38. ZHL: La sentencia de los híbridos

Alexa mira al cielo con añoranza, como si hubiera algo en el brillo de la mañana que la atrajera. Su manera extraña de observar el firmamento capta la atención de Riú, quien camina hacia ella con preocupación.
—¿Todo bien? Legna de seguro está con Dylan, ya sabes lo rara que es. Dice estar enojada, pero ambos sabemos que se muere por estar cerca de su mate —comenta. Su voz saca a la pelirroja de su trance, que de inmediato se abraza a sí misma y mira a Riú con angustia.
—No estoy preocupada por Legna —responde mientras observa la cabaña. Ellos fueron hasta allí porque Legna ya no estaba en la casa; sin embargo, el lugar que fue su hogar por varios años estaba solitario cuando llegaron, tampoco había indicios de que ella haya amanecido ahí.
—¿Entonces? —El alfa le roza el mentón con la yema de su dedo y busca su mirada verde.
—Es mi padre… Tengo un mal presentimiento… —Ella suspira—. Ha transcurrido casi un año desde su viaje al territorio humano y no hemos tenido noticias de él. Cuando traté de abrir algún tipo de vínculo con papá, fui bloqueada. No sé qué está sucediendo, pero creo que el rey está en problemas.
Riú la mira pensativo.
—¿Por qué no hablamos con Tron al respecto? De seguro él debe saber algo, ya que tu padre le tiene mucha confianza.
Alexa asiente.
—Vamos, entonces. —Ella le da una última mirada a la cabaña—. Espero que Legna arregle sus diferencias con ese chiquillo. O por lo menos nos escuche a todos cuando le digamos lo que acabamos de descubrir.
Alexa y Riú regresan a su casa y se sientan en la mesa junto a Tron, Otsana y Alexandra, puesto que Ryan todavía no ha llegado. El alfa y la luna de Rayo dorado se pasaron el resto de la noche en casa de Riú y Alexa, ya que Tron estaba alterado cuando terminaron la reunión, aparte de que él también tiene una conversación pendiente con ellos.
Después de desayunar en un silencio sepulcral, donde cada quien se encuentra absorto en sus preocupaciones, Tron, Alexa y Riú se sientan en uno de los tres jardines que tiene la vivienda, para conversar.
—Nosotros también tenemos algo qué comentarte —empieza Alexa, tras soltar un largo suspiro. Tron la mira intrigado y asiente con la cabeza.
—¿De qué se trata?
—Es sobre mi padre. ¿No te has comunicado con él? Estoy muy preocupada…
—No, Liah no me ha dicho nada, tampoco nos hemos visto. Y eso que he ido varias veces a los límites entre continentes. Me preocupa que no haya mucha seguridad allí.
Alexa se abraza a sí misma, pero Riú le da refugio con sus brazos.
—Siento que si no voy al territorio humano me volveré loca. En especial, si esas brujas planean algo contra mi padre.
Tron se queda pensativo por unos segundos, luego mira a Alexa con semblante relajado.
—No deberías preocuparte por él, es Liah. Estoy seguro de que, si necesitara nuestra ayuda, ya nos hubiera buscado.
—Quizás no puede porque está en peligro…
—¿Liah? ¿El rey de los Zollebs? Nah… No creo que exista una criatura más poderosa que él, así que no tienes por qué preocuparte. De todas maneras, intentaré contactarlo porque somos nosotros los que necesitamos su intervención.
La manera en que el tono de voz y la mirada de Tron cambian, preocupa a la pareja.
—¿Qué sucede? —inquiere Riú.
—Creo que ustedes van a enfrentarse al mismo problema de antes… —Tron suspira—. Raj me contó que el consejo hizo una reunión sin mí, ¿adivinen para qué?
La pareja lo mira con intriga.
» Para que yo no los pusiera en alerta. Lo que no se esperaban es que Raj está de nuestra parte. Otra vez están planeando exiliarlos de nuestro territorio.
Alexa y Riú se miran con angustia en sus facciones y se funden en un abrazo apretado.
—¿Por qué? —inquiere ella, al borde de los nervios.
