¡La vida es un cliché! – Capítulo 13

Esta es la parte 15 de 26 de la historia La vida es un cliché

Abro y cierro los ojos, tratando de asimilar la pregunta de mi padre.

—¿Te vas a hacer el tonto ahora? —le reclama mi abuelo cuando sale al patio junto a los demás y mira a papá como si fuera una cosa rara—. ¿Cómo crees que las mujeres quedan embarazadas? Le abres las piernas, tomas tu…

—¡Abuelo!

 —¡Papá!

—¡Fulgencio! —gritamos los tres al unísono, y mi abuelo hace una mueca en respuesta.

—¡Tú! —Mi padre apunta hacia Scott, transformado en Hulk—. ¡¿Embarazaste a mi hija?!

—¡Ya quisiera ella! —espeta el idiota aquí presente con todo su cinismo, por lo que yo le pego en el pecho.

—¡¿Qué dices, mocoso?! —Mi papá aprieta a Scott por el cuello. Debido a este acto impulsivo, yo dejo salir un grito.

—Pierde su tiempo conmigo, yo tengo novia —responde Scott de lo más calmado.

—¿Tienes novia y embarazaste a mi nieta? —Mi abue toma una escoba y empieza a golpear a Scott. Ok… Esto es muy divertido. Papá lo suelta para que mi abuela no le pegue a él también, y el pobre de Scott salta la cerca. Mi abue lo va a imitar, pero su espalda cruje y ella se encorva del dolor. Todos corremos asustados. No obstante, ella se incorpora con expresión de «tengo todo bajo control», y luego me mira amenazante.

—¿Abue…? —Retrocedo el paso cuando ella me enseña la escoba.

—¿Te dejaste preñar por un mequetrefe con novia?

—¿De dónde sacaron que yo estoy embarazada? —Me cruzo de brazos, cansada de esta estupidez.

—¡¿Cómo voy a embarazarla si nunca hemos hecho el delicioso?! —Scott espeta desde su patio, y todos se miran desorbitados.

—¿Ah, no? —dicen a coro, mientras nos miran como zombis.

—No. Scott y yo, nada de nada. Apenas nos hablamos porque somos compañeros de trabajo, pero yo no tengo el mal gusto de envenenarme con este gusano mutante, aborto de la naturaleza. —Creo que me estoy desahogando por la rabia eterna que le tengo a Scott. Todos los presentes empiezan a reír y se van esparciendo poco a poco, hasta que quedo sola en el patio.

—Por cierto, cuando quieras perder tu virginidad, puedes buscarme. Te prometo que no te vas a arrepentir —me dice Scott con todo su cinismo. ¡Ah! Estúpido idiota.

—No necesito buscarte —espeto con todo mi veneno—. Ya tengo quien me haga el trabajito. —Sonrío como perra diva; en cambio, Scott hace una mueca.

***

Sus brazos me aprietan mientras su colonia masculina inunda mis fosas nasales. Me besa con pasión y me acerca a él por la cintura. Sus labios sobre los míos son dulces, y su respiración cálida acaricia mi nariz, regalándome una deliciosa y tierna sensación… Esperen… ¡¿Qué rayos?!

—¡Oye, idiota! —Aparto al badboy, quien me sonríe como un puto actor de comercial para pasta dental.

—Hola, pequeña tonta. ¿Nos vemos en el almuerzo? —Me sostiene por la cintura otra vez y, cuando lo voy a alejar de mí, Scott hace presencia con “Miss sugar morena”. Entonces decido que es momento de dejar atrás cualquier sentimiento raro que tenga por Scott y darme una oportunidad con Johnny. De todas formas, no creo que vuelva a tener la suerte de que un Adonis sacado de un libro romántico–juvenil de Wattpad se fije en una chica que llegó tarde a la fila de la belleza como yo.

—Logan… —El idiota de Scott se nos acerca y su novia cuchi Barbie canela hace una mueca cuando me ve con Johnny.

—¿Qué quieres con mi chica? —Johnny lo mira como si fuera el ninja asesino, y Scott le sonríe malicioso.

