Ryan, sosteniendo por la cintura a su amiga, recorre todo el territorio aledaño al desierto, luego se aleja a las tierras desoladas, que en su mayoría son habitadas por lobos ratas o lobos solitarios.
Todo sucede tan rápido que ella siente que se marea por ratos. Por suerte puede recuperar la compostura cuando aterrizan en los lugares donde perciben grupos de lobos ratas.
—Sé dónde podemos encontrarlo —dice ella con voz temblorosa, debido a que teme que Tiro no haya logrado salir vivo de la manada que fue su hogar. Pese a su miedo, dentro de sí lucha por mantener la esperanza de encontrarlo con vida.
—¿A dónde? —inquiere él.
—Es una manada que se encuentra en el límite de esta región… —Ella no termina de hablar porque percibe un olor que se le hace muy familiar, gracias a que están cerca de la superficie y Ryan no está utilizando su habilidad en ese momento—. Es él… —balbucea nerviosa—. Tiro está en este bosque; baja, por favor. —Ella se remueve ansiosa mientras apunta en dirección al monte bajo sus pies. Ryan empieza a descender hasta que sus zapatos tocan el suelo.
La niña no espera a tener estabilidad, sino que da un salto que por poco le provoca una caída. Ryan, al notar que ella se ha ido corriendo bosque adentro, la sigue curioso y preocupado.
Tras unos veinte minutos de búsqueda en medio de la flora y la poca luz del bosque, la chica visualiza la espalda de Tiro, a quien empieza a llamar con euforia. Cuando él se gira, abre los ojos asombrados y sin dar crédito a lo que está oyendo y viendo.
Teme a que ella se trate de un espejismo o una jugada malvada de su mente desequilibrada.
—¡Preciosa, eres tú! —Él le extiende los brazos y la carga en su regazo, acto seguido, le llena el rostro de besos y la abraza como si temiera que se la fueran a arrebatar.
—¡Te he estado buscando desde ayer! —exclama ella entre llantos—. Tuve tanto miedo de perderte… —Ella se refugia en su pecho y por fin llora. Lo hace por su madre, por el momento traumático que vivió y porque hasta ese momento se puede dar el lujo de derrumbarse, al haber sopesado la posibilidad de que no vería nunca más a su hermanastro.
—También te he buscado. —Él le limpia las lágrimas del rostro—. Por eso no me fui con los demás, porque sabía que te encontraría, preciosa. Ahora sí podremos cumplir nuestro sueño de una vida mejor. Te prometo que serás feliz, mi amor. Tú y yo nos iremos lejos y comenzaremos una nueva vida.
La niña recibe el abrazo que le da calor. Entretanto, Ryan observa la escena con el ceño fruncido. ¿Es ese el hermanastro? Se había imaginado a un niño o un adolescente, pero ese era un lobo ya transformado y podría jurar que había pasado los veinte años.
Todo le parece incorrecto con él. La manera en que acaricia a su amiga, los besos cerca de los labios y esa mirada cargada de deseo que solo se puede tener con una enamorada. Sospechaba que su amiga tenía sentimientos románticos hacia su hermanastro, pero nunca imaginó que él ya sería un lobo convertido.
«¿Será que él está esperando a que ella tenga su conversión para reclamarla?», piensa mientras observa lo ilícito que la manera de ellos tratarse le parece.
Si ese fuera el caso, no le pareciera descabellada una futura relación entre ellos; sin embargo, duda mucho que él esté esperando, puesto que la manera de tocarla y mirarla le da otra connotación, una que le parece nauseabunda.
—T… —balbucea dubitativo. Le molesta tener que llamarla por una consonante—. ¿Estarás bien? Puedes venir conmigo si no te sientes segura con… —Ryan se traga las palabras que podrían sonar ofensivas y fuera de lugar. Aunque para él, lo único fuera de lugar es la manera en que esos dos se muestran afecto.
—¿Quién es él? —interpela Tiro con sospecha. La niña se suelta de su agarre y se pone de pies, con una gran sonrisa los presenta:
—Él es Ryan, un amigo que me salvó la vida y que me ayudó a buscarte. Si no hubiese sido por él, nunca nos habríamos encontrado.
