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En una región lejana, un guerrero lee una carta en la oficina del campamento de entrenamiento de su manada. Él deja salir un suspiro y mira a su hombre de confianza con una sonrisa maliciosa.
—¿Puedes creer que el mismo alfa Tron me está pidiendo colaboración? Algo grave debe estar sucediendo para que él necesite de mi ayuda —dice orgulloso, ya que ha admirado a Tron desde que era un niño.
—¿Aceptará ayudarlo, Gamma? —inquiere su subordinado.
—¿Cómo podría negarme? El alfa Tron me apoyó cuando más lo necesitaba y gracias a él obtuve la victoria que me convirtió en el gamma de los demás gammas de esta región. Además, para mí es un honor que él me haya tomado en cuenta, amigo mío.
El subordinado asiente en acuerdo y acata las nuevas órdenes de su jefe, que consisten en preparar una respuesta para Tron.
Por otro lado, Azucena se dirige hacia el campamento de entrenamiento, una vez allí, ella echa un polvo al agua y regresa al bosque para recargar energía. Está cansada de las limitaciones en sus habilidades, por lo que le urge que su aliada encuentre la semilla Adamá que le dará el poder que tanto necesita.
***
Dylan resopla frustrado porque, por más que ha ignorado al alfa, este continúa sentado junto a él en una de las banquetas que se encuentran en el campamento de entrenamiento de Rayo dorado.
«Papá es tan terco», piensa. Dylan lo mira de soslayo y niega con la cabeza, rendido.
—Vamos, exprésate; sé que quieres darme un sermón —espeta con tono irónico.
—Ummm... —masculla Tron. Él mira al cielo por unos segundos, luego encara a su hijo con expresión comprensiva—. No tengo nada qué decir, solo quiero acompañarte. Si deseas hablar, te escucho. Si no quieres hablar, te acompañaré en tu silencio. Estoy aquí para ti, Dylan. ¿Quieres luchar y sacar tu ira? También estoy disponible para ello.
—Entonces luchemos, Alfa.
—Como en los viejos tiempos... —Ambos sonríen y se levantan del asiento en un santiamén. Dylan y Tron se alejan de la gran casa de entrenamientos y se colocan en el campo de batalla donde los guerreros suelen entrenar.
Ellos se quitan los zapatos y las camisetas, quedándose solo con el pantalón puesto.
—Tu mate debe estar echando chispas, mocoso —dice Tron provocativo.
—¿No que no tenías nada qué decir, Alfa? —interpela Dylan con una sonrisa sarcástica.
—No te estoy regañando, solo recordé su expresión cuando fuiste un tonto con ella.
Dylan es el primero en atacar, pero Tron lo esquiva sin ningún esfuerzo.
—¿Acaso dije algo que no fuera cierto? —Dylan vuelve a abalanzarse contra él. Tron, tras esquivar su golpe, lo lanza hasta el otro lado de la línea del cuadrilátero. Dado que es un lugar informal y al aire libre, no tiene cuerdas y sus límites están designados por las largas líneas rojas pintadas en el suelo polvoroso.
Como este cuadrilátero, hay muchos al aire libre, aunque también cuentan con gimnasios y lugares de entrenamientos parecidos a los dojos, con cuadriláteros reales y un sin números de armas.
—¿La verdad? Me parece irónico que menciones esa palabra cuando no fuiste sincero acerca de cómo te sientes. ¿Crees que evadiendo la realidad se resolverá este asunto?
—¡No tengo nada qué resolver! —Dylan se abalanza contra Tron y logra tumbarlo.
—¿Es todo lo que tienes, mocoso? —lo provoca con una sonrisa maliciosa.
Dylan le pega un puñetazo, pero Tron se levanta y lo vuelve a tirar fuera de la línea. Lleno de ira e impotencia, Dylan ataca a Tron con una rapidez impresionante. Aunque él evade casi todos sus ataques, se sorprende de lo fuerte que estos resultan y la velocidad de ellos, a punto de llegar a acertar algunos que hacen maldecir a Tron.
Los ojos del alfa se tornan rojos, mas a diferencia de los demás que le temen a Tron cuando eso acontece, Dylan imita su acción. No solo los irises carmesí del chico evidencian que él está siendo afectado por su lobo, también los colmillos que sobresalen y los gruñidos amenazantes que, por alguna loca razón, le causan ternura al alfa.
—Vamos, chiquillo, demuestra de qué estás hecho —lo incita Tron.
Dylan deja salir un aullido de batalla y corre en dirección a Tron, a continuación, sus puños se mueven en sincronía en contra de su padre, quien también lo esquiva con agilidad.
Pese a que el alfa trata de no lastimar a Dylan, se le escapa un golpe que lo hace escupir sangre, lo que provoca que el chico estalle en una furia incontrolable y aumente la velocidad e intensidad de sus ataques.
Tron salta lejos de Dylan y gira en el aire para caer agachado a una distancia prudente, para así retomar el control de la pelea, mas su hijo no está dispuesto a darle tregua, por lo tanto, salta por encima del suelo y da varios giros en el aire que lo abalanzan contra Tron.
Con las piernas juntas y apuntando contra el alfa, Dylan gira alrededor de su eje y logra atinarle un golpe en el estómago a su padre, quien gruñe una palabrota debido al dolor que los pies de su hijo le causan en el área. Él lo agarra por las piernas y lo lanza fuerte al aire, pero Dylan hace una pirueta que lo devuelve al suelo arrastrando los pies. A medida en que aterriza, el polvo es levantado por sus talones hasta que él recupera el control completo y puede retomar la posición de batalla.
