56. ZHL: Entre colmillos y odio

Raj da un paso al frente, pero los guerreros desenfundan sus armas y lo bloquean de inmediato.

—¡Sandeces! —exclama Raj, indignado—. No pueden destituirnos sin un juicio justo. Esto es un acto de tiranía. Iré yo mismo a hablar con el alfa para demostrar que todo esto no es más que un malentendido.

—Tenemos órdenes de llevarlos al calabozo —replica el cabecilla con una mirada gélida y amenazante.

En ese momento, una multitud comienza a congregarse alrededor. Los gritos y abucheos se alzan como una ola:

—¡Fuera los híbridos! ¡Fuera los híbridos!

Legna y Dylan se miran con inquietud, sus ojos reflejan la creciente tensión de la situación.

—Dyl, esto es una trampa —susurra Legna, llevándose la mano al vientre de manera instintiva—. Si uso mi poder contra ellos, lo usarán como prueba de que los híbridos somos peligrosos.

Dylan, entendiendo el peligro latente, asiente en silencio y, con un expresión alerta y desafiante, escanea su alrededor como si analizara el escenario en el que se encuentran.

—Tendrán testigos civiles si usas tu poder —advierte Dylan con seriedad.

—¿Qué haremos entonces? No podemos dejar que nos lleven —pregunta Legna. Su mirada recorre a los guerreros mientras analiza sus movimientos.

—Yo los enfrentaré mientras escapas con Raj —decide Dylan con determinación.

—¡De ninguna manera te dejaré aquí solo! —replica Legna, tajante.

No hay tiempo para más. Los guerreros se abalanzan sobre ellos, decididos a someterlos. Dylan y Raj se transforman en lobos de inmediato, enfrentándose ferozmente a los atacantes.

Legna, por un instante, se queda inmóvil, atrapada entre la decisión de si debe usar su poder o no. Sabe que podrían caer en una trampa, pero no está dispuesta a permitir que sus enemigos se salgan con la suya. Con un gruñido de determinación, cambia de forma y se lanza a la pelea como una auténtica licántropa, lista para defenderse.

Los tres lobos —el negro, la blanca y el gris— forman un semicírculo, sus posturas desafiantes y tensas, preparados para cualquier ataque. Sus ojos brillan con determinación mientras un gruñido bajo se escapa de sus gargantas, dejando claro que no retrocederán.

—¡Ríndanse! —vocifera el jefe de los guerreros, su voz firme y autoritaria—. ¿Se atreven a desafiar la autoridad?

El jefe, al darse cuenta de que sus adversarios no van a ceder, adopta una posición de combate.

Con un gesto de manos, da la señal para que un grupo de sus hombres se transforme. De inmediato, ellos cambian a su forma lobuna, listos para atacar. Otro movimiento del cabecilla les otorga la luz verde, y la batalla comienza.

Unos cincuenta lobos se lanzan contra los tres oponentes, quienes no tardan en saltar para defenderse.

El polvo del pavimento se eleva bajo el impacto de las patas que, con precisión y fuerza, abandonan la superficie firme para alcanzar a sus enemigos. Cada movimiento tiene un único propósito: hundir
garras y colmillos en la carne contraria.

Los lobos enemigos caen uno tras otro sobre el suelo áspero, víctimas de la fuerza con la que el lobo negro los arroja. Su poder es implacable, y el sonido de los cuerpos golpeando el pavimento reverbera en el ambiente.

La loba de Legna, por su parte, busca un blanco específico, uno decisivo. Con instinto certero, apunta al cuello de un adversario. Sus colmillos y garras desgarran la piel, abriendo una herida letal de la que brota sangre, señal de su letal precisión.

La batalla continúa, feroz, despiadada y sangrienta. Pronto los guerreros de Luna Plateada empiezan a tener desventaja, puesto que Legna, Raj y Dylan se imponen como oponentes formidables, destacando especialmente Dylan. Su forma lobuna refleja una fuerza física superior, potenciada por la sangre de alfa que corre por sus venas. A ello se suma el intensivo entrenamiento que realizó junto a Tron durante varios años, un aprendizaje que ahora demuestra en cada movimiento certero y contundente.

El enfrentamiento se intensifica, volviéndose cada vez más agresivo, mientras todos los guerreros adoptan su forma lobuna.

Gruñidos y aullidos se mezclan con el estruendo de golpes y el crujir de objetos que se rompen a causa de las caídas sobre ellos. Los impactos de los cuerpos lanzados contra postes de luz, árboles, edificios o cualquier otra estructura generan un caos absoluto.

Las paredes y calles se resquebrajan bajo la fuerza de los lobos enemigos arrojados contra ellas, dejando grietas profundas como testimonio del combate.

La batalla, salvaje y sangrienta, comienza a inclinarse a favor de ellos tres. Legna, Raj y Dylan parecen invencibles, cada uno aprovechando su fuerza y habilidad para mantener la ventaja. Sin embargo, cuando todo parece estar cerca de resolverse, una nueva multitud de guerreros irrumpe en el lugar. Son los refuerzos convocados por los vencidos mediante aullidos que
resonaron en la distancia.

Pero no solo ellos llegan al campo de batalla. Otra turba de civiles, enfurecidos e intransigentes, decide involucrarse. No están dispuestos a dejar que las autoridades intervengan; quieren ser parte de la defensa de su continente licántropo contra la amenaza de los híbridos.

Lanzan insultos y, con un fervor casi ritual, cantan al unísono:

«¡Muerte a los híbridos!»

«Debemos salir de aquí», les dice Legna por medio del vínculo.

«No hay escapatoria. Creo que tendremos que entregarnos», le contesta Raj, rendido.

«¡De ninguna manera!», replica ella, «Puedo transportarlos».

«No puedes derrochar tanta energía, Legna, es peligroso para ti y el cachorro», refuta Dylan.

Legna cambia de forma, una acción que capta de inmediato la atención de la multitud. Todos están a la espera de un ataque que involucre el poder de la zolleb. Sin dudar, Legna se acerca a Dylan y señala el diamante que cuelga de su cuello.

—El diamante que me dio el abuelo me recargará —le asegura, con voz firme—. Puedo usar mi poder. Debemos salir de aquí antes de que esto empeore. Tenemos que advertir a los demás.

Como si adivinaran el plan del trío, los lobos enemigos se lanzan contra ellos. Al mismo tiempo, las personas, dominadas por una histeria colectiva irracional, corren hacia ellos con intención de hacerles daño. Los dos lobos saltan directamente hacia Legna. En cuestión de segundos, una luz dorada los envuelve y los hace desaparecer. En ese instante, los lobos restantes, que habían saltado para atraparlos, chocan entre sí, completamente desconcertados y confundidos.

Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

El hijo del alfa y la híbrida

💬 ¿Necesitas ayuda? Contáctanos