35. ZHL: El veneno de la duda

Ryan observa a la niña con suspicacia mientras ella devora una fruta, la cual tomó de uno de los tantos manzanos que posee Fuerza de bronce. Le causa curiosidad ese ser tan exótico y fuera de lo común. Se pregunta si existen otros lobos ratas como ella o si esa chiquilla se trata de un accidente natural.
¿Qué sucedería si el resto de los licántropos y, hasta los mismos zollebs, estuvieran equivocados acerca de esa especie de lobos? La posible repuesta a esa pregunta lo asusta.
—¿Qué? —cuestiona ella, avergonzada, cuando descubre el intenso escrutinio del apuesto adolescente.
Ryan se aclara la garganta y niega varias veces con la cabeza.
—Nada, es sólo que me quedé pensando en el asunto de la bruja —miente—. ¿Dices la verdad?
—¿Por qué te engañaría?
—Para salir ilesa, por ejemplo —responde obvio.
—No estoy mintiendo, de verdad hay una bruja. Ella se convirtió en una chica pelirroja y se mezcló en la fiesta. No me atreví a seguirla hasta allí porque sería vista por los guardias. Puedo esconder mi olor y presencia, mas no volverme invisible.
—Espera, ¿puedes qué? —interpela asombrado.
—Debo irme, ya te dije todo lo que sé —lo evade, al tiempo en que se prepara para huir.
—¿Por qué debería creerte? Dices que puedes ocultarte de una bruja; sin embargo, yo pude rastrearte. No te creo nada. —Sus reclamos la detienen.
—¡Digo la verdad! —Ella se pone nerviosa—. Yo también me pregunto por qué me encontraste si estaba usando mi habilidad, pero supongo que se debe a que no eres un licántropo común.
—Ni siquiera tienes una loba ¿y puedes usar tus habilidades licántropas? Necesitarás un argumento más creíble, mocosa.
—¡No soy ninguna mocosa! Yo me voy, no tengo por qué soportarte… —Otra vez se gira, dispuesta a escapar; sin embargo, Ryan la agarra por la muñeca para impedir que ella se marche.
—Ni se te ocurra tratar de huir. Si lo que dices es cierto, entonces mi cuñado corre peligro porque está a merced de esa bruja, como también ella habrá logrado su cometido con cualquiera que haya sido la razón para causar problemas entre él y mi hermana.
—¡Pero tú no me crees!
Él exhala un suspiro rendido y la suelta.
—Te daré el beneficio de la duda, pero te advierto que no podrás engañar a mi padre ni al alfa Tron. Vamos, te llevaré con ellos.
—¡¿Qué?! ¡No, por favor! El alfa Tron me matará con sólo verme. ¡Ya te ayudé! ¡Déjame ir, por favor!
—Él no te tocará, te doy mi palabra. Será todo lo contrario; si no estás mintiendo acerca de la dichosa bruja, el alfa te agradecerá por tu colaboración.
—Soy una rata…
—No, eres una niña que salvará la relación de mi hermana. Te daré lo que me pidas si vienes conmigo y cuentas lo que viste.
Ella lo piensa por unos segundos. Con duda y mucho temor, acepta la oferta de Ryan con la condición de que él le dé provisión para llevar a casa, puesto que, de esa manera, se librará de una golpiza de parte de su padrastro.
***
 