Tiro detalla a Ryan con cautela y no puede evitar hacer una mueca de desagrado. ¿Por qué un tipo estirado como él la ayudaría? ¿Y cómo rayos logró llevarla con él si es un chiquillo que ni siquiera se ha transformado?
No le gusta esa amistad, en especial porque el chico es muy atractivo y limpio; hasta diría que porta cierta clase que a él lo hace sentir inferior.
Bueno, dada su naturaleza en realidad lo es. Un lobo rata es la escoria entre los licántropos y todos son juzgados y medidos con la misma vara, pese a que no todos son como los demás creen.
Tiro rodea la cintura de la niña con su brazo, con una posesión que a Ryan le incomoda. No le gusta para nada ese tipo, mucho menos que esté tocando a su amiga como si le perteneciera.
—¿A dónde irán? —inquiere Ryan preocupado.
—A nuestro nuevo hogar —responde Tiro, incómodo por la pregunta—. Gracias por traerla y por no querer asesinarnos por quiénes somos. Espero que esa generosidad se extienda y nos dejes ir en paz.
Ryan asiente dubitativo, pues no está seguro de querer dejar a su amiga con ese tipejo, que a leguas se le ve lo canalla.
T se acerca a él y le sonríe feliz o eso le parece a él.
—Gracias —dice ella con ojos brillantes—. Fue lindo conocerte. Siempre estaré agradecida por tu bondad.
—El que te agradece soy yo por toda tu ayuda —Ryan suspira y forma una sonrisa forzada—. ¿De verdad estarás bien? Sabes dónde encontrarme si necesitas refugio.
Ella asiente con seguridad y vuelve a sonreír.
—Estaré mejor que nunca porque ya no hay un monstruo que me haga daño. Podré empezar una vida nueva y sin necesidad de hacerle daño a otras personas. No todos los lobos ratas somos malos o peligrosos. Dile eso al alfa Tron y a tu gente. No todos tenemos pestes contagiosas ni hacemos maldad. Algunos de nosotros solo queremos tener una vida tranquila.
Ryan asiente y le promete que así hará.
—¿Sí estarás bien con…? —Él se muerde el labio inferior—… ¿Tu hermanastro? —escupe esa palabra con incomodidad.
—¡Por supuesto! Tiro siempre ha cuidado de mí y lo seguirá haciendo. —El aludido la llama con impaciencia—. Bueno, ya me tengo que ir. Gracias Ryan.
—Qué tengas buen viaje —le desea, aunque por dentro presiente que ella podría estar en peligro; sin embargo, ignora ese grito que lo alerta en lo más profundo de su interior.
—Gracias. Espero que puedan detener a esa bruja. Adiós. —Ella ondea las manos y se aleja de él. Cuando llega hasta Tiro, él la agarra de la mano y emprenden la marcha juntos. La niña voltea hacia Ryan y le regala una gran sonrisa que lo deja un poco más tranquilo.
—Si eres feliz, entonces estarás bien —dice para sí. Su ingenuidad e inocencia lo convence de que ella estará a salvo.
Él la observa perderse entre los árboles y ondea una mano a la nada como despedida. En su mente se queda impregnada la mirada exótica de la niña y está seguro de que nunca olvidará esos ojos hermosos que irradian valentía y nobleza.
***
Leandro le da un recorrido a Miha por parte de la hacienda y le presenta a los empleados. Luego la lleva dentro de la casa y, con nerviosismo, le muestra la sala que luce un color anaranjado, muebles antiguos y estilo campestre.
—La decoración de la casa es un poco anticuada, pero podemos cambiarla cuando desees —le dice él mientras recorren la sala.
Miha mira a su alrededor y concuerda con él.
—Sí, podemos hacer algunos cambios, pero ya tendremos tiempo para ello. —Ella lo observa con los ojos brillosos de la alegría—. ¿Cómo conseguiste esta hacienda?
—Hacen unos meses supe por medio de un cliente que la estaban vendiendo porque los dueños se mudarían en otra manada por asuntos de negocios. Investigué y junté todos mis ahorros, pero todavía no tenía suficiente, así que la aparté. Por suerte en estos últimos meses nos ha ido bien en el negocio y pude colectar toda la cantidad y terminar de pagarla.
