El colchón se siente tan suave debajo de su espalda que él no quiere levantarse de allí. En realidad, desea quedarse todo el día durmiendo en esa cama tan cómoda.
«Este aroma es muy adictivo», piensa mientras se frota contra las sábanas frescas, que emanan un perfume similar a la frambuesa.
—Qué delicia… —balbucea adormilado.
El olor a frambuesa se mezcla con café y jamón frito, lo que provoca que su estómago ruja por lo hambriento que está.
«Es tiempo de despertar, tengo mucha hambre», piensa dentro del trance en el que se encuentra.
Varias vueltas más lo ayudan a despabilarse. Después de que él se frota los ojos varias veces, logra despertarse por completo al fin.
—¿Dónde diablos estoy? —Se incorpora exaltado y mira por todo su alrededor, mas no logra reconocer aquella extraña habitación con apariencia campestre—. No lo entiendo… ¡Estoy desnudo! ¿Y mi ropa? —Él agarra el cordón negro, que acompaña a las demás gargantillas que le rodean el cuello, y lo palpa confundido.
Dylan salta de la cama y se envuelve la sábana alrededor de la cintura, luego sale de la habitación con recelo. Él camina por el corto pasillo y se detiene en la sala cuando la voz melodiosa de una chica lo deja en un éxtasis de encanto que no había experimentado antes.
No recuerda haber escuchado una canción tan hermosa y armoniosa como esa. El canto es maravilloso en un lenguaje desconocido, pero con un tono potente y encantador.
De pronto, la canción se detiene y el silencio se adueña de la cabaña.
—Entonces ya despertaste. —Al instante, él reconoce la voz que le habla en un tono burlesco.
—¿Legna? ¿Qué sucedió? ¿Por qué estamos solos en esta cabaña? —Él deja de observar la sábana que su puño derecho tiene atrapada, para buscar a Legna con la mirada. Su semblante denota mucha angustia y confusión—. ¿Por qué estoy desnudo?
Ella sale de la cocina con una sonrisa endiablada y lo mira de arriba a abajo con ironía. Por su parte, los ojos plateados de Dylan recorren las hermosas piernas que quedan a la vista, debido a que ella lleva puesto un camisón que sólo le tapa parte de la cadera.
—¿Acaso lo olvidaste, “mate“? —resalta la última palabra en un tono juguetón y camina hacia a él con pasos lentos y seductores—. No puedo creer que no lo recuerdes, puesto que tú lo disfrutaste demasiado como para haber olvidado lo que hicimos.
Dylan abre la boca con horror en sus facciones.
—¿Q-Qué diablos estás insinuando? ¿Acaso Tú y yo…? —balbucea lo último espantado mientras su rostro muestra desconcierto y temor.
Legna se le acerca tanto que el corazón de Dylan empieza a palpitar con frenesí y la respiración se le torna más rápida.
—Me ofende que te hagas el pendejo después de todas las nalgadas que me diste mientras… —Ella deja salir una risita coqueta.
—Diablos… —susurra él en completo asombro.
—Fue divertido, ya que tú eres un hombre de mucha experiencia en el sexo. Todo eso que me hiciste me dejó sorprendida. Supongo que practicaste con Clara todo este tiempo… Aunque si la tuvieras un poco más grande yo no hubiese fingido y, quizás, habría considerado el no rechazarte. Lástima.
Dylan la mira con una sonrisa maliciosa, al caer en cuenta de que ella miente.
—Ya te descubrí, mentirosa insoportable. ¿Creíste que caería en tu estúpido juego? —Él le aprieta los hombros y acerca su rostro al de Legna hasta que sus alientos se hacen uno—. Por cierto, no la tengo pequeña, así que deja de inventar tonterías. Si quieres comprobarlo lo único que tengo que hacer es quitarme la sábana para que veas.
Legna se pone nerviosa debido a la cercanía de sus cuerpos, pero lo que más la inquieta son las palabras que salen de esos labios rosados, llenos y muy sexis, que a esa poca distancia lucen demasiado apetecibles; sin embargo, ella disimula su deseo y lo mira desafiante.
De un momento a otro, Legna estalla en unas carcajadas ruidosas y burlescas.
