19. Lobo feroz: Dejarlo todo

This entry is parte 21 de 31 in the series Lobo feroz

Cuentista

Érase una vez, una región llamada Hadima. Esta contaba con ocho pueblos y varias comunidades de criaturas con poderes especiales, conformadas por los licántropos, los omorfianos, los hombrecillos musgos, criaturas de las penumbras, las brujas chupa sangre y las criaturas del bosque paraíso; estos últimos eran animalitos endémicos de Hadima. Desde antaño, las criaturas de Hadima y los humanos estuvieron en guerra, puesto que los segundos les tenían recelo a sus habilidades sobrenaturales.

Con el tiempo, algunos humanos se mezclaron con las criaturas de Hadima, portando sangre sobrenatural y siendo llamados humanos no puros. Aunque no todos presentaban algún cambio o habilidad especial, de vez en cuando nacían humanos no puros con esas habilidades.

Puesto que las comunidades se peleaban unas con otras, decidieron hacer paz y poner reglas para la convivencia tranquila. Fue así como todas las comunidades especiales unieron fuerzas y crearon una dimensión que separó a los humanos puros, que no habían mezclado su sangre, de los no puros. Con una protección dimensional no había manera de que ellos tuvieran contacto, quedando los recuerdos de las criaturas especiales como leyendas y mitos contadas en diferentes versiones.

***

—Tranquila… Estoy aquí contigo —susurra Arel mientras me acaricia el cabello mojado. Ambos estamos dentro de la tina del baño, desnudos y aferrados a nuestros cuerpos; yo me refugio en su calor y en la seguridad que me hace sentir. Mis lágrimas se mezclan con el agua tibia, el horror y la tristeza no me abandonan, pese a las palabras dulces de parte de Arel y sus caricias reconfortantes.

Fue horrible.

El recuerdo del rostro pálido de aquel hombre, sus ojos abiertos, al no poder soportar el dolor; aquella bestia desgarrando sus entrañas y la pobre víctima rindiéndose a la muerte me ha dejado traumatizada.

No, eso no se lo merece nadie.

Lloro otra vez y rompo el silencio en este lugar. Los siseos de Arel y sus caricias sobre mi cabeza y hombros desnudos, aunque se sienten como roces curativos a mi alma, no son suficientes, ya que necesito quitar esas imágenes de mi mente para que la tortura se termine.

***

—¿Está segura de lo que dice, señorita? —me cuestiona el policía que investiga el caso junto a John.

—Señora. Ella es mi esposa —corrige Arel con el ceño fruncido. Desde que este sujeto puso sus pies en la cabaña, él luce incómodo y lo mira con recelo.

—Una bestia… —Ignora a Arel y me mira con ironía—. ¿Segura que vio bien? ¿No la habrá amenazado el asesino? —Mira a Arel con expresión alusiva.

—¿Cree que una persona podría dejar a ese hombre en el estado en que quedó? ¿Por qué les es tan difícil de aceptar que hay una bestia? ¿Acaso han podido resolver algunos de los casos que se ven en este pueblo? ¡¡Hay una maldita bestia en ese bosque!!

Soy consciente de que estoy alterada, de que mis temblores han aumentado. No sé cómo lidiar con esta situación, como tampoco explicar lo que en realidad vi cuando ellos esperan que les diga algo diferente, algo con sentido y lógica. ¿Me estoy volviendo loca? No, yo sé lo que presencié.

—¿Cómo es que pudo escapar con vida y entera? Me es sospechoso que estuviera en el momento exacto y que haya salido ilesa. Si es una bestia como usted dice, pudo haberla atacado.

Me molesta su mirada acusatoria y su sonrisa del demonio cargada de ironía.

—Si hubiese sido un asesino me hubiera matado o raptado para callarme. Es lo mismo.

—¿Y cómo escapó de la… «bestia»?

—No lo sé… Fue muy confuso, yo estaba muy asustada y…

Los temblores en mi cuerpo aumentan. Imágenes incompletas pasan rápido por mi mente, reviviendo el desconcierto y el miedo que experimenté ese día. Entonces, como si un rayo cayese sobre mí, los recuerdos azotan mis pensamientos y me fundo en ellos…

Corro por el bosque con lágrimas en los ojos, los latidos de mi corazón martillan mi pecho sin control, asimismo, el miedo y la desesperación me impiden respirar de forma correcta.

No me persigue, más bien ha huido desde que se percató de que estuve allí. ¿Por qué?

El bosque se torna confuso, los árboles me son desconcertante. Me he perdido aquí, no sé en qué dirección me dirijo. Entonces descubro algo peculiar, son árboles de hojas coloridas, que poseen un brillo especial y… ¿un lobo?

Su pelaje es negro y sus ojos azules brillan como dos faroles; está en la entrada de lo que creo es otro bosque, pero que un límite de neblina espesa separa como si fuese una barrera. Aquel lobo me observa amenazante, como si me advirtiera que no debo continuar.

Más lobos se unen a él y avanzan a pasos lentos en mi dirección.

