La vida es un cliché – Capítulo 5

Esta es la parte 7 de 26 de la historia La vida es un cliché

—Hola, Logan. —Scott se me acerca con una sonrisa ladina y, como siempre, lo ignoro. Hoy es el primer día de universidad y no dejaré que me arruine eso también.
Sigo mi camino y el muy idiota me sigue.
  —Vamos Logan, no seas rencorosa. No es mi culpa que el error de mis padres, llamado Kevin, haya bañado a tu novio delicado con mierda. Aunque no te puedo negar que me alegra que haya fallado el tiro; ese mocoso lanzó la bomba apestosa hacia mí. Es que no entiendo de dónde sacó esa mierda tan blandita y asquerosa. —Scott se pone el dedo índice sobre los labios como si analizara algo muy importante; mínimo está descubriendo la nueva fórmula para convertir el aire en chocolate. Vaya, está pensando demasiado; creo que se le fundirá el cerebro o la cosita esa que tiene en la cabeza.
  —De seguro la recogía cada vez que abrías la bocota de pez que tienes —respondo con mi voz de perra malvada. Él, en cambio, sonríe con esa coquetería que me provoca romperle la cara de imbécil.
  —Esta boca de pez, como dices, ha degustado los labios más lindos de esta pequeña ciudad; si es que a este monte se le puede llamar así.
  —Me imagino, te encanta besar víboras.
  —Creo que sí. —Me mira de una manera directa. No sé… ¿Por qué me siento aludida?
  —¿Qué insinúas? —Dejo de caminar y lo intercepto amenazante.
  —Pues lo de víbora lo dijiste tú; yo solo dije que he besado los labios más lindos de este pueblucho. Si tú te consideras una serpiente venenosa…
Vaya, no puedo negar que su sonrisa es bonita.
¿Quién dijo eso? Madison Logan, deja de pensar disparate.
  —Creí que a labios bonito te referiste a Camile… Espera… —Bien, esto no me lo esperaba.
  —Así es. —¿Por qué tiene que volver a sonreír así? Madison Logan, controla tus hormonas—. Tus labios son los más hermosos y deliciosos que he besado jamás; es más, si me dejas ser tu amigo con beneficios, besarte será mi pasatiempo favorito.
Vaya, ¿cómo puede algo sonar lindo y desagradable a la vez?
 —Idiota, ni siquiera somos amigos. —Le jalo el cabello y él empieza a chillar como rata—. Además, dijiste que era la última en la lista.
  —Puedes ser la segunda si deseas. Te daría el puesto de primera, pero ese ya lo ocupa Camile…
Camino de prisa lejos del mequetrefe este y con los ojos ardiéndome. ¡Rayos! Tendré que ir al oftalmogologicodoctor o como se llame el que «cura los ojos», ya que últimamente me arden mucho. Escucho la voz del mosquito Scott, que ni siquiera sé por qué corre tras mí… Espera, ¿estoy corriendo? ¿Por qué? Scott me jala con tanta fuerza que caigo sobre su pecho. ¡Vaya! Por un momento me sentí protagonista de un K-drama.
  —¡Suéltame, niño especial! —Me remuevo entre sus brazos, pero él se divierte en mi cara al tenerme presa; me frustra que sea más fuerte que yo.
  —Solo si me das un beso. —¡¿Y este idiota qué?! ¿Cree que voy a contaminar mis labios solo porque él lo pide? Como que quiere ser asesinado hoy.
  —Scott, no estoy para tus bromas infantiles de anormalandia, así que déjame en paz.
  —¡Bésame o no te suelto! —Bueno, él no me va a soltar a menos que me envenene con su asquerosa y pegajosa boca; tampoco quiero llegar tarde a la orientación de la universidad, así que no me queda otro remedio que…
  —¡Demonios Logan! ¡Me vas a romper las bolas! —Se queja adolorido cuando le aprieto parte de su virilidad.
  —Si no me sueltas no te suelto. —Amenazo con mi hermosa sonrisa de Maléfica. Scott, sin embargo, se limita a hacer una mueca de dolor.
