Después de un almuerzo cargado de tensión y conversaciones banales usadas como manera de fingir naturalidad y evitar mencionar la charla primordial; Tron, Riú, Alexa, Otsana y Ryan se dirigen a la oficina principal de Fuerza de bronce junto a Dylan y Legna, quienes ya presienten que lo que conversarán allí será serio.
—¿Todo bien? —Legna rompe el silencio, una vez se han sentado todos—. ¿Por qué están actuando tan extraño?
Ellos se miran con complicidad, como a la espera de quién comenzará con la conversación. Riú suspira y conecta su mirada con la de su hija.
—Es posible que tengamos que luchar contra el consejo y sus aliados —suelta sin más.
Como respuesta, Legna frunce el ceño, confundida.
—¿Qué? ¿De qué hablas, papá?
—Hay un complot en nuestra contra, cariño. Es posible que yo tenga que renunciar a todo aquí por defenderlos a ustedes. No permitiré que nadie se meta con mi familia.
Legna se queda pasmada por unos segundos, luego mira a Dylan por instinto. Ella siente emociones encontradas cuando nota la misma mirada de su padre en él.
—¿Por qué el consejo está conspirando en nuestra contra si no hemos hecho nada que nos delate? No lo entiendo.
Es Tron quien suspira ahora.
—Alguien llamado Titán dijo que tú usaste tus poderes de híbrida para atacarlo. Que esa fue la razón por la que Dylan salió airoso de la pelea que ellos tuvieron —explica Tron con voz de hastío, ya que está cansado de toda esa situación—. Por supuesto, los demás aprovecharon su denuncia para exagerar todo y usar eso de excusa para exiliarlos.
Tanto Legna como Dylan se quejan indignados por la mentira, puesto que Legna usó sus poderes para lo contrario.
—¿Qué tan grave es este asunto? —pregunta Dylan pensativo.
—Pues es probable que se arme una guerra entre nosotros mismos. Ya estamos buscando aliados para luchar, en caso de ser necesario —responde Tron.
Legna se levanta de su silla y niega con movimientos nerviosos de cabeza.
—¿Se han vuelto locos? Es una tontería lo que están pensando hacer. ¿Pelear contra el consejo? ¿Armar una guerra innecesaria contra su propia especie? Saben que la solución es sencilla…
—¡Ni lo pienses! —la interrumpe Dylan—. ¿Para ti sería sencillo dejarme? ¿Crees que es mejor renunciar a nuestro futuro como pareja en vez de pelear? Yo por ti lo dejaría todo, Legna. Y sí, lucharé contra ellos y quien sea por tenerte a mi lado.
Legna baja la cabeza contrariada. Se siente entre la espada y la pared en ese momento, pero su naturaleza zolleb no le permite ser tan egoísta.
—No lo entiendes, Dyl —responde con ojos llorosos—. No se trata solo de nosotros y nuestro amor. ¿Qué hay de las personas inocentes que serán afectadas? ¿Qué pasará después de que luchemos? ¿Cómo viviremos con todo un continente en nuestra contra? Mis hermanos y yo no tenemos derecho a invadirlos, mucho menos a luchar por un territorio que no es nuestro.
—Entonces vámonos lejos de aquí, pero no voy a renunciar a ti, Leg.
Ella respira hondo, se sienta a su lado y propone:
—Intentemos hacer paz con el consejo y convencer a los demás de nuestra inocencia. Podemos y hemos aportado mucho. ¿Y si prometemos no reproducirnos? No sé, algo que los convenza de que no somos una amenaza.
—Es lo que queremos, menos lo de no reproducirse —responde Tron—; yo quiero nietos, chiquilla. Pero si ellos nos atacan debemos estar preparados. Y en cuanto a buscar aliados no nos referimos solo a luchar, también a recibir apoyo para que ustedes no sean exiliados. Pero no es eso lo único que nos tiene preocupados. —El tono de voz le cambia y hasta se percibe tembloroso.
—¿Hay más? —inquiere Legna asustada.
Tron suspira y mira a Ryan, quien se levanta de su asiento con movimientos dramáticos.
