Ella volvió al río como lo había hecho todos los días durante esa semana. Ya habían pasado siete días desde aquel encuentro y él todavía no había regresado por ella.
Lyra acarició el agua oscura, que había tomado el tono de la noche, y soltó un largo suspiro.
—Quizás lo imaginé o lo soñé… —susurró mientras las lágrimas se acumulaban en sus ojos, empañándolos.
Se mordió el labio inferior y se sumergió en el agua fría. Por un momento, se olvidó de todo: de lo roto que estaba su corazón por haber sido dejada sola aquella noche después de haberse entregado, de la incertidumbre de si él volvería con una explicación…
Pero también de la despensa vacía.
Rio.
¿Cuál despensa?
No tenía ni siquiera eso.
Su hogar era una choza abandonada y destartalada que encontró después de escapar del orfanato al cumplir la mayoría de edad. Ya no podía quedarse allí, así que pronto la llevarían a otro lugar, pues solo acogían a menores de edad.
Y el destino que correría en ese sitio al que la llevarían fue la causa de su escape.
Salió del agua y miró a su alrededor.
Quizás era ingenua, pero todavía albergaba la esperanza de que aquel hombre misterioso volviera.
Y así continuó por otra semana. Visitaba aquel río religiosamente todas las noches, pero la esperanza se iba desvaneciendo y la realidad empezó a golpearla: él solo la usó.
Aquella noche, volvió a casa con el temor en el pecho, mas había una pequeña luz en su interior que la incentivó a regresar la siguiente noche.
Esta vez, ya ni miraba entre los árboles. Sabía lo que sucedería, solo que le era difícil aceptarlo.
—¡Qué tonta eres! —se regañó con una risa amarga—. ¿De verdad crees que ese hombre regresará? ¿Y luego qué? ¿Te convertirá en su pareja? ¡Qué ilusa!
A ese punto, las lágrimas le mojaban las mejillas.
—Lyra, ya no lo esperes más, no tiene sentido… —susurró eso último y se entregó al llanto.
Aquella noche no regresó a casa. Ella lloró por el hombre que la utilizó y ni siquiera le dijo su nombre.
Al salir el sol, caminó de regreso a la choza con los ojos hinchados y rojizos. Sus pasos eran torpes y débiles, pues el hambre y la falta de sueño la martirizaban.
Durmió hasta la tarde y le fue difícil levantarse para ir a cazar.
Apenas su loba fue capaz de atrapar un ave toda flaca, de carne dura, que tuvo que comerse cruda, pues no tenía ni cómo encender un fogón.
Por eso lo hizo en su forma lobuna, pues como humana las náuseas no le permitirían comer.
Esa noche no fue al río, aunque su parte ansiosa e inocente le rogaba que lo hiciera. En su lugar, descansó, pues al otro día iría al pueblo a seguir buscando empleo, pues las aplicaciones que había enviado por medio de una agencia no habían resultado y ya no podía seguir dándose el lujo de estar desempleada.
***
Esa mañana se puso un vestido que no estuviera tan feo. Sí, había varios cosidos y parches en él, pero era el más decente.
Ella no tenía qué desayunar, mas haberse comido la proteína que cazó el día anterior todavía la sostenía, aunque el apetito seguía intacto.
No venía al caso peinarse, pues su cabello rizado pasaba un poco desapercibido su descuido. Antes de levantarse para salir, escuchó toques en la puerta que la espantaron.
Por un momento, los ojos se le iluminaron al imaginarse que podría ser él.
«¿Y cómo me habrá encontrado?», se preguntó, pero antes de encontrar una respuesta a su interrogante, nuevos toques la hicieron despabilarse y correr hacia la puerta, no vaya a ser que se cayera con otra insistencia más.
Así de mal estaba esa choza.
Al abrir, descubrió que quien insistía no era su hombre del río, sino un mensajero.
Él estaba vestido con un uniforme. Su apariencia era profesional y pulcra.
Lyra jugó con sus manos, pues sentía una mezcla de decepción, curiosidad y vergüenza.
Esa última emoción se debía al estado de su hogar, que ni siquiera podría decir que era de ella.
—¿Cómo puedo ayudarle? —preguntó ella con timidez.
—¿Lyra? —inquirió el hombre con tono neutro.
Ella asintió.
—Correspondencia para usted.
Ella tomó la carta que el mensajero le extendió y le dio las gracias. Él se fue al instante, pues era obvio que ella no le daría ninguna propina.
Lyra se quedó observando a aquel hombre mientras se preguntaba cómo rayos había encontrado su choza.
Recordó que solo había dado su dirección a la agencia de empleo, pero que ellos le advirtieron que fuera cada cierto tiempo a confirmar algún contrato disponible para ella, ya que era poco probable que el correo pudiera llegarle allí.
Sin embargo, este llegó.
Ella entró a la choza y se sentó en la única silla que tenía y que le habían regalado a cambio de un día entero de trabajo sin pagar en monedas.
Antes de abrirla, acarició el sobre fino con letras bonitas y soltó un suspiro nervioso.
Tras leer el contenido de la carta, los ojos se le abrieron de forma exagerada debido a la impresión.
No solo había conseguido un trabajo, sino que no era en cualquier lugar: era en la ciudad.
Pero lo que más la dejó perpleja fue que la casa donde trabajaría era la del alfa.
Ella, una omega huérfana y bruta, sería sirvienta en la mansión del alfa Kael de Norven.
💜 ¿Te está gustando la historia hasta ahora?
Quiero saber qué piensas de Lyra. 🥺
¿Qué te parece su situación? ¿Crees que finalmente encontrará a su misterioso hombre del río?
Ahora que ha recibido una oferta para trabajar en la mansión del alfa Kael de Norven… 👀
¿Será Kael su misterioso hombre del río?
¿O crees que ambos hombres son personas diferentes? 🤔
Déjame tu teoría en los comentarios. ¡Quiero leerlas! 👀💬
Y recuerda que, al comentar, puedes ganar monedas.




Que hermosa historia como siempre Angie nos dejas prendida de tus historias
Muchas gracias, bella.
Hermosa gracias
Muchas gracias, bella.