Estoy pasmada. ¿Por qué dicen que soy hija de esa bestia? Recuerdo que él me tocaba de forma inapropiada, un padre nunca tocaría así a una hija de esa manera; él…, no…, eso no es posible. Ignoro las tonterías de esos dos porque no me importan sus especulaciones; nunca aceptaría a ese monstruo como mi padre, aunque si John lo fuese me hubiese convertido en lo mismo que él, ¿cierto?
De repente visualizo a Arel sobre el suelo casi inconsciente. La rabia hierve dentro de mí, la necesidad de derramar sangre se torna incontrolable. Corro en dirección a esas bestias asquerosas, quienes se han erguido frente a mí.
—¡No le hagas daño! ¡Ella es mía! —grita ese ser despreciable a quien tanto odio. Quiero despedazarlo, necesito acabar con su existencia.
Me le lanzo encima y lo ataco en el cuello, mordiendo hasta que el sabor a azufre inunda mi paladar. Siento cosquilleos por toda mi piel, mi corazón late muy rápido y entro en un trance que me hace sentir extasiada. La adrenalina me pone eufórica y quiero seguir mordiendo, quiero que su sangre se derrame hasta que no quede aliento en él.
¡Cómo se atrevió a atacar a mi mate!
Mis garras golpean su pecho cuando él logra liberarse de mi mordida. Le he arrancado carne y pelo al clavarle las uñas.
«¡Pagarás por herir a Arel!».
Mi voz no sale como espero, pues en vez de palabras, esbozo gruñidos y aullidos.
Soy un animal.
Aúllo del dolor cuando la otra bestia golpea mi espalda, si es que así se le puede llamar a esta parte de mi cuerpo. Estoy muy confundida sobre mi anatomía ahora mismo.
John ataca a su amigo, quien le devuelve el golpe.
—¡Cómo te atreves a golpearla! ¡Ella es mía! —Espeta John o lo que sea esa bestia asquerosa. Ese tipo está loco.
¡Me frustra que me dejen fuera de la batalla!
Mi boca saliva de más al enfocar a mi próximo objetivo; camino en su dirección con expresión retorcida y una sed inmensa de su sangre.
«Tú me robaste la mía, ahora yo derramaré la tuya», comunico en mi mente, aunque es probable que ella no me escuche.
Es bruja maldita retrocede y mueve sus manos de forma extraña.
Va a usar su brujería.
Un rayo me paraliza, mas yo muero de la rabia al no poder llegar a ella, al no estar devorándola ahora mismo.
De repente, criaturas de diferentes comunidades hacen presencia, la mayoría de ellos desconcertados y en alerta.
Por un lado, hay hombres y mujeres de gran estatura, cuerpos robustos, mirada oscura y doradas, asimismo, expresión intimidante y tosca; por el otro, aparecen un conjunto de lobos enormes de apariencia peligrosa y pelajes en tonos blancos, grises y negros; ambos grupos se escudriñan entre ellos con recelo y expresión de alerta. Un bando frente al otro, pendiente a cada movimiento, preparados para atacar si fuese necesario.
De repente todos miran en dirección al cielo, puesto que un enjambre de criaturas voladoras hace acto de presencia. Algunas de ellas con apariencia de libélulas gigantes; otras, lucen como enormes murciélagos con piel de serpiente y rostros parecidos a las ratas. Encima de estos, los hombrecillos musgos hacen sonidos fatídicos, riendo de forma exagerada y dispuestos a atacar a los dos grupos de licántropos.
El cielo se torna oscuro, es como si hubiese anochecido de repente. Es cuando un gran número de criaturas, que parecen sombras, vuelan alrededor. Gracias a ellas, el escenario se ha tornado más escalofriante de lo que ya estaba.
Mi madrina sonríe cuando unas mujeres, vestidas de largos vestidos de color crema, flotan por los aires; ellas son cinco en total. Todas poseen cabelleras largas; tres de ellas en tono negro como el azabache y dos de cabellos blancos como la nieve. Sus sonrisas me provocan escalofríos y aversión, su sola presencia me causa un temor peculiar.
—¡Bienvenidos a la fiesta! —El amigo de John, quien es una bestia igual que él, vocifera con ironía. No obstante, John se ha quedado perplejo; al parecer no se esperaba que las comunidades se reunirían aquí.
—¡Arel, el hijo del alfa, es el asesino! —grita John de repente—. Estamos aquí para detenerlo —miente con descaro.
