En un día soleado y de clima agradable, Legna recibe regalos de parte de sus padres y hermanos, quienes la llenan de mimos en toda la mañana.
—¡Feliz cumpleaños, mi amor! —exclama Alexa con algarabía. Ella le ha enseñado algunas costumbres humanas a su familia, así que poner un pastel en la mesa para comerlo después del almuerzo se ha hecho tradición entre ellos.
A su vez, Riú cazó en la madrugada y asó la carne del animal, también le preparó comida oriunda de la que una vez fue su manada, ya que ese aniversario era especial.
—Desde hoy eres considerada una loba apta para la cópula y la reproducción, por lo que tu celo podría llegar en cualquier momento. Por supuesto, todavía eres mi cachorra, así que no permitiré que venga un lobo intruso a…
—Cariño, creo que debes sentarte y comer —lo interrumpe Alexa—. Toma, come ensalada y puré… —Ella empieza a servirle y le mete un pedazo de carne en la boca para que él no siga hablando.
—¿Cómo Legna se va a aparear y a reproducir si ni siquiera ha encontrado a su mate? —comenta Alexandra burlesca.
La atención de todos se posa sobre la cachorra, quien los mira con una mueca incomoda debido el escrutinio de su familia.
—¿Qué? —profiere Alexandra al sentirse acorralada.
—¿De dónde has aprendido todo eso, jovencita? —le reclama Alexa.
—Para algo voy a la escuela, ¿no?
Alexa entrecierra los ojos.
—¿Tan pequeña y ya te andan enseñando esas cosas?
—Mamá, ya Alexandra no es una bebé —se queja Ryan—. Además, desde pequeños nos enseñan estos temas. Me parece exagerado que hagas el mismo drama siempre. Has tenido tres hijos, ¿nunca te vas a acostumbrar?
—¡A mí me respetas, jovencito! —Ella le apunta con el dedo.
—Y yo qué dije… —gruñe hastiado, como si todo a su alrededor le molestara.
—Esta no sería mi familia si no se discutiera por temas tontos —comenta Legna con una sonrisa cargada de diversión.
Después de almorzar, Ryan y Legna se van a un claro que queda cerca de la manada de Rayo dorado, donde hay una casa acabada de construir.
—La casa del cara de culo está quedando bonita —comenta Legna mientras escanea la edificación con un silbido.
—Sí, a Dylan le gusta más el diseño moderno, con poca ornamentación —contesta Miha.
Ambas chicas observan la casa, cuya apariencia revela formas rectangulares y líneas limpias, con grandes ventanas de cristal y algunas paredes transparentes. La parte pavimentada está pintada de blanco y con detalles negros, dándole un estilo elegante.
Rodeada por la naturaleza, aquella vivienda juega con la conexión entre el exterior y el interior, luciendo fresca, clara y agradable a la vista.
—Me agrada su buen gusto. Sólo faltan los muebles para que quede perfecta —añade Legna maravillada.
—Ya los pedí. —Dylan aparece de repente, lo que provoca que Legna se exalte, aunque ella lo disimula bien—. Espero que lo traigan en unos días.
Legna suelta el aire retenido con parsimonia y asiente sonriente.
—Me gustaría ver cómo va a quedar —dice amigable.
Dylan sonríe por la auto invitación y hace varios asentimientos con la cabeza.
—Puedes venir cuando quieras… —La voz le suena un poco temblorosa, como si estuviera nervioso. Y lo está, ya que no se esperaba tanta amabilidad de parte de ella, después de la discusión que tuvieron días atrás.
—Lo haré, en especial porque tengo que enseñarte a cocinar. Ni creas que te librarás de esas clases. Tendrás que soportarme hasta que aprendas por lo menos lo básico.
Miha los mira con picardía y luego estalla en carcajadas.
—¿Enseñar a cocinar a Dylan? ¡Suerte con eso!
—Cuando me propongo algo lo logro, incluso ya lo enseñé a sazonar carne para el asado. Lo hizo muy bien. —Las palabras de Legna ocultan un mensaje, que por supuesto Dylan no capta.
Ya ella se ha propuesto hacerle beber de su propia medicina, asimismo, divertirse a costa del lazo que los une.
