Alexa deja escapar varias lágrimas en el refugio del calor de su padre. Siente como si se le quitara un peso de encima. Estaba tan preocupada por él que no tenía paz, además, contar con su apoyo ante la nueva amenaza le da tranquilidad en medio de tanto caos.
—¡Vaya! Deberé irme al continente humano más seguido si seré recibido así, mi cría. ¿Todo bien? ¿Por qué percibo tanta angustia de tu parte? ¿Acaso debo romperle las bolas al salvaje de tu esposo?
Alexa ríe y lo encara.
—Estaba preocupada por ti. ¿Cómo te atreviste a bloquear mis intentos de contacto? ¡Qué padre hace eso! —Ella empieza a llorar.
—Estás muy sensible, querida Alexa; deberías calmarte un poco. Por cierto, debo presentarte a alguien.
La mirada de la pelirroja se entrecierra un poco debido a la confusión y es cuando repara en un aroma diferente y del que había olvidado su familiaridad. De momento, la nostalgia le invade el corazón y los recuerdos de su vida como humana se reflejan frescos en su mente.
Alexa busca por todo su alrededor hasta que sus ojos verdes descubren a la dueña del particular aroma.
—Una humana… —La mirada se le torna sombría mientras examina a la chica de tez morena en un rincón de la pared, quien al parecer se encuentra un poco intimidada—. ¡¿Trajiste a una humana al continente licántropo?! —interpela con desconcierto mientras juzga a su padre con la mirada.
Liah se rasca la cabeza, nervioso, y toma distancia para jalar a Wendy por el brazo y presentarla a su única hija.
—No es cualquier humana —responde con cautela mientras mira a los presentes—. Ella posee la semilla Adamá en su interior. No solo eso, a la semilla se le incrustó parte de la piedra roja, por lo que están unidas en poder y, cualquiera que la tuviera en sus manos tendrá acceso al poder que posee Wendy, es decir ella.
Liah le apunta a la morena con el dedo, quien no se atreve a mencionar palabra. Todavía se le hace irreal que está rodeada de licántropos.
—¿Y esto qué tiene que ver con nosotros o nuestro territorio? ¿Por qué la trajiste? Solo empeoras todo.
—¿Empeorar qué? —inquiere él con recelo.
Alexa se muerde el labio inferior y se abraza a sí misma.
—Pues… —Ella suspira—. No sé por dónde empezar… —Ella mira a Liah con ojos entrecerrados—. Espera… Yo pregunté primero. ¿Por qué trajiste a la humana? Sabes que es en contra del acuerdo y, como rey de los zollebs, debes dar el ejemplo, papá.
Liah entorna los ojos y conecta su mirada con la de su hija.
—Cometí un pequeño error y, gracias a eso, una maldita bruja se robó la piedra roja. ¿Sabes qué significa? Que cuando aprenda a manipularla podrá controlar a Wendy. Creo que la estúpida bruja es solo una subordinada de alguien más, por eso la hemos seguido hasta acá.
—¿La han seguido? ¿Tú y la humana?
—Su nombre es Wendy. Me preocupa que uses ese término con desdén cuando tú fuiste humana también. ¿Acaso lo olvidaste?
—¿Cómo podría? Si al parecer la debilidad de mi padre son las humanas como mi madre. ¿Qué? ¿A esta niña también la dejarás en cinta? ¿Cuál es tu intención? ¡Llenarte de hijos híbridos!
La tensión llena el lugar y el silencio se impone. Riú decide acercarse a su esposa para calmarla, pero el fuego de los celos arde dentro de ella de manera peligrosa.
—No puedo creer que todavía sigas picada por lo que sucedió entre tu madre y yo. ¿Te comportarás como una niña malcriada ahora?
—¡¿Y tú cuándo dejarás de comportarte de manera tan irresponsable, rey de los zollebs?! ¿Qué pasará con ella ahora? ¿No fuiste a buscar una tonta piedra? ¿Por qué regresas después de un año con una humana?
Liah suspira para no perder la compostura. Había olvidado lo insoportable que se vuelve su cría cuando está enojada.
—Duérmete —le ordena hastiado. Al instante, sus ojos verdes brillan y Alexa se desparrama entre los brazos de Riú.
—¡¿Es en serio?! —le reclama el mestizo—. ¿Esa será tu manera de resolver los conflictos con tu hija? No sé cuál de los dos es más inmaduro.
—Por supuesto que tu esposa. Me juzga sin saber nada de lo que pasó. Creí que me había perdonado, pero al parecer todavía me guarda rencor. ¡Es tan injusta!
—¿De verdad estás haciendo cositas con esta chiquilla? —pregunta Tron con una sonrisa divertida.
Wendy se sonroja y baja el rostro; Liah, en cambio, sonríe airoso y la atrae a su cuerpo por la cintura.
—Ella es mi belabé, por eso la traje conmigo. Necesito protegerla de lo que sea que planea esa maldita bruja y su cómplice.
—¿Crees que traerla a la boca del lobo es protegerla? —Lo encara Tron mientras observa a Riú cargar a Alexa y acostarla en el largo sofá que decora su oficina.
—La llevaré a mi continente. Sé que aquí no puede estar, así que solo se quedará hasta mañana. Ahora explíquenme qué es lo que tiene a mi cría tan histérica. La pobre se ve muy estresada.
Tron observa a los demás con complicidad y luego cruza la mirada con Liah.
—Pues creemos saber quién es la bruja principal detrás de todo esto. Ahora todo encaja a la perfección y creo entender lo que busca esa maldita loca. Ah, también el consejo quiere echar a Alexa y a sus hijos de nuestro territorio porque se sienten amenazados.
Liah agranda los ojos y se queda anonadado por unos segundos, acto seguido, suelta un largo suspiro y su semblante se relaja.
—En ese caso, Alexa y Riú tendrán que dejar que me lleve a mis nietos de este lugar. De esa manera, los del consejo se calmarán y no los molestarán más. Es lo que les había dicho ante de irme de misión.
—No es tan fácil. No creo que Legna quiera irse sola.
—¿Perdón? ¿A qué te refieres con irse sola? Lo hará con sus hermanos.
—Legna es la mate de mi hijo, por lo tanto, ellos querrán estar juntos. —¿Qué diablos dices? —interpela Liah mientras niega con la cabeza. No puede aceptar que su nieta favorita se haya unido a un licántropo salvaje. No, eso tiene que ser un error o una broma sin gracia.

