¡Mate! – Capítulo 23: Yo también te amo

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Gia

¿Es posible ser más feliz? No lo creo…
Gael, quien siempre me ha rechazado, me ha dicho que me ama y me está besando en este momento. Este beso, a diferencia de los otros, expresa muchas emociones.
Sus labios hambrientos y necesitados chupan los míos como si todavía no lograra saciarse, al mismo tiempo en que su lengua los lame y sus dientes se aferran con deliciosas y leves mordidas, que me erizan todos los vellos del cuerpo.
Siento que tiemblo como gelatina, desde el instante en que sus manos fuertes y grandes viajan a través de mi cuerpo de una manera muy atrevida, cuya intensidad y sensualidad me hacen sentir expuesta y un poco temerosa.
Es decir, se trata de Gael. Él es un lobo fiero, corpulento y de gran fuerza, a eso se le suma su porte reservado y lleno de misterio, y esa belleza exótica que lo diferencia de los demás y lo hace resaltar entre todos los lobos de la manada.
 Él es el dueño de mis más oscuras fantasías, pero también quien tiene mi corazón en sus manos y a quien pertenecen todos mis suspiros. Tenerlo tan pegado a mi cuerpo, gruñendo del gusto mientras saborea toda mi boca y la invade con su lengua juguetona y habilidosa, me da la certeza de que él es mío. Sí, él es mi lobo, mi macho, mi hombre, mi mate…
—Te amo, Gael… —jadeo porque la emoción me tiene embriagada.
Él deja de besarme para juntar nuestras frentes, mientras que su mano grande me agarra parte de la cabeza y aprieta mi cabellera.
—Yo también te amo, loba mía. —Me besa el mentón, luego le da una larga lamida a mi cuello que me hace temblar.
—Hazme tuya aquí mismo, me urge tenerte dentro de mí, mi amor —pido impaciente. Él me mira con pesar y roza sus dedos sobre mi mejilla derecha.
—No podemos… —susurra con amargura.
—¿De qué hablas? —inquiero abrumada y recelosa. Me duele tanto que él juegue con mis sentimientos de esta manera tan infantil, que siento ganas de huir de esta manada y no regresar jamás.
—De que podemos empezar una relación, pero sin aparearnos. Y tiene que ser secreta por un tiempo.
—Sin aparearnos… Secreta… —repito, ida—. ¿De qué rayos estás hablando Gael? ¿Cómo podemos ser pareja sin la cópula y mantener nuestra relación en secreto? Eso es prácticamente imposible.
«Solo será por un tiempo», dice a través del vínculo.
—¿Por qué, Gael? ¿Qué nos impide ser una pareja como los demás licántropos? Es tan simple como hacer el amor y marcarnos.
—No tengo nada que ofrecerte. O piensas que viviremos a costa del alfa; no, mi bella loba. Tú te mereces lo mejor y eso incluye una casa enorme, rodeada de árboles frutales, un bello estanque y un gran terreno para aprovechar la tierra.
—Gael, ambos somos capaces de trabajar para producir dinero, así que no me vengas con esa excusa. A Lía te la llevas cogiendo varios años y ambos viven por su cuenta. ¿No será, más bien, que no me deseas? ¿Que me dices que seremos pareja para que yo te deje en paz?
—¿De qué hablas? Eso no tiene ningún sentido, mi amor. —Reparte varios besos sobre mi rostro—. No quiero que compares lo nuestro con la aventura que tuve con Lía; tú eres mi mate, por lo tanto, mi responsabilidad.
—Entonces Lía sí tiene derecho a disfrutar de tu cuerpo y yo que soy tu mate no. ¡Vete a la mierda, Gael! —Lo empujo. Estoy muy molesta. La ira fluye en mi interior y puede estallar en cualquier momento.
—¡Gia, espera! —grita él cuando salto lejos de su invasión y empiezo a correr.
Lo odio, cuánto lo odio.
Lo percibo venir detrás de mí, así que aumento la velocidad.
—¡Te dije que te detengas, con un demonio! —profiere con voz de mando, pero lo ignoro —. ¿Podrías dejar de ser tan inmadura y escucharme?
—¡Déjame en paz, imbécil! —le grito, fuera de sí.
De un salto, Gael se me abalanza encima y ambos caemos al suelo, entonces él me apresa con su cuerpo y atrapa mis muñecas con sus manos. Por más que lucho, no logro liberarme.
—¡Ya basta! —exclama con la voz más gruesa e intimidante de lo regular mientras me mira con los ojos brillosos por las lágrimas.
—¿Qué quieres de mí, Gael? —lloriqueo, cansada de todo esto.
—Que me escuches. Gia, siempre supe que eras mi mate, desde la primera vez que te vi.
¿Qué?
Si antes lo odiaba ahora quiero matarlo con mis propias manos. ¿Siempre supo que éramos compañeros y aun así me tildó de obsesiva? ¡Quiero arrancarle las bolas con los dientes a este maldito idiota!
