9. Hakuna Matata – ¡Me encantas!

This entry is parte 10 de 28 in the series ¡Me encantas!

Todos estaban en una pequeña sala con ventanas de cristal. Sus caras de aburrimiento observaban el exterior a través de aquellos cristales anhelando que no hubiera lluvia.
—Chicos, ¿por qué no ven una película? —El señor Mars les sugirió.
—¡Otra vez! —se quejaron al unísono. Habían transcurrido tres días de lluvia y ya habían visto todas las películas de la playlist.
—Ojos melosos, te propongo algo —la abordó Kevin. De inmediato, su corazón dio un salto vehemente. Últimamente era así. Una mirada, un gesto, su voz o cualquier cercanía que proviniera de él hacía que su corazón latiera de manera descontrolada.
—¿Qué propones? Ya hemos revisado fotografías antiguas, famosas, profesionales, no profesionales, las que he tomado…
—Sí, sí —la interrumpió—. Sé que te he hecho ver muchas fotografías estos días… Pero me refiero a algo diferente; si estás dispuesta, claro.
La intriga la consumía.
—¿Qué es?
—Ummm… No sé, tal vez no quieras.
—¡Déjate de rodeos, Kevin Mars! —le exigió, curiosa.
—Lo siento. —Él sonrió con diversión en sus facciones—. Te voy a enseñar a fotografiar bajo la lluvia. —Amplió su sonrisa. Ella, en cambio, se quedó pensativa.
—¿Se puede? —Su pregunta denotaba curiosidad y asombro.
—¡Por supuesto! —afirmó—. Solo hay que proteger bien los equipos. ¿Qué dices, chica melosa? —Laura rodó los ojos de fastidio.
—¿Otro sobrenombre? 
—No lo veas como un sobrenombre, más bien como descripción —restó importancia.
—Quieres decir que soy cansona —bufó.
—No me referí a eso. —Rascó su cabeza, un poco nervioso—. Creo… que es porque me transmites una sensación de dulce y delicioso.
Laura abrió sus ojazos, sonrojada. Él, por su parte, se avergonzó al darse cuenta de lo que acababa de decir. ¿Por qué no pensó antes de hablar?
» Ahhhh… Yo creo que… no quise decir que eres deliciosa… —Se lamió los labios por instinto—. No es que no lo seas…, pero… no me referí a nada de lo que estás pensando en este momento… —La miró a los ojos con pena, ya que pudo notar cómo se sonrojaron sus mejillas—. Yo… discúlpame, a veces soy un tarado. —Sonrió avergonzado.
Ella rio entretenida. Se le veía muy lindo tratando de explicar lo inexplicable. Sentía punzadas en el estómago al imaginarse que podría estar coqueteando.
—¿A veces? —trató de seguirle el juego con una miradita coqueta—. Desde la primera vez que te vi supe que eras un tarado.  
—Oye…
—Pero te ves lindo cuando haces de tarado —soltó con una sonrisita pícara.
Espera, ¿ella dijo eso? Kevin no creía que esas palabras salieran de su boca, en especial con ese tono de flirteo. Él no pudo evitar sonreír como un tonto. «Pero ¿qué fue lo que dije? ¿Estoy seduciendo a Kevin Mars?», Laura pensó y, de repente, sus cejas se juntaron de la pena.
—Está bien. Vamos a fotografiar bajo la lluvia —continuó, tratando de escapar de ese momento incómodo.
Protegidos con impermeables y botas, salieron con sus cámaras cubiertas por un protector de plástico para evitar mojarlas. Las lecciones no duraron mucho, ya que, después de varios jugueteos, terminaron bañándose bajo la lluvia. 