—Dylan no te fue infiel, o por lo menos, no lo hizo adrede.
Legna entrecierra los ojos para disimular lo mucho que esas palabras la afectan.
—¿No lo hizo adrede? O sea que sí lo hizo. ¿Ven? Yo sé lo que vi.
Dylan se tensa.
—¿Qué dices? —Él mira a Ryan molesto—. Yo nunca le he sido infiel a tu hermana.
Ryan suspira.
—Fuiste encantado por una bruja que se hizo pasar por Legna, quien a su vez dio la ilusión de ser Clara. Todo fue una trampa para separarlos.
—¿Qué? ¿Quién haría eso? ¿Y por qué? —cuestiona Legna.
Tron se levanta de su asiento y empieza a caminar en círculo.
—Esto va a sonar tonto, pero sospechamos que es el fantasma de… —Él suspira—… Azucena…
—¿Quién? —inquiere Legna confundida.
—La flor de la manada Luna de hierro cuando yo era el alfa allí. Ella era mi protegida y… hermana mayor…
—No entiendo, los fantasmas son leyendas humanas…
—Es lo que creí… —contesta Tron—. Todavía no estamos seguros de qué sucede con exactitud, pero sé que se trata de esa bruja. Ella tiene una aliada que creo saber quién es. Azucena tenía cómplices en su mansión que la ayudaban con su brujería. Había una de confianza, al parecer su aprendiz, quien fue la misma que le puso la trampa a Otsana para hacerme creer a mí que ella utilizó acónito para matar a una de mis empleadas y así escapar.
» Creo que es la misma que de alguna forma trajo la esencia malvada de Azucena, ya que nunca nos dejó en paz, pues siempre molestó a Dylan en sueños. No sé si es que tu presencia la cohíbe, pero parece que planea algo con Dylan y necesita que ustedes estén separados.
—¿Cómo es que saben todo esto? —pregunta Legna en estado de estupor.
Ryan les cuenta a Dylan y a Legna acerca de lo que la niña rata vio y les contó.
La pelirroja suspira aliviada y no puede evitar sonreír cuando todas sus dudas se disipan; no obstante, la alegría no le dura mucho.
—Eso explica por qué Dylan estaba siendo torturado por una energía malvada, razón por la que decidí dormir con él puesto que pude neutralizarla. Entonces todo es obra de esa bruja —razona.
—¿De qué diablos hablan ustedes? A mí nadie me manipula. Yo estoy bien —replica Dylan ofendido.
—Ay, mocoso, no entiendes la gravedad de este maldito asunto —lo regaña Tron—. No me salgas con tus babosadas ególatras y mejor colabora para que podamos ayudarte.
—¿Por eso volviste, Legna? —Él la encara enojado, ignorando la reprensión de su padre—. Así como solo regresaste por lástima, también estás dispuesta a dejarme, ¿cierto? Tú me vas a rechazar y te irás. Si quieres te evito la hipocresía y nos rechazamos de una vez y por todas, y ya no seré una carga para ti.
Legna abre la boca impresionada y, por más que trata de contener la ira, la voz le sale rústica.
—¡¿De qué estás hablando, imbécil?! ¿Así es como me agradeces que te haya ayudado por encima de mi dolor? Eres un tonto, ni siquiera sé por qué estás enojado.
—¡Estoy cansado de tanta mierda! Estoy harto, Legna; de ti y de todos.
—¡Ah! —Ella le apunta con el dedo indignada, pero Dylan la ignora y sale de la oficina hecho furia—. ¿Qué le pasa?
Tron mira en dirección a la puerta con tristeza y expresión comprensiva.
—Es difícil saber que fuiste víctima, que te usaron sin tu consentimiento. Siempre tienes el presentimiento, pero enfrentarlo lo hace real. Si Me permiten, iré a hablar con mi hijo. —Tron sale de la oficina en un silencio sepulcral.
—¿Qué culpa tengo yo? ¿Por qué la pagó conmigo? —Legna rompe el mutismo que había durado unos pocos minutos.
—Sé paciente, cariño —la anima Alexa—. Él solo está tratando de asimilar tanta información.
