22. Libertad – ¡Me encantas!

This entry is parte 23 de 28 in the series ¡Me encantas!

Kevin abrió la puerta de su oficina con un portazo, lo que provocó que Johanny se espantara.

—¿Qué sucedió? —preguntó ella, preocupada por el estado de Kevin.

—Cosas de hombres —respondió Pablo desde su lugar, evadiendo la repuesta. Johanny miró a Kevin contrariada—. ¿Estás bien? —le preguntó mientras lo miraba a los ojos.

—Estoy bien —contestó más calmado.

—¿Qué pasó? —insistió—. ¿No ibas a hacerle una pregunta a Laura? —Pablo rio. Kevin lo miró molesto—. ¿Pasó algo con ella? —Johanny preguntó intrigada.

—Pasa, Johanny —dijo Pablo, y puso su mano sobre el hombro de Kevin—, que camarón que se duerme, se lo lleva la corriente. —Soltó una carcajada y salió antes de que Kevin se desquitase con él. 

Su risa se seguía escuchando en el pasillo hasta que él desapareció por completo.

—¿Qué quiso decir con eso? —Ella miró a Kevin confundida.

—Nada —contestó él aún molesto—. No le prestes atención a ese tonto. 

Kevin no pudo conciliar el sueño en toda la noche. No dejaba de pensar en Laura durmiendo en casa de ese tipo. Por alguna razón, se sentía incómodo de que ella hubiese acudido a ese extraño en vez de buscarlo a él, aparte de que tenía el presentimiento de que ella le estaba ocultando algo.

Su desaparición repentina y el cambio de número le hacía sospechar que el asunto era más serio de lo que ella le quiso dar a entender. Entonces recordó que Jimena estaba preocupada por la desaparición de Laura y que nadie en casa de los Gutiérrez sabía acerca de su paradero.

Cuando se Kevin enteró por Pablo de aquello, decidió llamarla, pues, aunque ella le había dejado claro que no quería que la contactara; aquella era una situación diferente.

Todavía sentía en carne propia la angustia que lo asfixiaba y cómo los nervios le aumentaron al escuchar la voz grabada que le informaba que la línea estaba fuera de servicio.

No sabía dónde buscarla, pero entendía que, si Laura se había marchado, era porque lo necesitaba, muy a pesar de que aquello destrozara la poca esperanza que aún reservaba de que pudieran resolver sus conflictos.

 Por ende, volver a verla fue un gran impacto para él.

Por lo menos, era un alivio saber que estaba bien y que había decidido salir adelante por su cuenta, haciéndose responsable y autora de sus propias decisiones. Por alguna razón, esa faceta de ella lo enamoraba más.

—Voy a reconquistarte, Ojos melosos —susurró y dejó salir una sonrisa. Cerró los ojos lentamente hasta que se dejó atrapar por el sueño.

***

Laura se levantó temprano tarareando y bailando las canciones que sonaban en su iPad mientras hacía el desayuno. Nunca se había sentido tan plena y feliz. Tener el control de su vida y hacer lo que le gustaba era una sensación que creyó que jamás viviría.

No más reprimendas ni burlas.

Se sentía libre por primera vez.

Libre para volar y disfrutar, libre para escoger sus amistades, trabajo, pasatiempo… Decidir si dormir o no. Decidir si salir o no. Decidir con quién hablar o no.

Ser capaz de luchar y defenderse, dejar de ser el blanco de la opresión y el acoso, dejar de soportar las palabras hirientes de su tía en su contra; en definitiva, tomar las riendas de su vida.

¡Era una felicidad y satisfacción que nadie le volvería a quitar!

De repente, Jael se le acercó y le levantó uno de los auriculares. Le susurró en el oído, y su cálido aliento le provocó cosquillas a Laura, quien se espantó al sentir el contacto.

—Buenos días, preciosa —musitó él casi riendo por la reacción tímida de Laura.

—Buenos días… —le contestó ella, y lo miró con desconfianza, pues la forma en que Jael la abordó la hizo sentir incómoda.

Pese a la obvia incomodidad en Laura, el chico se acercó un poco más, quedando ella entre el gabinete y él. Su mirada era pícara y llena de intenciones seductoras. Él tomó la caja de cereales, pero se quedó frente a ella.

