El alfa del río y la omega: Capítulo 4

Lyra salió del autobús y recogió su maleta. Todos se fueron dispersando a sus respectivos destinos, pero Lyra se quedó allí parada, observando los grandes edificios y las calles de piedra.
La ciudad era otro mundo para ella.
Aquellos edificios eran tan enormes que la intimidaban, pero, al mismo tiempo, la tenían cautivada por su hermosa y elegante arquitectura.
La mayoría estaban construidos con un material oscuro, como una piedra especial que les daba cierta belleza onírica, pero, a su vez, una fortaleza que los hacía lucir indestructibles.
El diseño era parecido en la mayoría: tenían forma de torres gigantes con un terminado puntiagudo, mientras que otros eran más sencillos y menos escalofriantes, con formas redondeadas y tonos más claros, pero preciosos.
—Yo soy como una mancha fea en este lugar tan sofisticado —susurró mientras observaba su desgastado vestido.
Ella se mordió el labio inferior y soltó un largo suspiro.
Empezó a caminar sin tener idea de hacia dónde ir hasta que recordó que llevaba la dirección en el bolsillo.
Se detuvo y dejó la maleta parada junto a ella. Entonces leyó con dificultad, pero algunos números se mezclaban con letras y ella no los entendía.
¿Por qué había ambas cosas en un solo papel? ¿Cómo podría saber llegar a la mansión del alfa con esa dirección tan complicada y difícil de entender?
—Debí prestar más atención en clases —murmuró frustrada.
Observó cada señal. Había letreros en tonos negros con el lobo dorado que representaba el logo de la manada Norven. Cada uno tenía un nombre y más números que la hicieron querer llorar.
En el pueblo no era tan complicado llegar a los sitios, pues todo estaba cerca y se conocían por referencias.
Sin embargo, la ciudad era demasiado amplia y complicada. Había muchas personas caminando, numerosas calles y edificios, callejones y carreteras con diferentes direcciones.
Se sentía perdida y tuvo mucho miedo.
Se tardó unos minutos intentando encontrar a alguien a quien pudiera pedirle ayuda, no porque no hubiera personas allí —de hecho, había muchas—, sino porque necesitaba a alguien que le inspirara confianza y seguridad.
Tras recorrer las calles por un largo tiempo, descubrió que no todos allí eran gente de élite. También había personas sencillas, vendedores, madres con sus hijos que no se veían tan elegantes como los betas que andaban sobre caballos finos, con el mentón erguido y una apariencia lustrosa.
Llegó a un mercado.
Notó que era muy diferente al del pueblo, pues estaba bien organizado, más pulcro y con menos bullicio. Sin embargo, carecía de la calidez y el colorido que recordaba.
Ella tomó valentía y se acercó a un vendedor.
—No damos limosnas aquí —le dijo él con tono despectivo—. Si no tienes para comprar, lárgate, que me vas a espantar a los clientes.
Él la miró de arriba abajo con desprecio.
Lyra tragó saliva antes de responder:
—No, se ha equivocado, señor… —Las palabras se le trabaron. Ella apretó los puños y continuó—: Lo único que necesito es que me ayude con una dirección.
El vendedor entrecerró los ojos y extendió las manos hacia ella para tomar el papel. Solo quería que se fuera, así que leyó rápido en voz alta:
—Guía para llegar a la mansión del alfa Kael… —Se detuvo al leer ese nombre, luego observó la dirección con los ojos bien abiertos. Entonces dejó salir una carcajada estruendosa que captó la atención de los demás.
Lyra estaba confundida. ¿De qué se reía él?
—¡Loca del demonio, deja de hacerme perder mi tiempo! —espetó él y tiró el papel al suelo—. ¡Lo que me faltaba! ¡Una demente! ¡Lárgate, no tengo tiempo para tonterías!
Lyra no entendía por qué la trataba así.
—No soy ninguna demente, solo necesito llegar a la mansión del alfa…
Otra carcajada la interrumpió.
—¡La mansión del alfa! ¿Tú, una mendiga? ¡Por favor! Una omega insignificante como tú no sería permitida ni siquiera en la calle que pisa el alfa. Lárgate, loca, antes de que llame a las autoridades para que te lleven a un loquero.
Lyra sintió terror. ¿Un loquero? No, ella no quería tener esa suerte tan horrible.
La omega recogió el papel del suelo y arrastró la maleta a toda prisa.
—¡La mansión del alfa! ¡Qué graciosa! —Escuchó al hombre detrás de ella mientras casi corría lejos de él, quien todavía se reía como si ella hubiera hecho el mejor de los chistes.
Pasaron unos veinte minutos y Lyra se sentía cada vez más perdida. Tuvo ganas de llorar; sin embargo, decidió ocupar su energía en entender las letras y números que tenía el papel.
Se puso a observar las señales y descubrió que estas tenían nombres específicos, incluso números. Dedujo que quizás, si encontraba una señal similar a la del papel, podría llegar a su destino.
Así lo hizo durante una media hora; no obstante, empezó a llorar cuando no obtuvo resultado.
Frustrada, mareada por el hambre y cansada, se dejó caer en una banqueta de un parque.
Permitió que las lágrimas resbalaran por sus mejillas mientras observaba a las personas caminar, reír, conversar y a algunos cachorros que jugaban en el área verde.
Ella suspiró y se secó las lágrimas. Deseaba acercarse a alguien más para pedir ayuda, pero tenía miedo de ser tratada como en el mercado y, peor aún, buscarse problemas.
Lyra apretó los puños y practicó cómo abordar a la siguiente persona para evitar ser llevada al loquero u otro tipo de conflicto.
Buscó entre los extraños algún rostro que le pareciera amable. Entonces se acercó con pasos torpes a una mujer que estaba sentada en una de las banquetas.
—Hola… —balbuceó. La mujer la miró con interés.
—¿Necesitas algo? —inquirió mientras la examinaba con cautela. Era raro ver a una mendiga en la ciudad de Norven, pero de vez en cuando aparecía alguna pidiendo monedas.
—Yo… —Lyra caviló—. Solo necesito llegar a un sitio… Estoy perdida. —La voz se le quebró.
La mujer sintió compasión por ella, entonces le sonrió.
—¿A dónde necesitas ir? —le preguntó de forma amable.
Lyra le dio el papel y empezó a explicar:
—Necesito llegar a ese lugar, pero ya revisé las señales y no la encuentro. Además, me confunden las letras y los números del papel…
Lyra hablaba tan rápido que la desconocida apenas pudo entenderla.
La mujer leyó el contenido de la guía que Lyra no entendía, entonces la miró con incredulidad.
—¿Estás segura de que este es el lugar? Aquí te da instrucciones para llegar a la mansión del alfa. Aunque te llevaría yo misma, no podríamos entrar a esa zona, ya que la entrada está fortalecida y resguardada. No hay forma de que puedas llegar allí.
Lyra se puso fría.
¿Resguardada? ¿Cómo iría entonces? Ella se abrazó a sí misma debido a la frustración.
«¿Y si esa contratación de verdad fue un error?», pensó angustiada.
Lyra dio un asentimiento, le agradeció a la mujer y se alejó de allí casi llorando.
La extraña la miró con lástima. Quizás solo era una mendiga que había perdido el juicio y había encontrado aquel papel por accidente.
Entretanto, Lyra caminaba por las calles con desánimo, arrastrando la maleta. No tenía a dónde ir ni a quién pedir refugio, tampoco cómo investigar lo que estaba sucediendo.
Se encontraba completamente desamparada en aquella gran ciudad.
«Por lo menos en el campo tenía mi choza y podía cazar algo para comer», se lamentó.
Lo único que se le ocurrió fue tratar de llegar al mismo sitio donde la había dejado la nave de la agencia, pero estaba perdida y no sabía cómo regresar allí.
Ella se sentó en los escalones de un edificio para descansar. Estaba demasiado mareada. Necesitaba por lo menos beber un poco de agua, pero ni eso tenía.
—Disculpe, se le cayó esto.
Lyra levantó la cabeza por instinto, entonces se encontró con un hombre elegante que le estaba extendiendo el papel de la mansión.
Él, al verla, se quedó pasmado. Ella era hermosa. Demacrada, sí, quizás un poco sucia y muy descuidada; aun así, su belleza era difícil de pasar por alto.
Vio la necesidad y vulnerabilidad en los ojos celestes de la chica y su ego viril se removió.
—Gracias… —balbuceó ella, un poco nerviosa. Ese hombre era muy atractivo y de clase; siquiera mirarlo se sentía como una falta de respeto.
—¿Estás bien? —inquirió él.
Lyra lo observó dubitativa. Tenía miedo de decirle hacia dónde iba y buscarse problemas. Ese hombre no parecía ser cualquier transeúnte.
—Solo estoy perdida…
Ella no terminó de hablar cuando el desconocido le arrebató el papel y empezó a leerlo.
—¿Vas para la mansión del alfa? —preguntó.
Lyra sintió un escalofrío recorrerla. No sabía si responderle. ¿Se burlaría este hombre como lo hizo el vendedor?
Ella suspiró y asintió con movimientos inseguros de cabeza.
—Este es el logo de la agencia… —susurró él—. ¿Eres del grupo que fue contratado? Nos falta una persona que nunca llegó al punto de encuentro para ser llevados a la mansión. ¿Podría ser tú? —inquirió con asombro.
«Vaya, la ama de llaves ha de haber cometido un error al enviar la lista de elegidos», pensó.
—Ven conmigo, te llevaré al lugar correcto para que seas transportada a la mansión. Te llevaría yo mismo a casa, pero tengo asuntos que resolver acá. Sin embargo, espero verte pronto allá.
Lyra se quedó petrificada en su lugar. No podía creerlo. ¿De verdad ese hombre la ayudaría? ¿Y por qué le dijo que la vería luego allá?
—¿M-me ayudará? —tartamudeó, incrédula—. ¿Usted vive en la mansión del alfa?
El hombre soltó una risita al ver la impresión en ella. Le gustó notar el sonrojo en sus mejillas.
—Sí. Soy el beta de la manada; por tanto, el alfa Kael me tiene un lugar en su casa, pues necesita tenerme cerca.
Lyra se quedó petrificada al escucharlo.
¿El beta de la manada? No podía creerlo. Ese hombre era el segundo al mando en Norven, la mano derecha del alfa, o eso había escuchado.
¿Por qué la trataba con tanta amabilidad si era una persona tan importante? Le causaba curiosidad la ironía. Mientras el vendedor del mercado la trató con desprecio y se burló de ella, el mismo beta de la manada la estaba ayudando.
Ella le agradeció con timidez y caminó junto a él hasta llegar a un edificio al que no entraron. Tras hacer algunas señas, dos hombres uniformados se pararon frente a ellos.
—Lleven a esta jovencita a la mansión, ella es parte del personal que la agencia nos envió.
Ellos le dieron una mirada escéptica a Lyra, pero no se atrevieron a hacer ningún tipo de comentario; más bien, acataron la orden del beta.
—Muchas gracias por su ayuda, beta —dijo ella, conmovida por su generosidad.
—No tienes que agradecerme, para mí fue… un placer ayudarte —arrastró las últimas palabras mientras le daba una recorrida poco prudente con la mirada que Lyra pasó desapercibida.
Ella estaba concentrada en la bondad de aquel hombre. A sus ojos, no había malicia en una persona así.
Lyra fue dirigida a un carruaje en tono negro y detalles dorados. Ella sonrió aliviada y soltó toda la tensión que había acumulado ese día.
—Por fin… —susurró con lágrimas en los ojos. Estaba feliz, aunque nerviosa, puesto que le causaba ansiedad imaginar cómo sería su vida desde ese momento.
Tras unos diez minutos, entraron a una zona mucho más elegante de lo que había visto, y los hombres del carruaje tuvieron que identificarse antes de entrar a las grandes murallas que separaban ese vecindario del resto.
Ella miró por la ventana del carruaje y quedó maravillada con la belleza y limpieza de aquel sitio. Se preguntaba si esos edificios eran casas, pues eran enormes.
—Llegamos —le anunció el hombre sin siquiera ir por ella.
Lyra arrastró su maleta y salió del carruaje.
—Presione ese botón —le indicó él de forma brusca, antes de irse con prisa.
Lyra pensó que siquiera tendría la cortesía de escoltarla hasta allí, pero la dejó sola.
Ella se acercó al gran portón e hizo como el conductor le había orientado. Luego miró por todos lados sin saber qué más hacer. Las manos le temblaban y el corazón le latía demasiado rápido. Estaba intimidada.
Tras unos minutos de una espera que se sintió eterna, los portones se abrieron y Lyra sintió que se le iba el aliento.
No podía creer lo que sus ojos veían.

Compartir

2 comentarios en “El alfa del río y la omega: Capítulo 4”

    1. Hola. Me alegra mucho que te guste. Te invito a ir a la sesión de ganar monedas (está en el menú, donde dice monedas). Allí hay varias misiones que puedes hacer para ganar monedas. También, al comentar y entrar diariamente ganas monedas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

El alfa del río y la omega

💬 ¿Necesitas ayuda? Contáctanos