Cuentista
Esta es la historia de un chico que usa sus poderes para lograr su objetivo, pero una energía más fuerte que la suya pone barrera, por lo tanto, cae desplomado en el suelo. En ese momento, una joven mujer de cabellera rosa se le acerca y lo mira con desaprobación.
—¿Qué haces? —interpela ella con expresión desdeñosa.
—Sabes lo que hago, así que no sé por qué preguntas.
—Disculpa si te molesto. Tampoco era necesario ser tan indeseable.
—Necesito concentrarme en lo que estoy haciendo y tus reclamos me distraen.
—Tratas de traerla, ¿cierto? No pierdas tu tiempo, puesto que ningún omorfiano ha podido transportar a otra persona por su cuenta, por lo tanto, necesitas a un compañero.
—Vete de aquí si no me ayudarás; no me hace falta tu optimismo —le responde con sarcasmo. Él suspira por la frustración al no obtener resultados, acto seguido, decide ir a descansar a su hogar para recuperar energía.
«Será otro día», dice para sí mismo. Necesita automotivarse para no desistir.
***
Arel
Horas antes del reclamo entre Arel y Aliana…
En medio de las calles solitarias de Hadima, cuyos faroles extinguen las penumbras de la noche, me conduzco a toda prisa a casa de ese intruso.
—No te rindes, ¿cierto? —me intercepta Rose, quien se aparece de forma repentina. Esta mujer no se cansa de fastidiar.
—¿Qué haces aquí de nuevo? —interpelo de mala gana y dejo salir un suspiro de cansancio—. Todo quedó claro la última vez que hablamos, así que no tiene sentido que vuelvas a insistir con la misma cantaleta. No-regresaré-a-la-villa.
—Sabes que no descansaré hasta que entres en razón; si tú no te rindes, yo tampoco. Además, vine a advertirte.
—Unjú…
—Las comunidades del monte Hadima están reuniéndose con los jefes de los consejos porque se están escuchando los rumores de que hay una bestia asesinando a los humanos. Tal vez, este pueblo se ha vuelto pasivo con el tiempo, pero no podemos esperar lo mismo de los otros lugares, como tampoco podemos mantenerlos aletargados por mucho tiempo. El poder del polvo omorfiano se está debilitando, debido a que hemos abusado de su uso.
—Me iré de este pueblo, así que ya deja de preocuparte por mi bienestar.
—¿Volverás a la villa? —Los ojos de Rose brillan de la emoción, pero sé que pronto lucirán decepcionados y me siento culpable por ello.
—No. Eso no es una opción para mí.
—Tu madre hubiese preferido que nos escogieras.
—Mi madre hubiese preferido mi seguridad sin importar dónde. Además, ella escogió a mi padre por encima de la villa.
—Y pagó las consecuencias de su traición.
—Y aun así me pides que vuelva a ese sitio donde su propia gente le dio la espalda cuando ella más los necesitó, mientras que a mí me trataron como una aberración y me acosaron todo el tiempo que estuve allí. Gracias a su manera de manejar el asunto, Aliana fue raptada y alejada de mi lado.
—¿Qué esperabas? Nunca se había visto tal cruce de especies, así que los jefes actuaron de acuerdo al temor por el peligro que sus nacimientos podrían desatar.
—Victoria no tuvo la culpa de ser violada.
—Pero su hija sí representa un riesgo para todos nosotros. ¿Qué pasará cuando el sello se rompa y ella ya no pueda reprimir su verdadera naturaleza?
—Estaré ahí para guiarla.
—Se supone que la habías rechazado y que te olvidarías de ella. ¿Qué pasó con la cita que tenías con la chica de tu trabajo? —Cambia el tema de forma brusca y con decepción en la mirada. Sé que ella hubiese preferido estar en el lugar de mi compañera, aunque fuera sólo para darle celos a Aliana. No soy tan idiota para involucrarla en mis asuntos, puesto que Rose es muy intensa; además, ya me siento un patán por haber ilusionado a esa chica para luego decirle que no me interesa.
—No era una cita… —niego.
—¿Entonces qué hiciste después del trabajo?
—Nada. Acepté su invitación a cenar, como amigos, y la llevé a su casa. No sucedió nada entre nosotros. Es más, su olor me repugnó.
Ella suspira aliviada, pero no está conforme porque sabe que todavía no supero a Aliana y sospecha que me dirijo a verla ahora.