En ese momento, un grupo de caballos voladores, parecidos al que vi antes de ser acorralada por los demonitos, vuelan alrededor. Sobre ellos, varias mujeres y hombres hermosos cabalgan con disposición a la batalla. Las seis brujas empiezan a salivar, observando a las hermosas criaturas de apariencia humana con fascinación y hambre.
Estoy petrificada en mi lugar, sin saber qué hacer.
Todas las comunidades sobrenaturales están aquí, por lo que la tensión y el desconcierto describe este lugar ahora.
Por otro lado, Arel trata de ponerse de pies mientras otro chorro de sangre sale de su boca. Aun así, se las arregla para hablar fuerte:
—Comunidades de Hadima, para nadie es un misterio que Demian es un traidor, un rebelde y un asesino. Todos saben que fue él quien violó a la princesa Victoria y que mató al futuro beta de la manada Luna de oro, padre de Aliana. —Mi corazón salta violento ante esa información. Entonces así murió mi padre. Vuelvo a prestar atención a las palabras de Arel, quien continúa después de una pequeña pausa—: Asimismo, pueden ver con sus propios ojos que mi mate y Turug no es una amenaza. Tampoco es hija de esta escoria, ella es una cambia forma de mi manada.
» Mas en cuanto a Demian y su amigo, ellos unieron fuerzas con brujas, hombrecillos musgos y las criaturas de las penumbras para asesinarme, inculparme de las muertes de los humanos no puros, raptar a mi mujer y provocar rencillas y división entre las comunidades. Su objetivo es la guerra para tomar el control de todo Hadima. Para lograr su cometido, les prometió a las brujas la sangre de los omorfianos, mientras que a las demás criaturas malignas les ha permitido hacer y deshacer en los territorios de los pueblerinos humanos.
—¡Él miente! ¡Todo es una trampa! —se defiende la bestia.
—Amo, ¿nos estás negando? —dicen los hombrecillos musgos con sonrisas retorcidas. Ellos están disfrutando el momento, al parecer, lo único que les interesa es causar caos y enemistad.
—¡Cállense, imbéciles! —La voz de esa bestia suena como un trueno que hace estremecer este lugar.
—¡Vamos a divertirnos! —gritan todos al unísono y empiezan a atacar a los licántropos y omorfianos.
El caos toma lugar y una batalla entre criaturas inicia. Las brujas se apresuran a atacar a los omorfianos, ansiosas por beber su sangre. Por otro lado, una mujer de cabellera naranja y ojos rojos sopla fuego sobre un árbol, que ayuda a que la oscuridad no nos arrope por completo; aunque cabe decir, que eso no le afectaría a ninguno de los presentes. Ella sigue soplando, quemando en el acto y, en cuestión de segundos, a muchas criaturas de las penumbras.
Por mi parte, trato de poder moverme, mas me es imposible.
Se arma tremenda batalla donde no se sabe quién es el enemigo, ya que todos se atacan en desorden.
Arel…
Quiero moverme para ir por él, pero no puedo. Esa bruja me tiene atrapada.
«Usa tu poder omorfiano».
Supongo que eso lo dijo mi loba.
«Sí, soy yo. Bienvenida, Aliana».
Cierro los ojos y rememoro mi niñez; era tan fácil controlar mis poderes en ese entonces, ahora no tengo ni la más mínima idea.
«Concéntrate».
Me relajo…
Mi piel es acariciada por una corriente agradable; abro los ojos y me percato de que mi pelaje dorado está cubierto de polvo de oro. De repente, varias corrientes eléctricas azotan mi cuerpo junto a extraños escalofríos que viajan por toda mi piel, sumándole el mareo y el dolor de cabeza. Siento que mi cerebro explotará en cualquier momento.
Me encojo del dolor y sollozo ante la tensión en mi pecho. La bruja ejerce más presión, mas puedo percibir lo abrumada que se encuentra; puedo oler su temor, su derrota. Un estallido en mis oídos casi me quita el conocimiento; las palpitaciones de mi corazón se tornan violentas, desenfrenadas, insoportables…
Las corrientes alrededor de mi cuerpo toman más fuerza, sacudiéndome de una manera que me hace querer desmayarme, dormirme, morir o lo que sea con tal de dejar de ser torturada por mi propio poder. Un último estallido en mis oídos y todo mi cuerpo se relaja. Un aullido de victoria le da a entender a esa bruja que ya soy libre, que su poder no tiene ningún efecto en mí.
