¡Mate! – Capítulo 57: El vínculo que sangra

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Gia

Somos transportados a un lugar que parece remoto y solitario, como esos paisajes vastos y siniestros que no han sido visitados en décadas.

La brisa nocturna es más fría aquí y me eriza la piel, como si advirtiera que algo malvado ocurre en secreto.

Todos caminamos con cautela, pues la oscuridad cubre por completo este bosque, que de por sí luce tenebroso y emana un aura negativa. Es entonces cuando escuchamos murmullos y percibimos presencias desagradables.

Nos hacemos señas y convertimos nuestros pasos en sigilosas hurtadillas, mientras buscamos con la mirada nuestro objetivo.

Y entonces las vemos…

Siento un nudo en el estómago y mis manos tiemblan ligeramente por la anticipación. Estoy lista. Iré por mi compañero.

Con cuidado y en alerta, nos acercamos a donde están reunidas las brujas. Ellas son alumbradas con varias fogatas que se encuentran encendidas a su alrededor, asimismo, en medio de ellas hay una cama grande, con pétalos de flores negras y rojas, y con Gael acostado en ella.

Gael…

«¡Mate!», grita mi loba, desesperada, y siento que mi corazón se desgarra al verlo allí, prisionero de esas malditas brujas.

Me es forzoso controlar los latidos frenéticos de mi corazón y las ansias que tiene mi loba de salir e ir por su mate, pero debemos actuar con cautela. Las hadas enviaron el mensaje de que encontraron el zarcillo en el cuello del alfa, pero que tienen que romper el encantamiento que fue puesto sobre este, para así poder liberarlo.

Entonces, necesitamos un poco más de tiempo…

Me duele el corazón cada vez que recuerdo que papá está muerto, y todavía se me hace irreal que él no estará de regreso a la manada.

—Las hadas se están tardando, incluyendo el refuerzo que pidieron las que estaban junto a nosotros —se queja Kali.

—Tienes razón. En cualquier momento esas brujas le harán daño a Gael, así que no debemos esperar más. Es mejor atacar ahora que no han terminado su estúpido ritual.

—Es así —secundó él, pero su mirada se ensombreció—. Tampoco son muchas, aunque me preocupa que te ves más débil.

—Estoy bien… —digo insegura porque en realidad no lo estoy, pero no puedo seguir esperando a que liberen el zarcillo, necesito rescatar a mi mate ahora mismo.

—Solo esperamos tu señal y atacamos —contesta Kali.

Asiento en silencio mientras estudio el panorama. Creo que ninguna de ellas espera nuestra visita porque están todas conglomeradas en el centro. Aunque hay una mezcla de olores en este lugar, pero supongo que debe pertenecer a las otras criaturas que habitan por aquí.

—No sé si mi debilidad está afectando mi olfato, pero creo que puedo oler lobos extraños cerca de nosotros —rompo el silencio en el que me había sumido.

—Deben ser lobos salvajes. Quizás traspasaron el orificio o están cerca de la protección —contesta Kali—. Debieron haber escuchado los alaridos del alfa y puede que eso los haya atraído.

—Entonces la manada está expuesta —razono, mortificada.

—Dejé a Jill y a Jerril a cargo, junto a varios centinelas y guerreros. Estarán bien —me tranquiliza Kali, pero otra preocupación surge en mí.

—¿Qué hay de Gin y tus cachorros? Tu casa está ubicada en una parte susceptible de la manada —le pregunto.

—No te preocupes, antes de venir hasta acá los dejé con tu madre.

Suspiro, aliviada.

—Debemos estar atentos, no vaya a ser que a los lobos salvajes se les ocurra traspasar la protección. Sabes que ellos solo buscan molestar y que se atreverían a aliarse con las brujas —advierto mientras analizo a nuestras contrincantes.

—Tienes razón, enviaré a varios guerreros de vuelta a la protección —concuerda. Lo veo moverse entre los demás, dando órdenes. Eso me tranquiliza un poco.

—Gracias—digo en un susurro.

Miro en dirección al ritual que se lleva a cabo en lo que parece ser un patio grande, que se encuentra rodeado de cabañas de madera, lo que supongo son las casas de las brujas.

Siento mucha rabia al ver a Gael allí atrapado, con su cuerpo desnudo y a merced de esas brujas asquerosas.

—Kali, manda a los lobos a rodear el ritual, que queden cubiertas todas las vías de escape. No quiero que dejemos ni una de esas locas con vida.

—Perfecto —asiente sonriente—. Ahora mismo doy la orden.