—Al parecer un civil descubrió los poderes de Legna y la acusó de atacarlo junto a Dylan; según él, casi muere en manos de ellos y asegura que los híbridos son una amenaza. Lo peor de todo es que el consejo completo, a excepción de Raj, concordaron con el acusante. Ahora buscarán la manera de echarlos de nuestro territorio.
Riú aprieta a Alexa contra sí, quien trata de mantener la compostura.
—No lo permitiré. Yo soy el alfa de Fuerza de bronce y nadie tiene derecho de venir a decidir quién vive o no en mi manada. En cuanto a Legna y Dylan, si no pueden quedarse en Rayo dorado, que se vengan para acá. Me parece una falta de respeto que acusen a nuestros cachorros de tal barbaridad. Ni siquiera tuvieron la decendencia de convocarnos a nosotros, que somos sus padres.
Tron se peina el cabello con los dedos, gracias a la impotencia que siente ante dicha situación.
—Sabes bien que ellos no los quieren acá. Si no fuera por Liah, Alexa hubiese sido entregada a los humanos. Ahora buscarán la manera de defender su argumento y, aunque apuesto y procuraré utilizar la influencia de Liah, no creo que solo eso nos ayude mucho. Después de todo, por más rey que sea no puede irse en contra de las reglas, esas que fueron creadas por los mismos zollebs.
» Debemos demostrar que los híbridos no representan ningún peligro y que las acusaciones de ese tipo son falsas. Raj había contratado a Legna con ese propósito, solo que ella no está enterada de nada. Pero él quiere usar su aporte para demostrar que los híbridos nos son de utilidad.
Alexa y Riú se agarran de manos y las aprietan, luego asienten al unísono.
Entretanto, Ryan da una última mirada al desierto que separa los territorios cercanos a Rayo dorado de los lobos ratas, en seguida, mira a la niña con agradecimiento.
—Supongo que esta es la despedida —dice él sonriente. La niña asiente satisfecha del festín que lleva a casa, puesto que eso significa que su padrastro estará feliz y no la golpeará. Si tiene suerte, tomará parte de la comida para impresionar a las mujeres de su comunidad y esa noche ella podría dormir tranquila.
Ver la emergente tristeza en la niña remueve algo en Ryan, quien siente mucha curiosidad acerca de la exótica castaña, dueña de esos ojos brillantes como la miel.
—Gracias por la comida… —dice ella con una sonrisa que entretiene a Ryan por unos segundos.
—Gracias a ti por colaborarnos. Cuídate y no te metas en problemas. —Él le guiña un ojo. La niña asiente y le da la espalda, pero no puede evitar mirarlo por encima de los hombros y suspirar. En un mundo paralelo ellos podrían ser amigos y conversar acerca de los libros que leen.
Ryan la observa hasta que ella desaparece de su campo de visión y se gira para regresar a casa. Tiene tantas interrogantes en su mente, que anhela el momento en que su abuelo regrese de misión y se lo lleve al territorio de los zollebs. Está seguro de que allí encontrará esas respuestas que tanto lo intrigan.
 
***
 
Después de que Legna hace que Loretta se vaya tras terminar de limpiar, decide regresar a Fuerza de bronce, pero Dylan la agarra por la muñeca para impedir que salga.
—¿Qué sentido tiene que te vayas si de todas formas dormirás conmigo? Ya es de tarde, Legna, si te vas dudo mucho que logres regresar hoy, a menos que te teletransportes y tú me dijiste que no debes abusar de esa habilidad.
Legna rueda los ojos y se suelta de su agarre.
—Dadas las circunstancias, me iré al bosque hasta que anochezca. Es que no soporto ver tu cara de idiota. —Ella hace una mueca y se cruza de brazos.
—¿Entonces por qué no te fuiste esta mañana? ¡Ah, cierto! Eres tan celosa que te quedaste solo porque la sirvienta es atractiva.
Legna abre la boca escandalizada y le apunta con el dedo.
—¿Te encuentras atractiva a esa lanzada? ¿Acaso querías quedarte solo con tu ‘atractiva’ Brunetta? —Ella hace énfasis en el adjetivo.