—No sabía que la habías comprado, amigo. —Scott tiene un punto, pero es obvio que no le daré la razón. De todas formas, tendré que poner los puntos claros con este badboy alfa macho masculino, pues no me gusta la forma posesiva con la que se refiere a mí.

—No necesito comprarla para hacerla mía, más bien marcarla. Ella me pertenece y no permitiré que tú ni nadie se le acerque. ¿Me entendiste, gusano?

—Oye, badboy —intervengo—. Ni tú eres un hombre lobo para marcarme, ni yo soy una mascota para que te refieras a mí como “mi dueño”. —Es mejor poner las cartas sobre la mesa, pues este chico se cree personaje de novela cliché donde los alfas dominan a su mate.

—¿Qué? ¿Acaso quieres libertad para engañarme con este idiota? No te conviene verme la cara, niña tonta —replica con advertencia.

Ok… A este niño le patina el tutú. Lo tomo por el brazo y me lo llevo a rastras para tener privacidad. Empujo la puerta de un baño y lo cierro con seguro, una vez estamos adentro.

—¡Así me gusta! Tan osada, mi tontita. Al parecer, ya te molesta seguir siendo virgen.

A veces me dan ganas de matarlo.

—No te traje aquí para eso… —Creo que estoy temblando, puesto que ahora es que reacciono: me encerré con el badboy depravado en el baño.

—Ummm… ¿Para qué más nos encerrarías aquí? No te preocupes, tu problema de virginidad se va a acabar muy pronto.

Retrocedo al percatarme de su intención, pero él se acerca como un minino cuando acorrala a su presa y mis piernas empiezan a temblar.

—N-no te traje para eso… —tartamudeo—. Yo… quiero que pongamos las cosas claras entre nosotros… —No me deja terminar de hablar; su boca se traga la mía con desesperación. ¡Este chico es la sexualidad andante! Quiero zafarme y que hablemos, pues no quiero una relación basada solo en cochinadas. Sin embargo, ese niño sabe cómo dejarme sin habla y voluntad. Mis rodillas se tambalean y todo en mi cuerpo se remueve; mi novio besa, lame y muerde mi cuello, mientras masajea todo mi cuerpo. ¡Ay no! Si sigue haciendo eso, tendré que abrirle las piernas, no me voy a quedar con toda esta gana acumulada.

—Johnny…, por favor… —Trato de razonar, pero hace mucho olvidé de qué quería hablar, así que solo me dejo llevar. Otra vez el badboy me besa donde no se debe y temo que mis gritos se escuchen en toda la universidad. ¡Madre de los fríjoles! ¡Estoy en un baño público! ¿Cómo es que he caído tan bajo? Un suspiro anuncia mi derrame de todo y el badboy sonríe mientras se lame los labios.

—Tu turno, pequeña. —Me mira como maníaco y yo estoy más desorbitada que «Kelly la de Casados con Hijos»—. Nunca has hecho una ma…—Le tapo la boca, mas él se ríe sobre mi palma. Me molesta que sea tan vulgar.

Lo miro asustada mientras él saca su cosita. ¿En serio? Tanto cuerpo y tan poca soga. Vaya, yo me esperaba algo así como de cuarenta y siete centímetros, es lo que los libros de erotismo dicen. ¡Quién me manda a dejarme leer esa basura de Scott! Me siento engañada.

***

Bien, aún siento náuseas por lo que el badboy casi me obligó a hacer. No puedo ver nada que se parezca a sus fluidos, pues de una vez siento la repulsión en mi estómago y me dan unas ganas inmensas de vomitar. Espero no tener que volver a hacerlo más; no me gustó para nada la sensación ni el sabor. ¡Qué asco!

—Oye, Ramona, si estás enferma puedes irte a casa. —Ray se acerca preocupado y yo suspiro resignada. No hay caso en recordarle mi nombre, siempre me llama como se le da la gana.

—Gracias. De verdad me siento muy mal.

—¿Te sientes mal? ¿Qué te sucede? —Oídos ultrasónicos se me acerca alarmado, por lo que ruedo los ojos.

—No es tu asunto. —Me cruzo de brazos y él hace una mueca.

—Me voy con ella, Ray. —Mi vecino fastidioso informa, y yo lo pellizco.

