Zebastiel
En un santiamén, vuelvo a mi forma humana, corro y me lanzo hacia ella antes de que caiga al suelo. La atrapo con mis brazos y me quedo observándola por unos breves segundos.
Su rostro me parece tan atractivo. Su cuello, apetecible. Suave para morderlo y hacerla mía. Y que todos sepan que nos pertenecemos.
No obstante, sacudo la cabeza ante esa idea. Es completamente imposible. No puedo, no haría algo así. No con una humana.
La levanto y la pongo sobre la cama. Entonces la observo con expresión preocupada.
¿Cuánto tiempo llevará desmayada? ¿Lo hará cada vez que le diga algo? Qué locura. Tendré que esperar otro día más para que despierte y podamos continuar con la conversación.
Suelto un largo resoplido.
—Vamos, pequeña humana. Despierta.
Le pico las mejillas. Siempre las tiene sonrojadas. Sus pestañas son largas. Su nariz, fina. Sus labios, llenos, pequeños y hermosos.
Me relamo los míos, deseoso de volver a probar el delicioso sabor de su boca.
—Vamos, despierta, Zoe, por favor.
La muevo un poco. Ella como que intenta abrir los ojos, pero no hace nada.
Entonces vuelvo a resoplar.
—Qué fastidio —susurro por lo bajo—. Humana tenía que ser.
Salgo de la habitación, molesto, pero al instante me devuelvo y regreso.
No, no puedo irme. Debo asegurarme de que está bien.
Me recuesto a su lado. La vigilaré toda la noche, solo eso. No porque quiera dormir con ella.
Acariciándole el cabello, con su calor mezclándose con el mío y nuestros cuerpos juntos, me dejo vencer por el sueño.
Dormiría así toda mi vida… si tan solo fuera posible.
***
Parpadeo varias veces antes de despertarme cuando el sonido de los pajaritos y los rayos del sol empiezan a interrumpir mi sueño.
Bostezo varias veces y me incorporo al no sentirme solo aquí. Entonces lo recuerdo: dormí con ella anoche y, vaya, fue la mejor noche de mi vida.
Quizá sueno cursi o exagerado, pero de verdad hacía mucho que no dormía con tanta calma y complacencia.
No puedo evitar observarla. Ella todavía sigue dormida, con la respiración pausada, su cabello castaño desarreglado por los pliegues de la almohada, un brazo hacia un lado y una pierna hacia el otro, la boca medio torcida, pero aun así no deja de ser hermosa a mis ojos.
Tan diferente a todo lo que he visto en toda mi existencia.
No distingo el tiempo; solo me quedo observándola, imaginando una vida diferente.
Nosotros dos, en mi mundo. Ella no pasaría por tanta hostilidad. Allí sería la pareja del hijo del alfa, respetada por todos, admirada, sin necesidad de pensar qué va a comer al día siguiente, porque tendría toda mi herencia a sus pies.
Los dedos me pican por acariciarle las mejillas.
Suelto un largo suspiro para contenerme. Sin embargo, parece que mi cuerpo no se sincroniza con mi cerebro porque acerco la mano a su cara.
Libero su bello rostro de todas esas hebras que intentan cubrirlo y rozo mis nudillos sobre sus mejillas sonrojadas.
—Oh, me gustaría mucho hacerte mía.
Me relamo los labios.
—¿Por qué te es tan difícil creerme? ¿Por qué me tienes miedo? Me encantaría marcarte y darte todo lo que te mereces, pero estoy atrapado aquí y tú no puedes traspasar esta dimensión o morirías. No me queda de otra que renunciar a ti. Sin embargo, es tan difícil…
Mi lobo no lo acepta. Mi corazón tampoco.
Dejo de acariciarla cuando ella se remueve, hace un quejido y tira el otro brazo. Tengo que apartarme para que no me golpee.
Y sigue durmiendo.
Podría jurar que estoy escuchando algunos ronquidos.
Tiene una forma peculiar de dormir. Más bien, divertida. Ella es tan ella.
Vuelvo a suspirar y me levanto de la cama. Ya voy a ir a cazar porque casi no nos queda comida. Últimamente me he estado ocupando de eso, pues no contamos con dinero para ir de compras.
Y pensar que en casa nunca me faltó nada.
Me voy sin bañarme porque, de todas formas, voy a ensuciarme.
Corro a través de los árboles. Me dejo guiar por los olores hasta que ya estoy lo bastante alejado y logro ver algunas aves. Incluso encuentro una madriguera de conejos.
