30 Lobo guía: Un lazo prohibido – Yo amo a Zebastiel

Zoe

Hay un silencio cargado de tensión, donde los tres nos miramos como si fuéramos idiotas o algo así.

Zebastiel tiene el ceño fruncido; sin embargo, hay una sonrisa ladina y cargada de burla en él. No obstante, puedo notar la tensión en sus músculos debido a cómo aprieta los puños.

Y luego está mi madre, con los ojos bien abiertos, la boca también, sorprendida, sin poder creer lo que sus ojos están viendo. Está confirmando que sí hay un hombre en mi casa.

Por supuesto, para ella será un amante, porque, en su cabeza, no puede entender que hace unos meses yo terminé con Joel y que estoy rehaciendo mi vida. Para ella, alguien como yo no tiene esa capacidad y solamente debe conformarse con las migajas que le da un narcisista como mi ex.

Y yo estoy aquí, aterrorizada porque no sé cómo enfrentar a mi madre, aunque es ridículo, puesto que no he hecho nada malo y tengo todo el derecho de seguir adelante. Aun así, no me siento capaz de reconocer que algo bueno pasa en mi vida.

Me muerdo el labio inferior, trato de no descomponerme e inhalo y exhalo varias veces para recuperar el ritmo regular de mi respiración, si acaso es que estoy respirando, porque lo dudo mucho.

Zebastiel se acerca a mí. Su brazo derecho rodea mi espalda baja y me acerca hacia él de forma posesiva y protectora, dando a entender, sin palabras, nuestra relación.

Mi mamá, todavía muerta del asombro, examina a Zebastiel de arriba abajo sin ningún disimulo. Entonces, una luz de incredulidad hace brillar sus ojos, como si no esperara que el tal amante que ella menciona, el hombre del cual Joel se quejó con ella, fuera alguien tan atractivo como Zebastiel.

Una mujer como yo no merece tener una relación así, según ella. Y tal vez hasta yo misma me lo he creído por muchos años.

—¿Quién es este hombre, Zoe? —tartamudea mamá, todavía atónita.

Yo suelto un suspiro y la miro con firmeza y un poco de orgullo, no lo voy a negar. ¿Para qué mentir, no? Esto me da un poco de satisfacción.

—Mi novio —digo, toda airosa.

Y mi mamá niega. Entonces, suelta una carcajada.

—¿Es en serio, Zoe? ¿De verdad te vas a atrever a hacer esta estupidez? Creí que tenías a un amante en casa. Pero, al parecer, solamente has contratado a alguien o tienes un amigo que te está ayudando, ¿es eso? Porque vamos a ser sinceros, un hombre como él nunca se fijaría en alguien como tú.

Esas palabras atraviesan mi corazón de forma dolorosa y asfixiante. Sin embargo, disimulo que no me afecta.

Aunque no puedo evitar apretar los puños y los dientes.

Miro a la mujer que se hace llamar mi madre y sonrío.

—Claro, para ti yo no me merezco nada bueno. Por eso debo atarme a Joel y a sus migajas, ¿cierto? Entonces, eres consciente de que Joel no es el gran hombre que veneras, ¿no? Ese que dices que tuve suerte de encontrar.

Hago una pausa y estudio su reacción. Y, como esperaba, luce escandalizada y ofendida.

—En tu cabeza, nada bueno puede sucederme a mí, porque siempre has tenido un prejuicio hacia tu hija —agrego con la voz temblorosa—. Para ti soy alguien que no vale la pena. ¿Qué madre puede sentirse así? Dime, ¿qué madre eres tú?

Ella suelta un resoplido y entorna los ojos.

—Vamos, Zoe. Te amo porque eres mi hija, pero sabemos que tú no eres alguien muy deseada. Mira, incluso la amiga de Joel te supera y, aun así, se quedó contigo. Eso deberías agradecerlo. Deja de estar haciendo espectáculo y regresa con él. De verdad, esta tontería no te luce.