—¿Por qué no me pediste ayuda? Papá ha designado una cuenta para mí y para Dylan, donde tenemos una buena cantidad de dinero para usarlo en lo que queramos. Te hubiera ayudado.
—Te dije que yo te daría lo que te merecía. Si no puedo proveerte un techo sin ayuda, entonces no soy digno de ti.
Miha se cruza de brazos y lo confronta con tristeza.
—Amo que quieras proveerme, pero me gustaría que me incluyeras en nuestros planes también. Al fin y al cabo, somos una pareja. No soy una inútil que necesita que le den todo, Leandro.
» De verdad comprendo que te mortifique el hecho de que nunca me ha faltado nada y que mi padre es muy poderoso y nos ha asegurado una vida lujosa; sin embargo, como adulta que decide hacer su propia vida, tengo la capacidad para luchar junto a ti y que juntos construyamos un hogar, con o sin lujos.
» Leandro, no serás menos hombre por recibir ayuda. Mi padre no es como piensas; estoy segura de que él nos apoyará como pareja porque tú eres un buen chico. Eso es suficiente para él, que me ames y me respetes.
Él asiente avergonzado.
—No me malinterpretes, mi amor. Yo solo temía privarte de la vida a la que estás acostumbrada. Pero tienes razón, también temía a que tu padre no aceptara nuestra relación. Quería probarle al alfa que era una pareja digna para ti.
—Ya lo eres, cariño. —Ella extiende los brazos hacia él y le acaricia el cabello, esa acción provoca que el rubio cierre los ojos para disfrutar de sus caricias con más profundidad.
—He sido un tonto, ¿me perdonas? —Él le da un beso en la nariz, lo que causa una sonrisa tierna a Miha.
—Solo si me dejas cubrir el gasto de la decoración. Quiero sentirme parte de esto, vivir la experiencia de que los dos estamos construyendo nuestro futuro.
Leandro suelta un largo suspiro de rendición. No está convencido de usar el dinero de Tron para empezar su vida juntos, pero lucha contra su ego y orgullo viril porque quiere complacerla. Además, no cuenta con la cantidad suficiente para remodelar la casa y también cubrir los gastos que tendrán al iniciar su unión. Por el momento solo puede cubrir lo básico hasta recuperarse de la gran inversión que ha hecho.
«Bien, creo que recibir una mano no estaría mal», se autoconvence.
—Está bien, mi hermosa mate. Puedes hacer lo que desees y yo aceptaré tu ayuda.
Miha da brincos de alegría y lo besa con euforia.
—Oye, ¿y cuándo nos mudaremos juntos? Ya tenemos todo acá, solo nos falta buscar nuestra ropa… —Sus mejillas toman un tono rojizo que lo hace sonreír a él.
—Pues, por mí te reclamo hasta ahora mismo, pero no sé si prefieras hacer la remodelación primero y que hablemos con nuestra familia. Lo que tú desees está bien para mí, amor mío.
Miha lo abraza y le da un beso apasionado que le da a entender a él lo mucho que lo desea.
—No es necesario esperar, ya que podemos hacer la remodelación más adelante. He esperado tanto por este día que no estoy dispuesta a pasarme un minuto más sin que formalicemos.
—Pero todo está muy tenso ahora para celebrar nuestra unión…
Ella lo interrumpe con un siseo y le pone el dedo en los labios.
—No hagamos ninguna celebración por ahora. Tampoco es que tengamos que hacerlo.
—Vaya, estás tan desesperada como yo. —Él ríe divertido y ella le sigue la corriente.
—Ni te imaginas. No sé cómo hemos soportado esta distancia por varios años.
—Pues entonces… —Leandro se sonroja—. ¿Quieres que nos refresquemos en el río? Mai hizo un pastel de fresa, como te gusta, que podemos llevarnos.
—¿Hay un río? —pregunta emocionada.
—Hay un río, un cultivo, un ganado y otras sorpresas que aún no te he enseñado. Mañana podemos terminar el recorrido porque este lugar es grande. Te tengo una sorpresa, pero eso puede esperar.
—¡Ah, no! La ansiedad no me dejará tranquila.
—Tendrás que esperar, mi bella mate. Ven, vamos por el pastel. —Leandro le agarra la mano y se van juntos a la cocina.