—¡Si hubieras visto tu cara de idiota! —se mofa mientras se encorva de la risa—. ¿De verdad creíste que yo me rebajaría tanto? ¡Qué asco! Jamás me acostaría contigo, ya que tu pequeño palito ha sido usado por tu amada Clara.
Dylan gruñe ante el diminutivo que ella usa para referirse a su parte genital.
—¡No es un maldito palito! ¿Acaso quieres probarlo? Ah, ¡no!, si te da asco tener cualquier contacto conmigo porque te crees superior. Lo siento por ti, porque ahora menos te voy a rechazar. Ni modo, estarás atada a quien tanto te asquea y ¿sabes qué?, me voy a coger a Clara todos los días sólo para darme la satisfacción de hacerte daño.
—¡Pero si ya te la coges! No te preocupes, que yo no sufriré sola. Tengo muchas opciones para coger yo también, cariño. —Ella sonríe maliciosa.
—¿Qué quieres decir? A ti nadie te va a tocar… —Él cruje los dientes, exaltado.
—¿Quién lo va a impedir? ¿Tú? —Ella ríe con sorna.
Dylan le atrapa el mentón con un agarre brusco, luego le habla sobre el rostro, muy enojado.
—No digas estupideces. Quien se atreva a tocarte será decapitado por mí. Mientras tú y yo seamos mates, eres mía. ¡¿Me escuchaste, maldita sea?! ¡Eres mía!
—¡Y tú eres mío, estúpido!
—No por mucho.
—¿Te das cuenta de que te estás contradiciendo? —Ella lo mira con rabia.
—Me vas a volver loco, loba insoportable…
—Y tú me vas a matar con tu mal aliento. —Ella lo empuja y hace una mueca de disgusto—. ¡Por lo menos lávate los dientes antes de hablarme cerca, infeliz!
Ahora es Dylan quien se ríe. Legna se cruza de brazos y entrecierra los ojos, pero de repente, ella también estalla en carcajadas.
Al cabo de unos segundos, los dos se encorvan de la risa sin ninguna causa aparente y así se la pasan por unos minutos, hasta que la barriga les empieza a doler.
—Maldición, se me había olvidado lo divertida que eres a veces, lobita insoportable.
—Pues a mí nunca se ha olvidado lo tonto que eres tú.
—Y tú loca.
—Cara de culo.
—Fastidiosa.
—Pene pequeño. —Ella se ríe.
—Demonios, insoportable, tendré que mostrarte lo grande que lo tengo. —Él hace movimientos alusivos, como si se fuera a quitar la sábana, dejando a Legna roja como un tomate y pasmada en su lugar—. ¡Caíste, loba tonta! —Él se ríe de ella—. ¿Quién tiene cara de pendeja ahora?
—Ni que yo quisiera ver eso… —Legna se cruza de brazos y hace un mohín—. Además, ya te la vi. Es muy fea tu cosita.
—No es cosita, envidiosa. Solo estás picada porque nunca te darás el gusto de disfrutar de mi serpiente.
—Querrás decir gusanito.
—¡Eres tan infantil! No sé por qué estoy perdiendo mi tiempo contigo. Necesito ropa para regresar a casa —cambia el tema de forma brusca.
—¿Acaso me ves cara de tienda? Y todavía no me has explicado por qué te encontré desnudo frente a mi puerta. ¿Qué rayos te sucedió?
Dylan suspira y trata de recordar los acontecimientos del día anterior, entonces se ve a sí mismo corriendo fuera de su casa y perdiendo su forma humana.
—No lo sé… —miente, avergonzado, cuando recuerda el arranque de su lobo. ¿Cómo decirle a esa niña caprichosa que él la buscaba a ella y para reclamarla? No se humillaría ante esa arrogante que se cree superior a él.
—¿Consumiste algo que no debiste? Es que no le encuentro sentido a tu comportamiento. Bueno, se trata de ti, ya de por sí eres raro. Ve a ducharte y a lavarte los dientes, buscaré alguna prenda de Ryan o de papá para que te lo pongas.
» Creo que ellos tienen ropa aquí porque suelen cazar en este campo cada cierto tiempo. Aunque dudo mucho te quede. —Ella se pone el dedo sobre la boca con expresión pensativa.
—El cuerpo de Ryan es muy delgado y pequeño comparado con el mío, así que su ropa no me servirá.