—Loretta —la corrige él.
—Es lo mismo, Brunetta, Carletta, intruseta, lanzadeta, coqueta…
La carcajada de Dylan la interrumpe.
—Eres una celosa empedernida…
—¡Pues no espero más que eso de ti! Lo haces una vez y lo harás siempre. Los malditos infieles no cambian nunca.
—Yo no soy ningún infiel y jamás me acostaría con la fastidiosa de Loretta. No lo hice cuando tuve más de una oportunidad, ¿y lo haré ahora?
—¿Te das cuenta que siempre tuviste “la oportunidad” con todas las lanzadas? —ruge Legna mientras lo acorrala con su dedo—. Ya está muy trillada tu frase de idiota. ¿Acaso todas quieren contigo?
—Pues… —Él sonríe con esa chispa arrogante que a ella siempre le ha molestado, pero gustado al mismo tiempo. En ese momento, no sabe si quiere golpearlo, besarlo o hacer ambas cosas.
—Yo me largo, eres un imbécil creído.
—¡No, espera! —Dylan se le lanza encima y la abraza.
—¡Oye! ¡No me toques, mujeriego infiel!
—¿Ahora soy un mujeriego?
—Pues se ha añadido Carletta a tu lista. No me quiero imaginar cuántas más hacen falta.
—¿De qué hablas? Y no es Carletta, es Loretta.
—Carletta, Brunetta, Mierdeta…
—¡Eres tan infantil! ¿Sabes qué? Piensa lo que se te dé la gana; yo solo quiero saber por qué ahora quieres dormir conmigo cuando supuestamente no me soportas a tu lado.
Legna suspira y se toma un rato para deshacerse del mal sabor de boca, que le dejó el que Dylan dijera que la sirvienta es atractiva.
—Aquí quien hace las preguntas soy yo. ¿Tienes algún secreto que no me hayas contado?
Dylan la mira confundido.
—¿Ah? ¿Vas a seguir con lo mismo?
—No me refiero a eso, gran idiota.
—Tienes que respetarme, con un demonio, yo soy tu marido.
—¡Ja! Gran señor de la casa, que lo quiere meter donde quiera que le ofrezcan…
Legna no termina de hablar porque Dylan la calla con un beso apasionado y rudo. Él deja salir toda su rabia por medio de este, pero al mismo tiempo se deleita en la delicia que besar a su mate le resulta. La desea tanto que le es difícil frenar las ganas de aparearse ahí mismo.
—Vamos a la habitación… —ofrece él sofocado; Legna, en cambio, lo aparta de un empujón y frunce el ceño.
—¡Eres un atrevido! ¿Quién te crees que eres para besarme?
—¡Tu mate! ¡Maldición, Legna, ya me estoy cansando de esta estupidez! —Él se muerde los labios y le da un jalón que la atrae a su cuerpo—. Vamos para la habitación, a menos que quieras hacerlo en el sillón, pero no quiero escuchar tus quejas porque es incómodo hacerlo ahí.
—¡¿Por qué hablas como si yo me fuera a acostar contigo?! —exclama escandalizada.
—¡Porque es lo que haremos! Es muy obvio que necesitas aparearte, estás más insoportable que de costumbre.
—¡Oye! —Ella lo manotea en el pecho—. No sabes nada… —Un beso la calla. Legna no hace nada para impedir que la lengua de Dylan busque la suya, por el contrario, le corresponde a su juego candente y atrevido.
Esta vez se olvida del suceso que los separó porque el deseo es demasiado como para permitir tal distracción y bloqueo.
Lo necesita, así que su loba celebra en su interior.
Legna es la primera en querer deshacerse de la barrera entre la piel y la ropa, razón por la que le quita la camiseta de algodón y la tira en el piso, acto seguido, procede a besarlo y morderlo en todo el torso, con gruñidos y ronroneos desesperados. Le encanta la firmeza y definición de sus músculos, esos que lo hacen ver tan varonil y sexi.
Dylan se muerde el labio inferior como respuesta al ataque de su mate, entonces decide que él también quiere disfrutar de la piel suave y delicada de la chica. No obstante, él prefiere romperle el vestido con sus manos, lo mismo hace con la ropa interior, dejándola expuesta a sus ojos fieros y cargados de deseo.
Ser observada de esa manera salvaje y llena de fascinación hace sentir a Legna poderosa y la excita aún más.
—Ven aquí, lobito —dice ella, y lo jala por el cuello hacia sí.
Dylan sonríe coqueto antes de devorarle los labios, morderle el cuello y acariciar los pechos de los que nunca se sacia. Es que todo en ella le es adictivo y lo tiene prisionero de por vida.
—Estás muy buena, lobita —dice él sin despegar sus rostros, su aliento le provoca cosquillas a la boca de Legna.
—Tú no te quedas atrás… —Ella le muerde el labio inferior, luego lo atrapa con sus labios y succiona hasta que Dylan le mete la lengua y ella se la acaricia con la suya.
Legna toca el pantalón de Dylan con las manos abiertas y este se le cae hasta los tobillos. De inmediato, él saca los pies con urgencia y carga a su mate, quien le envuelve las piernas alrededor de la cintura sin dejar de besarlo. De esa manera se conducen a la habitación y no se molestan en cerrar la puerta tras sí. Lo único que desean es apagar ese fuego que los está consumiendo a ambos.
Dylan tira a Legna en la cama y se apresura a colocarse sobre ella y atacar su parte favorita, los pechos. Por su parte, Legna le aprieta el cabello como reacción al placer que él le brinda, gracias a las lamidas, mordidas, pellizcos, apretones y succiones; todo combinado la hace caer en una locura placentera que le pide la unión con su compañero.
Legna arquea la espalda y gime con libertad, luego le libera el cabello para colocar sus manos sobre el rostro de él y mirarlo a los ojos.
Ella ama la combinación de la plata con ese brillo azulado que se refleja cuando él está excitado, ese que le da a entender lo mucho que ella le gusta.
—Te amo, Legna. —Él le besa la nariz, luego los labios.
Las lágrimas se escurren hasta la sien de la pelirroja, quien se ha sentido muy tocada por esas palabras que ha escuchado bastante, pero que en ese momento le expresan tanto. Quizás Dylan tiene razón, puede que ella haya sido víctima de una trampa.
Legna suspira para deshacerse de esos pensamientos, dado que en ese momento solo desea aparearse con su mate y disfrutar cada segundo del apareo, ya después pensará en ese problema.
—Por favor, lo necesito… —pide ella entre jadeos, a lo que Dylan deja de besarle la clavícula y la mira con coquetería.
—¿Quieres que esté dentro de ti? —Él le da una larga lamida en el cuello, que provoca que ella tiemble.
—Sí…
—Entonces, dime: “Penétrame, papi”.
Legna ríe y lo mira juguetona.
—Prefiero: “¡Cógeme, papi!” —dice con gemidos provocativos. Como respuesta, Dylan se muerde el labio inferior con mirada y gestos conquistadores.
En otras circunstancias, la hubiera reprendido por ser mal hablada, pero su falta de pudor en el acto lo excita bastante.
—Tus deseos son órdenes, lobita picarona. —Tras decir eso, Dylan la embiste sin delicadeza. Legna lo muerde en el hombro por la brusquedad de sus estocadas y gime palabras sucias en sus oídos, incitándolo a ser más rústico y a darle con más fuerza.
—¡Dame más, mi lobo salvaje! —repite una y otra vez mientras le araña la espalda y le lame el cuello y los hombros. Esa es su manera de liberar el goce que las estocadas de su mate le provocan.
Se siente tan bien el roce de sus pieles, la fricción electrizante y cosquilleante de sus genitales y ese placer intenso que siente cada vez que él la embiste. No podría poner en palabras esa sensación deliciosa que la recorre desde las paredes de su interior, la pelvis y todo el cuerpo.
—¡Qué rica eres, lobita traviesa! —grita él. Dylan empieza a gemir y a gruñir el nombre de Legna, acción que a ella le parece demasiado sensual.
