30. El eco del abandono – ¡Me encantas!

This entry is parte 31 de 31 in the series ¡Me encantas!

—¡Me abandonaste, Laura!

Aquel grito salió aterrador y se le clavó en el pecho como dagas afiladas. La culpa y la desesperación la hicieron correr tras él, pero nunca pudo alcanzarlo, pues sus ojos verdes cargados de tristezas se alejaban cada vez más.

Laura despertó sudorosa y agitada, con temblores involuntarios y sudor gélido en toda la piel.

Después de romper con Kevin, soñaba con esa frase todas las noches: “¡Me abandonaste, Laura!”.

Habían pasado cinco días desde aquella despedida.

Ella se fue del apartamento y no volvió al estudio, ya que después de causarle tanto dolor, no quería seguir recibiendo su ayuda. Ahora estaba en un motel. Planeaba dar una entrevista y luego marcharse a otra ciudad a empezar desde cero.

La lucha entre los Mars y los Castillos había empezado y los periodistas no dejaban de acosarlos.

Laura estaba decidida a decir toda la verdad sin importar que el ataque que sufrió de parte de Frank estuviera en boca de todos por un largo tiempo y que sería acosada por los periodistas.

Respiró profundo y entró a la cabina donde daría una entrevista radial, luego se sentó con el pecho agitado, pues tener que revivir con lo que tanto luchaba por olvidar sería muy difícil, en especial, sabiendo que ciento de personas la estarían escuchando.

Los locutores la saludaron y al instante la presentaron a la audiencia.

Quienes la entrevistarían eran una mujer y dos hombres.

La fémina le inspiraba algo de confianza, pero aquellos hombres no eran de fiar, puesto que se les veía el hambre de controversia y polémica.

Al principio fue difícil, pero después de contar todo sobre su amor de verano, las palabras salieron solas. Les explicó que ellos terminaron esa relación antes de regresar a casa, que su trato actual se basaba en una hermosa amistad y compañerismo. No negó que estaban en proceso de empezar una relación más allá, pero que eso nunca se concretó.

La audiencia empezó a subir.

—Muy linda su historia. —Uno de los hombres rio con malicia—. Pero no hemos llegado al punto que nos interesa a todos: cómo, dónde y cuándo lo traicionas con Frank Castillo. —Laura sintió una presión fuerte en el pecho, pero no les daría el gusto a esas personas perversas.

—Yo nunca tuve nada que ver con Frank —explicó y empezó a contar la parte más difícil de la historia.

Pese a las lágrimas que mojaban sus mejillas, los temblores de su voz y mano al contar sobre el ataque de Frank, los dos hombres empezaron a atacarla sin piedad, tratando de que su confesión sonara incierta. 

—Tengo pruebas, señor —se defendió Laura—. Poseo los reportes del doctor y del psicólogo; también hay testigos.

—Eso no quita que Kevin haya intentado asesinar a Frank Castillo —contraatacó uno de ellos.

—Kevin no trató de asesinar a nadie —dijo molesta—. Kevin solo me defendió del segundo ataque de parte de Frank Castillo hacia mí, quien intentó agredirme una vez más sin medir las consecuencias y sin importarle que nuestras familias estaban presentes.

Hubo un silencio.

Entonces los mensajes empezaron a llegarles. El productor les pedía que continuaran.

—¿Quieres decir que es probable que Frank Castillo tenga problemas mentales? —Esta vez preguntó la mujer, que casi no había participado.

—Eso no lo sé —negó Laura con movimientos de cabeza—. Pero… Es muy probable, él parece que perdió la razón y actuaba en muchas ocasiones sin pensar.

—Bueno, los radioescuchas tienen sus opiniones. Estaremos recibiendo llamadas para escuchar lo que piensan de esta historia —interrumpió uno de los locutores.

Laura no lo soportaba. Era obvio que solo querían empeorar las cosas para ganar audiencia.

Empezaron a recibir llamadas. Muchas apoyando a Laura y otras ofendiéndola. Ella no veía la hora en que todo terminara.

Después de la rueda de prensa, su celular no dejaba de sonar. Recibió correos que la invitaban a participar en entrevistas, tanto en la radio como en televisión. Hasta varios youtubers la contactaron. Dio una entrevista por televisión y otra a un youtuber reconocido, pero noble.

Entretanto, los Mars y los Castillos también dieron su versión del caso. Los medios aprovecharon el escándalo y no se hablaba de otra cosa. Trataron de entrevistar a Frank, pero este no quiso.

Al conocerse que él guardaba prisión domiciliaria y tras contactaron al doctor que atendió a Laura, no quedaron dudas de que el rumor contra Kevin y Laura era una mentira.

