El alfa del río y la omega: Capítulo 13

El alfa se había ido de viaje por dos días, así que los sirvientes de la mansión andaban más relajados y con ciertas libertades.

Lo que era positivo para algunos, para Lyra era puro terror. Por lo tanto, se mantenía en la raya y enfocada solo en sus labores, evitando estar por ahí en su tiempo libre y rogando porque no le pusieran trabajo de más o le buscaran riñas.

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—Hola, Lyra.

Ella se espantó cuando, al salir de una de las habitaciones con la ropa que llevaría a lavar, se encontró con el beta.

—Buenas tardes, beta —lo saludó con cortesía.

—¿Por qué tanta formalidad si tú y yo somos amigos? —Él se le acercó y la observó con una sonrisa ladina—. Llámame Larius.

Lyra empezó a negar, nerviosa.

—Jamás haría tal cosa, usted es mi superior.

Larius le agarró un mechón de cabello que se escapaba del peinado recogido.

—Oh, vamos —negó mientras chasqueaba la lengua—. Nosotros somos amigos, Lyra, quiero que me llames por mi nombre. Es más, incluso me gustaría que me acompañaras a dar un paseo en tu tiempo libre. Hay tantos lugares hermosos que quiero enseñarte. Sería triste que siguieras con la última experiencia en esta ciudad. Me parece una buena idea empezar a crear bonitos recuerdos, ¿no crees?

Lyra lo observó sin dar crédito a lo que escuchaba. ¿De verdad el beta la estaba invitando a salir?

¿Qué estaba sucediendo? Parecía como si estuviera en una realidad alterna. Primero, el alfa quería enseñarle a leer y escribir, y ahora el beta la estaba invitando a dar un paseo.

Cualquiera diría que era una suertuda, pero para ella eso solo significaba peligro.

Lyra soltó un suspiro y miró a Larius con firmeza.

—Lo siento, beta, pero eso sería inadecuado. Si me disculpa, debo seguir con mis labores —le respondió y continuó su camino.

Larius se giró para observarla bajar las escaleras. No pudo apartar la vista del pronunciado trasero que resaltaba, pese a ese feo uniforme.

—Haciéndote la difícil, ¿eh? Interesante… —Sonrió malicioso—. A mí me encantan los retos, lobita —susurró lo último y se dirigió a su habitación para cambiarse, pues tenía una reunión en la oficina principal de la manada.

***

Después de terminar sus labores, Lyra se dio un baño y se puso una ropa cómoda. No pudo evitar mirarse al espejo y sonreír. Nunca había tenido variedad de prendas, tampoco un conjunto de estar en casa tan bonito.

Ella soltó un suspiro y se sentó en la cama.

—Mi vida está cambiando mucho —masculló, luego se levantó de golpe y buscó entre sus cosas la libreta y la pluma que había comprado.

—¡Soy tonta! ¿Cómo voy a escribir mi plan de negocio si ni siquiera puedo hacerlo bien? —soltó un suspiro y acarició las finas hojas—. Pero pronto eso no será un problema.

Ella trató de plasmar lo que su habilidad le permitía y, aunque para otra persona quizás fuese algo ilegible, Lyra entendía su desorden en el papel. Por el momento, eso le bastaba.

—Cuando compre mi casita voy a comprarme también un horno —planeó, entusiasmada—. Estoy segura de que vender pasteles se me daría bien, fue lo único que aprendí en el orfanato con lo que me siento orgullosa —razonó.

Lyra guardó la libreta con un plan claro: ahorraría para comprarse una casa modesta y empezar un negocio de repostería.

Ilusionada con aquella meta, soñó despierta por un largo rato. Ella abrió la gaveta donde guardaba sus objetos más valiosos y sacó una barra de chocolate, pues había decidido que no iría a cenar esa noche para evitarse conflictos con sus colegas o quedar atrapada con una labor que no le correspondía.

Allí estaba el pañuelo que Kael le había regalado.

Ella lo sacó y lo observó como tonta enamorada. Incluso lo olfateó. Ni siquiera lo había lavado para poder disfrutar de su perfume.

—Yo estoy en problemas. ¿De verdad me enamoré del alfa? ¡Soy tan tonta!

Ella se quedó observando y acariciando el pañuelo por un largo rato. Sus pensamientos la transportaron a ese momento en el que se sintió tan cerca del alfa.

Él, con sus ojos fieros puestos en ella mientras la convencía de que valía sin importar su estatus.

Lyra sintió que el corazón le latió muy rápido y un punzón en el estómago que la hizo sonreír. Sus mejillas estaban rojas y sus ojos idos.

En ese momento, el sonido del cerrojo de la puerta la sacó de su trance, pero antes de que pudiera reaccionar, esta se abrió de golpe y reveló a Dalila y Zoner, las dos sirvientas que le quemaron sus cosas y que siempre encontraban una oportunidad para buscarle pleitos.

—¡Aquí estás, holgazana! —espetó Zoner.

—¿Cómo pudieron abrir mi puerta…? —Lyra no terminó de hablar cuando notó que Dalila tenía en la mano la llave maestra que solo Elena usaba, entonces obtuvo su respuesta.

—¿Por qué estás aquí? Te toca dejar la cocina limpia después de la cena —le reclamó Zoner.

Lyra la miró con enojo y fastidio.

—¿Con qué derecho irrumpen en mi habitación? Están violando mi espacio —se quejó—. En cuanto a la cocina, no está en mi itinerario de hoy. Es más, nunca lo ha estado.

Ambas sirvientas soltaron una risita burlesca.

—¿Y quién te dijo que solo te toca lo que Elena te asigne? No eres más que una omega ignorante, deberías estar agradecida de poder trabajar en este lugar, ¿y aun así te quejas? —la regañó Dalila.

A Lyra se le cristalizaron los ojos debido a la impotencia. ¿Cómo era que ellas tergiversaban todo con sus argumentos sin sentido?

Evitó tanto encontrarse envuelta en conflictos, pero de nada le sirvió. Esas arpías no desaprovecharían la libertad que tenían cuando el alfa no estaba presente.

De repente, recordó al beta. Quizás él podría ayudarla si estaba en la mansión; sin embargo, antes de que ella pudiera refutar, Dalila apuntó en dirección al pañuelo que Lyra todavía tenía en la mano.

Ella miró a su cómplice y ambas sonrieron maliciosas, pues habían encontrado la razón perfecta para deshacerse de esa omega a la que tanto odiaban.

—¡Ladrona! —exclamó Zoner—. ¡Le has robado al alfa! —acusó, agarrando a Lyra desprevenida.

Ella intentó corregirla, pero Dalila empezó a gritar que le habían robado al alfa, formando un escándalo que atrajo a otros sirvientes y algunos guardias.

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