¡Mate! – Capítulo 50: El beso de la traición

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Gia
Mi movimiento la pone alerta, así que se detiene, de lo que sea que le haría al cachorro, para encontrar al intruso.
—¿Quién está ahí? —interpela ella mientras mira por todos lados.
Por mi parte, sigo moviéndome.
Ella camina en mi dirección y su mirada de loca se pasea por todo el lugar donde me muevo. Sigo saltando de un lado a otro con cuidado de que no me reconozca. Comienzo a alejarme y ella me sigue.
¡Perfecto!
Voy saltando, cuando un corrientazo en la espalda me hace caer al suelo.
—¡Mira a quién tenemos aquí! —celebra ella—. ¿Qué haces en este lugar?
—Vine a detenerte, maldita bruja. Después de todo, mi presentimiento era correcto. Nunca me agradaste y sabía que algo ocultabas. —Me pongo de pie.
—Sin embargo, caíste como tonta en mi trampa. No solo tú, todos en tu manada. ¿Sabías que tu familia fue atacada por dos manadas mientras tú te cogías con tu amado Gael?
Río con ganas.
—Haces de las tuyas, pero no te informas bien. No te preocupes, ellos están en perfectas condiciones. —Sonrío victoriosa—. Oh, ahora entiendo...
Todo empieza a encajar en mi cabeza: su insistencia para que busque a Gael, el ataque repentino a la manada y la desaparición de Bill.
Maldita bruja…
Fue su plan siempre…
—Entonces tú provocaste el ataque a nuestra manada… —comento más para mí que para ella—; por supuesto, lo hiciste para poder robarte a Bill. Maldita zorra, hasta aquí llegó tu plan.
—Yo no estaría tan segura... —dice con tanta seguridad que me dan ganas de reír.
De repente, ella empieza a atacarme con rayos de energía.
Doy saltos para esquivar su ataque y trato de acercarme para darle su merecido. Me movilizo de un lado a otro, logrando que ella malgaste energía, por lo que esta cae en el suelo, agotada. En ese momento aparece Kali.
—Bill está a salvo junto a Gael —me informa—. Gael, aunque está muy débil, se encuentra consciente.
—¿Y Bill?
—Para que mi cachorro despierte, esta bruja tiene que morir. —Gael la mira con odio. Ella se abraza a sí misma y empieza a llorar.
¿Ah?
—¿Serás tan cobarde para matar a una mujer indefensa? —Ella tiembla. Kali se sigue acercando mientras sus ojos brillan de manera intimidante.
—Tú atacaste a un cachorro indefenso. ¿Quién fue más cobarde? —le responde, y cruje los dientes.
No sé, algo en la actitud de esa loca me da mala espina.
Kali se prepara para atacarla; sin embargo, ella se le lanza encima como animal rabioso y le muerde el cuello. El brillo en sus ojos desaparece y él intenta despegarla de su cuerpo, pero esta pareciera que le succiona la sangre.
«Eso está haciendo. Mátala», comanda mi loba.
Me quito la ropa con rapidez y cambio a mi forma lobuna. Cuando voy en defensa de mi amigo, ella se le despega y salta por encima de los árboles, dándose a la huida.
Kali...
Corro en dirección a él, quien ha caído al suelo con la mano pegada en la zona herida. Me le acerco y empiezo a lamerlo hasta que su piel queda intacta.
—Estoy muy débil... —balbucea él.
«Súbete a mi regazo», le pido.
—No —se niega—. Debes ir por Gael y por Bill. Esa bruja recuperó energía y terminará lo que empezó si no la detienes. Adelántate, yo te alcanzo.
Me apresuro a ir en dirección a Gael y Bill. Llego a donde estaban, pero no hay nadie. Sigo buscando; no obstante, no veo a ninguno. A este punto, la frustración está acabando con mi cordura.
Una explosión en el cielo capta mi atención, entonces una luz me entorpece la mirada. Abro y cierro los ojos varias veces, luego vuelvo mi atención al lugar de la explosión, pero ya no hay luz.
Qué rayos...
El cielo se torna violeta y Natura empieza a cambiar de forma. Me quedo pasmada viendo el espectáculo, puesto que pareciera que dos entes lucharan entre sí. En ese momento, una luz en forma de rayo estalla en el aire, como si una barrera invisible se estuviera agrietando.
—Están rompiendo la protección —balbucea un cansado Gael. Corro en su dirección y me agacho a su nivel, puesto que la debilidad ha provocado que esté de rodillas.
—¿Por qué parece que las dos lucharan entre sí? —le pregunto intrigada.
—Porque la protección solo puede ser traspasada con esas joyas, así que solo una de ellas puede estar en este territorio. Creo que Natura está traicionando a la gran bruja, por lo que intenta tomar su lugar.
—Si Natura logra robar la energía de la gran bruja, heredará el liderazgo de esta. Está aprovechando el derroche de poder de su líder, quien intenta entrar, para succionarlo —añade Kali, quien se aparece frente a nosotros, recuperado y con Bill en brazos.
—Debo detenerla —digo mientras miro en dirección al cielo—. Si Natura logra su cometido, Bill no despertará.