—Estaré pendiente. La cuestión de los asesinatos se está convirtiendo en un problema. —Vuelve a cambiar el tema.
—Ya no es el mío. Estoy fuera de todo ese asunto.
—Vas a buscarla, ¿cierto?
Noto reproche en su tono de voz y la decepción en sus facciones.
—No dejaré que ese detective le toque un pelo. Aliana es mi mujer.
—No sé por qué pierdo mi tiempo contigo.
—Yo tampoco.
No agrego más y retomo mi andar en dirección al vecindario de Aliana. Sé que Rose me observa hasta que me pierdo en la oscuridad y mentiría si dijera que no me importa; sin embargo, siempre he sido claro con ella y nunca le he dado razones que la hagan tener esperanzas conmigo, por el contrario, he sido sincero acerca de mis sentimientos y me he mantenido fiel al lazo que me une a Aliana.
***
Aliana
Sus dedos escurridizos me rozan la piel con delicadeza, mientras que su aliento me quema el cuello; como respuesta, me muerdo el labio inferior y mis gestos se tornan seductivos.
A causa de la anticipación de lo que sé que sucederá, todos los vellos del cuerpo se me erizan y un leve estremecimiento me recorre por completo.
No soy virgen, pero por alguna extraña razón, siento como si esta fuera mi primera vez. Los nervios me provocan temblores y varios escalofríos me causan espasmos en todo mi interior, con gran vehemencia.
Su roce se torna atrevido, al tiempo en que sus dedos viajan hasta llegar a mis pechos.
Me muerdo los labios con fuerza una vez más.
¿Es normal que esté tan sensible ante sus caricias?
Su boca busca la mía y cedo; me entrego a todo lo que quiere hacerme, entiendo que quiere comerme.
Caemos sobre la cama y sus labios viajan por toda mi piel, haciéndome estremecer por el cosquilleo placentero que sus besos me provocan. Dejo salir suspiros sonoros e inundo la oscura habitación con mis jadeos…
Extasiada por el placer que sus caricias me brindan, lo miro los ojos y es cuando caigo en cuenta que estos que brillan en la oscuridad, cual cazador a la espera del tiempo perfecto para ir por su presa y asirse de ella sin piedad.
Es cuando lo veo transformarse y descubro se verdadera naturaleza.
De un momento a otro, su belleza se torna diferente y su humanidad se esfuma. Por mi parte, me quedo contemplando su hermosura y me atrevo a mirarlo a los ojos sin un atisbo de temor…
—Amado, ¿y esos ojos tan grandes? —pregunto fascinada, mas no hay respuesta de su parte.
—Amor mío, ¿desde cuándo te creció tanto la nariz?
Sin expresar palabras, su mirada plateada me escudriña con intensidad.
—Dime, cariño, ¿por qué son tan grandes tus manos? ¿Y esas orejas?
Trago pesado al no escuchar su voz y ahora sí me da miedo la manera en que me observa.
—Mi amor, ¿me dirás por qué es tu boca tan grande?
Despierto exaltada y con sudores fríos en toda la piel, asimismo, mis músculos se sienten tensos y el hambre empieza a molestarme.
La noche estuvo intensa.
Observo a Arel, quien sigue dormido a mi lado, y me entretengo con su belleza. El cabello plateado está sobre su rostro y regado en el colchón, su piel luce sonrojada y sus labios entreabiertos. Me acurruco en su cuerpo y disfruto de su delicioso calor mientras inhalo el olor a dulce de leche, que al parecer es su perfume natural.
—¿Dormiste bien? —Su voz ronca me saca de mi pequeño trance. Subo el rostro para encararlo, entonces me estremezco cuando nuestras miradas se encuentran.
—Sí…
—Tengo hambre —balbucea sin dejar de mirarme de forma sugerente. Trago pesado al entender el doble sentido en sus palabras.
Es así como terminamos haciendo el amor otra vez, de una manera dulce y lenta. Tras bañarnos juntos, de nuevo tenemos ganas de intimar, también lo hacemos en la cocina antes de preparar el desayuno.
Creo que nos hemos vuelto adictos al sexo en tan solo unas horas.