—Eso dolería… —bromea el muy patán, como si este fuese un momento para sus tonterías.
—Deja de meterte en mi mente, traidor. Eras mi mate, pero te revolcabas con tu zorra, mientras que a mí me rechazaste una y otra vez. ¿Pudiste sentir mi dolor, por lo menos, y lo mucho que tu infidelidad me dañó?
Las lágrimas empiezan a mojarme el rostro.
Gael me mira con remordimiento y asiente dolido.
—Lo viví en carne propia, mi amada loba, pero yo solo quiero protegerte. Cuando mi manada fue atacada recibí el beso venenoso de una bruja, así que toda mi sangre está envenenada. Si me marcas y yo a ti, te traspasaré mi veneno, con la diferencia de que tú morirás al instante.
—¿Qué? Pero, ¿recuerdas lo que sucedió en tu manada?
—No, eso me lo dijo tu padre. Sí suelo soñar con una mujer de cabellera blanca y ojos de color violeta, quien me besa y me reclama como suyo, mas no logro traer a memoria mi pasado ni a mis padres. No sé quién soy ni mi estatus en mi manada de origen.
—Si estás envenenado, ¿morirás?
Noto nerviosismo en sus facciones y cómo me evade la mirada.
—No lo sé, solo estoy expuesto a que una bruja me encante y me haga aparearme con ella sin poner ninguna resistencia.
—Pero, ¿por qué no podemos tener sexo tú y yo?
—El alfa me dijo que podría traspasarte mi maldición porque, como mates, estaríamos bastante conectados. Esa es la razón por la que él me ordenó que me acostara con Lía, quien cedió porque él le paga, aparte de que siempre ha estado interesada en mí. Yo me negué al principio, pero luego me besaste y… —Suspira—. Ya no podía dominar mis ansias de hacerte mía. Lía es un reemplazo.
Me quedo helada en mi lugar y en pleno mutismo, ya que todavía no logro asimilar sus palabras.
—¿Entonces tú y yo nunca podremos tener cachorros? —inquiero con tristeza.
—Conservo la esperanza de que sí. Tengo el presentimiento de que hay una cura, pero por más que lo intento no logro recordar. A veces estoy muy cerca de conseguirlo, pero mi mente se torna caótica y siento que pierdo una parte mí.
» No te imaginas todo lo que sufro al tenerte tan cerca y no poder reclamarte. Es que te amo tanto que me duele el corazón. Hubiese deseado no ser tu mate para que tú pudieras ser feliz lejos de mí y con otro compañero. Te hubiese rechazado, si eso no causara tu desdicha. Créeme que me vi tentado a aceptar el rompimiento de nuestro vínculo; sin embargo, no puedo arriesgarte de esa manera.
Puedo sentir el sufrimiento, la impotencia y la frustración de mi mate, como resultado, lloro por el nudo que se me forma en el pecho.
—¿Qué puedo hacer para ayudarte a encontrar la cura?
—Tenerme paciencia, no intentar marcarme y mantener lo nuestro en secreto. Te prometo que haré hasta lo imposible por resolverlo, pero necesito tu apoyo o me volveré loco. Ya no soporto estar distanciado de ti ni que nos enemistemos.
» Creo que, como mates, debemos buscar una solución juntos, lo que sucede es que el alfa me lo prohibió. No quiere que sepas la verdad e insiste en separarnos. Le di mi palabra de que nunca te reclamaría si me dejaba estar a tu lado y protegerte. Es por eso que me adoptó como a un hijo.
Gael libera mis muñecas y me levanta del suelo, acto seguido, se sienta sobre la grama, me coloca encima de su regazo y me besa en la boca. Le acaricio su largo y lacio cabello mientras trato de seguirle su ritmo hambriento, pero al cabo de unos segundos, él rompe el contacto y me mira a los ojos.
—¿Aceptas mi propuesta? —inquiere él mientras me acaricia la mejilla derecha con sus nudillos, en un roce delicado y tierno.
—Por supuesto que sí, mi amor. —Lo beso.
Gael y yo regresamos a casa y disimulamos delante de los demás. En el almuerzo, me quedo observándolo con recelo, puesto que siento que él me dice la verdad a medias y tengo el presentimiento de que me oculta información importante.
Solo espero que lo que omite no tenga que ver con su bienestar, dado que el simple hecho de que él esté envenenado me provoca mucho temor y me da mala espina.
¿Y si está condenado a muerte?
Sacudo la cabeza ante ese pensamiento que me eriza los vellos y trato de no pensar mucho en ese asunto. El simple hecho de imaginarme algo así me provoca un dolor que sé que no soportaría, si esa probabilidad llegara a ser real.

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