31. ¡Me encantas! – El niño que siempre fue dejado atrás

Esta es la parte 32 de 37 de la historia ¡Me encantas!

Laura estaba abrumada.

Las palabras de Pablo retumbaban en su cabeza y se le hacía casi imposible imaginarse a Kevin tan vulnerable. Pero ella ya lo presentía, eso explicaba sus sueños y ese dolor en el pecho que no la dejaba respirar.

No sabía qué hacer.

Se dejó llevar por el instinto y se apresuró a ver al señor Mars, quien estaba en la empresa en una reunión de negocios. Cuando terminó, él la recibió en su oficina.

—¡Qué sorpresa, Laura! —la saludó con calidez.

Ella notó tristeza y preocupación en sus ojos.

—¿Cómo está, señor? —saludó, bajando la mirada.

—¿Cómo que señor? —replicó él—. Deja las formalidades conmigo, tú eres como de la familia, Laura. Llámame Cristian. —Sonrió. Ella asintió y le devolvió la sonrisa.

—Se… Cristian… —Se le hizo difícil llamarlo por su nombre, las mejillas se le tornaron rojas y él sonrió de la ternura—. Pablo me contó lo que sucede con Kevin… 

—Mi hijo está pasando por un momento difícil. —Suspiró con amargura—. Pero por alguna razón me da tranquilidad que haya sacado toda esa rabia y dolor que guardó todos estos años.

— Pero ¿qué le sucedió a Kevin?

Cristian soltó un largo suspiro, miró en dirección al techo y se quedó pensativo por unos segundos.

—El amor es un sentimiento puro que se cultiva y atesora, pero que no debemos mezclarlo o confundirlo con los sentimientos de necesidad y esos traumas que nos persiguen —empezó, melancólico—. Ahora entiendo que, antes de entregarte a otra persona por completo, debes amarte a ti mismo. Debes ser feliz con quién eres y debes disfrutarte y valorarte.

Hizo una leve pausa y agregó:

—Lamentablemente, entendí eso tarde y no solo me hice daño a mí mismo, también a mi preciado hijo. No sabes lo orgulloso que he estado de él todos estos años. Kevin es la persona más noble que he conocido. Y que sea mi hijo me llena de alegría. Pero… mis sentimientos por su madre me cegaron, Laura. —Las lágrimas cubrieron su rostro.

—No entiendo… —susurró ella, confundida.

Él la miró con arrepentimiento y respondió:

—Siempre fui un chico despreocupado, no tanto como Paulo. —Sonrió—. Pero mi padre había perdido sus esperanzas con nosotros dos. El único con temple y que le importaba la empresa fue mi hermano Genaro. Desde que salió de la universidad hasta el día de hoy se ha encargado de nuestros negocios sin quejarse; es más, podría decir que lo disfruta.

Cristian soltó una risita, nostálgico.

—Claro, él y su esposa se conocieron en la empresa y siempre han trabajado en conjunto, sin descuidar su familia ni matrimonio. Digamos que ellos son la pareja y familia que siempre envidié.

» Mi vida despreocupada cambió cuando conocí a Jillian. Sus ojos verdes me envolvieron y quedé prendido ante aquella hermosa mujer. Por ella decidí sentar cabeza y empecé a trabajar en la empresa junto a Genaro y su esposa.

Los ojos le brillaron al hablar de su ex, y Laura entendió lo mucho que él la amaba. Podía percibir esa chispa en la expresión de Cristian, como si todavía ese sentimiento permaneciera en él.

Y temió. No quería recordar a Kevin como algo hermoso que pudo ser, así como la hacía Cristian con Jillian. Eso era muy triste.

—Tuvimos a Kevin y me sentí el hombre más feliz del mundo —prosiguió él, con una sonrisa agridulce—. Parecíamos la familia perfecta. Yo la amaba tanto que pasaba por alto su superficialidad y frialdad. Le fastidiaba lo meloso que era y siempre discutíamos por esa estupidez. Ella siempre fue buena en su trabajo y el diseño fue la prioridad en su vida.