Nos pasamos el día comiendo, hablando tonterías y haciendo el amor. Nos hemos dado la tarea de conocer cada rincón de nuestra anatomía y lo que nos hace estremecer; es un experimento delicioso que me gusta. No sabía que existían diferentes maneras de llegar al orgasmo, ya que con mi pareja anterior solía hacer lo mismo, pero tengo el presentimiento de que aquello era mi culpa. ¿Habrá sido esa la razón por la que León me cambió por ella?
Sacudo la cabeza para alejar esos pensamientos. Ya no importa quién es el culpable de que nuestra relación no haya funcionado. Estoy con Arel ahora y, aunque entiendo que entre nosotros hay muchas omisiones y que Arel sabe algo que yo ignoro, confío en nuestro amor, pese a que sólo llevamos algunos meses conociéndonos.
Aunque he de reconocer que presiento que nos conocemos desde antes. ¿Será eso lo que me oculta? Y si es así, ¿por qué? En fin, estoy segura de que llegará el momento de que aclaremos todo el asunto, mas por ahora, disfrutaré al máximo de esta relación.
—Vámonos de este pueblo, Aliana. Aquí ya no es seguro vivir —dice Arel de repente. Me quedo helada ante su improvista y extraña propuesta y no le respondo. ¿Irnos? ¿A dónde? Temo regresar a la ciudad porque fue allí que lo perdí todo y donde mi vida era incierta.
***
Han transcurrido unas dos semanas desde que Arel y yo empezamos una relación formal. En todo este tiempo me he quedado en la cabaña con él y solo he ido a la casa a buscar ropa y productos personales. Aún no le he dado una respuesta a la propuesta de dejar este lugar. He decidido tomarme unas vacaciones para pensarlo, por lo que no he vuelto ni a coser ni a vender. En su lugar, me la paso en la cabaña holgazaneando, preparando comida para ambos y limpiando.
Parecemos una pareja de recién casados.
Ya Arel no tiene que comprar el almuerzo en la calle, como tampoco hace horas extras en el trabajo. Desde que su turno termina, regresa a casa para estar conmigo. Salimos los fines de semana al pueblo, hacemos compras y tenemos citas. Hemos pasado unas semanas maravillosas; sin embargo, no todo es felicidad.
Arel me ha advertido que no me aleje del campo, de igual manera, me ha dicho que ni de juego me adentre al bosque. Supongo que se debe a que los asesinatos han sido más recurrentes en estos días. También escuché que la bestia está atacando en las calles solitarias del pueblo, desde donde arrastra a sus víctimas hacia el bosque para despedazarlos. Esos rumores me ponen nerviosa, así que todos los días me angustio cuando Arel tiene que irse a trabajar.
Debido a lo peligroso que este lugar se ha vuelto, he decidido aceptar la propuesta de Arel, es por esto, que hoy me dirijo a casa a buscar algunas pertenencias importantes. No creo que pueda estar tranquila si seguimos viviendo en la entrada del bosque, en especial porque no me siento segura en la cabaña cuando Arel no está presente.
La situación de los asesinatos se está tornando caótica e intensa. He escuchado a las personas del pueblo hablar acerca de un pasado no muy lejano que suena a leyenda, pero que muchos de ellos lo tienen como certero.
En las plazas y mercados se unen grupos pidiendo la colaboración para ir a cazar a la bestia. Lo que más me ha sorprendido de todo el asunto, es que John haya dejado sus criterios y protocolos de lado, para encabezar dichas reuniones. No hemos hablado desde que se peleó con Arel, dado que no he tenido el chance de abordarlo, pero tampoco creo que desee verlo después de que trató de forzarme.
Tomo algunas prendas que había dejado hechas, para ir a venderlas al pueblo y con el dinero comprar algunos productos que necesitamos en la cabaña. Le diré a Arel que venga a buscar mi máquina para retomar mi trabajo y poder ayudarlo con los gastos.
Miro a mi alrededor porque me siento observada. No sé por qué esta casa me parece más espeluznante que antes, es como si en mi subconsciente le temiera; es una sensación extraña, como si aflorara algún recuerdo traumático que aún está bloqueado.
Suspiro y miro el reloj. El tic-tac me eriza los vellos. Algo aquí no está bien, tengo ese presentimiento que me hela la sangre. Trago pesado y me dispongo a tomar lo que vine a buscar, para marcharme de una vez y por todas.