Legna echa un vistazo al torso atlético, que se muestra en todo su esplendor, y entrecierra los ojos.
—Ryan no es “muy delgado”, sólo es un niño que está empezando la adolescencia. Esa es la razón para que su cuerpo no esté tan desarrollado como el tuyo; sin embargo, papá es muy grande y corpulento, así que dudo que su ropa te quede bien. Bueno, lo importante es que estés vestido, ¿no? Tampoco debes parecer un modelo.
—No hay mucha diferencia entre tu papá y yo… —masculla incómodo.
—Tienes un gran problema de ego, tonto. En fin, quítate esa peste de encima. El baño está al fondo del pasillo. Está de más decirte que yo no limpiaré ningún desastre que dejes, por lo tanto, no hagas desorden.
Dylan rueda los ojos.
—No hables como si yo fuera tú. Sabes bien que soy más ordenado que tú, loba insoportable —refunfuña.
Dylan se dirige al baño, a donde Legna le lleva un cepillo nuevo, una toalla limpia y ropa de la que Riú tiene allí guardada.
Una vez él se encuentra aseado y vestido, se dirige a la cocina donde lo espera un rico desayuno.
—De todas las cosas que podrías hacer, jamás me hubiese imaginado que sería cocinar —comenta él sorprendido por lo delicioso que está el desayuno.
Legna se echa el cabello para atrás en un gesto airoso.
—Es la primera vez que intentas halagarme y, aun así, suena a burla.
—No me estoy burlando… —Él entorna los ojos.
—Bueno, sí soy buena cocinera y también sé cazar y cultivar los alimentos. Papá me enseñó. Mi mami cocina rico y hace platillos del continente humano, pero mi papá es el mejor, en especial haciendo asados. En su manada acostumbraban a asar carne para casi todo.
Dylan la observa interesado y muy atento, al tiempo en que degusta el desayuno.
—Tu papá siempre me ha parecido un alfa interesante.
Legna sonríe maliciosa.
—Él ya tiene pareja… —Ella no termina su frase porque le da un ataque de risa.
—Eres tan rara —masculla Dylan entre dientes.
—¿Qué hay de ti? ¿Alguna vez has freído un huevo siquiera? —le pregunta ella, después de que se recupera de su ataque de risa.
Dylan sonríe divertido porque ella ha dado en el clavo.
—Apenas eso sé hacer y me queda todo asqueroso. Mamá trató de enseñarme a hacer lo básico, pero la cocina y yo no nos llevamos bien.
—Eso está mal, tonto. ¿Cómo sobrevivirías si te ves sin dinero y sin sirvientes? Te tienen muy mimado.
—Hablas tonterías, no es que no me hayan enseñado, es que de verdad apesto en la cocina. Nunca he aprendido nada de lo que mamá intentó instruirme en esos menesteres.
—Eso es porque no has encontrado a alguien que sepa enseñarte.
—¿Acaso te estás ofreciendo para instruirme a cocinar? ¿Qué quieres a cambio? —Él entrecierra los ojos y la mira con desconfianza.
—No seas ridículo. Que yo no te soporte no significa que no me preocupe por ti. Después de todo, somos amigos.
—Si a esto se le puede llamar ser amigos… —masculla divertido.
Legna ríe juguetona y se relame los labios. Esa última acción se roba la atención de Dylan, quien se queda atolondrado y le contempla la boca con deseo.
Ese color carmesí en los labios llenos y que forman un lindo corazón en la parte superior lo tiene entretenido, ya que se imagina cómo sería atraparlos con los suyos.
«¿Qué estoy pensando? No le puedo hacer esto a Clara», se reprende a sí mismo en sus pensamientos.
«Clara no es tu mate. Eres demasiado raro, te preocupa más los sentimientos de esa chica que los de tu propia compañera».
«A Legna no le importo; sin embargo, a Clara sí».
«Eres un idiota…»
«Deja de fastidiar. Por tu culpa estoy en esta cabaña y por poco cometo una locura. No vuelvas a hacerlo». Su parte lobuna se molesta tanto que decide ocultarse. Su naturaleza salvaje se encuentra frustrada porque él está violando la ley natural de su especie, debido a su orgullo y terquedad.