Como le he llevado aves todos estos días, decido cambiar el menú. Entonces atrapo un par de conejos.
Luego sigo cazando y descubro un pequeño río. Ni siquiera estoy seguro de que ella sepa que hay uno acá. No sé si ha llegado tan lejos, aunque lo dudo mucho, porque la distancia es demasiada. Está fuera de su propio territorio.
Pero como este lugar no tiene dueño, puedo andar libremente, o eso quiero pensar.
Entro al río, me doy varios chapuzones y atrapo algunos cangrejos, camarones y también peces.
Lo meto todo en la canasta que traje de la casa y voy por los víveres que hay por acá.
Debo tumbar varias matas de plátano. Tomo los racimos y me los tiro al hombro. En el camino encuentro naranjas y mangos a punto de madurar. Me los llevo casi todos.
Uso mi habilidad de licántropo para poder llegar a casa a tiempo y que Zoe encuentre su desayuno hecho.
Al pensar en ella, las imágenes de la noche anterior me torturan.
¿Qué hará Zoe cuando se despierte? ¿Sentirá miedo de nuevo? ¿Me acusará? ¿Me echará de su casa?
¿Cómo le explico que no soy peligroso? Que estoy de su lado, que la voy a proteger, que yo nunca le haría daño.
Suelto un largo suspiro y trato de calmarme. Que sea lo que tenga que ser.
Si me echa de su vida, respetaré su decisión. No obstante, estaré cerca. No me iré muy lejos y la vigilaré.
Ella no tiene a nadie. Me da terror pensar en Zoe viviendo sola, sin nada que comer. Por lo menos hasta que pueda encontrar un trabajo y rehacer su vida.
No entiendo por qué se les hace tan difícil emplearla si es la mujer más inteligente y trabajadora que he conocido.
Siento que me arden las mejillas y el corazón me late muy rápido.
—Ah, estúpido. Estás bien jodido con esa mujer.
Cuando llego, tiro los racimos al suelo y entro con las canastas directo a la cocina.
Busco agua, lavo las naranjas y los mangos, y los seco. Las naranjas están maduras, pero a los mangos les falta un poquito más. Así que los envuelvo en papel y los guardo en la alacena.
Tomo un cuchillo y la canasta con los peces, cangrejos, camarones y los dos conejos. Entonces me voy afuera para limpiarlos.
Acá, en el patio, hay una llave, así que la abro y empiezo mi tarea. Todavía es temprano y no hay rastro de que ella se haya levantado.
Cuando termino, dejo las carnes sazonadas y guardo todo en la nevera.
Entonces voy a darme un baño y a lavarme los dientes.
Una vez vestido, aprieto la manilla de mi habitación; los ojos también.
¿Por qué estoy tan nervioso?
Yo soy un lobo guía que ha peleado con woses, otros lobos guía y guerreros bien entrenados.
Y aquí estoy, muerto de miedo por enfrentar a una mujer.
Y no cualquier mujer. Una humana.
¿Es en serio?
Suelto un largo suspiro y abro la puerta.
Cuando salgo, me quedo congelado. Su aroma, mezclado con el jabón, me inunda las fosas nasales.
Es ella.
Me lamo los labios y me quedo observándola, a la espera de su reacción.
Ella solo me contempla, como si yo fuera una cosa rara. Aprieta los puños y baja la mirada.
—Debemos hablar —dice con la voz temblorosa.
Asiento una sola vez.
—Zoe, traje comida. Solo falta cocinarla. Después de que desayunemos, podemos tener esa conversación.
Ella no responde nada. Solo hace un leve movimiento con la cabeza, un poco tímido y nervioso.
Luego camina hacia la cocina.
Yo la sigo.
Preparamos el desayuno juntos. Ella hace un té y yo cocino la carne.
Cuando termina, Zoe pone a hervir algunos de los plátanos que traje, ya que no tenemos pan ni tampoco arroz.
Entonces los dos nos quedamos mirando la estufa, como si con hacer aquello pudiéramos cocinar los alimentos más rápido.
El silencio es incómodo y la tensión, asfixiante.
Decido romper el hielo y me siento en la mesa, pero ella se queda allí, observando las llamas.
Y yo necesito saber qué está pasando por su cabeza.
Por lo menos no se ha desmayado, ni me ha atacado, ni me ha llamado monstruo.
Es un avance, ¿no?
Suelto otro suspiro y espero.
Nunca había suspirado tanto en mi vida. Hasta me siento como un lobezno idiota, inmaduro y patético.
Zoe respira profundo. Luego se gira hacia mí.