Todo es tan confuso, tan irreal…

Un aullido detrás de mí me pone alerta, como resultado, los demás lobos retroceden. Me parece que se comunican entre ellos y podría jurar que percibo una advertencia de parte del lobo negro. Yo me he quedado inerte en mi lugar, incapaz de mirar atrás y encontrarme con la bestia. Entonces escucho una voz suave y familiar, pero que no me atrevo a descifrar. No sé si es por lo abrumador de este momento o el estado de negación en el que siempre me sumerjo, pero obedezco sin rechistar o cuestionar.

—Duerme. —Me rindo a su mandato y pierdo el conocimiento.

Vuelvo en sí un poco alterada y más confundida aún. Arel me abraza por detrás cuando percibe que estoy saliéndome de control; ha ubicado su silla a mi espalda para poder calmarme desde allí.

¿Cómo explicar lo inexplicable? ¿Cómo decirles lo que acabo de recordar y no ser tomada como una loca?

—Responda a mi pregunta —demanda el hombre con su mirada intensa y desafiante sobre mí, tratando de intimidarme.

Siento varios escalofríos recorrerme, no sé qué respuesta dar.

» Hable —insiste.

—¡Ya basta de presionarla! ¿Acaso no ve el estado en el que se encuentra? Ella no está en condiciones para interrogatorios, así que deje de molestarla —interviene Arel muy enojado y con ese aire protector que me hace sentir que no estoy sola.

—Es su deber dar su declaración de los hechos. Estamos siendo generosos con ella, puesto que debería estar en la estación o en la cárcel como primera sospechosa. Agradézcale el gesto al detective que nos ayuda en el caso y que me ha pedido que mantenga el asunto en secreto; dado que si fuera por mí su esposa ya estaría bajo rejas.

—¿Qué mierdas dice? —Arel se pone de pies de repente y muestra una expresión amenazante. El oficial lo imita con una sonrisa descarada.

—¡Arel! —grito, al entender la intención de este hombre—. El oficial solo hace su trabajo. —Trato de calmarme para tomar control de la situación—. Le diré todo.

—La escucho. —Vuelve a sentarse y me mira desafiante y a la espera de mi respuesta.

Suspiro y trato de componerme para no arruinar más el asunto.

—Al ver a esa bestia comerse al hombre, retrocedí en silencio sin que me viera, luego caminé lejos con sigilo y retorné a la entrada y, una vez me vi en mi patio, corrí en dirección a la casa. Estaba tan alterada que me quedé llorando hasta que Arel vino a buscarme en su receso, porque habíamos quedado en eso. Iba al pueblo a vender algunas prendas y necesitaba que me llevara, dado que no tengo vehículo.

Suspiro ante mi mentira. Cuando John encontró mi arete y hebras de cabello dorado en la escena del crimen, la ocultó y me buscó. Entonces me pidió que le explicara la verdad. No pude decir más que el hecho de que vi una bestia, puesto que estaba demasiado alterada. Él había reconocido la joya porque suelo usar ese par de pendientes debido a que me gustan mucho.

Dado que John también cree que hay una bestia, decidió ocultar la evidencia y junto a su amigo seguir investigando por su cuenta. El problema es que este hombre no cree que el asesino es una bestia y, al parecer, sospecha de mí. O tal vez persigue otro interés y yo solo soy el camino para llegar a este. No sé por qué me da la impresión de que su insistencia y alusiones tienen que ver con Arel.

—Estuve hablando con algunos trabajadores en la repostería Miel del cielo y ellos me dijeron que usted salió antes de su receso aquel día y con urgencia. Como si hubiese recibido una mala noticia. —Esta vez él se dirige a Arel.

—Había olvidado un dinero que necesitaba para comprar unos electrodomésticos que le hacen falta a mi esposa. Sabe cómo son las mujeres de intensas, así que pedí mi receso antes. Dado que ya había salido, aproveché y pasé a buscarla, fue cuando la encontré en su habitación en estado de pánico.

Me llama la atención la facilidad con la que miente Arel, como si ya estuviese acostumbrado a hacerlo. Y, aunque ambos nos pusimos de acuerdo en qué responder para alejar cualquier sospecha sobre nosotros, me parece abrumante la forma tan espontanea en que Arel oculta la verdad. Pero tampoco podemos dar una explicación certera, ya que ninguno de los dos puede explicar lo que en realidad sucedió. Según Arel, él me encontró en medio del patio desmayada.

—Estaré pendiente de esta investigación. John asegura que es una bestia, tal vez él tenga razón, pero puede que la bestia adopte una forma inofensiva y esté en medio de nosotros. —Su mirada alusiva sobre mi pareja me descoloca. Arel es la persona más dulce e inofensiva que he conocido, él nunca lastimaría a nadie.

Suspiro con alivio en el momento en que ese hombre se marcha; sonrío cuando los brazos de Arel me rodean, de inmediato, recuesto mi cabeza sobre su clavícula y disfruto escuchar los latidos de su corazón.