¡Victoria para mí! Por fin el renacuajo me libera rendido.
  —Ya puedes soltar mis bolas o… ¿te excitaste y por eso las aprietas como si quisieras lamerlas, morderlas y besarlas?
¡Ah! ¡Qué asco!
Esa sonrisa de Don Juan me está colmando la paciencia.
  —Ni en tus más remotos sueños. —Me cruzo de brazos y lo miro como si él fuera una abominación. Decido retomar mi camino y dejar al tonto de Scott atrás. Celebro en mi interior cuando llego a la parada de autobús porque no tendré que soportar a Scott por hoy.
Subo con rapidez y tomo el asiento de la ventanilla.
  —Gracias por guardarme un lugar.
¡¿Qué?!
  —¡¿Qué rayos haces aquí?! Y yo no te guardé ningún lugar, así que muévete.
  —No hay más lugares vacíos —se justifica, pero el autobús casi no tiene personas.
  —Hay lugares vacíos, Scott.
  —Pero te daré el privilegio de viajar junto a mí, de todas formas, tenemos el mismo destino. Vas a la uni, ¿no?
  —Déjame entender… —Pongo los dedos sobre mis sienes. ¡Esto no me está pasando a mí!—. ¿Iremos a la misma universidad?
  —A menos que estés en la pública, sí. No sé cuánto hayas olvidado a este pueblucho, pero no es lo mismo que tu gran ciudad donde hay varias universidades para escoger. Aquí tienes dos opciones: la Pública o la Honorífica. Los que la podamos pagar, aunque no seamos ricos, pues tenemos el privilegio de estudiar allí. He escuchado que está llena de estirados, así que seremos como la mugre del lugar. Mis padres ahorraron toda una vida para que yo pudiera asistir a la Honorífica; hasta el nombre me da escalofríos.
  —¡Vaya! No sabía que mis abuelos harían ese gasto en mí. —Me encojo de hombros. Ellos siempre me han mimado y dado lo mejor, por lo que no tengo cómo agradecerles todo lo que están haciendo.
  —Bueno, los señores Logan tienen mucho dinero ahorrado. Bien sabes que tu abuelo tuvo su propio negocio de ferretería y que, si tu padre hubiera sido más sabio y agradecido, no lo estuviera administrando otra persona. —Scott tiene un punto; no obstante, entiendo los motivos de mi padre para no haber tomado las riendas del negocio familiar; es solo que el pobre no supo utilizar su cabeza.
  —Bien, Scott. Vamos a poner los puntos claros entre nosotros antes de llegar a la universidad. —Es bueno dejar todo en su lugar porque de verdad no quiero que este mequetrefe me siga arruinando la vida.
  —Ni siquiera vamos a vernos mucho; no creo que vayas a estudiar literatura y lenguaje.
  —¿Estudiarás literatura y lenguaje? —Lo observo incrédula, ¿por qué estudiaría esa…? ¿Se le puede llamar carrera a eso?
  —Sí, quiero ser escritor. ¡Y quién sabe si luego pueda ser editor!
  —¿Tú, escritor? ¡Vaya! ¿Y sobre qué escribirás? ¿Sobre el mundo perdido de tontolandia? —Genial, es la primera vez que veo esa expresión fúnebre en la cara de Scott y no creo que esté bromeando. ¿De verdad le afectó mi tonto comentario?
  —Escribiré de todo un poco, pero quiero ir más allá de solo escribir. —Su expresión cambia a ¿serio? No me esperaba eso de su parte.
  —Oye, Scott… —Juego con mis dedos y lo miro como cachorro arrepentido—. Disculpa por bromear con tus sueños; siempre lo haces, así que no creí que te haría sentir mal.
  —No, no te preocupes, Logan. —Hace un intento de sonrisa que más bien parece una mueca trecha—. Es que me afecta un poco que menosprecien mi pasión; incluso mi padre y yo hemos tenido varios enfrentamientos por eso, puesto que, según él, escogí una carrera de mierda. Siempre se queja de que un hombre Scott haya escogido una profesión de marica.