—Entonces de verdad fue Dylan quien lo hizo. Mamá y yo creímos que había comprado la carne sazonada. Para papá, lo de haber casado sólo fue una excusa para librarse del castigo por haber desaparecido sin avisar. El alfa casi le da una paliza. —Miha estalla en carcajadas.
—Ya deja de hablar tonterías —masculla Dylan entre dientes y muy abochornado.
—Esperen… —Miha pasa la mirada de Legna a su hermano mayor y sonríe alusiva—. ¿Ustedes estuvieron juntos todo ese tiempo? —Ella se tapa la boca del asombro—. ¿Me he perdido de algo?
Dylan y Legna se miran asustados, acto seguido, niegan al unísono y muy nerviosos. En ese momento entran los trillizos a la sala.
—¡Feliz aniversario! —exclaman André y Leandro, quienes corren en dirección a Legna, y entre los dos la abrazan y la cargan.
—¡Ya bájenme! —comanda ella entre risas. Legna tiene que manotearlos para que ellos la devuelvan al piso.
—Te hicimos esto —le dice André, luego le pasa una cajita con joyas de ámbar.
—Ay, ¡qué hermosas! ¡Muchas gracias, chicos! —Ella los vuelve a abrazar.
—Hola, Miha, ¿cómo has estado? —la saluda Leandro con una sonrisa que denota fascinación. Ella le devuelve el gesto con expresión tímida, también, sus mejillas toman un hermoso rubor que las resalta.
—Bien… —responde con voz dulce.
—Me alegra —contesta mientras la mira por unos segundos más, antes de ir a saludar a Dylan.
—Felicidades, Legna —la aborda Clara, con gestos cohibidos y tensos.
La pelirroja mira a la rubia con un poco de remordimiento, debido a que el destino las ha convertido en rivales de una manera injusta.
—Gracias… —musita incómoda.
Clara se acerca a Dylan y lo abraza, acción que capta la atención de Legna. Ella tiene que apretar los puños para disimular su molestia y desea con todas sus fuerzas ignorar aquello; sin embargo, no puede apartar la mirada de ellos dos.
Hubo un tiempo en el que deseó estar en el lugar de Clara. Se preguntaba qué se sentiría disfrutar del calor del cuerpo de Dylan y ser la protagonista de sus pensamientos. Soñaba que él le prestaba atención a ella y que sus labios besaban los suyos.
Ahora lo entiende.
El lazo la hacía desearlo, por ende, esa era la razón por la que se sentía traicionada cuando Dylan prefería pasar tiempo con Clara.
—Vamos afuera. —Miha la saca de su trance y la arrastra al exterior. Allí encuentran a Ryan preparando una hoguera que prenderán cuando caiga la noche.
Las dos chicas se alejan del patio para tener privacidad y se detienen a una distancia, donde nadie podría escucharlas por accidente.
—¿Por qué me has traído hasta acá? —interpela Legna confundida.
—Debes dejar de ser tan obvia, Legna —la aconseja, ignorando la pregunta de su amiga—. Me dio pena ajena verte allí adentro. ¿Qué fue eso? Nunca supiste disimular tus celos, pero lo de ahora fue muy intenso. Casi lloras delante de todos.
Legna agranda los ojos incrédula.
—¿De qué hablas?
—¡Por favor! Si te quedaste viendo a Dylan y a Clara con ojitos llorosos y sin ningún disimulo.
—¿Qué? ¡No! —Ella niega con la cabeza—. No los estaba viendo…
—¡Ay, Legna! Tú y mi hermano son unos idiotas y Clara está aferrada a él de forma insana. No me voy a inmiscuir en sus asuntos personales, pero sí quiero que tú actúes con cabeza fría e inteligencia. Él es tu mate, así que es tu derecho reclamarlo.
—Oye, no haré tal cosa. No me gusta él.
Miha suelta una carcajada burlona.
—¡Sí, claro! Ustedes son las personas más raras que he conocido. Legna, usa tus encantos para hacer recapacitar a mi hermano y estoy segura de que se le quitará lo terco. Este asunto me parece delicado, ya que no solo está el hecho de que ustedes dos sufren, también lo hace Clara. ¿Te imaginas que ella rechace a su mate por Dylan cuando lo encuentre? Y todo por una fantasía de niños.
