20. Lobo feroz: El estanque rojo

This entry is parte 22 de 31 in the series Lobo feroz

«¿Te ha gustado? Es la primera vez que beso en la boca, así que no soy un experto».

«Me gustó. ¿Cuándo nos veremos de verdad? Es decir, fuera de mis sueños».

«Cuando rompa la barrera que te llevó a otra dimensión y logre traerte de vuelta a casa. Debes ser paciente».

Despierto con el cuerpo relajado y una sonrisa en la cara. Le beso la nariz a Arel, quien todavía está dormido y me dirijo al baño.

—Hola… —Doy un saltito al sentir su aliento en mi oído. Me giro con la intención de mirarlo a la cara y beso su mejilla cuando me pongo de puntitas para alcanzarlo.

—Buenos días… —balbuceo feliz.

—Voy a empezar a trabajar horas extras para hacer más dinero, de esa manera, junto con unos ahorros que tengo podremos establecernos en otro pueblo. Si mis cálculos no me fallan, en dos meses estaremos listos para irnos de aquí. Estoy investigando acerca de algunos lugares donde podremos vivir tranquilos.

—Yo voy a ayudarte. Voy a retomar la costura, así que necesito que vayas a la casa por mi máquina.

Arel asiente. Me carga por la cintura y se dirige conmigo encima hacia la ducha.

Mientras el agua moja nuestro cuerpo, nuestros labios se unen con desesperación y hambre. Y, al cabo de unos minutos, soy embestida por Arel en contra de la pared del baño.

***

Dos meses después…

Arel

Aprovecho que mi bella Caperucita duerme en completa paz para salir a respirar el aire fresco de la noche. Correr en medio del bosque oscuro me hace sentir vivo y me renueva las fuerzas; no sabía que necesitaba tanto esto. Un aullido frente a un acantilado es seguido por otros sonidos similares que resuenan de diferentes direcciones. Al voltearme, un lobo de pelaje negro y ojos azules me encara. En mis pensamientos puedo escuchar la voz ronca y gruesa que ya extrañaba, pero que nunca reconocería ser así.

«Regresa a casa. Hay peligro fuera de la línea», la voz se escucha en mi mente como advertencia.

«Me iré del pueblo en unos días. Ya deja de preocuparte por mí», le respondo de la misma manera, ya que en esta forma no puedo hablar audible.

«No importa a donde vayas, lejos de la manada corres peligro. ¿Acaso no entiendes lo que sucede en realidad? Quieren despertar a los humanos y ponernos en su contra. Huelo la guerra avecinarse. Arel, los omorfianos están desconfiando de nosotros».

«Papá, los omorfianos desconfían de todas las especies que no son ellos, eso es normal».

«Esta vez es diferente, Arel. Dicen que los híbridos se están comiendo a los humanos y que nosotros los licántropos le damos apoyo. Tanto hombres lobos como cambia formas somos acusados, mientras tanto, los hombres lobos aprovechan la situación para atacarnos. Hemos tenido varios encuentros no muy amigables con ellos. Debes volver a casa».

«Son los hombres lobos quienes están asesinando a los humanos. Tengo la leve sospecha de que es parte de un plan para provocar la guerra. Quieren a Aliana».

«Esa chiquilla ha sido tu tropiezo. Si la quieren, entrégala. La princesa de la manada de Luna de diamante aún espera por ti, deberías dejar tu estúpida obsesión y aceptar la unión con ella».

«Eso no será posible. Aliana me marcó y yo a ella. Somos mates y Turug, nadie podrá separarnos jamás».

Un fuerte gruñido retumba en el lugar y los ojos azules del lobo negro se tornan más brillantes y amenazantes. Retrocedo con cautela, puesto que enojar al alfa no es una buena idea y, una vez me encuentro lejos de mi padre, corro en dirección a mi casa, dejando al alfa aullando por mí.

***

Aliana

—¿Estás nerviosa? —Arel junta su mano con la mía; ambos yacemos en el colchón con nuestro cuerpo desnudo. Enfocamos la mirada en nuestras manos unidas y levantadas, mientras nos sumimos en nuestros pensamientos y miedos.