Siento que el corazón se me va a salir del pecho cuando sus ojos cafés me confrontan.
Ella camina despacio hacia la mesa y se sienta en el extremo opuesto.
Nuestras miradas se cruzan.
—Entonces, ¿no soñé nada de lo que pasó? ¿O sí? —me pregunta.
Me paso la mano por el cabello.
No sé cómo contarle esto. Tengo miedo de que vuelva a colapsar, de que me ataque o empiece a gritar. No sé, de que se asuste.
—Vamos a desayunar primero. Luego hablamos.
—No, Zebastiel. Esta incertidumbre me va a asfixiar. Yo necesito saber qué eres o qué pasa conmigo. Que no estoy loca, que no estoy teniendo alucinaciones ni sueños raros. Esto es demasiado extraño para mí. Nunca me había pasado algo tan particular. ¿Cómo podré esperar a que terminemos de desayunar? ¿Por qué no me dices la verdad de una vez?
—No quiero que colapses otra vez. Ya lo has hecho dos veces.
Ella niega de forma repetida, se limpia las lágrimas y me siento un idiota por hacerla llorar.
¿Pero qué puedo hacer yo?
No voy a seguir ocultando quién soy. Quiero ser completamente transparente con ella.
—No colapsaré, te lo prometo. Solo necesito entender qué está sucediendo. ¿Quién eres, Zebastiel?
—Pues, para empezar… no soy un loco ni un asesino en serie. No he escapado de ningún manicomio. Nada de esas cosas que se te han pasado por la mente.
Ella intenta reírse, pero las lágrimas le mojan el rostro y se enfoca en limpiarlas.
—Entonces, ¿por qué estabas con sangre ajena?
Resoplo, porque ya se lo he explicado más de mil veces.
—Te he dicho, Zoe, no era sangre ajena. Era mi propia sangre. Te mostré que puedo curarme al instante. ¿Por qué te es tan difícil creerme?
—¡Porque es una locura, Zebastiel! Y yo vivo aquí sola, en este bosque. ¿Y si te imaginé? ¿Y si no eres real?
Resoplo otra vez, porque esto ya es el colmo.
—Tu ex vino acá y lo golpeé. Habla con él. Él te confirmará que soy muy real. Creo que todavía debe estar recuperándose del golpe.
—Han pasado como dos meses de eso, Zebastiel.
—Sí, pero créeme que mis golpes no son tan fáciles de curar.
Ella abre mucho los ojos.
—Ya va. Esto es una locura. ¿Y si eres el resultado de un experimento? Sí, debe ser eso. Por eso viniste para acá. Explotó un laboratorio que de seguro no está muy lejos de aquí. Ellos hicieron algo contigo.
—¿Qué? —Otra vez resoplo—. ¿Qué rayos estás diciendo?
—Mucha gente hace eso en las películas. Toman a una persona, hacen experimentos con ella y la convierten en un superhumano. Eres un superhumano. Tienes superpoderes.
—Ah, no. No entiendo lo que dices.
Esto es demasiado frustrante.
Me siento impotente e impaciente.
Zoe va a acabar con mi cordura. ¿Qué diablos está razonando ahora?
—Entonces puedes creer que soy un superhumano con superpoderes, pero no que soy un licántropo —digo, hastiado.
Ella hace un puchero y se cruza de brazos.
—Es que es más lógico que te hayan hecho un experimento a que seas un licántropo —me confronta.
Yo entorno los ojos.
Para mí, ser licántropo es lo más natural del mundo. Pero lo que ella dice del laboratorio me suena ilógico.
Aunque supongo que es por la diferencia entre nuestras dimensiones.
¿Pero cómo le explico todo este asunto? Su cabeza ya está hecha un lío y solo conseguirá confundirse más.
Esta loca solo se inventa cosas raras para no aceptar que simplemente soy un hombre lobo.
—Soy un licántropo, solo eso. Una parte de mí es como tú; otra parte es algo diferente a lo que existe en tu mundo.
Tomo aire antes de continuar.
—En mi mundo existimos los licántropos comunes y los licántropos bestia. Los licántropos comunes son personas que se convierten en un animal, en un lobo. En este mundo hay lobos, los lobos animales. Esa especie de licántropo es inferior a mí.
Me encojo de hombros.
—Bueno, se cree que son inferiores. No sé. Pero son menos fuertes.
Ella sigue observándome sin apartar la mirada.
—Y luego estoy yo. Por parte de mi padre, soy un licántropo de los que muchos llaman bestias, porque nos convertimos en lo que viste. Mi madre, en cambio, se convierte en un animal. Ella era de otra región.