Kali me obedece y, al cabo de unos minutos, cada guerrero se encuentra en posición para el ataque. Observo que la gran bruja se acerca a Gael y empieza a acariciarle el abdomen. Siento náuseas al verla tocarlo con deseo, como si este le perteneciera.

«¡Mío! ¡Mi mate!», exclama mi loba, ansiosa por tomar el control.

Bien, creo que llegó el momento de concedérselo.

Corro en dirección a esa atrevida y doy un largo salto en el aire, como resultado, mi ropa vuela destrozada por todos lados cuando me convierto en loba aun en la altura.

—¡Mío! —gruñe mi loba.

¿Qué?

He podido hablar en mi forma lobuna. ¿Cómo he hecho eso?

Salgo de mi asombro cuando las brujas se me lanzan encima, pero un gruñido es la señal para que mis guerreros se descubran de su escondite y se abalancen contra ellas.

Regreso mi atención a la gran bruja, quien termina su hechizo rápido, al sentirse acorralada por nosotros.

—No podrás evitarlo, ya Gael es mío. —Ríe con sorna.

—No seas creída, maldita bruja. Gael es mi mate.

—¿Eso crees? —dice con tono burlón y esa mirada victoriosa que me hace arder de la ira.

Me abalanzo encima de ella, pero unos brazos fuertes me empujan lejos de esa desgraciada.

¿Gael?

Lo miro a los ojos, incrédula. Estos lucen idos y opacos, como si su dueño no tuviera voluntad propia. Está encantado.

—Gael, mi amor, deshazte del estorbo para que podamos disfrutar de nuestros cuerpos, cariño —pide ella con voz airosa.

Maldita…

Crujo mis colmillos.

De inmediato, Gael se abalanza contra mí y empieza a atacarme. Lo esquivo lo más que puedo, pero él es muy fuerte y rápido, mientras que yo casi no tengo energía, debido a que el veneno me está consumiendo.

—Gael, mi amor. —Reculo mientras intento despertarlo, mas este no se detiene.

No quiero luchar contra ti, cariño.

—Acaba con ella —ordena la bruja—. Ya estoy ansiosa por que me hagas tuya, una y otra vez.

Quiero matarla.

Noto que los lobos están teniendo un momento difícil con las brujas, debido a que ellas están siendo beneficiadas por la luna roja, así que su poder ha aumentado. Un ataque de parte de Gael me saca de mi trance, pero logro esquivarlo a tiempo.

Gael sigue atacándome a puros puñetazos y patadas, mientras que yo solo me enfoco en evadirlo y traerlo de vuelta, mas mis intentos son en vano y lo único que estoy logrando es malgastar energía.

No quiero atacar a mi mate…

De repente, siento un impacto doloroso en mi lomo, por lo que caigo al terroso suelo sin que pueda evitarlo.

—No estás en condiciones para luchar, loba tonta —se burla la gran bruja, y es cuando entiendo que ella me ha atacado con su poder.

Desde el suelo, la veo acercarse a Gael y acariciarlo como solo yo tengo derecho. Él le corresponde y la besa con mucha pasión, acción que me rompe por dentro y aprieta mi corazón con crueldad, como si buscara volverlo nada.

Una furia posesiva me consume de una manera enloquecedora.

—Mataré a esa zorra… —mascullo con sed de sangre.

La ira que siento es tan grande que me olvido de mi debilidad y desventaja, entonces me levanto sobre mis cuatro patas y me lanzo en contra de esa intrusa.

No le doy tiempo a reaccionar y le atino al cuello. Mis colmillos se aferran a ella con tirria y el sabor de su sangre maldita me repugna en la boca, pero al mismo tiempo me incita a seguir. No pararé hasta que ella deje de respirar.

De repente, siento que sus manos me queman el abdomen de una manera que no puedo soportar, razón por la que la libero y aúllo del dolor. Ella aprovecha para atacarme con hechizos que me golpean y que no me permiten esquivar sus ataques, así que solo me queda aullar con agonía e impotencia.

Percibo a Kali venir en mi auxilio, puesto que tanto Gael como la gran bruja me golpean sin que yo pueda evitarlo. Mi loba sufre porque nuestro compañero nos maltrata y la rabia que sentía se ha convertido en tristeza, una tan grande, que ella ya no tiene deseos de luchar.

Entiendo que Gael no es él mismo en este momento; no obstante, no puedo evitar que se me desgarre el corazón al verlo defenderla. Sus ataques no solo me hieren físicamente, sino también en el alma.

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