—Un poco —respondo, tras unos segundos en silencio. Decido entretener mi mente para calmar los nervios que me consumen, así que aprovecho que hoy podemos tener todo el sexo que queramos. Arel no me quiso tocar en estos días, que son cuando más ansias he tenido de él, pues según mi loco esposo podría quedar embarazada. Al final, tuvo que comprar preservativo para calmar mis deseos, ya que parecía loba en celo persiguiéndolo por toda la casa para tener intimidad.

Empiezo a provocarlo para despertar su pasión otra vez, mas él sonríe divertido.

—Eres insaciable. ¿No acabamos de hacerlo ya?

—Necesito relajarme, estoy muy nerviosa. Mañana empezaremos una nueva vida lejos de este caos.

Me subo encima de él y, una vez logro mi objetivo, Arel me aprieta los glúteos mientras yo me muevo con lentitud. Decido disfrutar con parsimonia y alargarlo lo más que pueda, deleitándome con los gestos de mi chico. Su piel se ha tornado roja y muerde sus labios al contenerse, puesto que no quiere llegar antes que yo, mas yo no estoy dispuesta a terminar ahora.

Enloquezco cuando él me aprieta y desde su posición sometida me embiste, entonces me dejo llevar y me rindo al intenso orgasmo que se impone.

Tras haberme entretenido disfrutando de las delicias de mi chico, el sentimiento de culpabilidad que quiero ignorar me embarga. Me siento egoísta y cobarde al huir con Arel, asimismo, tengo un vacío en el pecho por aceptar las verdades a medias. No sé por qué escapar se siente incorrecto, es como si me estuviera traicionando a mí misma.

Pero, ¿qué puedo hacer yo más que huir fuera del peligro? No tengo la capacidad para detener a esa bestia ni puedo evitar las muertes que han ido en aumento todos estos días.

***

Hemos empacado todas nuestras pertenencias en cajas, creo que la mayoría ya está en el vehículo. Arel amaneció nervioso hoy, más inquieto que yo.

—Debo ir al pueblo antes de nuestro viaje, ¿me esperas aquí?

—Ni modo que me vaya a ir sin ti —bromeo ante lo tonta que fue su pregunta. Él sonríe divertido y con nerviosismo—. No te tardes, Arel; no me dejarás todo el trabajo a mí.

—Será rápido. De todas formas, tenemos todo el día para terminar.

Asiento con una sensación extraña en el pecho. De momento, no quiero que se vaya.

—Arel —lo detengo antes de que deje la cabaña—, te amo.

—Yo también te amo. Deja de ser exagerada que solo me iré por media hora. No te preocupes, nada ni nadie evitará que huyamos hoy.

Me le tiro encima y entierro mi rostro en su pecho. No quiero que se vaya. Lucho contra las lágrimas que amenazan por salir, no entiendo este sentimiento de angustia.

Arel me aprieta contra él y besa la coronilla de mi cabeza. 

—Vuelvo pronto, Caperucita —dice cuando se separa de mí, su sonrisa angelical se queda plasmada en mi mente.

Es así como te quiero recordar. Dulce, tierno, inofensivo.

***

Después de cargar nuestras pertenencias a la camioneta, decido preparar el almuerzo. Arel dijo que sería media hora; sin embargo, ya ha pasado una hora completa y él no ha aparecido.

Varios toques en la puerta me sobresaltan. ¿Por qué Arel tocaría en vez de simplemente entrar?  Seco mis manos con el delantal y bajo el fuego a la hornilla, antes de abrir. El asombro me hace expandir los ojos de manera exagerada, al encontrarme frente a mi madrina y ¿John?

—Hola, cariño. —Su sonrisa me parece inquietante, su mirada sobre mí me pone alerta.

Solo es mi madrina.

—¿Qué hacen aquí y… juntos?

—Vinimos por ti —dice John alterado—. ¡Estás en peligro!

—¿Qué? ¿De qué estás hablando?

—Aliana, cariño, —mi madrina trata de acercarse, mas yo retrocedo—, debes venir con nosotros.

—No. Arel puede llegar en cualquier momento, si no me encuentra aquí pensará que me arrepentí de nuestro… —Muerdo mis labios antes de terminar la frase.

—Se irán, ¿cierto? —escupe John, conteniendo su disgusto.

—Ese no es tu problema.

—¿Estás segura? Tengo el pendiente y las hebras de cabello que pertenecen a ti, se supone que no debes irte hasta que se concluya la investigación. ¿Acaso pensaban escaparse?