—Permiso… —soltó Laura mientras trataba de salirse.

—Quédate un rato más, preciosa. Este contacto me está llevando al extremo… Podría ser muy divertido si te dejases llevar —susurró cerca de su cuello—. Créeme, chica virgen, lo vas a disfrutar muchísimo. —Laura lo empujó.

—No sé si hice o dije algo que te haya confundido —le habló con firmeza—. Pero yo no estoy interesada en cualquier propuesta que tengas. Me imagino que estás acostumbrado a tus aventuras de sexo frío y sin responsabilidad, mas yo no soy como esas chicas con las que te acuestas. Así que te voy a pedir que me respetes.

Él, turbado y sorprendido por su cortante rechazo, se apartó con frialdad. En ese momento, Lía entró en la cocina y Laura disimuló su enojo. 

—¡Chicos, hoy empiezo mis clases de teatro! —les anunció con entusiasmo. Tenía un brillo especial en los ojos que conmovió a Laura.

—Estarás muy ocupada, entonces. —Laura le extendió un plato con huevos revueltos y pan tostado.

—Sí. ¿No es maravilloso? Por la mañana, fotografía y, por la tarde, teatro. Llegaré por la noche. —Hizo un puchero—. Casi no nos veremos.

Laura se encogió de hombros.

Aquello significaba que Lía no estaría allí cuando ella regresara del estudio. Y después de la insinuación de Jael, no le hacía gracia quedarse a solas con él. Al parecer, ya era hora de buscarse un apartamento; de todas formas, ya iba a empezar a ganar dinero.

***

—¡Laura, espabílate! —la abordó Julián, chiscando los dedos. Laura se espantó como si hubiera despertado de un sueño profundo.

—Lo siento, me distraje —dijo apenada.

—¿Qué te pasa? Últimamente estás muy distraída.

—Discúlpeme, no se repetirá —respondió ella con expresión mortificada.

—¡Relájate! —Topó sus hombros—. No te pregunto por el trabajo, solo quiero saber si necesitas algo o si te puedo dar un consejo. Dime… ¿Es nuestro jefe el que te tiene de patas arriba?

Esa alusión fue suficiente para causar todo un terremoto en Laura, quien empezó a temblar y a girar la cabeza repetidamente en señal de negación.

—¡Claro que no! —Sus mejillas se tornaron rojas—. Es que… —titubeó, pues no sabía si era prudente hablar de sus asuntos con él—. Es que necesito mudarme. No estoy muy segura dónde buscar, ya que nunca me había independizado…

—Entiendo… —dijo pensativo—. Te ayudaré con eso, voy a traerte varias opciones.

—Gracias —agradeció ella sonriente.

Una hora más tarde, Kevin entró al estudio de fotografía. Encontró a Julián muy entretenido y caminó hacia él.

—¿Qué estás haciendo? —Kevin abordó a Julián, quien estaba rayando un periódico con un marcador.

—Estoy ayudando a Laura a buscar apartamento. —Kevin agrandó los ojos de la sorpresa. De repente, el asunto le pareció muy interesante.

—¿Ah, sí? —preguntó intrigado. Una sonrisa se le dibujó en el rostro, ya que no le gustaba para nada que Laura viviera allí—. ¿Sabes qué? —Le quitó el periódico—. ¡Déjamelo a mí! Sé de un lugar perfecto para ella. —Sonrió airoso.

A la hora de la salida, Laura caminaba por el pasillo que la conduciría fuera de la galería. Una vez afuera, se quedó allí parada, pensando dónde pasar el resto de la tarde.

De repente, un perfume familiar le inundó las fosas nasales, por lo que se volteó y se encontró con esa mirada verde que la hacía vacilar.

—¿Te llevo? —Kevin puso su mano sobre el hombro de Laura desde atrás. El contacto fue electrizante y le provocó un leve estremecimiento a ella.

—No es necesario. Ni siquiera voy para la casa.

—¿Ah, no? —dijo con ganas de preguntar, pero se inhibió.

Laura se encogió de hombros.