—¡Achuuu! —Laura estornudó ya adentro, cubierta con toallas. Era gracioso verlos mojados y desarreglados, parecían unos pequeños traviesos.
—¿En qué estabas pensando, jovencita? —le recriminaba su tía. Laura no sabía si era por mojarse con la lluvia o por haber estado en compañía de Kevin—. ¿Qué era lo que hacían bajo ese aguacero?
—Es que Kevin me estaba enseñando a fotografiar bajo la lluvia —contestó Laura, bajando el rostro.
—¡Ajá…! Y si Kevin te dice que te tires de un puente, ¿te tirarás? —Clara preguntó mientras desplazaba sus manos a la cintura de forma autoritaria.
—Ummm…. —Se acercó Pablo con ese gesto burlón que lo caracterizaba—. No sé si ella se tiraría, pero de algo estoy seguro… —Sonrió con malicia—. Si ella le dice a Kevin que se tire, él lo haría sin pensarlo dos veces. —Todos lo miraron y él no soportó esa risa que hace rato tenía atrapada.
—¡Deja ya de decir tonterías! —profirió Kevin, molesto
—Clara, deja de regañar a Laura —intervino el señor Mars—. El único culpable aquí es Kevin, que cree que porque él es resistente a esos baños bajo la lluvia los demás lo serán.
—No estoy de acuerdo, Cristian. Él no la obligó. Alguien en su sano juicio… y dominio propio —la miró directamente al pronunciar estas palabras— no le hubiera seguido el juego a Kevincito. ¡Pero, claro! Esa era una propuesta a la que ella no se resistiría.
—¿Aún estamos hablando del baño bajo la lluvia? —preguntó Pablo— O… —Kevin le dio un manotazo para que no le echase más leña al fuego—. Oye… —se quejó.
—Hablas mucho, primito. —Kevin le dedicó una mirada fulminante.
—Ya déjense de tonterías y de especulaciones —interpeló el señor Mars—. Kevin y Laura son adultos, lo que ellos hagan o dejen de hacer bajo la lluvia no le compete a nadie más que a ellos mismos.
—¡Papá! —Kevin protestó, debido a la alusión que contenía su comentario.
—En eso te equivocas, querido Cristian —intervino Clara—. Yo soy la responsable de mi sobrina y no tolero comportamientos inadecuados. 
—Tía, solo estábamos tomando fotografías —dijo Laura, cansada de la situación.
—Clara, al parecer, Laura y Kevin se han vuelto muy cercanos —comentó el señor Mars con una gran sonrisa—. ¿No es eso maravilloso? —Clara lo miró de reojo, pues no le gustó para nada su comentario.
—¿Podrían dejar de hablar de nosotros como si no estuviéramos presente? —instó Kevin y luego se puso de pie, caminó hacia Laura y le extendió sus manos—. Ojos melosos, ven conmigo. Tengo un antigripal en mi estudio.
—Kevin, mi tía se hará cargo de ella —se interpuso Claudia—. Deberías ir a cambiarte o podrías resfriarte tú también.
 Gracias por tu preocupación. —respondió él, tratando de ser cortés, aunque no la pasaba—. Pero es mi culpa que ella esté así. Además, no me resfrío fácilmente. 
—Pero… —Claudia soltó sin saber qué más decir. No soportaba el interés que Kevin mostraba por Laura.
—Vamos, Ojos melosos —Laura se aferró a sus cálidas manos. Su corazón empezó a producirle estragos de nuevo. 
 