Aunque algunas personas seguían con aquella historia, algunos periodistas apasionados ayudaron a desenmascarar el asunto y otros decidieron crear su propia versión.

Así pasaron varios días. El juicio iba a ser dentro de una semana y Laura por fin cerraría ese capítulo de su vida.

—Kevin, debes comer —le rogó su madre.

—Déjame solo —dijo con frialdad y amargura.

—Kevin, por favor, no te hagas esto. —Las lágrimas le cubrían el rostro—. ¿Vale la pena? Dime, Kevin, ¿vale la pena hacerte daño por esa huérfana?

—¡Fuera! —gritó exaltado—. ¡Déjame en paz! ¿No estás satisfecha con joderme la vida? ¿Tengo que soportarte también?

Ella rompió a llorar. No lo reconocía. Salió de la habitación temblorosa y en el pasillo se encontró con su ex.

—Cristian, ¿qué le pasó a nuestro hijo? ¿En qué se transformó nuestro Kevin? —Lloraba desconsolada.

—No es que se haya transformado o cambiado —dijo con tristeza y culpabilidad—, sino que ha dejado salir todo lo que por tantos años guardó. —Bajó el rostro, sintiéndose culpable.

—Pero si le dimos lo mejor —refutó confundida—. Tiene un apellido famoso y una gran fortuna; que él no la quiera es otra cosa, pero cuenta con ella. Tiene clase, es apuesto y le sobran las chicas. Nunca ha tenido ninguna necesidad ni ha pasado precariedades, siempre ha hecho lo que quiere. ¡Hasta tiene su propio negocio! Él y su galería son reconocidos en París. Aquí le está yendo bien también. ¿Qué más necesita?

—Amor —respondió cabizbajo—. Necesita amor. 

—¡Pero nosotros lo amamos!

—Pero nunca se lo demostramos —refutó él, arrepentido.

Dos lágrimas viajaron por sus mejillas, pero no se molestó en limpiarlas.

—Nunca se lo dijimos. Lo vimos fuerte e independiente, nunca se quejó… y creímos que todo estaba bien, que no nos necesitaba. ¿No te has preguntado por qué no le interesa la fortuna, la fama o el apellido? —continuó, y meneó la cabeza en lamento—. Hasta parece que no soporta nada de eso. ¡Es nuestra culpa! Fuimos egoístas.

Hizo una pausa y tomó un respiro, luego agregó:

—Tú decidiste acabar con nuestro matrimonio de golpe. Yo… me enfoqué en el trabajo para no pensar en ti. ¿Y Kevin? Kevin se quedó solo. Peor aún, no tuvo un hogar estable ni la calidez de una familia, vivía de lugar en lugar, sin verdaderos amigos. Nunca recibió muestras de cariño. Tú estabas muy ocupada con tus desfiles de modas y yo… estaba muy dolido para dar amor, tiempo, cariño, seguridad… ¡He sido un mal padre!

Ambos rompieron en llanto.

—¿Y qué hacemos? —preguntó abrumada.

—¡No lo sé! —Él se rascó la cabeza—. Apoyarlo, entenderlo, no juzgarlo ni contender con él. Y deja de mencionarle a Laura. Ella fue la única que le dio amor. —Jillian negó.

—¿Llamas a eso amor? —dijo, desdeñosa—. Quitarse la calentura no es amar. —Cristian dejó salir una risa amarga de la decepción.

—Es tan obvio que nunca sentiste amor… No sabes reconocerlo. La relación de ellos siempre fue pura e inocente. No lo que dices. Kevin y Laura se aman de verdad, ellos se necesitan.

***

La mañana era fresca y las nubes cubrían el cielo, no permitiendo que el sol mostrara su esplendor.

Laura se levantó temprano, pues tenía una cita con el abogado, ya que el juicio contra Frank sería en una semana. Habló durante varias horas con él sobre los últimos detalles del caso.

A la salida, se encontró con Pablo.

—¡Pero miren a quién tenemos aquí! —exclamó él, rodeándola con los brazos.

—¿Cómo están tú y Jimena? —preguntó ella con una sonrisa.

—¡Estamos bien…! —expresó no muy convencido—. Ya sabes, antojos, incomodidad y malestares, ah… ¡Las hormonas! Siento que me volveré loco. —Laura rio entretenida; aunque siempre se quejaba, en sus ojos se reflejaba felicidad.

— Y… —Hizo un silencio.

—¿Kevin? —Pablo sonrió con picardía.

—¿Cómo está él? —preguntó con timidez.

—¿Tienes tiempo para un café? —propuso. Laura asintió. Llegaron a una cafetería que estaba cerca de allí.

—Laura… —Su mirada se tensó—. Kevin no está bien. —Ella agrandó los ojos sorprendida.