Legna hace un mohín y se cruza de brazos, luego mira a su madre preocupada.
—¿Crees que sea correcto luchar contra los licántropos, mamá? Es decir, somos parte de ellos, pero no del todo y este es su hogar. ¿Qué sentido tiene llevar una vida de problemas y lucha constante?
—Lo sé, mi niña. Esperemos que podamos llegar a un acuerdo. Yo no quiero separarme de tu padre, pero tampoco quiero que él lo deje todo por mí.
Legna asiente más mortificada aún, puesto que tiene el mismo dilema que su madre. No quiere separarse de Dylan, mas no permitiría que él deje su vida tirada por algo incierto, dado que no está segura si los zollebs aceptarían a un licántropo en su territorio.
***
La brisa fresca de la noche, el olor natural de los árboles y los sonidos de los animales nocturnos despiertan recuerdos de la vida que perdió. Todo era tan maravilloso en su adolescencia. Ella era feliz junto a sus padres y hermano, siendo la mujer más alabada de la manada debido a su belleza.
Recuerda cada sensación como si el tiempo no hubiera transcurrido. Los besos y caricias de su amado, sus promesas de amor y sus escapadas secretas.
Pero tener un mate no siempre es bendición, es más, para ella fue la peor maldición de todas. Ese lazo vuelve al más independiente en esclavo y te une a alguien a quien no quieres, por lo que pierdes esos sueños e ilusiones que te hacían suspirar.
Ella lo perdió todo cuando su gran y primer amor encontró a su mate. Él pagó su traición con creces; sin embargo, el destino es tan malvado como la naturaleza de un licántropo, ya que unió a su amado hermano a una esclava de esa manada maldita, a la que ella le provocó tanto mal.
Él le falló a su propia sangre por una omega esclava, se atrevió a matarla para salvar el fruto de su traición. A ella, a su hermana. Todavía recuerda ese dolor punzante, la sangre que ensució la espada de su hermano y la mirada igual a la suya que denotaba odio.
Él la asesinó, su propio hermano acabó con su vida.
—Ahora yo te lo quitaré todo —dice con expresión diabólica. Ella observa la luna llena y sonríe maliciosa por la energía que puede robar de esa noche tan escalofriante.
—Entonces, sí se atrevió a venir. —La apariencia de Kyra se gira en dirección a Petro y finge una sonrisa inocente y emocionada.
—Tan grande es mi admiración por usted, Alfa. —Camina en círculos por varios segundos, como manera de darle tiempo a sus poderes de recuperarse. Odia que una chiquilla le haya hecho tanto daño a distancia, y eso de alguna manera le preocupa.
«La semilla Adamá ayudará con ese inconveniente», se recuerda a sí misma, entonces la esperanza aflora.
—¿Por qué una cachorra como tú está interesada en un alfa que es la burla de los demás? Todos critican la manera en que he gobernado Luna de hierro y me comparan con el alfa Tron. Pero ¿cómo se supone que la manada siga siendo lo mismo que en el pasado, cuando él se llevó a nuestra mano de obra? Los miembros de esta manada se acostumbraron al lujo y a la vida cómoda, por lo que ha sido difícil tener trabajadores.
—El alfa Tron arruinó lo que sus padres construyeron por culpa del mismo enemigo. Me parece una bajeza lo que hizo, en especial, que se burlara de su origen al llamar a su nueva manada con el nombre que le trajo desgracia a su familia.
» Por cierto, Alfa Petro, no he visto ningún retrato de los fundadores de Luna de hierro. ¿Por qué las mandó a quitar?
Petro sonríe airoso y mira a la joven con porte arrogante.
—¿Por qué más sería? Tron y Azucena deshonraron a Luna de hierro. Ellos destruyeron la buena reputación de su familia, por lo tanto, no merecen ningún reconocimiento. No quiero que seamos vinculados con esa gente. Sin embargo, yo soy el salvador de Luna de hierro, el más leal a nuestros principios y reglas, y el único merecedor de reconocimiento.