Padre e hijo saltan en dirección del otro con los puños extendidos. Golpes, patadas y bloqueos se combinan con los gritos eufóricos y las maldiciones. Sangre y sudor se mezclan con el polvo levantado, evidenciando el desahogo de esa furia que los dos dejan salir desde lo más profundo de su interior.
Ellos no buscan hacerse daño, más bien, es su manera de sacar todo el dolor que los consume por dentro. Los dos, víctimas de la misma maldad y perseguidos por la vergüenza y la humillación, encuentran esa satisfacción de golpear su congoja, aunque sean sus cuerpos los que sufran las consecuencias.
A medida en que Dylan golpea a Tron, las lágrimas brotan y se mezclan con el sudor de su rostro.
—L-Lo siento tanto, Dylan. —La voz entrecortada del alfa hace que él lo mire y descubra que también está llorando.
Dylan se detiene y le da un sentimiento a su padre. Ese gesto dice mucho más que las palabras que no puede expresar, por lo que Tron lo atrapa entre sus brazos y llora con grandes sacudidas. Son tan idénticos que solo ellos comprenden lo que siente el otro.
—No es tu culpa que la loca de tu hermana se obsesionara contigo y que su capricho me persiguiera.
—La bruja de tu tía es un grano en el culo. Si pudiera volver a acabar con su existencia lo haría con mucho gusto. Y pensar que la amé más que a mí mismo en el pasado. Mis padres no estarían orgullosos de nosotros, Dylan.
—Yo estoy orgulloso de que seas mi padre, y estoy seguro de que los abuelos también lo estarían del hombre en el que te has convertido.
—Tú y Miha son lo mejor que he hecho en toda mi puta existencia. No sé qué haría si llego a perderlos. —Tron agarra la cabeza de su hijo y le da un beso en la coronilla—. Quiero que te quede claro que eres fuerte. No tienes que avergonzarte de nada, tampoco eres un debilucho por lo que te sucedió con Azucena. Dylan, eres mi orgullo.
—Tú tampoco eres débil, papá —responde Dylan agradecido, consciente de que su padre se llevó la peor parte de esa bruja loca. Solo alguien que haya pasado por algo similar podría entender lo difícil que es lidiar con el asco y la frustración, de no haber tenido el control mientras eras utilizado sin tu consentimiento.
A distancia, dos mujeres observan la conmovedora escena y no pueden evitar las lágrimas.
—¡Qué derroche de testosterona! —exclama Legna, como un intento desesperado de disimular lo afectada que se encuentra.
—Es un derroche de testosterona muy tierno —añade Otsana con una sonrisa ufana y cargada de cariño. Ama ver a su mate ser padre, pero más ama ser testigo de cómo los dos hombres más importantes de su vida se consuelan y apoyan. De repente, el semblante de Otsana cambia y ella confronta a Legna con expresión de ruego—. Yo sé el infierno que se vive ante la incertidumbre del rechazo, ya que lo padecí en carne propia.
» Por favor, no sigas permitiendo que mi hijo viva ese sufrimiento. Si no estás segura de querer un futuro con él, es mejor que lo rechaces ahora y que no alargues su condena. De verdad espero que no lo hagas, puesto que las parejas destinadas deben permanecer unidas sin importar los obstáculos que se les presenten. Su unión debe estar por encima de todo lo demás y su hogar siempre será su mate, no el territorio.
Legna se queda en silencio mientras ve a Otsana acercarse a su esposo e hijo. Siente envidia cuando Tron la atrapa entre sus brazos y la besa sin importarle que Dylan se queje. Ellos se ven tan libres. No hay impedimentos para su unión ni tienen todo un continente en su contra.
—Mi mate es mi hogar… —susurra para sí mientras observa a Dylan aún oculta en la distancia—, pero... ¿seré yo el suyo? ¿Estaría bien que él dejara todo por mí? ¿Podríamos empezar de nuevo en otro lugar? ¿Dónde? Yo me iría contigo al fin del mundo; sin embargo, no quiero robarte la vida que ya has construido.
***
En el campamento de entrenamiento de Luna de hierro, después de que el agua de los guerreros es envenenada por un polvo verdoso que los pone a merced de Azucena y, que ella recarga su poder, ellos son controlados por su brujería. Es así como Azucena, utilizando el cuerpo de Kyra, se conduce hacia la ciudad de la manada sobre un caballo con Titán cabalgando a su derecha mientras guía a los guerreros, donde se proclamará como la nueva líder que se unirá a los enemigos de Tron para destruirlo.
Entretanto, al rayar el alba, en una comunidad de agricultura bendecida por las semillas que Tron les dio como símbolo de su alianza, un trabajador inspecciona parte de los cultivos que fueron atacados por plagas durante la noche.
—¿Qué es esto? —inquiere intrigado, y se acerca a la hoja donde le pareció ver un extraño insecto. De repente, el animalito le salta en la cara y empieza a devorarle la carne. Sus gritos de dolor alertan a los demás, quienes corren en su dirección, pero no llegan hasta donde él está porque son atacados por un enjambre de insectos similares que destrozan sus carnes en cuestión de minutos.