Te amo tanto, Arel.

***

—¿Te gusta así? —dice él antes de besar mis pliegues. Me retuerzo sobre el colchón, apretando las sábanas y mordiendo mis labios. Creo que no necesito responder con palabras lo que mi cuerpo le ha expresado. Sus movimientos juguetones me hacen jadear; el ríe sobre los labios de mi intimidad y sigue torturándome con su estimulación. Un sin número de corrientes eléctricas me hacen temblar y entorno los ojos ante el intenso placer, que me hace babear al tener la boca abierta.

Estoy al límite y ya no podré contenerlo más. Un grito abandona mis labios y mi cuerpo se sacude entre contracciones y movimientos torpes. Me dejo caer en el abismo del placer y pierdo la noción de la realidad por unos segundos, donde me olvido hasta de mi nombre. No bien me recupero y ya Arel me está embistiendo con fiereza y ese brillo malicioso que emana de sus ojos.

Mis uñas se entierran en su espalda y él gruñe cuando siente mis arañazos. Muerde mi hombro, mi antebrazo y mis mejillas. Sus movimientos se hacen más rápidos y sus jadeos me hacen estremecer, a tal punto, que tengo mi segundo orgasmo ante la excitación que ser testigo de su placer me causa. Él lame mi rostro con ternura, dándome a entender que nos pertenecemos, que me ama.

Minutos más tarde, mi chico termina dentro de mí y es cuando caigo en cuenta que nunca nos hemos protegido. Me despego de él alterada y con los nervios de punta; Arel, por su parte, me mira como si me hubiese vuelto loca.

—¿Qué rayos te pasa? —cuestiona, frunciendo el ceño. Casi me caigo de la cama por lo torpe que me ha dejado el acto sexual tan intenso que acabamos de tener. Lo miro aterrada y me muerdo los labios antes de pronunciar:

—Puede que esté embarazada. —La cara de Arel es un poema. Abre los ojos de forma exagerada, peina su cabello con los dedos y luego estalla en carcajadas.

¿Ah?

—Eres la criatura más divertida sobre la faz de Hadima.

—¡No nos hemos cuidado! —grito con ganas de golpearlo y borrarle la sonrisa burlona de la cara.

—No te preocupes. Estoy pendiente de los cambios de la luna, por lo que sabré cuando estés en celo.

¿Ah?

No sé si Arel se está burlando de mí, pero me siento ofendida al ser tratada como si fuese un animal. Tomo la almohada que me queda a la mano y empiezo a golpearlo, colérica. A él le da un ataque de risa ante mi reacción de loca, lo que provoca más enojo.

Imbécil.

—Calma, Caperucita. —Se me lanza encima y atrapa mis muñecas contra el colchón, quedando su rostro a milímetros del mío. Tenerlo tan cerca me hace olvidar la razón de mi enojo—. No veas como ofensa tu naturaleza. Solo espero que algún día recuerdes quién eres, mi amor.

Estoy confundida y otra vez me fastidia el haber pensado en voz alta.

—No has pensado en voz alta, es el vínculo y parte de tu habilidad como… —Se detiene antes de terminar su frase, como siempre.

—Arel, tú no eres un ser regular, ¿cierto?

Nuestras miradas se conectan. Él no dice nada.

» Arel, la marca en nuestro hombro tiene un significado, ¿verdad? Por eso creo que no eres un ser común y corriente, puesto que contigo he vivido eventos sobrenaturales. Fuiste tú quien me puso a dormir en el bosque, ¿me equivoco? ¿Eras tú también quien me visitaba en mis sueños?

Su silencio me provoca ganas de llorar. Lo entiendo, juro que comprendo su indecisión y temor. Puede que crea que lo voy a rechazar si sé esa verdad que tanto oculta.

—Te equivocas. Mi reacción no tiene que ver con si me rechazas o no, tiene que ver con tu bloqueo. Si te digo quién eres el hechizo te bloqueará y te olvidarás de mí otra vez. Siempre sucede.

Sus lágrimas mojan mis mejillas y se mezclan con las mías. La tristeza me embarga sin saber la razón. Duele tanto que asfixia.

—Arel, vámonos lejos de este lugar. No quiero estar más en este pueblo.

—¿Hablas en serio? —La emoción en su expresión me causa alegría. Pese a que entiendo que hay verdades ocultas entre nosotros, he decidido no darle importancia. Soy consciente de que entre Arel y yo hay un pasado difícil y que mi pérdida de memoria tiene mucho que ver, pero confío en él y estoy dispuesta a lanzarme a la locura, con tal de estar a su lado.

—Sí… Quiero que empecemos de nuevo en otro sitio, como pareja. Te amo y quiero estar a tu lado por siempre.

—Yo también te amo. Te prometo que buscaré la manera de liberarte y que algún día encontraremos nuestro lugar en Hadima.

—Creo en ti. Un beso y suspiros cierra la decisión de dejarlo todo. Aunque en realidad, no tengo nada más que él.

Lobo feroz

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