Sí…

—No necesitamos escapar. Podemos irnos cuando queramos.

—Y por eso pensaban hacerlo en la noche y sin decirle a nadie —me confronta con desafío en su expresión.

¿Cómo sabe que nos iríamos de noche?

—Ya di mi declaración y ha quedado claro que solo soy una testigo. ¡Déjame en paz!

—¡Las cosas no funcionan así! —La mirada fiera de John me da un poco de miedo. Sus ojos oscuros se me hacen familiar, su mirada me intimada de una manera inexplicable.

—Aliana, ¿pensabas abandonarme? —dice mi madrina con ojos llorosos. La miro por inercia con la sangre ardiendo ante su descaro.

—¿Abandonarte? Qué curioso, ya lo habías hecho tú. ¿Cuántos meses han transcurrido desde que desapareciste? Siempre es así, apareces un tiempo y luego te largas. A mí no me reclames nada porque tú no tienes moral para ello. ¿Sabes lo doloroso que es estar sola? ¿Acaso has pensado en mí cada vez que te marchas? Pues yo tampoco tengo que hacerlo contigo ni pedirte permiso. Soy una mujer adulta y, como tal, soy libre de hacer lo que se me plazca.

—¡Eres tan injusta! Todo lo que he hecho es protegerte. Por eso me alejaba de ti. Cariño…

Su mirada se torna tan dulce, que no me puedo negar.

Ella es mi madrina.

Siento sus brazos apretar mi cuerpo, la marca en mi hombro duele, pero lo ignoro…

***

Camino, desorbitada, en dirección a la casa donde viví todos estos meses antes de mudarme con Arel. No entiendo la razón de venir aquí, se supone que este lugar me da miedo. Abro la puerta y me dirijo a la cocina. El olor a dulce de leche inunda mis sentidos y sonrío. Creo que lo vine a ver a él.

Sigo el dulce aroma que me conduce al patio, allí el olor se mezcla con azufre. El viento me acaricia la cara, el cielo luce gris y las ramas de los árboles son agitadas por la brisa traviesa. Pareciera que va a llover.

De repente, unos movimientos rápidos captan mi atención, entonces me armo de valor y decido seguirlo. Me alejo de la casa y camino lejos de mi patio. No me adentro al bosque, más bien me dirijo al estanque que provee el agua a la vivienda. El olor se torna más fuerte y desagradable. Un grupo de árboles me dan la bienvenida. Me adentro para encontrarme con el estanque, pero la imagen me desgarra el alma. El agua está roja, ya no se ve cristalina y pura.

Temo a lo que vaya a encontrar allí.

Con pasos lentos y, lágrimas en los ojos, me acerco. Un grito sale de mi boca ante el espanto. Náuseas me corroen y es inevitable no vomitar. En el estanque se encuentran restos humanos: cabezas sin ojos, pedazos de piernas, brazos, cuerpos a la mitad…

—¿Aliana?

Mi corazón palpita frenético al girarme en dirección de aquella voz.

Arel…

Él está desnudo frente al cuerpo sin vida de una mujer de cabellos color rosa. La sangre de ella ensucia la blanca piel que yo tanto he besado y acariciado.

Tiemblo…

—Nada es lo que parece, te lo puedo explicar. —Su voz sale temblorosa, en realidad todo su cuerpo tiembla. Se levanta del suelo y camina en mi dirección, mas yo retrocedo presa del temor, del dolor, de la decepción.

No…

Recuerdo su sonrisa la última vez que lo vi. Tan dulce y sincera.

Mis lágrimas mojan mis mejillas al encajar las piezas. Todas las omisiones, las frases a medias, los eventos extraños. Entonces recuerdo el día que vi a aquella bestia comerse a ese hombre, el olor a dulce de leche antes de quedar dormida y aparecer luego en la cabaña. La manera tan cínica en que me mintió cuando le abordé el evento de la bestia en el festival y cómo nadie recordaba aquello. Todo lo que ignoré a propósito porque me dejé encantar por su belleza.

—Caperucita, te juro que no es lo que parece.

Lo observo en silencio. Su cuerpo desnudo está bañado en sangre, sus ojos denotan angustia y temor, al tiempo en que sus manos tiemblan de forma involuntaria.

Arel es el asesino.

Lobo feroz

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