—Ellos se aman, Miha. Por más mate de Dylan que yo sea, nunca podré competir contra esa realidad. Además, yo no soy como ustedes, lo que complica más este asunto.
—Eso sólo está en tu cabeza y creo que es lo mismo que tortura a Dylan. Tu mamá y tu papá no han tenido ningún problema y son felices, por encima de que ella es híbrida. Ya dejen su inmadurez y orgullo de lado y reconozcan que se quieren.
Legna suspira y mira al cielo con indecisión. Por una parte, desea soltar sus miedos y rencores; pero por la otra, la ira se lo impide cuando recuerda el comportamiento de Dylan.
—No sé por qué sigues insistiendo con lo mismo. Dylan y yo no somos compatibles, eso es obvio. Lo único que nos une es este tonto lazo… —Legna suspira porque se siente estúpida ante las excusas que pone. Se arrepiente de haberle confesado su secreto a su amiga, dado que ahora estará más intensa que nunca—. Mejor regresemos, hoy es un día importante para mí como licántropa, así que no me lo pasaré amargada por culpa del idiota de tu hermano.
Miha entorna los ojos porque sabe que otra vez Legna está siendo evasiva, pero le sigue la corriente para no estresarse con ese asunto, ya que su hermano y su amiga la tienen cansada con su manera infantil de proceder, asimismo, de lidiar con un asunto tan delicado como lo es el lazo para los licántropos.
Por su parte, Legna decide disimular la incomodidad que la presencia de Clara le causa y mejor enfoca su energía en divertirse, después de todo, esa es su fiesta.
***
La luna brilla en todo su esplendor y los aullidos de algunos lobos resuenan en la lejanía del bosque. En el patio de la casa de Dylan, una fogata es rodeada por los chicos; quienes comen, beben y ríen de las anécdotas que comparten.
Ryan pone música y empieza a bailar solo, pero pronto Miha se levanta y lo acompaña en su danza.
Los varones de los trillizos los imitan, entonces los cuatro hacen un baile grupal todo raro y divertido.
—¿Ustedes no bailarán? —se dirige Legna a Dylan y a Clara, quienes continúan conversando entre ellos, ajenos a su alrededor.
Clara niega con la cabeza.
—No me gusta sudar, así que paso —responde cortante.
—Supongo que Dyl tampoco. —Legna suspira desencantada, dado que no quiere dejarlos solos en un ambiente tan romántico.
—Me quedaré con Clara; tú diviértete, es tu día.
Legna lo mira con los ojos entrecerrados.
—¿Te quedarás por gusto o por compromiso? —suelta, sin medir sus palabras.
—Dylan, si quieres ir a divertirte con los demás; ve, cariño —lo anima Clara.
—Estoy bien… —musita con indecisión.
Le da pesar dejarla sola y sin nadie que la escuche, ya que él es el único que muestra interés en conversar con ella; aparte de que todos están disfrutando de la música y no hay nadie que le haga compañía.
Dylan mira a Legna, luego observa al resto y lo bien que la están pasando; sin embargo, nota la tristeza en Clara y se siente culpable.
Legna, al entender su debate mental, decide dejarlo tranquilo e ir a divertirse ella.
«Quizás deba empezar mi venganza mañana. Lo único que quiero hacer hoy es enfocarme en mí y disfrutar con mis amigos. Al fin y al cabo, ellos se lo merecen porque se han esmerado en prepararme esta fiesta», se auto convence.
«No permitas que Clara se quede con nuestro mate», le reclama su loba.
«Dylan la escogió a ella, yo nada puedo hacer», responde triste mientras se aleja de la pareja.
Con un amargor en el paladar, Legna se conduce en dirección a los demás chicos, donde resuena la música. Camina con desdén y desencanto, y sus labios forman un pequeño mohín.
—¡Legna! —El llamado de Dylan la saca de sus pensamientos dolorosos y provoca que los latidos de su corazón se tornen rápidos—. ¿Bailamos? —Él le extiende la mano con una sonrisa ladina.