Dejo las prendas sobre el sofá y me pongo a buscar algunas ropas y accesorios; me pregunto cómo llevaré todo esto si los vehículos no transitan por estos lados; creo que tendré que llamar al trabajo de Arel para que él se tome un descanso y venga a buscarme, es que de verdad necesito estas cosas.
Mi corazón late frenético al entrar al lugar donde había dormido todo este tiempo, me pregunto cómo podía conciliar el sueño sabiendo que un asesino merodeaba estos alrededores. Yo sentía su presencia detrás de la ventana, también tenía la sensación de que alguien me observaba. Hay muchos eventos que me torturan, experiencias extrañas que luego olvido, situaciones que no puedo explicar. ¿Cómo es que no he sido atacada por el asesino si he estado a su merced todo este tiempo? Las posibles respuestas a esa pregunta me provocan temor.
Miro en dirección a esa ventana que muchas veces me causaba angustia; me acerco a ella como siendo atraída a mirar a través del cristal, como si alguien me llamara.
Los pelos se me erizan y mi corazón late frenético porque una sombra se mueve con rapidez en dirección al bosque.
Ignóralo y llama a Arel, me grita la conciencia.
Debería obedecer las alertas que mi cuerpo me envía, hacer caso a esa vocecilla y marcharme de aquí; no obstante, hago todo lo contrario. No sé si es la curiosidad o la necesidad de descubrir alguna verdad, pero camino fuera de la habitación con intención de enfrentar lo que sea que haya irrumpido en mi patio.
Mis pasos se tornan pesados, mis latidos más frenéticos y mi cuerpo empieza a segregar sudores fríos. Siento que pasa una eternidad hasta que decido agarrar la perilla de la puerta de la cocina que me separa del patio; puedo escuchar el tun-tun de mi órgano vital de una forma que me abruma, puesto que los fuertes latidos estallan en mi tímpano, cual tortura dolorosa.
Muevo la perilla con una lentitud increíble, abriendo la puerta como si cualquier movimiento brusco provocaría un estallido o algo similar. De repente, el sol me molesta en los ojos y la brisa me acaricia la cara, lo que me da a entender que ya estoy en el exterior.
Con dolor de estómago y ganas de ir al baño, asimismo, varios escalofríos y respiración irregular, me conduzco en dirección al bosque dispuesta a seguir a aquella sombra. Apresuro mis pasos mientras ignoro el temor y me apoyo en una valentía que más bien llamaría imprudencia.
¿Será hoy el día en el que seré cazada?
—Nooo… ¡Piedad, por favor!
Mis alertas se encienden cuando escucho a un hombre gritar. Aumento la velocidad de mi andar entre el conglomerado de árboles con la angustia en mi pecho.
Alguien necesita ayuda.
Las lágrimas me empañan los ojos debido a las súplicas y quejidos de parte de aquella víctima. Entonces lo veo. La impotencia y la indignación me embargan.
Quiero ayudarlo, necesito ayudarlo.
Corro hasta donde vislumbro a aquel hombre gritar, quien me encara angustiado y desesperanzado; solo puedo ver una parte de él, dado que es su torso lo único que sobresale de los arbustos que lo esconden. Me acerco, mas no lo suficiente para exponerme, y busco con la mirada a quien representa peligro. De repente, el escrutinio resignado de aquel hombre me parte el corazón. Ya no pide piedad, tampoco grita a gran voz; en su lugar, emite leves quejidos como una manera de sobrellevar el dolor que se está tragando sus fuerzas.
Cuando me acerco un poco más para saber cómo ayudarle o por qué está allí tirado, él susurra algo inentendible, pero que parece ser una advertencia. Entonces veo la escena más horripilante de toda mi vida y no puedo evitar que las lágrimas acumuladas broten de mis ojos. Un jadeo ahogado sale de mi boca en forma de susurro, mientras que todo mi cuerpo tiembla del temor y el horror.
—H-Huye… —balbucea el hombre que sangra por la nariz y la boca. Su piel se torna pálida y sus labios se quedan separados. Está muriendo…
Me quedo inerte sin recordar cómo moverme. No sé por qué no puedo apartar mi vista de esa bestia, quien se está comiendo a ese hombre con ansias y hambre. Ya no tiene piernas, la bestia las ha devorado y ahora se come sus entrañas. Un jadeo silencioso, como si fuese un silbido que se desvanece en el aire, abandona a la víctima y se lleva su aliento. Es cuando él cierra sus ojos para siempre.