—Lía va a llagar tarde… Así que… voy a aprovechar y salir a practicar —indicó para no explicarle la incomodidad que sentía con Jael.

—¿Salir a practicar? —preguntó curioso.

—Quiero dar lo mejor de mí —contestó.

—Deberías descansar, Laura. Vamos, te invito un café. —Laura asintió, aceptando su invitación, y lo siguió dudosa al aparcamiento, pues no estaba segura de pasar un tiempo a solas con el hombre que todavía le provocaba tantas emociones y sentimientos.

Se subieron al auto y Kevin emprendió la marcha. Minutos más tarde, ellos llegaron a un café muy elegante y acogedor. Se sentaron cerca de una ventana de cristal que otorgaba una vista verde y natural.

—Este lugar es hermoso —expresó emocionada. Kevin sonrió gustoso. 

—¿Cómo te ha tratado Julián? —preguntó, buscando un tema de conversación.

—Muy bien. Él es muy profesional y dulce. Es divertido trabajar con él. —Sonrió. 

—Laura, me gustaría ayudarte… —soltó, pero temió ser malinterpretado—. Yo sé que estás como interna, pero… para mí eres una de nuestras fotógrafas, solo que estás tomando un entrenamiento. Así que voy a pagarte como tal y de una vez recibirás todos los beneficios como parte de nuestro equipo. Me gustaría facilitarte un auto para que te transporte y también…

—Gracias, Kevin, pero no —lo interrumpió—. Entiendo que quieras ayudarme y estoy muy agradecida, pero créeme, la oportunidad que me estás dando es más que suficiente.

—Pero, Laura…

—Por favor, Kevin —dijo con firmeza. Él asintió insatisfecho, pero no insistió para no incomodarla.

***

Una semana después…

—Entonces, estás buscando un apartamento —indagó Kevin mientras observaba unas fotografías en el estudio.

—¿Cómo lo supiste? —preguntó sorprendida.

—Julián me lo comentó. ¿Has encontrado algo?

—No —negó—. Estoy buscando uno que me quede cerca del estudio y que sea económico, pero esa combinación es difícil de encontrar por lo exclusivo que es este lugar.

Kevin se quedó pensativo por unos segundos, luego comentó:

—Sé de uno. 

—¡¿En serio?! —exclamó ella, emocionada.

—¿Cuánto puedes pagar? —inquirió Kevin, todavía con la mirada ida, como si estuviera maquinando algo en su cabeza.

Ella se sorprendió ante la pregunta.

—Bueno… No mucho —le respondió.

—¿Como un veinticinco por ciento de tu sueldo? —indagó Kevin, luego hizo una pausa leve—. ¿Qué tal un diez por ciento de tu sueldo?

—¿Por qué preguntas como si fueras el arrendador? —El trató de ocultar la sonrisa que se le empezaba a formar en los labios—. Digamos que yo hablo con el arrendador y tomo un diez por ciento de tu sueldo para el alquiler… Sería como un beneficio laboral.

Laura achicó los ojos.

—Aún soy interna, Kevin. Por ende, no me tocan los beneficios.

—¿Y…? Yo sé que no quieres que te ayude y lo respeto. Pero… Esto no es preferencia… es un beneficio que te estoy dando por tu buen trabajo. Deja de ser tan terca. Sabes que podría pagarte el triple de lo que ganas si me dejaras.

—No quiero discutir esto de nuevo, Kevin. —Rodó los ojos de hastío—. No quiero que tengas preferencia conmigo solo porque me conoces.

—Laura, si yo estuviera en aprietos y tú tuvieras la forma de ayudarme, ¿no lo harías?

—¡Y vamos de nuevo! Ya te dije que quiero lograr las cosas por mi propio esfuerzo. Además, no quiero malentendidos.

—Está bien —aceptó resignado—. Pero acepta lo del alquiler del apartamento. 

—Está bien. —Respiró rendida.

—¡Perfecto! —dijo, y soltó las fotografías—. Vamos a verlo.

—¿Ahora? —Él asintió—. Pero estamos en horario laboral.

—¿Y…? —dijo apuntándose con el dedo—. El jefe te da permiso. —Sonrió.

¡Me encantas!

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