» ¿Para qué recordar a los padres de un traidor y una bruja? No sé cuál de los dos hermanos fue peor, si Tron por haberse unido al enemigo, o Azucena por haber provocado enemistad entre ambas manadas y ensuciar nuestra tierra con su asquerosa brujería. Pero ya esa zorra mentirosa está muerta. ¿Se creyó poderosa porque podía hacer varios encantos? Ahora no existe ni en recuerdos.
La risa del alfa Petro hace eco en el silencioso y solitario lugar, al mismo tiempo, provoca irritación a la chica.
Ella sonríe cuando por fin siente su poder completo y lo mira con un odio lúgubre.
—Eres un maldito cerdo petulante. ¿Te crees la gran cosa porque recogiste las sobras de Tron como el miserable muerto de hambre que eres? ¿Anhelabas el poder, el reconocimiento, llenar con alabanzas el vacío que tu incapacidad e inferioridad te provocaba? Envidiabas a mi padre, luego a mi hermano, pero eras un hipócrita lame botas sin una pizca de valentía. Un zarrapastroso que se arrastraba sediento de poder y de que alguien inflara su ego.
—¿Q-Qué dices, insolente? Espera… ¿Tu padre?, ¿tu hermano? Ni siquiera los conozco. Tú no eres nadie y dudo mucho que tu familia lo sea. ¡Si necesitaste colgarte de Titán para entrar a esta manada! Solo eres una música frustrada que lo único que puede lograr es enseñar en una universidad, ¿y osas insultarme en mi propia manada?
La risa de la chica lo enoja aún más, por lo que él la mira listo para asesinarla.
—Estás confundido, cerdo petulante. Mírame bien… —Los ojos cafés brillan y toman un tono gris que deja a Petro ensimismado—. ¡Qué mi apariencia no te engañe, ya que este cuerpo es solo un disfraz! Yo soy la perra bruja de la que acabas de burlarte. Infeliz, soy tan poderosa que ni la muerte pudo conmigo. Estoy de vuelta, maldito traidor, y voy a recuperar lo que por derecho me pertenece. ¿Qué se siente retirarse del cargo de alfa? Esta es tu última noche como líder de esta manada.
—¿D-De qué estás hablando? ¿Quién eres tú, maldita bruja? Porque no me como el cuento de que eres Azucena. Esa perra murió en manos de su propio hermano. ¡Vaya familia esa!
—¡Soy Azucena y haré que te tragues cada maldita palabra! —La manera desquiciada en que ella empieza a reír descoloca a Petro, entonces él siente un pavor extraño, como si un ente malvado y oscuro lo rodeara.
—¿Qué me sucede? —Él se mira las manos, cuya piel empieza a abrirse y de su carne brotan insectos y gusanos. El olor a putrefacción lo pone alerta porque es consciente de que es él quien se está pudriendo—. ¡¿Qué me estás haciendo, bruja?!
La mirada de Azucena se mantiene con esa calma tenebrosa y malvada mientras su sonrisa se ensancha satisfecha.
Él, en cambio, empieza a gritar por el dolor que siente en cada centímetro de su cuerpo. No entiende si son los gusanos, los insectos que lo cubren o algún otro animal que se está comiendo su carne, pero ese sufrimiento es insoportable.
El alfa trata de convertirse en lobo para atacarla; sin embargo, su cuerpo está tan destruido que solo logra caer de rodillas y pedir que la tortura pare con gritos desgarradores.
La risa malvada de Azucena empeora su estado de terror, pareciéndole ella más peligrosa que la maldad que lo está consumiendo.
—¡Maldita perra! —grita con su último aliento, antes de terminar de caer al suelo y ser consumido hasta que solo quedan sus huesos.
Uno de los bichos carnívoros vuela en dirección a Azucena y se posa en su mano. Ella usa su dedo meñique para acariciarlo y con una sonrisa le ordena:
—Invade las comunidades cercanas a Rayo dorado hasta llegar a esa maldita manada. Quiero que destruyas el trabajo de Tron y te comas la carne de sus aliados. ¡Vuela, amiguito! —grita ella y estalla en unas carcajadas llenas de maldad, mientras que el insecto obedece junto a todo un enjambre que lo sigue.