—¿A qué te refieres con que no está bien? —preguntó preocupada—. Ya todos saben la verdad….

—No me refiero a eso —la interrumpió.

—¿Qué sucede con Kevin? —cuestionó asustada.

—Primero, respóndeme algo —pidió, mirándola a los ojos—. ¿Por qué lo dejaste?

Laura se quedó en silencio por unos segundos.

—Porque no soy buena para él. —Bajó la mirada y las traicioneras lágrimas salieron de sus ojos—. Cuando conocí a Kevin, él… era dueño de sus actos, tan seguro y risueño. Tan libre y sin problemas, hasta… —Pablo puso la mirada seria—. Hasta que se enamoró de mí. He sido su desgracia y su piedra en el camino. ¡Yo no lo merezco!

—¡Ay, Laura! —Meneó la cabeza—. La apariencia engaña. ¿Nunca te has preguntado qué fue lo que él vio en ti que no vio en nadie más? —Ella negó—. ¡A Kevin le sobran las tiradas! Siempre ha tenido ligues, así que nunca se tuvo que esforzar por conquistar a nadie. Mujeres muy hermosas se le declaraban. Estás buena, pero no fue eso lo que él vio en ti —dijo con picardía. Laura rodó los ojos, pues ya hasta se le hacía raro que no saliera con una de las suyas—. ¿Te has preguntado por qué te llama Ojos melosos?

—¿Por el color miel?

—Bueno sí… —Se rascó la cabeza—. Pero no solo fue eso. Él vio dulzura en tus ojos, vio confianza y pureza. Tu mirada tímida e inocente le intrigaba, tú le intrigabas. Hasta parecía un pervertido mirándote. Lo volviste el hombre más pendejo que haya visto jamás, hasta parecía una adolescente.

—¿Querrás decir un adolescente?

—No lo dije bien. ¡Parecía niña! 

—¡Pablo! —No aguantó la risa—. ¿Adónde quieres llegar?

—Lo que te quiero decir es que eres su primer amor. Y bueno, esa combinación de primer amor y ser un pendejo no es muy buena. Kevin siempre fue el raro de los Mars; a pesar de que le correspondía a alguna que otra, nunca, pero nunca, se acostó con ninguna. ¿Puedes creer que el tarado es virgen? —Laura se sonrojó—. Hasta llegué a creer que era gay. Imagínate, un tipo que pinta cuadros.

—Pablo, realmente creí que me dirías algo serio —se quejó fastidiada—. Me has dicho que él estaba mal. ¿Es una broma?

—Sí, cierto. Bueno, hablando en serio. —Tensó la mirada—. Kevin está actuando extraño. No quiere comer ni beber nada. Se la pasa encerrado. ¡Hasta se enfermó! Lo tienen a base de suero. Está malhumorado e irritable… nunca lo había visto así.

—¿Y no lo ha visto un doctor? —preguntó temblorosa.

—Sí, pero es algo psicológico. El especialista dijo que su ruptura contigo desató todo lo que guardó desde su niñez. Al parecer, Kevin sufría en silencio y nunca se desahogó. Siempre tuvo sentimiento de abandono, por eso es que no le gustaba mezclarse ni aferrarse a nadie. Solo tú lograste atravesar sus barreras. —Laura no podía creer lo que escuchaba. Eso explicaba muchas cosas.

—¿Cómo pude hacerle tanto daño? —Lloró desconsolada—. ¡¿Cómo pude ser tan tonta?! Pablo, de verdad, yo no quise dejarlo, fue la decisión más difícil de mi vida… Pero creí que era lo correcto; pensé que, si desaparecía de su vida, él estaría mejor.

—Laura… si lo vemos de esa forma, dejarlo fue lo mejor que hiciste. —Laura se sorprendió por sus palabras—. Su mayor temor se hizo realidad, ya no había razón para ocultarse más. Ya no había fachada, ya no siente el miedo al abandono, porque ya lo vivió. Eso lo ayudó a vomitar todo lo que guardaba para sí y que no lo dejaba ser verdaderamente libre. Lo único que le queda es superar esta crisis; una vez lo logre, entonces podrá vivir y sentir de verdad, sin apariencias.

—¿Y si no supera esta crisis? —preguntó temerosa.

—Bueno, ahí es donde entras tú. Ya diste el primer paso, que fue enfrentarlo con su realidad y romper con esos sentimientos nocivos que empañaban su relación. Ahora debes estar con él y apoyarlo, así como él lo hizo contigo. Ahora tienen que superar esto juntos y reconstruir su relación. Pero debes hacer algo para que vuelva en sí, Laura; Kevin está en peligro.

¡Me encantas!

29. Adiós – ¡Me encantas!
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