—¡Auch!

—Me iré sola.

—Claro que no.

—¿Quién te crees que eres? Yo decido cómo irme.

Bien, este es un momento en el que deseo tomar una estaca y clavársela en el asterisco. El muy idiota abre mi casillero, toma mis cosas y me carga como si fuera un saco de papas.

—¡Suéltame, imbécil! —Golpeo su espalda con todas mis fuerzas y él me da ¿nalgadas? A este idiota le molesta la vida.

—¡Scott del demonio, abre la puerta! —Pateo el acero con todas mis fuerzas, pero la puerta del carajo ni se mueve. Scott le ha puesto seguro de niño y ahora ríe como desquiciado. ¡Lo voy a matar!

—Deja de ser tan infantil, Logan. —Enciende el auto con esa sonrisita que me hierve la sangre. Rendida, me hundo en el asiento por la impotencia.

Desde que se parquea y escucho el clip del seguro, abro la puerta y corro a mi casa. No quiero ver la cara de idiota de Scott, odio a los hombres.

Corro hacia mi habitación y me tiro en la cama a llorar. Los recuerdos de las palabras ofensivas de Johnny me torturan. Me dijo tantas cosas feas porque me daba asco entrar esa cosa en mi boca. En fin, me forzó a hacerle sexo oral y me ofendió por mi poca habilidad. Creo que esa relación no va a funcionar, es mejor alejarme de ese idiota. 

Han pasado varias horas desde que llegué a casa llorando como una Magdalena hasta quedarme dormida. Al despertar, otra vez mi corazoncito se aprieta por los recuerdos, pero decido que es momento de dejar de quejarme e ir a comer algo dulce.

Escucho risas desde la cocina y me sorprendo al ver a Scott allí; al parecer, el muy tonto no fue a su casa. ¡Qué insoportable! Saludo a todos menos a Scott y me dirijo al refrigerador.

—¿Podemos hablar?

Oh…

El aliento de Scott quema mi cuello y mis piernas tiemblan. ¿Cómo logra provocarme tantas cosas sin siquiera tocarme?

—No tenemos nada de qué hablar. —Mis ojos arden y mi voz suena rasposa.

—Claro que sí… —Se oye serio. Asiento para que me deje en paz, tomo un pedazo de pastel y me dirijo a mi habitación. Scott silba al ver la rara decoración a blanco y negro y yo lo miro con cara de ogro.

—Habla. —Me siento en la cama y pellizco mi pastel; Scott se sienta a mi lado y mete su dedo asqueroso dentro de mi postre.

—¡Oye! —Lo manoteo, pero él me abraza. Vaya, parece que se golpeó la cabeza.

—¡Déjame respirar, idiota! —Trato de liberarme, mas él me aprieta fuerte y, por alguna razón extraña, tengo ganas de llorar.

—Estoy aquí para ti, Logan. Sé que algo está mal, puedes confiar en mí. —Se aparta y limpia esas tontas lágrimas que no sé por qué están saliendo.

—Estoy bien… —Mi tono de voz apagado contradice mis palabras. Siento un no sé qué cuando Scott besa mi frente, mi respiración se acelera y las ganas de llorar incrementan.

Si tan solo hubiese valorado a Scott antes. Si yo no lo hubiera insultado cuando él declaró su amor por mí tres años atrás, antes de yo marcharme. ¿Por qué me burlé de él delante de mis amigos? Temía que me relacionaran con él porque no quería ser acosada, yo era testigo de todo lo que Scott soportaba callado. Todos los insultos, las burlas, los golpes…

Soy una mala persona porque, cuando nadie nos veía, nos besábamos y éramos buenos amigos, pero delante de los demás lo trataba como a la peste. Ahora me enamoré de él, pero ya es tarde.

—Soy una tonta… —susurro sobre el pecho de Scott y él acaricia mi cabello.

—Eres mi tonta… —me responde con ternura.

Me aferro a él y lloro. Tal vez algún día tenga una oportunidad con Scott.

La vida es un cliché

¡La vida es un cliché! – Capítulo 12 ¡La vida es un cliché! – Capítulo 14
Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *