Arel
La rabia que me inunda en estos momentos nubla mi razón, a tal punto que no soy dueño de mis actos. Salto encima de esa loca, no sé en qué momento me he transformado de nuevo, ya que lo único que quiero es que pague por hacerle daño a ella.
Mi amada mate y Turug…
Los gritos de Violet ponen a los demás en alerta; tanto licántropos como omorfianos se yerguen en posición de defensa, esperando cualquier movimiento amenazante para darse a la batalla.
¡Me importa un comino!
Ella trata de usar su poder en mi contra, pero la energía de mis genes omorfianos es un escudo protector a su veneno.
Es lo que intentó hacer con Aliana, envenenarla con su habilidad. Retrocedo cuando su veneno quema mi protección y utilizo más poder para enmendar mi escudo. Ella se me lanza encima y me ataca con un aguijón del mismo color de su cabello, tira ataques a diestra y siniestra, haciéndome retroceder mientras le enseño mis colmillos.
Estoy cansado de esto, por lo que me dispongo a terminar con ella de una vez y por toda. Violet es un dolor de cabeza y una de las causantes del exilio de Victoria. Ella insistió en que debían echarla, alegando que Aliana era un peligro para Évrima. Violet siempre odió a Victoria y, para mi mala suerte, su hija Rose se enamoró de mí, lo que provocó que su odio llegara a Aliana, pues para nadie era un secreto que rechazaba a las demás mujeres por mi amor a ella.
—¡Es la culpa de esa maldita! Si no fuera porque todos se obsesionan con ella, mi hija estuviera viva en este momento. ¡También es tu culpa! Su amor por ti la llevó a la muerte. Ella se empecinó en ayudarte, por eso esa bestia la mató.
«¡No es cierto! Muchas veces le dije que no viniera a buscarme, que no se inmiscuyera en mis asuntos», le respondo.
Gruño de la ira que me embarga.
—¡Paren esa estupidez o provocarán la división entre las comunidades! —grita papá con voz de mando, quien ya se encuentra en su forma humana.
Sé que debo detener esto, pero ella intentó dañar a mi mujer.
«Mátala», me ordena mi parte más salvaje.
Yo ya quiero derramar la sangre de esa maldita loca.
Ella se me lanza encima dispuesta a clavarme su arma, mas yo me enfoco en su brazo, donde la muerdo con fuerza hasta que su sangre salpica en mi rostro. Sus gritos son desgarradores y dan a entender el gran dolor que sufre. Ella suelta el aguijón al no soportar el ataque, entonces aprovecho para lanzármele encima.
Los omorfianos, al caer en cuenta que estoy a punto de asesinarla, vienen en mi contra. Entonces los hombres y mujeres de mi manada se vuelven a transformar en lobos y los enfrentan.
Papá vocifera que nos detengamos, pero ninguno está dispuesto a obedecer su orden.
Está en mis manos parar esta locura.
Me quito de encima de Violet y tomo mi forma omorfiana. De mis palmas sale energía plateada que rodea el brazo de ella y lo sana, puesto que he decidido perdonar su insolencia en nombre de la paz; no obstante, papá se le lanza encima cuando ella me ataca a traición, pues al parecer no está dispuesta a dar su brazo a torcer. Papá la sostiene por los brazos, entonces Dave silba fuerte para captar la atención de todos.
—¡No hay necesidad de pelear entre nosotros! ¿Por qué estar en enemistad cuando podemos unir fuerzas y vivir en paz cada quien en su sitio?
Si algo tiene Dave es que convence hasta al más terco sin esforzarse mucho. Creo que es una de sus habilidades innatas. Todos se detienen como si de un sueño despertaran. Entonces cada cual toma una distancia prudente y los guerreros de mi manada recuperan su forma humana. Cabe destacar que todos estamos desnudos, puesto que, gracias a la tensión del momento, nadie se preocupó en quitarse la ropa antes de transformarse.
Cada grupo de comunidad se mira entre sí, como esperando las palabras del otro o la acción.
—¡Hagamos un nuevo acuerdo de paz! —vocifera papá, al instante en el que todos le prestan atención—. Cada comunidad será responsable por sus actos y dejaremos de culparnos unos a otros. En cuanto a los delitos cometidos, serán juzgados de acuerdo al territorio donde se cometan y solo se culpará al criminal, ya que es injusto generalizar aquella maldad a toda una especie. Cada comunidad será respetada y todos firmaremos un acuerdo de alianza.
—Estoy de acuerdo, Alfa Lonzo —secunda la reina de Évrima—. Pero, ¿cómo haremos para evitar que los humanos no puros nos cacen? Ellos ya han despertado de su letargo y conocen de nuestra existencia, es cuestión de tiempo para que traspasen la línea y nos ataquen.
Papá se queda pensativo un rato. Al cabo de unos segundos, que parecen eternos, él enfoca su mirada sobre todos con suspenso, aumentando la tensión en el grupo.
—Hagamos lo mismo que hicimos con los humanos puros, separemos dimensiones.
Aquello sonó más como una sentencia que una propuesta.
—¡No acepto ese acuerdo! Ustedes son unos seres peligrosos, vulgares y desagradables —escupe Violet con todo su veneno. Ella ha sido amarrada por energía omorfiana, es probable que sea juzgada en Évrima por intento de asesinato y otros cargos más.
—¡Tú no estás en posición de aceptar nada! —reprende la reina de Évrima. Ella es familiar lejano de Aliana y fue quien tomó el lugar de Victoria cuando fue exiliada. Tiene el cabello rubio y ojos verdes, así como mi mate, también usa una capa roja que la distingue como parte de la nobleza.
—¡Soy líder de los guerreros! ¡No pueden tratarme como a un criminal sin importancia! —se queja Violet, muy indignada.
—¡Has tratado de asesinar a uno de los nuestros y atentado contra la paz entre las comunidades! ¡Ya no eres digna de llevar ese cargo!
Todos nos ponemos alerta cuando Violet forcejea contra la energía que la aprisiona; no obstante, el alivio se adueña del lugar cuando la reina la pone a dormir.
De repente, un dolor intenso se adueña de mi pecho, junto a un desgarrador vacío acompañado por melancolía y la sensación de abandono que se tornan insoportables en mi interior, a tal punto, que siento que mi alma se rompe en pedazos. De inmediato, enfoco mi atención en mi amada Aliana, quien yace inerte sobre la grama.
No…
¿Cómo pude ser tan imbécil?
Correr no es suficiente para estar a su lado en el tiempo que deseo, dado que la desesperación me ahoga y la falta de oxígeno me quita las fuerzas…
Caperucita…
Llego a ella al fin, pero su piel fría recibe la mía que, a diferencia de la suya, está caliente. Lágrimas pesadas y llenas de dolor se derraman de mis ojos y estallo en un llanto desgarrador.
¿Cómo pude ser tan descuidado? ¿Cómo es que no noté que te morías?
Aliana…
«¡Mi loba se va! ¡Haz algo, omorfiano!», grita mi lobo interior, desesperado e impotente.
Mi Turug. No me dejes, no me mutiles de esta forma tan cruel y dolorosa.
—¡¡Aliana!! —grito.
Tiemblo mientras la aprieto con fuerza contra mi pecho. No lo acepto. No…
—¡Ja, ja, ja, ja, ja! —La maldita de Violet ríe con burla y maldad. ¿Cómo es que me ha engañado? —. Mi habilidad especial es envenenar sin que sea notado. Creíste que se había desmayado por mi ataque, pero la realidad es que mi veneno sí la alcanzó, pero éste mata de forma lenta y sin síntomas notorios. Ella ya pasó a una mejor vida. Esa maldita ya no existe, así que me he cobrado la vida de mi hija. Mi Rose no se lo merecía, ella sí. Por lo menos agradece que su muerte no fue dolorosa, mi Rose no corrió con esa suerte. —Vuelve a reír como la gran loca que es.
«Mátala», insta mi lobo.
Corro en su dirección con una rapidez que le gana a mi debilidad y dolor. Necesito derramar su sangre y acabar con su asquerosa existencia.
Ignoro las reclamaciones de papá y las advertencias de los demás. Tengo un objetivo en mente y voy por él…