Legna se levanta antes de que salga el alba y besa la frente de su madre, quien continúa durmiendo en completa paz. Sonríe al recordar sus mimos y lo bien que se sintió dormir abrazada a ella. No sabía que extrañaba tanto esos días en los que dormía en el regazo de Alexa y Riú, sino hasta ahora.
—Gracias, mami —susurra antes de salir de la habitación. Ella se marcha de la cabaña sin hacer ruido para no despertar a Alexa. Una vez la brisa fresca del campo la saluda, Legna flota por encima del suelo y se aleja a gran velocidad.
No tiene un destino específico, lo único que desea es estar sola y pensar. En la noche, no hizo otra cosa que soñar con Dylan. No quiere dejarse engañar por sus sentimientos; sin embargo, la manera en que él le pedía ayuda en sus sueños la hace titubear en cuanto a mantener la distancia y su enojo.
—No puedo ser tan masoquista… —se auto increpa—. Sé lo que vi… —lo último suena con duda—. Él se estaba besando con Clara… —Las lágrimas le nublan la vista y la ira la hace apretar los puños—. Maldito traidor, ¿cómo se atreve a humillarme de esta manera? Mi macho, mi mate. Él es mío, así que nadie tiene derecho a tocarlo. ¡Estúpido Dylan! ¡Cuánto te odio, infeliz! —vocifera, pero al instante estalla en llantos.
El vacío, el dolor, la decepción y la rabia se combinan para torturarla y la ciegan, al punto de ignorar las alertas que le gritan que está errada.
De repente, un perfume fresco, parecido al bambú y eucalipto, le inunda las fosas nasales. El corazón le palpita con gran frenesí y su loba se emociona.
«¡Mate!», grita eufórica y con ansias de la cercanía.
—¿Eres tonta o qué? ¿Te alegras de verlo después de lo que nos hizo? —le reclama a su parte salvaje.
«Él nos necesita», responde triste.
Legna ignora esa melancolía, que la consume cada vez más, y opta por endurecer el rostro y cruzarse de brazos.
—¡Aquí estás! —exclama un exaltado Dylan.
—¡Ni te atrevas a acercarte, traidor!
—No te traicioné, mi amor… Yo… —Él trata de abordarla, pero ella recula y evita la cercanía.
—¡Te dije que no te me acerques! ¿Qué haces aquí? Deberías estar con tu amada Clara, ¿no crees?
—No, esto es un malentendido. No entiendo por qué todos dicen que te traicioné, si estuvimos juntos en toda la fiesta. ¿Acaso lo olvidaste? Quedamos en…
—Sí, quedamos en ir a coger en el parque; sin embargo, ¡me dejaste plantada para ir a revolcarte con tu perfecta Clara! Es que no lo entiendo. Si tanto deseas estar con ella, ¿para qué me marcaste? ¿Por qué insistes en mentirme?
—¡No te estoy mintiendo con un demonio! ¡No me interesa Clara y lo sabes! ¿Crees que iba a marcarte a ti, estando interesado en ella? ¡¿Sabes lo difícil que fue para mí reconocer que te amo?! ¡Lo que luché para convencerte de que me aceptes! ¿Crees que voy a tirar todo a la basura y el día de nuestra formalización? ¡No soy ningún maldito idiota!
» Nunca toqué a Clara cuando tuve tantas oportunidades, ¿y lo haré ahora que te tengo a ti? ¿En qué maldita cabeza cabe esa estupidez? ¡Te amo, con un demonio! ¡Eres el amor de mi vida; mi mujer, mi mate, mi destino! ¡Eres la única con quien deseo aparearme! ¡Me guardé para ti, Legna! ¡Para ti, maldición!
Legna se queda sin palabras y afectada por unos segundos, que a Dylan la parecen eternos. Ambos respiran con dificultad y tienen una explosión de emociones dentro de sí. No obstante, los recuerdos de Dylan besando a Clara llegan a Legna como flechas venenosas, que se incrustan en su pecho y le envenenan el alma.
Los celos la consumen con una ira tan intensa, que no le permite ceder ni escuchar la explicación de su compañero.
—¡Lárgate de aquí, Dylan! ¡No quiero verte! ¡Vete, por favor! —Ella estalla en un llanto rabioso.
Por su parte, Dylan se siente impotente y perdido. Le parece tan injusto que ella lo acuse de algo que él no cometió, pero que ni siquiera le dé el beneficio de la duda. De alguna manera, se siente traicionado por su mate.
—¿Es lo que en realidad quieres, Legna? —Su voz suena afectada por lo que podría ser un llanto, si él no se estuviera controlando. Aun así, las lágrimas brotan cuan traicioneras e inoportunas.
Ella duda por unos segundos, pero después una gran lucha mental, asiente con movimientos de cabeza y escupe con asco:
—No quiero verte mientras la imagen tuya, besando a otra mujer, esté en mi mente. No te voy a perdonar está traición, Dylan, así que pronto espera el rechazo de mi parte.
Él se queda atónito en su lugar y las lágrimas aumentan.
—Yo… —Dylan se aclara la garganta, se muerde ambos labios y termina con leves asentimientos—. Está bien, Legna, como digas. No obstante, te voy a demostrar que no te he traicionado, por lo que el rechazo no es una maldita opción. Nos vemos pronto, mi loba traviesa. —La última palabra la suelta en un sollozo, que le provoca un punzón doloroso a Legna.
Ella no responde, más bien espera a que él se marche para liberar su más profundo y melancólico llanto. Los sentimientos encontrados son abrumadores y la confunden. Es como si su interior estuviera dividido; por un lado, quiere correr tras él, besarlo y escucharlo; pero por el otro, desea golpearlo hasta el cansancio y rechazarlo.
Por su parte, Dylan se va directo a su casa, en vez de regresar a la mansión de su familia —de donde se escapó— porque necesita estar solo y pensar. No obstante, cuando abre la puerta, el olor a Legna le comprime el pecho y es el detonante de unos sollozos cargados de dolor e impotencia. Es que no lo entiende, él nunca vio a Clara en su fiesta. Fue Legna quien cambió de parecer en cuanto a su encuentro pasional. Fue con ella con quien casi se aparea en el bosque…
De repente duda, y es cuando siente asco dentro de sí. No podría explicar esa sensación nauseabunda y que le causa tanta ira y frustración. Es como si se sintiera vulnerable y expuesto, como si alguien más tuviera poder sobre él.
—Mi loba traviesa, ¿por qué no me crees? —solloza entre llantos sonoros y cae de rodillas en medio a la sala. Dylan mira a su alrededor y sonríe cuando nota la nueva decoración en tonos veraniegos y alegres, así como lo es su mate. Ella le dio vida a la vivienda, pero también a su corazón gris. Él construyó el edificio, pero ella lo convirtió en hogar.
La necesita en casa junto a su risa ruidosa y pícara; anhela ver sus pertenencias tiradas por doquier y pelear con ella para que sea más ordenada. Requiere escuchar su hermoso canto mientras está en la ducha o le prepara de comer; desea mucho probar sus deliciosos platillos y molestarla mientras se concentra en la planificación de su clase. La necesita tanto como las plantas necesitan el agua, puesto que sin su mate su alma está árida y marchita.
—Legna… —susurra mientras llora y golpea el piso.
Le duele, cuánto le duele. Todo estaba perfecto entre ellos. Junto a su hermosa compañera había vivido los mejores días de su vida y con ella la felicidad era plena y llena de color. Mas ahora todo luce oscuro y tenebroso, y por alguna razón se siente perseguido, de nuevo…

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El hijo del alfa y la híbrida

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