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Gia
Ver a Gael entrar por esa puerta me llena de una emoción indescriptible. No sabía que lo había extrañado tanto hasta este momento, en el que volver a verlo me pone tan feliz y traviesa, como si fuera una chiquilla. Mas hay algo en su ser que me inquieta; es como si él estuviera sufriendo.
En todo el día traté de conectar con su esencia, pero él me bloqueó; supongo que lo hizo adrede para que no sintiera su malestar.
—Mi amor... —Gael me carga con ansias y desesperación, y una mirada aterrorizada que me pone alerta.
—¿Estás bien? —pregunto con la voz en un hilo, su aspecto me preocupa.
—Te amo, Gia. —Me besa.
Su beso es tan tierno y suave que me toca el alma. Caemos en la cama sin dejar de besarnos y Gael se acomoda para no aplastarme, luego me mira con ojos cristalizados y llenos de angustia. ¿Qué le pasó en ese viaje? Él estaba bien antes de irse.
—Gael, ¿sucedió algo? —Niega con la cabeza, pero su acción es opuesta a sus expresiones faciales.
—Gia, te prometo que haré hasta lo imposible para solucionar mi problema. Trabajaré duro para darte todo lo que necesitas y juntos criaremos a nuestros cachorros.
—Lo sé, mi amor. Creo en ti y en lo nuestro. —Limpio las lágrimas que ha derramado y beso sus labios. Él me acaricia la nariz con los suyos y frota su frente contra la mía.
—Pero, Gia, si yo no lo logro no te aferres a mí. Consigue a un buen hombre que te dé lo que yo no pueda darte.
—Shhh... —Pongo mi dedo índice sobre su boca—. No digas eso. Vamos a tener fe, mi amor. No pensemos que saldrá mal, lo lograremos. Juntos. No entiendo bien lo que sucede, pero estoy aquí para ti.
—Gia...
—Gael, te amo.
Nos besamos.
Sus labios sobre los míos se sienten bien; su aliento, su sabor… Todo en Gael me encanta y me enloquece.
Cuando nuestras lenguas se rozan, Gael rompe el contacto de golpe y se me quita de encima. Su respiración está descontrolada y sus ojos han tomado un brillo amarillento, que lo hacen ver fieros y sensuales.
Él está excitado.
—¿Necesitas ayuda? Puedo aliviarte si me enseñas.
—No... Eso podría ser peligroso. —Su voz sale temblorosa—. Ven aquí, pequeña princesa. —Palmea el colchón cerca de su torso. Acepto su invitación y me acurruco en el calor de su cuerpo; él por su parte, me acaricia el cabello con delicadeza.
La curiosidad me pone ansiosa, asimismo, las ganas de aliviar a mi macho, puesto que puedo sentir su incomodidad debido a la excitación. No lo pienso dos veces, así que le desabotono el pantalón y me dispongo a bajárselo; sin embargo, él me agarra las manos para impedirlo.
—Solo será un poquito para calmarte, tampoco es que me vas a penetrar.
—No, mi hermosa loba, mejor vamos a dormir un poco, me siento agotado —dice mientras suelta un bostezo. Hago un puchero berrinchudo, pero obedezco a su pedido. Regreso al calor de su regazo y me quedo dormida allí, escuchando los latidos potentes de su corazón.
***
Miro a May con los ojos entrecerrados, los brazos cruzados y una expresión que denota mi desacuerdo con su actitud. Ambas hemos quedados en vernos en el río a solas para tener una charla de mujer a mujer.
—Bien, es momento de que tú y yo tengamos una conversación seria, jovencita —le digo. Ella me evade la mirada.
—¿Cómo te va en el trabajo? ¿Es difícil trabajar junto a Gael? —pregunta mientras mira al cielo.
Difícil trabajar con Gael...
Me sonrojo cuando recuerdo que esta mañana tuvimos una larga sesión de besos en la oficina. Espera... Esta bribona no me va a cambiar el tema así de fácil.
—No es de Gael de quien vengo a hablarte, tarada. Explícame por qué niegas a tu mate; ¿ahora imitas al tonto de Gael? No me digas que es por complejo.
Ella juega con las manos y baja el rostro, avergonzada.
—No lo entenderías...
—Pruébame.
May esboza un suspiro y me mira con angustia.
—No me entenderías... Tú eres delgada y bonita, pero yo...
¡No lo puedo creer! May es una de las mujeres más hermosas que he conocido.
—¡No me jodas, May! Yo ni tan delgada que digamos soy y está bien, es mi cuerpo y así me amo. Tú deberías hacer lo mismo. ¡Eres hermosa! ¿Qué no te has fijado cómo te mira Jill? Está loquito por ti y por devorar tus curvas. —Río porque su cara se ha puesto muy roja.
May se mortifica debido a que su cuerpo es voluptuoso, mientras que Jill se saborea cuando la ve. En fin, toda una ironía.
—Jill es un chico lindo y con ese cuerpazo todo definido... No hacemos buena pareja… —Está babeando…
¡Qué tonta! Está loquita por Jill y se complica la vida por tonterías. Mientras que yo me muero por tener a Gael entre mis sabanas y no puedo.
—Deja de perder el tiempo en barrabasadas y disfruta a tu mate. No todas tenemos esa dicha, ¿sabes? Jill te ama y tú a él. Eso es lo que importa y punto.
—¡Me ama! Solo es el efecto del vínculo, no es amor de verdad. Él está resignado porque no tiene otra opción; si tuviera el chance de elegir a su mate, te aseguro que esa no sería yo.
De verdad quiero matarla.
—¿Para ti qué es el amor? ¿La apariencia? Tu mate no se enamora de tu cuerpo, lo hace de tu esencia, de todo tu ser. ¿Qué mejor muestra de amor que protegerte, tener deseos sexuales solo contigo y sentir tu dolor?
» La empatía que hay entre tu mate y tú, esa unión tan fuerte y esa fidelidad. Si eso no es amor, entonces, ¿qué lo es? El que se fija en la apariencia para escoger una pareja no ama, eso es una pasión pasajera y que solo sirve para aparearse. Deja de sabotearte a ti misma y busca a tu mate.
—Lo pensaré —dice con ojos cristalizados. Me siento triste porque mi amiga está sufriendo al no unirse a su pareja, y todo eso es gracias a sus estúpidos complejos.
—May, debes amarte tal y como eres y no dejar que el veneno de los demás te afecte. Te mereces ser amada y Jill también. Estoy tan feliz de que ustedes sean parejas, es que no podría pensar en otro hombre mejor para ti y viceversa. Busca a tu mate y deja de sufrir sin sentido.
Abrazo a May, quien derrama una que otra lágrima. Solo espero que ella reflexione y deje de estar huyendo de sus sentimientos. Yo sé lo mucho que duele estar distanciado de su pareja, tenerlo cerca y no poder tocarlo.
***
Miradas furtivas, guiños y sonrisas disimuladas son el entretenimiento de Gael y yo en el enorme comedor donde no solo la familia y Natura cenamos, sino que también nos acompañan algunos jefes de la manada. No pasamos toda la cena coqueteando de una manera sutil.
—Gael, ¿has tenido algún avance con el asunto de Natura? Ya ha pasado mucho tiempo y ella debe ser llevada a su manada —interpela papá. Gael se tensa y juega con la comida. Por mi parte, quiero reír porque sé que él olvidó ese tema y he de admitir que ha sido mi culpa.
—He tenido que resolver algunos asuntos personales, pero ya me pondré en eso. Debo hablar con Kali y con la reina de las hadas, para que ellas revisen si la transportación de Natura de su manada a Luna creciente está relacionada con un fallo en la barrera protectora.
» Porque, de ser así, tendríamos un problema más grande y es probable que estos acontecimientos sigan sucediendo. O peor aún, que las brujas que quedan puedan acceder a nuestro territorio —responde de manera mecánica.
—Bien —musita el alfa, complacido.
Me quedo mirando a papá con intriga; él está extraño desde que llegó de ese viaje. Le evade la mirada a Gael y le responde con calma, en vez de hacerlo con la autoridad que siempre desprende. Es como si se sintiera culpable por alguna cosa, eso hace que me pregunte: ¿Qué le hicieron a Gael en ese viaje que llegó tan afectado? Estoy segura de que algo sucedió ese día.
Mi mirada se enfoca en Gael por instinto, quien me regala media sonrisa.
¡Ay, me derrito!
Por un leve momento, siento que se me pone la piel de gallina. De manera instintiva busco con la mirada esa vibra negativa que me ha causado esta sensación desagradable, es cuando me encuentro con los ojos sombríos de Natura y un espasmo en el pecho me exalta y me pone nerviosa.
Esa mirada escalofriante junto a su expresión frívola y espeluznante no la había visto antes en ella.
A decir verdad, Natura ha cambiado mucho en estos días. Ni siquiera parece una simple loba como solía lucir. Hay algo en esa chica que me pone más alerta que al principio.
Decido poner mi atención en Gael, quien se ha quedado pensativo, pero que, al cabo de unos segundos, me mira coqueto y me guiña un ojo.
***
—Ummm...
Los besos de Gael bajo la luna son exquisitos. Hoy el satélite se muestra lleno y brilloso, por lo que a distancia se pueden escuchar los aullidos de los hombres lobos. Eso es algo fascinante y escalofriante al mismo tiempo, dado lo peligroso que sería estar frente a uno salvaje en un momento como este.
Mis dedos se pierden en la cabellera lacia de Gael mientras él me devora los labios, lo hace con tanto deseo que me pone caliente.
Es que hoy estoy muy sensible y el ambiente tiene esa atmósfera romántica y pasional, por lo que tengo unas ganas enormes de mandar todo a la borda y sucumbir en el placer junto a él; sin embargo, sé que Gael no dará su brazo a torcer.
Ay...
Sus labios sobre mi cuello no es la mejor idea en este momento, donde empiezo a perder la cordura y solo quiero una cosa: aparearme.
Aprieto su cabello con más fuerza y me muerdo los labios tratando de no gemir, como consecuencia del deleite que me causan sus besos húmedos en esa piel tan sensible y que me enloquece.
Sí, estoy al límite.
—Gael... Hazme el amor...
Desde que menciono esas palabras, Gael se aparta de mí de golpe. Verlo en estado de excitación es la imagen más fascinante de mi vida.
Él, con su cabello revuelto gracias a mi jugueteo, sus labios rojos e hinchados, sus ojos amarillos, que me miran con tanta profundidad, y su pecho que sube y baja de forma irregular y rápida, me mira con esa fiereza que lo caracteriza.
Quiero comérmelo...
Sí, enterito. Saborear cada centímetro de su piel acaramelada, morder sus labios y degustar el sabor de su virilidad. Todo él me es un manjar llamativo, que anhelo probar hasta quedar saciada.
—Mejor vámonos —musita él con dificultad.
Pero antes de que yo emita alguna queja, el ruido de unos pasos se escucha a nuestro alrededor y, en cuestión de segundos, somos rodeados por varios lobos de la manada Luna de fuego.


