Liah, acompañado de Tron y unos diez guerreros experimentados en batalla, aparece en la sede principal de Luna de Hierro, en uno de los tantos pasillos que conectan las oficinas y pisos de aquel inmenso edificio.
Avanzan con sigilo, concentrados en su objetivo: encontrar a la intrusa que ha tomado el mando, haciéndose pasar por un miembro de la familia de Tron.
—Esto está muy mal… —masculla Tron, mirando a su alrededor con evidente alerta.
—Si el rey de los zollebs decide desenmascarar a esa usurpadora, entonces está bien. Yo soy el justiciero aquí —se excusa Liah con una tranquilidad irritante.
—¡Con un demonio, Liah! —estalla Tron—. Estamos irrumpiendo en una manada ajena. ¿Qué parte de esto puede estar bien?
Sin inmutarse, Liah abre la puerta de la oficina principal, sorprendido por el absoluto silencio que reina en los alrededores. Ni un alma a la vista. Ningún guerrero aparece para detenerlos. Todo es tan extraño que sus sospechas crecen aún más.
—No hay nadie aquí… —balbucea, pensativo.
Tron, todavía confundido por las verdaderas intenciones de Liah, se cruza de brazos y lo observa con evidente desaprobación.
—¿Qué buscas en realidad? —lo confronta finalmente.
—A la bruja de tu hermana —responde sin rodeos—. Nadie me quita de la cabeza que ella es la nueva alfa. Pero parece que llegamos tarde, porque no hay rastro de ella ni de nadie aquí. ¿No es esta la sede principal? Es muy raro que esté vacía.
—Tienes razón… —Tron se queda pensativo por unos segundos—. Normalmente debería haber empleados y guerreros aquí, aunque hubiera alguna reunión o celebración en otro lugar… Pero es otro gobierno, supongo que hacen las cosas de manera diferente. Vamos a la plaza principal de la manada para confirmar.
Se apresuran hacia allá, saliendo de la sede principal a toda prisa. Mientras avanzan, notan varias irregularidades que aumentan sus sospechas: ventanas rotas, oficinas destrozadas, papeles regados por doquier en algunos pisos, y otros indicios de que hubo un asalto o enfrentamiento reciente.
Las calles lucen desoladas hasta que llegan a la plaza principal. Allí encuentran un tumulto encabezado por una mujer que Liah reconoce al instante: la bruja que robó la piedra roja en el continente humano.
—Divídanse y mézclense entre los miembros de la manada —ordena Liah a los guerreros—. El punto de encuentro será la sede principal dentro de una hora. Necesito información relevante sobre lo que está sucediendo aquí.
Los guerreros obedecen y se dispersan, ocupando posiciones estratégicas que les permiten infiltrarse entre la multitud. Tron, sin entender del todo el plan, observa a Liah con expresión de desconcierto.
—Tengo que ir por los demás. Tú busca a la joya de tu hermana y entretenla hasta que regrese. Toma —le entrega una pulsera de oro negro—. Esto te ayudará a resistir cualquier encanto o ataque con su poder. Aguanta hasta que vuelva.
—¿Cómo sé quién es ella? Dijiste que usa el cuerpo de otra persona.
—Tiene un báculo con la piedra roja. No sé qué planea, pero no puedes permitir que salga de esta manada. —Liah le da una palmada en el hombro y desaparece, dejando a Tron un poco desorientado.
Todo es extraño para él. Mira a su alrededor, y un punzón de nostalgia le atraviesa el pecho.
Aunque la manada no es ni la sombra de lo que fue durante su liderazgo, Tron reconoce algunas edificaciones que aún permanecen, no intactas, pero en buen estado. Ese fue su hogar hasta que tuvo que elegir entre su gobierno y su mate.
Exhala un profundo suspiro y decide avanzar, dejando de lado las emociones que lo invaden al volver a Luna de Hierro después de tantos años.
Entretanto, Liah llega a Fuerza de Bronce para buscar a Alexa. Como no la encuentra en la casa, se dirige a la casa principal de la manada, donde en efecto, están ella y Riú.
—¿Papá? —inquiere sorprendida—. ¿Dónde están los chicos? —cuestiona mientras busca a la pareja con la mirada.
En ese mismo instante, Legna aparece allí junto a Dylan y Raj.