Puedo sentir la tensión en Zebastiel porque me aprieta más, pero, de repente, me suelta, se acerca a mi madre y la mira de forma amenazante. Tiene que encorvarse mucho para quedar un poco a su nivel. Si embargo, ella tiene que mirar hacia arriba para poder encararlo, nerviosa.

—No se atreva a decir una palabra más contra su hija —le reclama él, airado—. ¿Acaso está tirando todas sus frustraciones en ella? Porque Zoe es maravillosa, hermosa e inteligente, algo de lo que, al parecer, usted, señora, carece. La envidia, ¿cierto? ¿Cómo puede ser que una madre tenga celos de su propia hija? ¿Acaso posee tan mal concepto de usted que tiene que verse al espejo de alguien más y humillarla para poder sentirse poderosa?

Un silencio incómodo invade la sala, pero es roto por Zebastiel al continuar:

—No me puedo imaginar todo lo que hizo cuando Zoe no podía defenderse, pero ahora ella no está sola, señora. Todo su veneno y su mierda vaya a tirarlo a otro lado, no aquí.

Me quedo en shock. Zebastiel de verdad está enfrentando a mi madre. Nunca nadie me había defendido así, solo mi papá, y ya está muerto. Así que había quedado sola, pero ahora, con Zebastiel, me siento protegida y apoyada.

Entonces, las mentiras que ella y Joel dijeron sobre mí comienzan a verse como eso: mentiras.

Mi mamá empieza a temblar y los ojos se le llenan de lágrimas. Al parecer, Zebastiel ha dado justo en el punto.

Ella se sacude de forma dramática. El pecho le sube y le baja, y se lleva una mano al pecho y otra a la boca, que la tiene bien abierta. Las lágrimas salen sin control.

Entonces, mi progenitora empieza a negar, desesperada.

—No puedo creer esto, Zoe. ¿Cómo permites que ese hombre me hable así, ¿eh? ¡Soy tu madre! ¿Acaso no te importa lo que me pase? ¿Cómo me puede decir todas esas cosas tan horribles? Yo no soy así. No, yo no puedo con esto. Desde hoy no eres mi hija, Zoe. ¡¡No eres mi hija!! —grita lo último y sale corriendo.

El portazo me espanta. Es cuando me doy cuenta de que mamá se ha ido.

Vaya. Solo bastó la intervención de Zebastiel para que saliera despavorida como una cucaracha. Y sé que le he faltado el respeto al compararla con un insecto, pero ahora mismo no la siento mi madre. Solo la mujer que me parió y que me maltrató por tantos años.

Ya entiendo que siempre fui una tonta al dejarme manipular y humillar. Sin embargo, ahora no estoy dispuesta a permitirlo. No tengo por qué soportar que me trate de esa manera.

De repente, tiemblo y percibo lágrimas calientes caer sin control. Un quejido sale de mi boca y ya no puedo controlarlo. Quisiera parar, pero estallo con grandes alaridos. Es como si se hubiese roto algo en mi pecho.

Entonces caigo de rodillas y empiezo a llorar con fuerza. Me sacudo de forma involuntaria.

—Zoe, ¿estás bien? —inquiere Zebastiel, preocupado, y viene hacia mí.

Él se pone de rodillas, me levanta el rostro, que ha acunado entre sus dos manos, y me seca las lágrimas.

Él me besa la frente y susurra:

—Yo estoy contigo, mi bella Zoe. Nadie jamás volverá a hacerte daño. No le creas nada de lo que dice. Todo es una mentira. Tú te mereces lo mejor. Eres un tesoro, Zoe, y yo no te soltaré nunca.

Zebastiel me besa en los labios, pero no soy capaz de responderle. No ahora, que solo quiero llorar.

Él lo entiende y me refugia en su calor. Aquí, entre sus brazos, me siento invencible, que nada ni nadie puede hacerme daño.

Entonces lo entiendo.

No solo me he enamorado de él.

Yo amo a Zebastiel.

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