¡Auch!
Perfecto, Madison, lo has hecho perfecto. Nunca creí que me sentiría mal por ofender a Scott, pero qué se le puede hacer; lo hecho, hecho está.
  —Lo siento, de verdad. —Me disculpo con todo mi drama de protagonista sufrida de novela.
  —Te dije que no importa, drama queen. —Scott acaricia mi mejilla de una forma tan delicada que me parece fugaz, y ahora caigo en cuenta de que sus labios son bonitos y besables; espera… ¡Ay no! ¡¿Estoy mirando sus labios?!
Respira y mira a otra dirección, Madison.
  —Puedes degustarlo más adelante si quieres, dado que besarnos aquí sería un problema, a menos que seas del tipo exhibicionista —comenta Scott, así todo random y cerca de mis oídos. Por supuesto que no reaccionaré bien a su estupidez, razón por la que me prendo como palito de fósforo.
  —¡Idiota! Jamás, Scott; escucha bien: jamás besaría tus asquerosos labios.
Vaya, por lo menos está riendo el tarado este. Hasta que por fin llegamos y podré liberarme de tontín. Cuando el autobús se detiene en nuestra parada, no espero por Scott, sino que salgo a toda prisa.
  —¿Por qué caminas tan rápido, Logan? —Scott me sigue, así que aumento la velocidad. ¿Cómo me libro de él? De repente, un grito fastidioso resuena en toda la calle.
  —¡Daniel! —Reconozco esa voz insoportable—. Hola, cariño. —añade la rubia despampanante cuando lo alcanza, acto seguido, lo besa como si quisiera tragárselo. Parece no importarle el hecho de que estamos en una institución educativa y rodeados de muchas personas. Zorra.
  —Deja un pedazo de él —comento, maliciosa—; pareces una leona hambrienta que devora a su presa. —¡Vaya! Hasta ritmó, creo que podría hacer una canción.
  —No te metas, aparecida impertinente —espeta, después de tragarse el alma de Scott, quien se ha quedado como zombi como consecuencia de que Cell versión Barbie se tragara toda su esencia.
Quiero decirle un par de insultos a la muñeca inflable esta; no obstante, caigo en cuenta de que es mi oportunidad para deshacerme de Scott, así que me marcho y la dejo con la palabra en la boca. Camino tan rápido que no me percato de quién viene frente a mí y choco con esa persona.
¡Vaya! Creo que romperé el récord de la chica que choca con chicos. ¡Tipo novelas románticas!
 —¿Por qué no te fijas por dónde caminas, tonta?
Bien encontré con quién desatar toda esta ira acumulada.
 —¿Por qué no te fijas tú, idiota? —Miro al chico que será víctima de mis ofensas más selectas; sin embargo, me quedo sin habla.
Creo que debo dejar este extraño comportamiento cuando veo a un chico lindo; es decir, que estén buenos no los hace mejor ni que no se les pueda poner en su lugar… ¡Al demonio! El condenado es del tipo que me gusta.
Oh, sí, este chico está como quiere.
Su cabello negro y ondulado llega hasta sus hombros y le dan un aire rebelde que me provoca cosquillas donde no llega el sol. Por un momento, me quedo embelesada apreciando sus ojos verdes, que son resaltados por el contraste entre sus irises claras y las gruesas pestañas oscuras que rodean el contorno.
Ya que le he mirado los ojos, tengo derecho a detallar otras cosas, ¿no? Este niño parece que va al gimnasio, pues su cuerpo está muy rico con esos músculos definidos. Es el típico badboy desinteresado. Botas, pantalón y chaqueta de cuero, todo él vestido de negro salvo a la camiseta debajo de la chaqueta la cuál es blanca.
Por supuesto sus labios son besables, posee un rostro envidiable y es alto y fuerte. Capta mi atención la mochila que sostiene con una mano por encima de sus hombros, creo que lo hace para verse más rudo. Sus pantalones tienen varios rotos y por encima de su otro hombro lleva algo colgando, es como un tubo negro que le cuelga de la espalda.
