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Gia
Escondo mi olor y camino a hurtadillas en dirección a la habitación de Gael. El hecho de que no podamos tener sexo no significa que no durmamos juntos. Con el corazón latiéndome muy rápido doy toquecitos leves en la puerta, hasta que un soñoliento Gael me abre.
De inmediato, los nervios me atacan y la garganta se me reseca. Todavía se me hace irreal que él sea mi pareja y que haya reconocido que somos mates.
—¿No puedes dormir? —inquiere él con tono divertido mientras se amarra el cabello desarreglado en una coleta baja.
Me quedo alelada mirando los músculos que se dibujan en su camiseta sin manga, que se pega a su cuerpo como segunda piel. Gael es tan hermoso que hasta en ropa de dormir luce sexi.
Entro con pasos tímidos, puesto que hace mucho tiempo perdimos la costumbre de dormir juntos, entonces Gael asegura la puerta y se me coloca al frente.
—¿Te desperté, amor? —le acaricio la mejilla mientras le busco la mirada que me deleita.
Él frota su rostro contra mi mano y de repente me toma de la cintura. Sus ojos amarillos me observan con tanto amor que mi corazón se derrite; estos tienen un brillo especial con la luz de la luna que se cuela por la ventana.
—No estoy dormido. Tu inquietud no me deja, desde aquí pude oler tu ansiedad.
Qué vergüenza.
—No me siento ansiosa —miento—. Es solo la emoción de que somos pareja la que no me deja dormir; es que no me creo que estemos así, juntitos. Te amo tanto, Gael.
—Eso se llama ansiedad, mi bella loba. —Él ríe divertido.
Por mi parte, decanto por besarlo en la boca. Él me corresponde de inmediato, como si estuviera esperando ese beso desde hace rato. La manera de Gael besar es fiera y pasional, tan deliciosa que se roba todos mis suspiros. Nuestras lenguas se acarician y eso desata un deseo incontrolable en mí, por lo que necesito más de él.
—Mejor nos dormimos. —Gael rompe el contacto de repente.
Acaricio el borde de sus labios porque deseo seguir besándolo; anhelo tanto sus manos en mi piel, sus embestidas entre mis piernas. Lo deseo demasiado como para abstenerme. ¿Por qué debemos hacerlo si somos mates? Necesito reclamarlo y marcarlo, que sea solo mío, mi macho.
Nos acostamos en su cama y al instante me acurruco debajo de sus cobijas. Él me agarra por la cintura y me atrae a su cuerpo. Su calor me invade y su olor me embriaga, pero el encanto se rompe en mí cuando un pensamiento aflora en mi mente y así mismo lo dejo salir.
—Gael, ¿seguirás teniendo relaciones con Lía? —inquiero, temerosa de su respuesta. Él se remueve incómodo antes de mirarme y acariciarme la mejilla.
—No creo que sea capaz. Debo buscar otra solución a mi hambre de sexo, puesto que no quiero seguir acostándome con ella; bueno, en realidad, nunca he querido.
Una incomodidad se instala en mi estómago y siento como este se revuelve. Gael me dijo que no podíamos tener sexo, pero con ella sí puede. ¿Por qué ella sí y yo no?
Ya te lo dijo, me recuerda la conciencia, aun así, no puedo evitar cuestionar la lógica de papá y el ponerme muy celosa. No quiero que mi mate se siga acostando con otra loba que no sea yo.
—¿No soy atractiva para tu gusto? —suelto de repente. Me arrepiento por no pensar antes de hablar, por dejar que la inseguridad tome el control de mí y de mis palabras.
—¿Cómo crees? No tiene nada que ver contigo o el deseo enorme que tengo de reclamarte. Ya te lo dije, es... complicado...
Suspiro.
¿Por qué siento que Gael no confía en mí? Debería decirme la verdad completa, tal vez yo pueda ayudarlo.
—Gael, no sé si soporte saber que te acuestas con ella, no creo que acepte eso.
—No te preocupes, no lo haré. —Gael me besa la nariz.
Me quedo pensativa mientras le acaricio el rostro hasta que me quedo dormida.
***
Despertar junto a Gael es exquisito. Se siente muy bien estar acurrucada en su cuerpo, sentir su piel rozar la mía, frotar mis pies con los suyos, ir despertando de a poquito con la seguridad y el deleite que su compañía me infunde.
—Debes salir de aquí antes de que los demás se levanten. El alfa me mataría si sabe que dormimos juntos.
—No solo te mataría a ti. —Río. Dejo un beso casto sobre sus labios y me levanto de la cama—. Oye, Gael, ¿por qué no preparamos nuestro desayuno y nos escapamos? Pasemos el día juntos, así como lo hicimos ayer.
Gael sonríe mientras se levanta de la cama.
—¿No sería sospechoso que de buenas a primeras estemos saliendo juntos? —inquiere pensativo.
—No. Siempre hemos sido unidos. Diremos que ya arreglamos nuestras diferencias; nadie va a sospechar que somos novios, Gael.
—¿A dónde quieres ir? —Gael me rodea la cintura con sus brazos y me pega a su pecho.
—A un lugar donde nos podamos dar muchos besos. Ayer tenía tantas ganas de besarte, pero no pude. Vayamos a un sitio solitario hoy.
Gael se queda pensativo por un rato. Creo que tiene un debate interno ahora mismo.
—Gia, no sé si sea prudente hacer eso. Tú y yo dándonos besos a solas es un volcán en erupción. No sé si logre controlarme —replica con un ronroneo que me hace sonreír. De inmediato todo mi interior se estremece. Desde que descubrí mi amor por Gael, he tenido fantasías acerca de nuestra intimidad. Lo deseo tanto que el simple hecho de imaginarme entre sus brazos sacude todo mi cuerpo.
Pero no podemos. Y es algo que todavía necesito asimilar.
—Tienes razón —contesto después de unos largos segundos en silencio—. Quedémonos aquí, entonces. —Mi voz sale decaída y mi ánimo se va a la borda—. Ya me voy, no vaya a ser que me descubran.
Gael me besa en los labios y se dirige al baño; yo, en cambio, salgo de la habitación a hurtadillas y me encierro en la mía. Me tiro en la cama y suspiro varias veces. Tengo tanto miedo, ¿de verdad esto es lo correcto?
—Esa ducha puede esperar... —balbuceo mientras me arropo y acomodo la cabeza en la almohada, ya que es demasiado temprano para levantarme. No hay necesidad de madrugar un domingo. Pensando en Gael y, en nuestra extraña relación, pronto me quedo dormida.
***
Gael se ha pasado todo el día con papá y con algunos guerreros y líderes de la manada. No tengo ni idea qué se traen, pero sí un mal presentimiento.
Juego con el agua en mis pies mientras observo a Jill y a May pelearse, últimamente se han vuelto insufribles. No los entiendo, ellos siempre se han llevado bien y ahora se la pasan discutiendo por tonterías.
Dejo de mirarlos al percibir una extraña presencia y que soy observada de lejos. Buscando por todo alrededor con la mirada, visualizo una sombra en el conglomerado de árboles que se roba mi atención. Alguien me espía.
Me levanto de la roca y salgo del agua. Con los pies descalzos me dirijo en dirección a los árboles y dejo a la parejita modelo discutir a gusto, quienes ni siquiera notan mi ausencia. La sombra se sigue moviendo y yo corro detrás de ella, puesto que necesito saber de una vez y por todas de quién se trata y por qué me espía.
Cuando ya estamos alejados del río esta se detiene. Un olor a cítricos y dulces ácidos inunda mis fosas nasales, entonces lo veo.
Otra vez.
Es la misma criatura con la que me encontré hace un tiempo.
—¿Quién eres y por qué me espías? —interpelo en posición de ataque. Estoy lista para convertirme en loba en cualquier momento y defenderme.
—Hola, soy Flora. Te estoy siguiendo porque pudiste verme cuando llegué a este territorio con la intención de no ser vista, lo que me hace entender que eres un ser especial y de corazón puro.
—¿Qué quieres? —continúo a la defensiva.
—Que nos ayudes a encontrar un tesoro que puede que esté oculto por estos territorios, antes de que la gran bruja logre su objetivo.
¿Qué?
Me quedo quieta en mi lugar con la mente en blanco. ¿Acaso escuché bien o ya me volví completamente loca?