Legna tiene la necesidad de tomar el control y jugar un poco, así que lo tumba y se le sube encima. Por su parte, Dylan sonríe a la expectativa de lo que para él será el mejor espectáculo que sus ojos pueden apreciar: Ella, sudorosa y con la piel colorada, el cabello todo revuelto y sus labios rojísimos y entreabiertos, mirándolo con tanta pasión y coquetería mientras lo cabalga.
Le encantan tanto sus curvas y lo voluminosa que son su cadera y pechos. No logra resistirse al verlos saltar por el movimiento de ella, entonces los agarra y juguetea con ellos mientras su mate encuentra su propio placer.
A Dylan se le hace la boca agua cuando siente los apretones de Legna en su parte genital, asimismo, la manera en que sus ojos se viran y la boca se le abre.
—Eso, lobita, disfruta tu primer orgasmo de hoy… —susurra él con esa voz varonil que le causa más convulsiones a la chica e intensifica su goce.
—Rayos… Dyl, qué delicia…
Dylan se voltea sin salirse de ella y la besa con mucha pasión. Luego sale de su interior y la voltea, a lo que Legna se acomoda de rodillas y usa sus codos de soporte.
—Quiero que te toques mientras te hago mía —le ordena, antes de volver a entrar en ella y embestirla con una fuerza que la hace gritar.
A Legna se le dificulta tocarse porque está muy resbalosa, también debido a que los ataques de su mate son demasiados buenos, razón por la que no logra concentrarse en otra cosa que no sea la manera tan sabrosa de él entrar y salir de ella. Tras varios intentos, Legna logra encontrar el punto exacto y consigue combinar ambos placeres.
Llega a un punto de tanto disfrute, que no quiere que termine; sin embargo, el placer es demasiado para su cuerpo, así que ella se deja romper en pedazos en aquel trance maravilloso. Al poco tiempo, Dylan también llega al clímax.
Ambos sueltan un largo suspiro y se dejan caer en la cama. Dylan es el primero en buscar el contacto y quitar las hebras molestosas del rostro de su compañera, para colocarlas detrás de sus orejas.
—No te imaginas lo mucho que he extrañado esto… —Él la besa en la nariz, luego en los labios, en ambas mejillas y termina en la frente.
—Eres un exagerado… —Ella también quita las hebras negras del rostro que aún luce rojizo y sudoroso—. Solo hemos estado separados por unos días…
—Para mí es demasiado, en especial bajo estas circunstancias. No sé qué sucedió, pero siento que fue una trampa. Si tan solo me creyeras… —El plateado de sus ojos brillan gracias a las lágrimas que se acumulan en los bordes.
—Supongamos que te creo… —Legna se relame los labios, aparta la mirada, pero al instante vuelve a conectarla con él—. ¿Qué sucedió ese día? Necesito que me cuentes hasta el más mínimo detalle. También, quiero que me aclares algunas cosas.
Dylan frunce el ceño con confusión.
—¿Aclararte algunas cosas? ¿Como qué?
—¿Qué es eso que nunca me has contado? ¿Hay algo que no le has dicho a nadie?
Dylan se le quita de encima y mira en dirección al techo.
—Lo que oculto a los demás para no parecer débil es que le temo a la profundidad de los ríos o cualquier cúmulo de agua grande. ¿Por qué quieres saber acerca de mis fobias? ¿Qué hay de ti? ¿Tienes alguna?
Legna se queda pensativa por un rato, luego suspira.
—No tengo fobias, pero sí me preocupa no ser aceptada por los licántropos puros. También temo tener que alejarme de ti.
—¿Por qué te alejarías de mí?
—Porque nunca te quitaría la vida que has construido. Sería egoísta e injusto de mi parte. —Legna trata que su voz no se quiebre.
—Creo que tengo un temor peor que la fobia al agua —razona él.
—¿Qué temor?
—Temo a que me rechaces —contesta Dylan con las lágrimas en los ojos y a punto de ser derramadas.

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El hijo del alfa y la híbrida

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