Me paso una mano por el cabello.
—Sin embargo, mis padres no son cualquier persona. Son especiales.
¿Cómo demonios le explico todo esto si ni siquiera puede entender lo básico?
Sus ojos se abren más y me observa con curiosidad.
Un poco interesada.
Eso me motiva a seguir explicando.
Solo espero que no vuelva a desmayarse.
—En mi mundo están los woses, los lobos guía y los cazadores.
Hago una pausa para ordenar mis ideas.
—Para muchas personas, los woses son un peligro; para otras, una bendición; y, para un grupo, una leyenda. Hace varias décadas, los woses eran considerados un mito, pero ahora, con el paso del tiempo y la influencia de mis padres, las personas de mi especie están cada vez más convencidas de su existencia.
—Es que no entiendo nada —me dice ella, turbada—. ¿Por qué me cuentas todo esto?
—Porque necesito que entiendas mi origen y por qué estoy aquí.
Tomo aire antes de continuar.
—Mi hermana heredó el gen wos. Ella es mi melliza; nacimos juntos. Tengo una hermanita, pero ella no heredó nada del gen wos. Yo tampoco. Sin embargo, soy un lobo guía.
Ella sigue observándome sin comprender.
—Un lobo guía es alguien que instruye a los woses, que los educa en su poder, los entrena, los protege, los guía, los orienta, crea herramientas para ellos e investiga los sucesos extraños.
Me acomodo en la silla.
—También estudiamos las dimensiones, el mundo de ustedes, los humanos, y cómo se afectan unas a otras —prosigo—. Peleamos contra los woses malos y contra los lobos guía que quieran aprovecharse de su posición.
Frunzo el ceño.
—Es muy extraño que un lobo guía se descarrile del camino. No obstante, el poder de los woses es tan grande que muchos prefieren usarlo para hacer el mal.
Hago una pausa. Por un momento, el silencio se adueña de la cocina; no obstante, el chirrido de las ollas rompe la serenidad.
Observo mis manos, que tiemblan, y mi atención se va a Zoe. Ella continúa observándome como si yo fuera un lunático que contara un cuento absurdo, y eso me frustra.
No creí que confesarle quién soy sería tan difícil, con un demonio. Aun así, decido continuar:
—También debemos pelear con los cazadores que van en contra de todos los woses. Algunos son nuestros aliados y nos ayudan contra los woses malvados. Sin embargo, hay cazadores a los que no les importa si un wos es bueno o malo. Van tras ellos simplemente por lo que son.
Ella escucha con atención, aunque su cabeza es un caos.
—Los guías protegemos los secretos de las dimensiones y evitamos que estas sean atravesadas por algún wos poderoso.
—¿Cómo que dimensiones? No entiendo —habla al fin. De alguna forma, que haga ese tipo de preguntas me gusta, pues es posible que ya se esté haciendo una idea e intente comprender mi mundo.
O eso espero.
La observo con cautela.
—¿Fue lo que te sucedió a ti? ¿Atravesaste esta dimensión? —indaga, como si realmente me estuviera creyendo, pero en su mirada veo desconcierto y confusión.
Suelto un largo suspiro. La impotencia me ahoga aún, pero por lo menos tengo esperanzas de que me crea.
—Pues fue exactamente lo que me sucedió… Yo estaba en una misión y caí por accidente a esta dimensión.
Hago una pausa antes de continuar.
—Según mis cálculos, debía aparecer en el Triángulo de las Bermudas. Si hubiese sucedido así, quizás tendría la oportunidad de regresar, pues el Triángulo de las Bermudas es lo que conecta nuestra dimensión cada cierto tiempo.
Bajo la mirada por un instante.
—No obstante, caí en tu patio.
Ella no dice nada. Me observa, más intrigada que antes.
—Y ahora entiendo por qué…
Esta vez no continúo.
Ella inclina un poco la cabeza y me pregunta:
—¿Por qué?
Me relamo los labios.
¿Cómo explicarle que ella es mi compañera destinada? Que la naturaleza decidió unirnos como pareja. Que, de entre todos los seres que existen, ella es la persona que me corresponde.
Pero también que es algo absolutamente imposible.
Que todavía no logro encontrar una explicación para ello.
¿Qué pensaría Zoe si supiera que es mi mate?


Pobre zebastiel
Y Zoe me imagino sigue pensando que está loco
Sí, es una situación frustrante.
Esta Zoe es todo un caso, está muy buena muchas gracias Angie por deleitarnos con tus historias quedo a la espera de los siguientes capítulos.