—¿Por qué estás usando la técnica de desaparición en tu estado? —la regaña Liah—. Que te haya dado ese diamante no significa que abuses de tu poder.
—Fue una emergencia, abuelo —se defiende—. Estamos en problemas…
Antes de que Legna termine de hablar, un grupo de guerreros aparecen apresurados, interrumpiéndola.
—Tenemos noticias de que Fuerza de Bronce será atacado —informa uno de los guerreros—. Los centinelas de los límites confirmaron el rumor al avistar una multitud en las afueras de la manada; vienen desde el norte.
El anuncio deja a todos atónitos. Raj toma la palabra y comienza a relatar el ataque que sufrieron.
—¡Malditos traidores de mierda! —espeta Liah, escandalizado y muy enojado—. Tenían este maldito plan desde el principio. ¡Pero los voy a destituir a todos del consejo!
—¿Qué vamos a hacer? —pregunta Alexa, nerviosa—. ¿Cómo vamos a defendernos sin luchar? Van a atacar a nuestra manada.
—¿Sin luchar? —dice Riú con voz tensa—. Yo voy a defender a mi familia y manada. Si ellos nos atacan, nosotros responderemos.
—Si eso está ocurriendo aquí, entonces la manada de mi padre podría ser atacada en cualquier momento también —razona Dylan—. Necesito advertirle.
—Tenemos que calmarnos y actuar con la mente fría —sugiere Liah—. Iré por Tron ahora. Ustedes organícense para defender esta manada mientras yo busco las razones reales de los ataques. Voy a poner una alerta en los zollebs para que nos den una mano acá.
—¡Liah! ¡Hasta que te encuentro! —La voz de Vera resuena en todo el lugar, captando la atención de todos—. Vine a este lugar y no encontré tu esencia, así que fui a Rayo Dorado por ti, pero tampoco te encontré allí. Hay algo que debes saber.
—¿Encontraste la piedra? Porque estuve donde sospecho que se encuentra y ni siquiera percibí su poder —dice él, temeroso de otra mala noticia.
—No —niega ella, angustiada—. La esencia de la piedra desapareció de este continente.
—¿Qué? —suelta él con el ceño fruncido. Odia sentir que pierde el control de todo.
—Hay algo más… —añade Vera, su expresión denota una profunda preocupación—. Mientras estuve recorriendo este continente, escuché rumores entre mensajeros. Al parecer, están culpando a los híbridos de haber provocado la plaga carnívora para tener la excusa de quemar manadas completas. Dicen que las pruebas fueron mandadas al consejo.
Todos gritan indignados.
—Hay alguien detrás de todo esto —dice Legna—. ¿Puede que sea la misma persona que provocó la plaga para incriminarnos? ¿Qué pruebas tienen de que fuimos nosotros? Esa mujer nos atacó a Dylan y a mí con su brujería. Ella tenía la piedra roja. También fue la misma que nos puso la trampa para separarnos porque quería manipular a Dyl…
—Azucena… —masculla Liah con una sonrisa irónica—. Esto confirma mis sospechas. Los miembros del consejo ni me supieron decir quién era la nueva alfa de Luna de Hierro. Me pareció extraño que ellos la aceptaron sin más. Creo que lo hicieron a cambio de las dichosas pruebas para incriminar a los híbridos. Estoy seguro de que fue eso.
—¿Qué haremos para probar nuestra inocencia? —inquiere Alexa, visiblemente preocupada. El miedo la invade. Ha construido su vida junto a Riú en Fuerza de Bronce, y le resulta difícil asimilar que todo lo que han levantado durante dos décadas podría desmoronarse en minutos.
—Necesitamos un plan —responde Legna, sumida en sus pensamientos—. Dicen que ella gobierna Luna de Hierro, así que reunamos pruebas de su brujería. Está utilizando el cuerpo de Kyra, lo que significa que absorbió su vida. También debemos buscar evidencias sobre la verdadera identidad de Kyra.
—Yo me encargaré de eso —ofrece Raj—. Tengo su información en la universidad, dado que ella fue maestra allá. También el contacto de sus padres. Pero necesitaré protección para volver a mi manada, ya que ellos tienen una orden de arresto en mi contra.
—Irás con dos zollebs. Un grupo de mis guerreros ya viene a darnos apoyo —asegura Liah con firmeza—. También enviaré a otros zollebs a buscar pruebas en el consejo mismo. Esos traidores pagarán caro su insolencia. —La quijada de Liah se tensa, sus puños se aprietan, y su ceño se frunce, reflejando su ira. Se siente burlado por ellos y solo desea tenerlos frente a él para darles su merecido.