Me vuelvo gelatina cuando sus ojos verdes me examinan con detenimiento y el habla me falla, así que aprovecho el tiempo para seguirlo degustando con la mirada.
 —Como sea, tonta —espeta con indiferencia y sigue su camino.
¡Perfecto! Me siento ignorada y despreciada, lo que aumenta mi interés en el chico con mirada de psicópata asesino serial y que pareciera le importa un comino la vida. Lo sigo con la mirada por lo que noto que se dirige al parqueo de vehículos de dos ruedas; oh, tiene una moto. Veo como organiza sus cosas para marcharse y acelero mis pasos en su dirección.
 —¡Oye! —Le pico el hombro con el dedo y vaya que es fuerte el niño.
 —¿Qué quieres, fenómeno?
¡¿Y este idiota qué?!
 —Me debes una disculpa, estúpido gusano. —No importa que tan bueno esté, si me busca me encuentra. El chico rudo me mira sorprendido y esboza media sonrisa que es entre sexi y malvada, pero que provoca que mis piernas se tambaleen.
 —La que debe disculparse por atropellarme con su cuerpo tétrico eres tú. Me has hecho pasar un mal momento; si por lo menos tuvieras tetas y una buena nalga el choque hubiera sido agradable; en cambio pareces una tabla aplastada. ¡Qué desagradable!
Creo que por primera vez en mi vida no sé cómo refutar un insulto. Me siento demasiado humillada como para responder, pero mi orgullo femenino no se puede quedar callado, no; este chico va a saber con quién se ha metido.
 —¿Quién te crees que eres? Idiota sin cerebro. Los chicos como tú se creen que son la gran cosa, pero en realidad ocultan sus carencias bajo ese disfraz de badboy que se joda el mundo, y cariño, a carencia me refiero a tu poca habilidad para entablar una conversación normal, a tu poca capacidad sexual y a tu diminuto gusanito.
El idiota se está riendo. ¡Genial! Quería ofenderlo no entretenerlo.
  —¡Qué vas a saber tú de desenvolvimiento sexual o del tamaño de un pene! Estoy seguro de que debes creer que los hombres tenemos una vagina; eres tan virgen como mi hermana imaginaria de tres años. No hables de lo que no sabes, tonta. Aunque… —Me mira de una forma que me da escalofríos—. Si te miro mejor no eres tan fea, así que podría mostrarte cómo se ve la parte reproductora masculina y hasta enseñarte como se hacen los bebés, de esa manera, no seguirás creyendo que son las cigüeñas que los traen.
¡¡Idiota!! ¡Lo odio!
Respira, Madison, respira.
  —¡Estúpido! Animal, besti…
¿Qué está pasando? ¿Por qué mis labios se sienten aprisionados? Ah, bueno, el badboy me está besando. ¡¿Qué?!
Quiero separarme, pero el cretino me atrae más hacia él y no sé cómo termino sentada en su moto y sobre sus piernas. Ahora soy yo quien da un espectáculo con un extraño.
Sí que sabe besar el condenado. Sus suaves labios se mueven sobre los míos con hambre y su lengua hace entrada en mi boca. ¡Es tan excitante! Pero, por Dios, estamos en la universidad; esto está mal, muy mal. Me separo con la respiración agitada y sus labios se ven rojos e hinchados. Este chico es tan hermoso.
  —Eso fue un adelanto, tonta. —Me susurra en los oídos—. Créeme cuando te digo que serás mía; te tendré debajo de mis sábanas gritando mi nombre y pidiendo más.
Me apeo de encima del atrevido atolondrada y con el efecto de aquel beso en mi piel, porque ese gesto removió todo, y cuando digo todo es todo.
Él enciende su moto y me guiña un ojo antes de marcharse. ¿Qué rayos ha pasado? ¿Estar bajo sus sábanas, yo? Un escalofrío me recorre el cuerpo y una cosquillita en mi pelvis me pone alerta. No, eso nunca; Madison Logan no se acostaría con un idiota como ese o ¿sí?
 

La vida es un cliché

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