» Era famosa y le estaba yendo bien. Pero, claro, eso no bastaba. Ella quería más y no soportaba estar atada a una familia en un mismo lugar. —Respiró profundo, dejando escapar en jadeo de tristeza—. Así fue como me pidió el divorcio sin más. Fue un gran impacto para mí y para Kevin, pero él no decía nada, solo se encerró en sí mismo. Ella se llevó a Kevin a París. Después de un año volvió. La felicidad me inundó, pero no duró mucho.

A Laura se le cristalizaron los ojos. Le pareció lamentable que una familia se rompiera sin una razón.

—Después de un mes, se fue, pero me dejó a Kevin —continuó él—. Ver a Kevin con esos ojitos verdes de su madre era demasiado doloroso, así que… me pasaba todo el día trabajando o fuera de la casa. Ella volvió al año y se lo llevó a China. Bueno, ella iba de país en país, pero estaba establecida en París. Kevin tenía maestros privados, ya que su madre se lo llevaba a todos sus viajes. Cuando estaba conmigo, iba al colegio y hacía amigos, pero siempre tenía que despedirse cuando su madre venía por él. Y así llegó a sus dieciocho años.

A ese punto, Laura dejó escapar unas cuantas lágrimas, al imaginarse lo difícil que debió ser para él una vida tan caótica e inestable.

—Ya teniendo la mayoría de edad, Kevin decidió que no viviría esa locura más —dijo Cristian con voz trémula—. Y fue así como se mudó solo y se estableció en París, dejó que pagáramos sus estudios, pero aun así trabajaba media jornada. ¡Un Mars trabajando por “chilatas”! Pero él es muy terco y estuvo un tiempo así, hasta que lo convencí para que aceptara mi ayuda. Mi hijo es muy talentoso, el arte está en su sangre, sacó eso de su madre —comentó ufano y esbozó una sonrisa.

—Kevin es el hombre más talentoso y fuerte que he conocido —reconoció Laura, con un brillo de enamorada que le devolvió la esperanza a Cristian. Entonces él agregó:

—Ya entiendes por qué él siempre estuvo solo. Cuando lo invité al rancho para pasar las vacaciones, me sorprendió que aceptase. Él no es de estar rodeado de personas. Me alegré mucho de que fuera, sabía que eso le haría bien. Y cuando vi su interés en ti, no te niego que me preocupó un poco, pero me gustó que fueras tú. Eres una chica noble y sin malicia. Creo que eres su mejor complemento. —La miró con dulzura.

Ella negó.

—No soy suficiente para él… Solo le causo problemas. —Suspiró con amargura—. ¡Yo soy un problema andante!

—¿Qué dices? —Rio—. Tú solo has sido víctima de la circunstancia. Tu vida ha sido muy dura y, a pesar de eso, has salido adelante. Laura, yo no te voy a convencer en cuanto a tu relación con Kevin. Pero por lo menos no te alejes de él. Él te necesita y tú lo necesitas a él. 

—Lo sé… —aceptó ella, y soltó un largo suspiro—. No sé si algún día podamos ser una pareja, pero por lo menos quiero estar a su lado. Quiero ser ese soporte para él y quiero disfrutar de su compañía. —Sonrió—. Es por eso… que necesito un favor.

—¿Sí? Lo que quieras…

***

Jillian salió de la habitación de Kevin como todos los días, frustrada y preocupada. Se encontró con Cristian en el pasillo.

—Cris, este niño va a volverme loca… —Dejó de hablar al notar a otra persona—. ¿Qué hace ella aquí? —protestó.

—Jillian, Laura se quedará con nosotros una semana, hasta que el juicio en contra de Frank concluya.

—¿¡Qué!? —exclamó alarmada. Tenía la sensación de que estaba viviendo su peor pesadilla y, por supuesto, no aceptaría algo así, no permitiría que ella se acercase a su hijo.

¡Me encantas!

30. El eco del abandono – ¡Me encantas! 32. ¡Me encantas! – Perdiste tu oportunidad conmigo
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