—Necesitamos ir a Rayo Dorado —dice Dylan con preocupación—. Temo que ataquen allá.
—No te preocupes, chiquillo —lo tranquiliza Liah con un gesto firme—. Tu padre dejó la manada protegida por si acaso. De todas maneras, iré por él para que defienda su manada y coordine con nuestros aliados. Tomará varios días para que llegue su ayuda, pero es mejor que nada. En cuanto a ti… —Se lleva un dedo a los labios, pensativo por un instante—. ¿Cómo no se me ocurrió antes? —Su rostro se ilumina con una sonrisa airosa—. Tú y Legna recuperarán su nueva manada.
—¿Nuestra nueva manada? —preguntan ambos al unísono, sorprendidos.
—Sí… Iré con ustedes para atrapar a Azucena, si es que todavía está allí, pero luego los dejaré ordenando su nuevo hogar. Ustedes conquistarán Luna de Hierro y se convertirán en los nuevos alfa y luna. De esa manera, la simiente de Tron retoma el liderazgo que por derecho le pertenece.
Un silencio tenso se extiende por el lugar, mientras todos miran a Liah atónitos.
Dylan y Legna se cruzan la mirada instintivamente, como si buscaran la respuesta en los ojos del otro. ¿De verdad están listos para gobernar una manada?
—Estamos siendo atacados, abuelo, lo que nos espera es el exilio —replica Legna con firmeza—. No tiene sentido apropiarnos de esa manada.
—No serán exiliados, se los prometo —asegura Liah con una confianza que resulta casi sospechosa—. Ustedes son mitad licántropos, lo que les da derecho a habitar estas tierras. Demostraremos que no son una amenaza, sino todo lo contrario. Liberen a Luna de Hierro de esas brujas, y la manada será suya.
Liah dirige su mirada a Alexa y toma su mano con firmeza.
—Cría, te dejaré con tu esposo para que luches por tu derecho a estar aquí. Protege a tu manada, que también es tu hogar.
Las lágrimas empiezan a deslizarse por las mejillas de Alexa, quien lo mira con curiosidad.
—¿Qué te hizo cambiar de opinión?
—He entendido que el amor rompe barreras y que hay reglas tontas que no deben estar por encima de la misma naturaleza. Tú encontraste a tu compañero destinado en un licántropo, y yo, en una humana. ¿Quiénes somos nosotros para oponernos a ese destino? La naturaleza es sabia y evoluciona, y con ella, sus reglas también deben cambiar.
Se abrazan durante un largo rato, y luego Liah la mira a los ojos con ternura, acariciando suavemente su mejilla derecha.
—Perdóname por no haber estado ahí cuando más lo necesitaste, y también por no haberte dado la familia que tanto deseabas. No quiero cometer más errores. De verdad quiero hacer las cosas bien esta vez. ¿Crees que merezca tener esa oportunidad ahora?
—Sí, te lo mereces —responde Alexa con una sonrisa cálida, capaz de derretir cualquier carga en el pecho del zolleb—. Y sí me diste esa familia que tanto anhelaba. También llegaste a mi vida justo cuando más te necesitaba. Si no hubiese sido por tu intervención, Riú y yo estaríamos separados, y nuestra familia no existiría.
» Tuve la familia que siempre soñé con mi mate, y además tuve la oportunidad de conocer a mi padre. No te sientas culpable por amar a Wendy, ni te prives de formar una familia con ella por mi causa. Quiero que seas feliz, papá.
—Gracias, mi cría. —Liah suspira, aliviado, dejando caer el peso de la culpa que había cargado por años—. Si tengo tu aprobación y apoyo, no hay nada que me haga dudar. Ahora ve y defiende tu hogar, mi niña.
Ambos se abrazan con fuerza una vez más, permitiendo que el momento los reconforte.
Liah, Vera, Legna y Dylan desaparecen del lugar en un abrir y cerrar de ojos, dejando tras de sí el eco de la tensión inicial. De inmediato, Riú toma el control, dando órdenes claras para reunir a sus guerreros y enviando a buscar a Arel. La estrategia es sorprender a los invasores antes de que crucen los límites de la manada y acabar con ellos allí mismo.