***
 
Estaban en un pequeño estudio, rodeados de varios instrumentos musicales y una mesita con lápiz y papel. Sobre una mesa, descansaba una computadora acompañada de diversos equipos electrónicos y fotográficos. Ella ya había estado allí en otras ocasiones, ya que Kevin la invitaba para mostrarle el resultado de sus fotografías y ofrecerle la lección teórica.
—Aquí tienes —le ofreció un vaso con agua y unas pastillas—. Lo siento mucho, Ojos melosos. Debí haber pensado en tu salud —se disculpó con un atisbo de tristeza, agachándose frente a ella para poder admirar sus ojos color miel. Ella se estremeció por la cercanía.
—No tienes que disculparte. No me resfrié por eso. No soy tan débil, Kevin Mars. Estos días no me he cuidado demasiado… Así que lo de hoy solo sacó a la luz todo mi descuido. Además… —Se acercó con una sonrisa traviesa, provocando que él se estremeciera y su respiración se descontrolara—. Me divertí mucho hoy. —Ambos sonrieron abiertamente.
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Kevin se mordió el labio inferior al ver esos labios color cereza tan cerca. Ni siquiera se percató de cómo logró acercarse tanto, hasta el punto de que sus respiraciones se fusionaron en una. Sus labios se rozaron, pero antes de que pudieran afianzarse, una voz los cortó de golpe.
—¿Interrumpo algo? —el tono era claramente molesto. Los dos se miraron en silencio por unos segundos—. ¿No piensan contestar? —preguntó con insistencia.
—¿Tenemos que darte alguna explicación, Frank? —Kevin se plantó frente a él, con una mirada de rabia que era casi aterradora.
—Chicos, no empiecen —intervino Laura—. Frank, vámonos. Sabes que tus padres se molestarían si te peleas de nuevo con Kevin —le dijo, tranquilizándolo al tomarlo del brazo. Frank, con una sonrisa de victoria, le dedicó una mirada desafiante a Kevin. ¿Y Kevin? Kevin parecía estar a punto de explotar de ira.
Los días lluviosos se desvanecieron y el sol hizo presencia. Las familias retomaron las actividades veraniegas, cosa que los jóvenes apreciaron; aunque ya se habían cansado de tantas actividades planeadas, el encierro de esos días les hizo extrañarlas. Laura estaba un poco confundida con la actitud de Kevin, pues no le había dirigido la palabra después del incidente del estudio.
«No lo entiendo», pensaba mientras yacía en la verde grama a las orillas del lago. «¿Cómo puede ese chico ser tan bipolar?».
—¿Laura? —su voz la espantó—. ¿Qué haces ahí tirada? ¡Qué rara eres! —Ella se sentó a su lado, pues él ya estaba sentado sobre la grama, mirando al vacío.
—¿Ya no soy “Ojos melosos”? —Ella trató de buscar su mirada, al parecer sus ojos verdes evitaban el contacto.
—No hay quien te entienda —dijo, conectando sus miradas con el ceño fruncido—. ¿No te molestaba que te llamara así?
Ella suspiró.
—Pero a ti nunca te importó que me molestara. Además… ya me he acostumbrado. —Él entrecerró los ojos para disimular la pequeña sonrisa que se le empezaba a dibujar en el rostro.
—Oye… Ojos melosos. ¿Por qué no has venido a tus lecciones estos días? —cambió el tema.
—¿Lo dices en serio? —cuestionó Laura, pasmada—. Siempre que te preguntaba me decías que estabas ocupado.
—Ummm… Solo estaba molesto. Esperaba que por lo menos te disculparas conmigo —dijo con carita de niño mimado.
—¿Disculparme por qué? 
—Por ponerte del lado de Frank —contestó, achicando los ojos para juzgarla con su expresión. 
—¿De qué hablas? —preguntó, confundida.
—No te hagas la tonta. Ese día, cuando casi nos be… —Hizo una pausa para cambiar la palabra—. Cuando… estábamos en el estudio y te pusiste del lado de Frank. —Ella pensó durante un instante.
—¡Claro que no! Solo me lo llevé para que dejara de molestar. Temía que se acabaran a golpes.
—Entonces lo malentendí.
—¡Claro que sí, tonto! ¿Pero actuaste así todo este tiempo por esa tontería? ¡Qué inmaduro!
—Y tú, mala amiga —contestó, haciendo pucheros.
—No lo puedo creer. —Ella meneó la cabeza—. Pareces un celoso.
—¿Y si lo estoy? —dijo acercándose, lo que provocó que a Laura se le acelerase la respiración—. Puede que esté muy celoso de que se creyera que le perteneces y porque se entrometa entre nosotros —confesó. Su mirada era seria y profunda. Pero eso fue demasiado impactante para Laura, así que le manoteó el pecho y dejó salir una risa falsa.
—¡Buen chiste, Kevin Mars! ¡Por poquito te creo! —exclamó, tratando de esconder su inquietud.
—¡Ja…! Te la llevaste, Ojos melosos… —Le siguió el juego, como un intento desesperado de disimular su disgusto—. Por poco te lo crees. —Su risa falsa fue muy obvia, pero era mejor fingir que todo era una broma para disfrazar lo ridículo que se sintió en ese momento.
 
Kevin estuvo pensativo y callado durante el regreso a la villa. Laura tenía los nervios de punta pensando en las palabras de Kevin.
«¿Sería verdad que él estaba celoso? Eso explicaría sus enfrentamientos con Frank». «No, Laura, no te hagas ilusiones», pensaba. «Kevin fue claro. Solo me trataría como una amiga».
—Ojos Melosos —Kevin la sacó de sus pensamientos—. ¿Estás bien?
—Sí… ¿Tú lo estás? —él asintió sin decir palabra.
 
***
 
—Kevin… ¿Estás bien? —preguntó Pablo preocupado, pues Kevin entró a su habitación con cara de fantasma y se sentó en la cama en un silencio incómodo.
—Creo… —soltó— creo que me gusta Laura —confesó con cara de oprimido.
—Dime algo nuevo —respondió su primo, sin un atisbo de sorpresa. Kevin lo miró con cara de pocos amigos—. Oye… no me mires así. Sé que te gusta desde hace mucho tiempo, solo que no querías aceptarlo.
—Creo que tienes razón. —Bajó la cabeza.
—Pero ¿cuál es el problema? Dile lo que sientes.
—¡Claro que no! —contestó exaltado. 
—¿Y por qué no? —preguntó, confundido.
—No quiero arruinarlo —contestó con amargura—. No te imaginas lo difícil que fue ganarme su confianza, no quiero alejarla de mí. Prefiero su amistad a nada.
—Sí… esa chica se ve complicada. Tendrás que ir despacio con ella. ¿Por qué no la invitas a salir?
—Ummm… tendría que buscar una excusa —suspiró—. ¿No has visto cómo reacciona cuando hacen algún comentario sobre nosotros?
—Eso es porque le gustas. Solo que, al parecer, eso le aterra. No me sorprende. Con una tía que no la deja ni respirar, más el acoso de Claudia… Es de esperar que esté un poco cohibida. 
—¡Qué cosas dices! —dijo con una sonrisita de pena—. ¡¿Yo gustarle a Laura?! —Meneó la cabeza sin dejar de sonreír.
—¡¿Cuándo fue que perdiste tus instintos?! —exclamó con disgusto—. Esta versión de ti es muy linda, pero pareces un pendejo, Kevin. ¿Podrías dejar de ser tan niñita y volver a ser el macho alfa que eras? 
—Deja de ofenderme —instó—. ¿No ves que estoy en una encrucijada? —Pablo bufó.
—Si sigues comportándote como un tarado, tu “ojos melosos” será robada por Frank. ¡Ese sí que no pierde oportunidad! —Kevin apretó los puños y arrugó la mirada—. Eso es, reacciona, primo. Créeme cuando te digo que esa chica está loquita por ti, aprovecha antes de que ella se canse de esperar a que regrese tu hombría —le animó, dándole palmadas en el hombro.
—¿Por qué siento que te estás aprovechando de la situación? —Kevin lo miró con sospecha, arqueando una ceja.
 
Después del almuerzo, todos fueron convocados en la sala.
—¡Buenas tardes, familia! —saludó un hombre alto y delgado, de unos cuarenta años, que se mantenía en excelente forma. Vestía ropa de cuero negra y botas del mismo color.
Llevaba una cadena gruesa al cuello y un arete en la oreja derecha. Su cabello, negro, ondulado y abundante, era típico de los hombres Mars. Sus ojos marrones oscuros, con pestañas gruesas, lo hacían parecerse al señor Mars, aunque este último era más corpulento y robusto, y claramente mayor. Aquél era, sin duda, un hombre que parecía salido de una película de cazafortunas. No se podía negar lo apuesto y carismático que era, aunque su presencia dejaba una fuerte impresión de bohemio y despreocupado.
—¿Quién es él? —preguntó Laura a Kevin con disimulo.  
—¿Te refieres a Hakuna Matata? —Pablo los abordó con una sonrisa burlona, claramente divertido—. Él es nuestro tío —confesó, como si nada.
Laura abrió los ojos, sorprendida. Aunque la semejanza era innegable, su aspecto era tan peculiar que no podía evitar sentirse impresionada.
—Para los que no conocen a Paulo, él es mi hermano menor —explicó el señor Mars con una sonrisa. Paulo saludó a todos y se presentó a la familia Castillo, ya que ellos no lo conocían. Luego, saludó a Mico, quien le presentó a sus hijas.
—¡Pero qué preciosidades! Seguro que se parecen a su madre, amigo —bromeó, lanzando una mirada admirativa hacia las hermanas—. Tus hijas se han convertido en unas mujercitas muy hermosas. Es posible que no me recuerden, chicas, ya que eran muy pequeñas la última vez que las vi.
Ellas asintieron, sonriendo con timidez.
—Usted es el tío más joven y apuesto que he conocido —Claudia lo elogió.
—Tu hija tiene buen gusto, Mico. —Sonrió con picardía. Después posó su mirada sobre Clara—. ¡Pero miren a quién tenemos aquí! ¡Clara Gutiérrez! ¡Pero qué vieja estás!
—¿Podrías ser más respetuoso? —solicitó ofendida—. Tú no luces como un muchacho, aunque intentes actuar como uno. ¡Irresponsable! No aceptas que ya eres un viejo.
—No te enojes, cariño —contestó con picardía—. Eres tan malhumorada que pareces mi abuela.
—¡Paulo Mars! —Clara echaba chispas.
—Ya, ya —intervino Cristian, tratando de calmarla—. Ignora a este loco, ya sabes que no sabe medirse.
—Pues más vale que lo haga conmigo —dijo mientras miraba a Paulo con ira. Él rio.
—Lo siento, Clara. Se me olvida que ciertas verdades no se dicen. —Arqueó una ceja con picardía.
—Olvídalo ya, ignóralo —le sugería Cristian, tratando de evitar una discusión. Todos estaban atónitos con el trato de Paulo hacia Clara, puesto que nunca nadie se había atrevido a hablarle de esa forma.
—Por cierto, Clara querida, ¿ya alguien te hizo el favor? —preguntó Paulo con una mirada burlona. Todos lo miraron pasmados, pues esta vez cruzó la línea. Cristian tuvo que sentarla para que no arremetiera a golpes contra él, aunque se lo tenía muy merecido por atrevido.
—Sobrinos, ¿no van a saludar a su tío? —dijo el revoltoso, acercándose a ellos—. Kevin… ¡Qué hermosa es tu novia! No puedes negar que eres un Mars, escogemos a las más buenonas —alabó a Laura.
Claudia lo miró con desdén, molesta porque él hubiera resaltado a su prima por encima de ella.
—Estás equivocado, tío. Laura no es mi novia —respondió Kevin, algo apenado.
—Oh… ¡Ya entiendo! Están en esa etapa de flirteo —comentó, levantando ambas cejas en un gesto juguetón. Kevin y Laura se sonrojaron al instante.
—Eso es muy obvio, tío —respondió Pablo con tono burlón—. Pero ellos lo niegan.
—Por eso eres mi sobrino favorito, Pablo. Al igual que yo, no tienes filtro —dijo Paulo, con una sonrisa orgullosa.
—Por lo menos lo reconoces —comentó Cristian, acercándose—. Deja ya a los chicos tranquilos. —Colocó una mano sobre el hombro de Paulo, en un gesto de camaradería.
—Espera… Esta chica me resulta familiar… —dijo, observando detenidamente a Laura—. Te pareces a…
—Ella es la hija de Leonor —respondió Cristian, con un tono suave.
—¡Vaya! Tan hermosa como su madre. Que en paz descanse.
—¿Conoció a mi madre? —preguntó Laura, sorprendida.
—¡Por supuesto! Leonor era todo un bombón. Lástima que se fuera tan joven. Pero eres la encarnación de ella. Es como si el tiempo hubiera retrocedido y ella estuviera frente a mí. ¡Increíble!
—Señor Mars, la mesa está lista —anunció Dina, la criada—. Ya pueden pasar al comedor.
Laura se quedó con una necesidad insaciable de más detalles sobre su madre, pues cuando ella falleció, Laura era pequeña. Con el tiempo, los recuerdos de ellas dos se habían vuelto cada vez más difusos, como si estuvieran desvaneciéndose lentamente en su mente.

¡Me encantas!

8. ¿Qué es esta sensación? – ¡Me encantas! 10. Celos – ¡Me encantas!
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