Corro en dirección a ella y me le lanzo encima. Sus gritos desesperados no me inmutan, al contrario, son combustible para seguir atacándola. Mis pezuñas golpean con fuerza, mis colmillos arrancan piel, la sangre se escurre en mi paladar y me provocan ganas de vomitar debido al asco. Escupo los restos de mi boca y continúo golpeando.
¡Por mi madre!
¡Por la vida que me robó!
¡Por Arel!
¡Por todas esas personas a las que le hizo daño!
Ella se retuerce en el suelo mientras que mis patas continúan ejerciendo presión sobre su cuerpo; mi mirada asesina la hace temblar, entonces su grito se ahoga al derramarse más sangre.
Adiós, madrina…
Una vez acabo con esta escoria, corro en dirección a Arel, pues temo que le hagan daño. Me detengo cuando dos lobos lo rodean, quienes creo hacen guardia a su alrededor para impedir que lo lastimen.
Camino hacia ellos con lentitud y recelo, pero ellos se apartan para abrirme espacio en dirección a Arel. Una vez frente a él, siento mis ojos llenarse de lágrimas al ser consciente de su estado tan demacrado.
Debo hacer algo.
Lamo su rostro mientras sollozo con pequeños aullidos. Busco una reacción en él, necesito que dé señal de vida.
Arel…
Sus ojos grises me escudriñan con fascinación, acción que provoca que mi corazón palpite con alegría, eso significa que estará bien. Lamo sus heridas y froto mi cabeza peluda sobre su piel; quisiera que deje de dolerle, necesito que se levante de allí sin ningún rasguño.
«Mi cuerpo pronto se curará a sí mismo y podré recuperar mis habilidades», me habla por medio del vínculo.
«Perdóname, yo no lo hice a propósito. Esa bruja me hechizó», le explico, aunque nunca dejaré de sentirme culpable por todo su sufrimiento.
«Lo sé, pero gracias a eso habrá paz. Mientras hablábamos debajo el árbol, usé mi habilidad para avisar por medio de telepatía lo que estaba sucediendo. Ahora todos son testigos de quién es el verdadero culpable. También dejarán de temerte».
«Arel, eso fue muy tonto de tu parte. Pudieron haberte asesinado».
«Pero no lo hicieron».
Lamo su rostro y por sus gestos sé que le estoy provocando cosquillas. Arel deja salir una risa débil, que es evidencia de cuán herido está.
A continuación, todo sucede en cuestión de segundos.
El grito débil de Arel, las brujas paralizando a los lobos que nos protegían y el amigo de John, Demian o como se llame, saltando en mi dirección dispuesto a acabar con mi existencia.
Mi cuerpo reacciona por instinto y se prepara para recibirlo, pero él nunca llega porque John se le ha lanzado encima y atacado. Ambos se enfrentan sin limitaciones, como si no hubiesen sido cómplices antes, por el contrario, parecen enemigos a muerte. El amigo de John lo golpea en el estómago y toma distancia, su mirada herida y decepcionada lo confronta.
—¡Te ayudé en tu absurdo plan de crear contiendas entre las comunidades! ¡Fui exiliado y tratado como un enemigo entre mi propia familia! ¡¿Y así es como me pagas?! ¡¿Todo por una mujer?! —dicho esto, se le lanza encima dispuesto a asesinarlo.
Ambos pelean a muerte mientras son observados por los demás licántropos. De repente, la cabeza del amigo de Demián, John o cómo se llame, cae al suelo. ¡Ha matado a su cómplice!
La bestia ahora viene en nuestra dirección, dispuesta a llevarse a cualquiera que se interponga en su camino. Me pongo frente a Arel y lo cubro con mi cuerpo, al mismo tiempo en que muestro los colmillos a ese monstruo con actitud amenazante; sin embargo, el papá de Arel se le lanza encima. Ambos pelean llenos de ira, dispuestos a destrozar al otro.
Entretanto, las brujas se enfrentan a los omorfianos, mientras que los demás licántropos se encargan de los hombrecillos musgos y de las criaturas de las penumbras.
Cierro mis ojos y de mis garras emana una luz roja, que cubre a Arel por completo.
«Esto adelantará el proceso de curación», le digo.
¡Estoy recordando cómo usar mis poderes!
Al cabo de unos segundos, Arel se incorpora totalmente renovado. Corre en dirección a Demian, quien aún lucha con el alfa, y sus ropas caen en trozos al suelo cuando se convierte en un enorme lobo gris.
«Mi lobo».
Tranquila, loba.
«¡Es mi lobo, mi mate!»