A su vez, ella se queda inerte en su lugar por unos segundos, dado que no le da crédito a lo que está ocurriendo. ¿Dylan prefirió irse detrás suyo en vez de hacerle compañía a Clara?
» ¿Qué? ¿Te quedarás ahí parada como tonta? —se queja él, ante la falta de reacción en la chica.
Ella parpadea varias veces y se cruza de brazos.
—¿Qué haces? ¿Dejarás a tu novia sola?
—Clara no es mi novia, nosotros sólo somos amigos. —Él resopla hastiado de que ella siempre le resalte una relación que es más ficticia que real.
—Sí, claro… —musita incrédula—. ¿De verdad quieres bailar conmigo?
—Sí, ¿por qué no? Hagamos una tregua por hoy, ¿qué te parece? Será parte de mi regalo.
—¿Esa es tu manera de justificar que no me diste nada? Eres un tacaño, cara de culo.
—¿De verdad me llamarás así? Eso suena muy vulgar.
—Perdón por no ser tan refinada como tú, lustre Dylan —se burla.
—Eres tan insoportable. Ni haciendo una maldita tregua te comportas —se queja molesto.
—¿Yo soy la que no se comporta? No quiero hacer ninguna tregua con un estirado como tú…
—¡Ya cállate! —la interrumpe en un estallido cansado—. Vamos a bailar, maldita loca. —Él la jala por el brazo y se une a los demás.
Dado que ninguno de los dos sabe dominar la complejidad de la danza, sus pasos son extraños y sus movimientos descoordinados; sin embargo, más allá de avergonzarse o cohibirse, la pareja ríe y compite acerca de quién baila peor.
Las carcajadas de Legna captan la atención de los demás, quienes también ríen por los ridículos pasos de Dylan.
Legna se desinhibe tanto que se vuelve un poco juguetona, entonces se le pega a Dylan con movimientos sensuales, que él de inmediato imita sin ningún reparo ni represión. Él ha decidido divertirse esa noche, como manera impulsiva de hacer lo que en realidad desea.
No pudo soportar percibir la tristeza de Legna en su propio pecho, tampoco la decepción que su hermoso rostro mostró minutos antes, es por esto que ha decantado en seguirla y estar junto a ella en esa noche tan especial para la chica.
Pronto aquel baile se torna atrevido. Las manos de Dylan reposan sobre la espalda baja de Legna, mientras que ella le rodea el cuello con sus brazos y levanta el rostro en dirección al suyo. Esa cercanía crea una burbuja extraña y cargada de tensión sexual entre los dos, quienes se olvidan del resto y se menean contra el cuerpo del otro con malicia y libertad.
—¿Te estás divirtiendo, lobita insoportable? —Dylan junta sus frentes y sus narices se rozan.
Legna sonríe pícara y, debido a la poca distancia entre sus rostros, ella empieza a respirar con dificultad; él también.
—Sí… —susurra sin dejar de observarlo directo a los ojos.
Sus cuerpos danzan divertidos y su unión forman una sola figura, lo que les causa un mar de emociones y sensaciones.
Como resultado a esos jugueteos maliciosos, que buscan tocar al otro, los vellos se les erizan, el corazón les palpita vehemente y sus bocas emanan más saliva de lo regular.
—¡Es mi turno de bailar con la festejada! —los interrumpe André, y arruina el ambiente extraño que se había formado entre ellos.
De un respingo nervioso, los dos se apartan y miran a su alrededor con vergüenza.
Sin esperar una respuesta de parte de la pelirroja, André la agarra del brazo y la aleja de Dylan, acto seguido, la pega a su cuerpo y se mueve contra este al ritmo de la música.
Una sensación extraña recorre el cuerpo de Dylan y varias ideas nocivas pasan por su mente en cuestión de segundos. Su ser denota una incomodidad que lo hace lucir sombrío y peligroso, como si estuviera esperando el momento indicado para atacar a una posible presa.
«¡Arráncale la cabeza a ese intruso!», incita su lobo, pero él niega con gestos impulsivos ante ese deseo tan irracional. «Ella prefirió irse con él», responde con amargura y vuelve a mirar a su mate, quien ríe libertina y corresponde a los coqueteos de su amigo.

