillan de manera sutil y amenazan con cambiar a turquesa, debido a la ira que las alusiones de ese sujeto le provocan.
—¿Quieres morirte, maldito infeliz? —Dylan sonríe con sorna; sin embargo, sus ojos muestran la irritación que lo recorre y que él reprime porque de ninguna manera arruinará su celebración, mucho menos por causa de ese sujeto envidioso.
—¿Qué? ¿Crees que correrás con la misma suerte que aquella vez? Sólo me agarraste desprevenido…
La risa irónica de Dylan interrumpe sus excusas.
—Sí, como no —se burla, acto seguido, se relame los labios para calmar las ganas de destrozarlo, que lo incitan a dejar salir su lobo.
—¿Te crees mejor que yo, chiquillo? Si sólo eres un cachorro mimado que se aprovecha de las influencias de su padre.
—¿Yo me aprovecho de las influencias de mi padre? —Dylan niega con una risita divertida—. ¿Acaso no eres tú quien siempre se jacta de que su progenitor es el beta de la manada Luna llena? ¡Por favor! ¡Qué ridículo eres! ¿Sabes qué pienso de ti? —La sonrisa malvada de Dylan se ensancha—. Que eres un amargado que está frustrado con la vida porque, pese a que eres más viejo hasta que mi progenitor, aún no has encontrado a tu mate.
» Creo que la naturaleza es sabia al no permitir que una pobre loba caiga en tus garras. Ahora, si me disculpas, voy a bailar con MI MATE, ya que yo sí tengo una.
Dylan no da lugar a réplica, más bien se aleja de Titán, quién lo mira con odio. Las palabras del joven han calado profundo y abierto heridas que lo hacen sentir miserable y muy molesto.
—No te preocupes, que ese cachorro se tragará sus palabras. —Una voz conocida lo saca de sus meditaciones—. Es más, disfrutarás ver en primera fila cómo su mundo se derrumbará, pero tendrás que ayudarme.
Titán observa a Kyra con recelo, ya que su actitud le es extraña y muy diferente a la cachorra inmadura y engreída que suele ser. Es como si fuera una persona distinta, incluso su forma de expresarse le parece ajena. Ni hablar de esa aura oscura que desprende.
—¿Cuál es el plan?
Ella sonríe satisfecha y busca una bebida para ambos. Titán escucha atento a la chica, pero hay algo en su idea que le parece un poco irreal.
—Ese cachorro no caerá bajo tus encantos, Kyra, no seas tan ilusa —replica, tras tomarse un largo trago de ron.
Ella ríe burlesca y le acaricia el pecho de forma provocativa. De inmediato, Titán siente una corriente extraña que le recorre todo el cuerpo y, de un momento a otro, desea ser prisionero de lo que sea que lo atrae a esa mujer, que ha sabido jugar con su voluntad sin siquiera hacer nada.
—Yo tengo mis trucos, chico lindo. Tú sólo asegúrate de que esa mocosa esté en el lugar y el momento indicados.
—Hablas como si tú fueras muy adulta —ironiza, mas Kyra se limita a sonreír y se aleja de él. Por su parte, Titán no puede apartar la mirada de sus pasos gráciles ni de esa sensualidad que denota su presencia. ¿En qué momento esa chiquilla se convirtió en alguien tan atractiva y seductora?