¡Tan bello!
Decido dejar de babear por mi mate y ayudar a los demás. Los hombrecillos del demonio empiezan a volar por los aires, gracias a que los lanzo con la boca. Un grupo de omorfianos abre un portal donde los echo uno por uno, hasta que el lugar queda libre de esos insoportables seres.
El aullido de Arel me pone alerta, causando que me gire y visualice al alfa tirado en el suelo, herido por una bruja. Corro en dirección a ella decidida a acabar con su existencia, irritada porque Arel fue golpeado por la bestia al entretenerse con la herida del papá.
Antes de que ella pueda reaccionar, golpeo fuerte su cuello. La bruja cae casi inconsciente, pero antes de que yo termine con ella, un hombre lobo le arranca la cabeza.
Desvío mi atención en dirección a las pocas brujas que quedan, de mis ojos emana una luz dorada que las va traspasando una a una, hasta que no queda ninguna con vida. Busco a Arel con la mirada y me tranquilizo cuando lo vislumbro frente a John, a quien observa de manera escalofriante.
Él tiene el control.
Una luz plateada pone alerta a todos los hombres lobos. De los aretes de Arel sale un líquido brilloso del color de su cabello, y luego se pone frente a él como si fuera una masa de plata flotante. Arel deja su transformación de lobo, quedando en completa desnudez.
Con mirada decidida y movimientos ágiles de manos, él manipula a distancia la cosa plateada que se mueve al ritmo de sus palmas, hasta convertirse en un puñal de plata filoso y con un brillo especial. Él lo empuña con suficiencia y camina en dirección a Demian, quien recula aterrorizado. Es como si la sola presencia de Arel le fuera peligrosa, como si la plata con poder emanara de sus poros y, el simple hecho de tocarlo, fuera mortal para él.
Arel lo ataca. Por su parte, John atina a defenderse. Movimientos agresivos buscan su blanco: un chico que parece inofensivo, pero que es un arma mortal en ese momento. Y, pese a la diferencia de tamaño, Arel logra traspasarle el corazón. Un aullido de dolor llena el lugar, el lamento de aquella bestia se torna espeluznante al saberse derrotado.
—¡Victoria! ¡Te amo! —Con esas palabras cae despavorido sobre el suelo y provoca un pequeño temblor al impactar contra la superficie terrosa. La mujer de cabello naranja y ojos rojos flota alrededor de él y, en cuestión de segundos, lo cubre con las llamas que salen de su boca.
Los hombres lobos tiran los restos de quien una vez llamé mi madrina, para que se quemen junto a Demian. Así hacen con los demás, hasta que ya no quedan enemigos a quien enfrentarse.
Me llama la atención que las heridas de los licántropos empiezan a cerrarse, como resultado, su piel queda como si minutos atrás no hubiesen estado en una batalla.
«Tú también eres una de ellos», me habla mi parte lobuna, a lo que sonrío. Saber quién soy al fin me llena de felicidad y me hace sentir completa.
Arel corre en mi dirección y me acaricia mi cabeza peluda.
Me siento un poco mareada cuando mis huesos forman un esqueleto humano. Caigo encima de Arel, quien me sostiene al instante. Nos miramos a los ojos y dejamos que las lágrimas sean ese bálsamo a nuestras almas heridas. Nos abrazamos con fuerza, como si temiéramos que nos fueran a separar. Nuestros cuerpos desnudos se brindan calor, al tiempo en que se aferran el uno del otro.
Lloramos.
Estamos juntos. Ya no hay hechizos ni otra dimensión. Ya se terminó la amenaza, asimismo, la barrera que nos separaba fue derribada. Ya no hay secretos, frases a medio decir ni omisiones. Solo somos él y yo; transparentes como el agua, desnudos en cuerpo y alma.
—¡Muere, intrusa! —La voz de aquella mujer se escucha lejos.
Me he sumido tanto en el calor de Arel, que he dormido mis reflejos y no vi venir el ataque. El dolor en mi espalda se torna insoportable, de repente siento frío y solo me calienta la sangre que emana de mi herida. Ya no está el calor de Arel, aunque su aullido me descoloca y me da a entender que se ha convertido en lobo y que ataca a alguien. ¿Será ella la mujer que me hirió?
Ya no siento mi cuerpo ni escucho los sonidos a mi alrededor. He perdido el sentido de la vista, el control de mis movimientos y mi respiración. Si es que respiro. En cuestión de segundos, soy arropada por la oscuridad.