—No te arriesgarás de esa manera —masculla Gael.
—No permitiré que el cachorro muera.
—No tienes que ir tú, es mi hijo —refuta Kali.
—Soy más fuerte que tú. Por favor, cuídalos —pido antes de convertirme en loba. Mi ropa cae destrozada por los aires en el acto, y yo doy un salto tan alto que logro alcanzar los pies de Natura y abalanzarla contra el suelo.
—¡Maldita! —vocifera colérica—. ¿Qué crees que haces?
Le respondo con un gruñido y camino en su dirección con pasos amenazantes. Ella empieza a lanzarme bolas de energía, al verse acorralada, pero logro esquivarlas todas a medida que avanzo.
—¡Aléjate de mí, zorra! —grita desesperada. Puedo oler su temor, y eso hace que mi sed por sangre aumente.
Esta desgraciada está perdida, debido a que ha gastado demasiado poder y necesitará más sangre para recargarse, sumándole a eso que la gran bruja está luchando para recuperar sus joyas.
De un salto, me lanzo hasta ella y le muerdo toda la cabellera rojiza; entonces la estrujo con sorna, para que sufra un poco antes de matarla. Maldita bruja, por su culpa Bill ha estado en cama todo este tiempo y nosotros no hemos tenido paz.
La abalanzo contra un árbol. Su grito me indica que el golpe ha sido fuerte, lo que me provoca satisfacción.
—Gia, ten cuidado; esa bruja es muy mañosa —me advierte Gael. Noto que él intenta convertirse en lobo para ayudarme, pero está tan débil que no logra la transformación; en su lugar, cae al piso agotado.
«No te esfuerces», le increpo.
Natura salta en mi dirección en cuestión de segundos, pero de un cabezazo la mando a volar otra vez. Ella ha impactado en el suelo, y creo que se le han roto algunos huesos.
Cansada de ver a Bill inconsciente, me dirijo hacia ella, dispuesta a terminar con esto de una vez y por todas. Entonces pongo mi pata derecha sobre su cabeza, la miro desafiante y la piso hasta que su cráneo cruje debajo de mis pesuñas. No contenta con esto, levanto mis garras y le corto la cabeza; entonces aúllo cuando su sangre cubre el suelo terroso.
Kali viene hacia mí con la antorcha en manos y le prende fuego a la loca de Natura, a quien pronto las llamas empiezan a devorar. Las joyas que llevaba puestas flotan por los aires y, de un momento a otro, desaparecen en el cielo.
—¿Estás bien? —inquiere Gael, quien camina en mi dirección. Me convierto en humana y lo abrazo, ignorando que estoy desnuda. De todas formas, Kali no está pendiente de mí, puesto que intenta despertar a su pequeño.
—Vamos a casa, amor. Necesitas recuperar energía. Por lo menos ya tenemos un problema menos —le digo.
—Sí, pero ahora tendremos que lidiar con la gran bruja y nuestro veneno. —Él me acaricia el rostro.
—Juntos seremos invencibles, mi amor. —Lo beso.
Gael se aparta de mí y se quita su remera; entonces me viste con ella y me acaricia el cabello.
Lo abrazo con fuerza y con una necesidad que no entiendo. De momento, temo que me sea arrebatado, así que me aferro a él y lloro en su pecho.
—¡Ya despertó! —exclama Kali, conmocionado.
Corro en su dirección y abrazo a mi niño, y empiezo a hacerle preguntas para verificar que esté bien.
Una sensación gélida me atraviesa el pecho y, de momento, siento un vacío dentro de mí, que me tortura y asfixia.
Gael.
«Mi lobo», se queja mi parte lobuna.
Me levanto del suelo y busco por los alrededores con desesperación, pero ya mi mate no está con nosotros.
—¡Gael! —Corro a través del bosque en busca de mi macho, pero no hay rastro de él. A este punto, las lágrimas y la desesperación han tomado el control de mí—. ¡Gael, mi amor! ¡¿Dónde estás?!
Me detengo de golpe cuando lo visualizo caminar en medio del bosque. Entonces, una mujer de cabellera blanca llega a su encuentro. Mi corazón se rompe en el instante en que ellos se besan con pasión. Gael empieza a acariciarla, y ella jadea debido al placer que él le provoca.
No…
—Por fin juntos, mi amor —dice ella con una sonrisa victoriosa—. Ahora que compartiste tu veneno con tu mate, ella morirá y tú serás libre. Esperé tanto por esto, por tenerte entre mis piernas y gritar tu nombre mientras tú me haces tuya.
Gael empieza a besarle el cuello, al tiempo en que la manosea por los muslos y la cintura.
Duele…
Mi lobo…
Una ira, como nunca había sentido antes, se adueña de mí. Ahora mi único objetivo es ver la sangre de ellos correr, acabar con su existencia con mis propias manos. Pero antes de que pueda decidir si dejarme llevar por mi lado animal o no, una luz violeta los rodea y estos desaparecen de mi campo de visión.
Gael…
De momento, mi cuerpo pierde la fuerza y caigo en un vacío oscuro, donde mi consciencia me abandona.

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